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RECOLECTURAS – Trilogía Las chicas de campo

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«Todos nos abandonamos en algún momento. Morimos, cambiamos (sobre todo esto último), dejamos de sentir afinidad con nuestros mejores amigos; pero, aunque te abandone algún día, te habré transmitido una parte de mí; serás una persona distinta por el hecho de haberme conocido, es inexorable…»

Hoy en nuestra sección, la trilogía Las chicas de campo (Las chicas de campo, La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas) de la escritora irlandesa Edna O’Brien.

La primera de ellas ya fue reseñada en este blog por mi compañera Olivia hace un par de años. Yo les tenía muchas ganas a estas chicas, y estas vacaciones por fin les he hincado el diente; y el bocado me ha parecido tan exquisito, que no quería dejar de pasar la ocasión de hablar de esta gran trilogía.

A lo largo de esta serie vamos a conocer en profundidad a las dos protagonistas (Caitleen, también conocida como Kate, y Baba) y las vamos a acompañar en su periplo desde que son unas niñas en la Irlanda rural de los años 50; pasando por Dublín, ciudad a la que emigran con la esperanza de encontrar una vida mejor, lejos del asfixiante ambiente rural; para terminar en Londres, como «chicas felizmente casadas».

Lo primero que llama la atención de esta relación de amistad es la enorme diferencia que existe entre ambas. Si Kate (narradora en primera persona de las dos primeras partes y al alimón con Baba de la tercera) es, en palabras de su propia amiga: buenaza, tranquilona, ñoña, reservada; Baba es todo lo contrario: extravertida, egoísta, caprichosa, y con un punto de maldad. Quizás por eso se complementen tan bien, aunque a veces su relación pueda parecer más una relación de dependencia, en el caso de Kate, y de conveniencia, en el caso de Baba.

Este es el punto que me ha parecido más interesante de la trilogía, la disección psicológica y social de los personajes. El hecho de cómo los condicionantes externos determinan en muchos casos la personalidad.

Kate se cría en una familia con graves problemas económicos, a causa del alcoholismo del padre, y cuyo asidero es su madre que le inculca fuertes valores cimentados en el catolicismo irlandés (la autora nació en una pequeña localidad rural del oeste de Irlanda y creció en la oprimente atmósfera del nacionalcatolicismo irlandés de los años cuarenta, por lo que podríamos decir que esta trilogía tiene tintes autobiográficos, dada la similitud de O’Brien con los personajes principales, siendo Kate su yo más racional y Baba su yo más alocado y espontáneo: «Baba es como mi alter ego. Yo era obediente, amable, me desvivía por hacer lo que me ordenaban. Me castigaba por decir palabras como eyaculación, pero había otro lado en mí, un lado más rebelde, perverso. Baba es mi yo secreto»). Baba, en contraposición, no tiene los problemas económicos de Kate, pero el ambiente familiar en el que se cría, con una madre frívola, un padre prácticamente ausente, volcado en su trabajo como forma de huir de un matrimonio fallido, hace que se críe como una niña mimada y consentida. Esta forma de ser tan diferentes también las determina en sus relaciones amorosas. Si Kate siempre se enamora de hombres mayores, con un amplio bagaje intelectual y cultural, pudientes (quizás busca sentirse protegida y suplir  la figura paterna que nunca tuvo), Baba se acerca a los hombres por conveniencia, como casi todo en su vida. Lo que busca es seguridad económica para llevar la vida cómoda que anhela (de hecho termina casada con un ostentoso constructor, un nuevo rico, que le da la vida de lujos que desea, aunque sumamente insulsa y aburrida): «Hace poco nos lamentábamos Kate Brady yo de que nada nunca iría a mejor en nuestras vidas, de que moriríamos en el mismo estado en el que nos encontrábamos: bien alimentadas, casadas, insatisfechas».

Por otro lado es muy interesante la descripción de los paisajes y del ambiente rural de la Irlanda de mediados del siglo XX. En determinados aspectos narrada de manera preciosista y bucólica, que nos evoca esa maravillosa película de John Ford, «El hombre tranquilo». En contraposición, el ambiente asfixiante e hipócrita del catolicismo irlandés (para la autora mucho más represivo que en Italia, España o Portugal), que acompañará a Kate a lo largo de toda su existencia, y determinará en muchos casos sus decisiones: siempre acompañadas de fuertes sentimientos de culpa, sobre todo en relación a los hombres y a las relaciones sexuales. En palabras de la propia autora: «Es la historia de dos chicas, pero en realidad, narra la historia de la Irlanda de esa época. Un país atrasado y represivo, especialmente en las zonas rurales»

A mí me ha encantado. Me he sentido en muchos aspectos identificada con Kate, y con aquellos sueños incumplidos cuando llegamos a la edad madura. Ninguna de las dos tiene una vida fácil, una quizás porque es demasiado analítica y autoexigente, en el caso de Kate, y otra, en el caso de Baba, porque no se toma la vida demasiado en serio y sus decisiones también acarrean graves consecuencias. Me ha hecho reflexionar el poso tan fuerte que deja en las personas el ambiente tan castrante de un catolicismo llevado al extremo; pero ante todo me ha gustado la relación tan estrecha de dos amigas tan diferentes a lo largo de los años; y como, en cierta medida, se necesitan la una a la otra y se complementan. Y todo ello narrado con una gran belleza, aunque lo que se cuente no deje de ser un drama (mientras lo leía pensaba que no es un texto apto si no estás atravesando por un buen momento en tu vida, porque te pone ante el espejo, de una manera cruda, sin florituras, con gran lucidez).

Destacar también la transgresión de estos libros, y la valentía de la escritora al escribirlos (no hay que olvidar que se escribieron en los años 60, con duras críticas a la religión, abordando temas como el divorcio, el sexo, el aborto, y la emancipación de la mujer). De hecho, el primero de ellos fue un escándalo en su país, y el párroco de su aldea quemó tres ejemplares en la plaza pública. Desde  mi punto de vista son unos libros muy feministas, el protagonismo es para las mujeres y quizás está escrito para las mujeres. Desde luego creo que nosotras lo vamos a entender mejor, al menos desde otra sensibilidad y perspectiva.

Edna O’Brien (Tuamgraney, Irlanda , 1930 -).  Es una escritora y guionista de cine irlandesa residente en Londres. Con una carrera extensa, con más de 30 títulos publicados (donde destaca la trilogía Las chicas de campo), nunca pierde de vista sus orígenes y sus gentes (Irlanda es el material básico con el que O’Brien ha construido sus novelas y sus celebrados relatos). Es admirada por escritores de la talla de Philip Roth (fallecido recientemente), Alice Munro y John Banville, entre otros; y ha sido premiada con numerosos premios de prestigio, como el Irish Book Awards.

Es el primer acercamiento que hago a esta autora (aunque estaba en mi punto de mira desde hace mucho tiempo, como dije al principio), y me ha gustado tanto que voy a repetir, menos mal que en la biblioteca tengo algunos más donde elegir.

Otros libros de Edna O’Brien en la Biblioteca Miguel de Cervantes:

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Algunos datos se han sacado del siguiente artículo: https://elpais.com/cultura/2013/11/13/actualidad/1384360964_388331.html

 

 

 

 

 

 

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CINEMA PARADISO – Las chicas de la lencería

Aunque no es habitual en España ver películas suizas, “Las chicas de la lencería” cuenta la historia de cuatro amigas que viven en una pequeña aldea suiza. Martha pierde a su marido y, cansada de quedarse en casa perdiendo el tiempo, decide abrir una tienda de lencería fina y un poco descocada para el pueblo, en el local donde se encontraba la tienda de ultramarinos de su esposo.

Su hijo, el cura del pueblo, que en un principio le había dicho que se buscara algo que hacer para no estar siempre en casa y poder superar así la muerte de su marido, no se lo toma demasiado bien ya que piensa que eso no es lo apropiado para una mujer de su edad y porque cree que se va a convertir en la burla del pueblo, habitado mayoritariamente por gente mayor y por qué no decirlo, bastante pueblerina y llena de prejuicios. Sin embargo  tiene que dar su brazo a torcer cuando Martha descubre que su hijo ha tenido una aventura con la hija de su amiga Lisi.

Pero Martha no es la única que se sale con la suya. Tras la muerte de su amiga Lisi, cuyo sueño era ir a América, Hanni consigue sacarse el carnet de conducir a los 80 años y que encima se lo pague su hijo, cuando él lo que tenía en mente para sus padres era mandarlos a una residencia de ancianos. Mientras, Frieda, ya en una residencia, se apunta a clases de informática, gracias a las cuales aprende a vender la ropa de Martha por internet, y empieza a salir con un compañero de la residencia.

Se trata de una comedia amable que utiliza una fórmula que ha sido empleada muchas veces en otras cintas de realismo social tales como “El jardín de la alegría” o “Las chicas del calendario”, sin embargo el guion, las situaciones y los personajes son tan ingenuos, que terminan por desarmar al espectador, haciéndole cómplice de la historia.

Como viene siendo habitual, la retrógrada presión social del pueblo, personificada en la figura de un concejal bastante radical y el propio hijo de la protagonista, el pastor evangélico del pueblo,  intenta por todos los medios mantener las cosas tal y como están. De este modo los ancianos se ven progresivamente arrinconados como trastos inservibles y eso contrasta con  la iniciativa del grupo de abuelas que llega a vender con mucho éxito sus combinaciones, sujetadores y braguitas a través de internet.

“Las chicas de la lencería” es una película bastante básica, bastante esquemática, pero la cercanía, franqueza y confianza que generan las ancianas, hacen que el espectador conecte rápidamente con la historia y que disfrute de cada triunfo de estas luchadoras, por pequeño que sea.

De una manera divertida y alegre, nos muestra la vitalidad y las ganas de vivir que tienen las personas mayores, y el cumplimiento de sueños y labores pasados o insatisfechos, que en contra de cualquier opinión o valoración no dudarán en llevar a cabo.

El guion es muy tópico, pero se hace muy llevadero gracias a una excelente fotografía, con bellos paisajes helvéticos y mostrando algunas costumbres y tradiciones como por ejemplo la indumentaria, y por supuesto a la interpretación de gente de la calle, muy real y que conecta rápidamente con el espectador.

Como punto destacable, decir que retrata bastante bien la problemática de los pueblos pequeños alejados de las grandes urbes, donde todo el mundo se conoce y se cree con derecho a juzgar al vecino y especialmente, donde la doble moral es el pan  de cada día. No obstante creo que se podía haber sacado mucho más partido haciendo un planteamiento más parecido a películas como “Chocolat”.

No aporta nada nuevo y es la aplicación de la vieja fórmula de grupo de personas de las que parece imposible que vayan a levantar cabeza en un entorno hostil y sin embargo terminan no solo consiguiendo su objetivo sino además triunfando, como ocurre en “Full Monthy”, pero las protagonistas se hacen querer y resultan de lo más entrañable.

En definitiva, se trata de una película sencilla cuya mejor arma es precisamente esa, la sencillez. A mí me encantó. Ideal para pasar un buen rato. Y ya sabéis que sólo tenéis que pasar por la biblioteca para poder disfrutarla. DVD PE 4600

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CINEMA PARADISO – El ciudadano ilustre

Esta semana quiero reseñar una película de las que son poco habituales, de esas que cuando las ves no te dejan indiferente. Se trata de “El ciudadano ilustre”,  una película argentina del tándem Gastón Duprat y Mariano Cohn y que fue premiada en el Festival de Venecia como mejor película en la edición de 2016, además de otros muchos premios. Y es que los argentinos han demostrado ya sobradamente que saben hacer cine.

La película posee un humor negro implacable que te zarandea desde lo más profundo. “El ciudadano ilustre” es un escritor argentino que vive hace tiempo en Europa y gana el premio Nobel. A partir de ese momento empieza a recibir invitaciones de todo el mundo que rechaza sin pensar, pero entre ellas hay una que le llama la atención: la de su pequeño pueblo natal, que lo quiere homenajear. Aunque dice que lo único que ha hecho en su vida ha sido escapar de ese insignificante villorrio, él cree que esa es la oportunidad de superar un bloqueo creativo y decide aceptar. Pero su regreso no irá tan bien como  esperaba y la expresión “Nadie es profeta en su tierra” se hará presente. Después de ser recibido como un héroe, pronto pasará a convertirse en villano al emerger las envidias, las viejas rencillas y reproches que llevan acumulándose en el interior de todos durante los años de su ausencia en el pueblo.

“El ciudadano ilustre” posee un guion brillante y redondo, con diálogos inteligentes y punzantes, con una descripción muy certera tanto de personajes como de situaciones, manejando con pericia el equilibrio entre la comedia absurda con la profundidad temática y con un trasfondo de reflexiones severas sobre la vida y la muerte. Es una comedia amarga sobre la condición humana y sus miserias, sobre la dificultad de reconciliarse con el pasado e incluso sobre la corrupción que provoca la idiotez en nuestra sociedad.

En cuanto al protagonista, Oscar Martínez en el papel de Daniel Mantovani, creo que es uno de los mejores actores del panorama actual Argentino. Ya dio muestras de ello con sus magníficas  interpretaciones  en Relatos Salvajes o en Capitán Kóblic.

Una historia muy bien narrada, sin fisuras en el guion, con brillantes actuaciones y con una trama que atrapa de principio a fin. Sin embargo, lo que hace de “El ciudadano ilustre” una película realmente interesante es su habilidad para cargar contra toda la negatividad y la ira que lleva por dentro el ser humano sin que por ello tenga que pagar el peaje de resultar cargante. Uno de los puntos fuertes de la cinta es el de plasmar el pueblo de manera que el espectador nunca esté seguro de lo que va a venir a continuación. La cercanía que despiertan algunos ciudadanos contrasta con el rechazo a lo foráneo que muestran otros, pero ni siquiera los primeros tienen una actitud fácil de prever. Esta sensación de intriga, que irá tomando forma conforme avance la película, quizá sea el máximo acierto del film.

En ningún instante de sus dos horas de metraje dejas de sentir enorme curiosidad por los personajes que van apareciendo.

La obra es una verdadera inmersión en el comportamiento humano que, si bien toma un núcleo de personas pequeño, se convierte en universal cuando se acerca a sentimientos como  la envidia, los celos, la preponderancia social, incluso al reino de la estupidez, que a mucha gente le parece todo lo contrario y en realidad envuelve gran parte del comportamiento humano.

La película presenta lo que esperamos del buen cine argentino, unos personajes redondos, llenos de matices y de profundidad psicológica (que los actores, especialmente, Óscar Martínez, como Daniel y Daddy Brieva como Antonio, saben defender muy bien), así como interesantes reflexiones no solo sobre la literatura, sino también sobre los límites entre la realidad o la ficción o incluso sobre la inutilidad de volver sobre aquello que en el pasado rechazamos.

En definitiva, una compleja película sobre la condición humana y sus arduas relaciones. Altamente recomendable.

Y como siempre, podéis encontrarla en la biblioteca DVD PE 4551.

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CINEMA PARADISO – La familia Bélier

Esta semana vuelve el cine francés, que como muchos ya sabéis, es otra de mis pasiones. Se trata de “La familia Bélier”, que fue número uno en Francia en su estreno, durante tres semanas, con más de siete millones de espectadores, y esto ya nos dice mucho de ella.

Es la sexta película del director francés Eric Lartigau y es la primera de este director que tiene éxito en nuestro país. La música está muy presente en la película a través de la maravillosa voz de la chica protagonista Louane Emera, producto del televisivo programa “La Voz” y que ya vuela en solitario en el mundo de la música y despunta así mismo en el mundo de la interpretación.

La banda sonora contiene varios temas de Michel Sardou y encaja perfectamente con la película, como si hubiesen sido encargados para tal propósito.

Realizar una película cuyos protagonistas son cuatro miembros de una familia de la que tres son sordos, no es tarea fácil, sobre todo porque en principio, el mecanismo parece completamente alejado de la esencia del lenguaje cinematográfico actual y “La familia Bélier” está repleta de diálogos, por lo tanto, o la imagen se llena de subtítulos que traducen al espectador el lenguaje de los sordos, o bien se repiten las frases por parte de los roles sin dificultades en su capacidad auditiva y vocal para traducir, con lo que la acción se ralentiza. Esto Lartigau lo soluciona con sencillez, simpatía, naturalidad humor e incluso humanismo, a través de unos magníficos intérpretes que hacen suyos unos personajes adorables tanto en sus virtudes como en sus defectos.

Se trata de una comedia de la campiña francesa. En uno de esos pueblecitos en dónde todo el mundo se conoce, la familia Bélier es víctima de un conflicto principal fascinante: el hecho de que la hija adolescente, que es la única que puede oir y hablar, resulta ser una superdotada para el canto, talento que su familia no puede ni entender ni admirar. Con estos ingredientes se produce una mezcla de originalidad y valentía que sobresale por encima de su puesta en escena.

El sentimiento verdadero que muestra toda la familia, el humor que sabe aportar el director y la emotividad constante sirven en bandeja una comedia que tiene de todo, pero fundamentalmente, una gran belleza interna.

Y como siempre la podéis encontrar en la biblioteca DVD PE 4266

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RECOLECTURAS – Cuando éramos ángeles

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Buenos días. He estado de viaje pero, aunque un día tarde, no podía faltar a la cita con todos vosotros. Para el día de hoy mi propuesta es una novela de la escritora sevillana Beatriz Rodríguez (vaya, me ha acabo de dar cuenta de que es de Sevilla, donde he estado este fin de semana), con esta su segunda novela.

Clara, una joven periodista, vive en un pueblo de menos de mil habitantes, donde lleva una vida tranquila. Dirige el periódico digital local, aunque aspiraba a mucho más, y no se relaciona con casi nadie, a excepción de Chabela, la dueña del hostal Las Rosas, donde come y duerme, e intenta olvidar la reciente muerte de su marido, bebiendo por las noches y saliendo a correr por las mañanas. La aparición del cadáver de Fran Borrego, uno de los dueños de las tierras que rodean el pueblo de Fuentegrande, hará que esa vida aparentemente tranquila le muestre una sociedad repleta de envidias, intrigas y tramas incompletas que provienen de un pasado que desconoce. Mientras Clara inicia una investigación sobre la muerte del cacique, entrevistando a distintos personajes que pueden estar involucrados en su asesinato, nos adentramos en un flashback, ambientado en los años noventa, que muestra la verdadera historia de cada uno de ellos, así como el descubrimiento, por parte de este grupo de adolescentes, del sexo, el amor, la ira, la amistad, la decepción y la venganza.

Esto es más o menos lo que dice la sinopsis del libro. Estamos en un pueblo ficticio, Fuentegrande (cuando lo leía me acordaba de ese otro pueblo ficticio Fuendetorres de mi amigo y escritor Rafael García Maldonado). Tenemos la aparición de un cadáver, una periodista cotilla que quiere descubrir por sus propios medios qué ha pasado, y un montón de personajes con buenas razones para querer ver muerto al cacique del pueblo. Pues ya está, ahí tenemos tenemos todos los ingredientes para una novela de intriga y suspense. Ingredientes que más o menos funcionan, con mejor o peor fortuna, pero que sin duda hacen disfrutar a un gran número de lectores. No obstante, estas novelas parecen que están teniendo una segunda edad de oro. Además de la multitud de libros que cada año aparecen de este género provenientes de los países del frío, se han sumado también multitud de autores locales, como la que hoy reseñamos, y como la recientemente premiada con el Planeta, Dolores Redondo, o el Premio Primavera Novela 2016, El desorden que dejas de Carlos Montero Castiñeira, entre otros muchos. Todos quieren apuntarse al carro de un género que engancha y que tiene muchos seguidores.

¿Y qué me ha parecido a mí? Pues entretenida, es el tipo de novela que escogería para pasar un rato agradable sin tener que comerme mucho la cabeza. A buen ritmo te la ventilas en un par de días, como yo he hecho y, aunque es cierto que tiene algunos fallos (ver la crítica en Babelia), y que es previsible en algunos aspectos, no le voy a quitar el buen hacer a esta escritora que con su segunda novela se va afianzando y cogiendo su hueco en el mercado editorial. Por cierto, si fuiste joven o adolescente en los 90, vas a disfrutar con las referencias a las canciones que estaban de moda en aquella época.

Si queréis saber más, os dejo la entrevista que se le hizo en Página2.

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

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Esta semana quiero recomendar un clásico, un clásico español. Se trata de la película española “Amanece que no es poco” publicada en 1989 y que a pesar de ser relativamente reciente, se ha convertido en todo un clásico, en un referente del cine de humor absurdo. Se trata sin duda de una de las mejores comedias hechas en nuestro país. En el cuarto de siglo transcurrido desde su estreno se ha convertido en todo un mito del cine de humor absurdo en el cine español.

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Se trata de una película coral, dirigida por José Luis Cuerda que cuenta en su reparto con rostros tan conocidos y reconocidos como Antonio Resines, Cassen, José Sazatornil, Manuel Alexandre, Pastora Vega, Gabino Diego, Fedra Lorente, María Isbert o Chus Lampreave, entre otros muchos.

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La historia de la película se desarrolla en un pueblo muy singular de la sierra de Albacete y en su argumento cuenta con hechos tan absurdos como el que los hombres brotan de los bancales, el borracho del pueblo se desdobla y todos sus habitantes sienten verdadera devoción por Faulkner. Allí llega por casualidad un joven ingeniero, profesor en Oklahoma, que está disfrutando de un año sabático en compañía de su padre. Podría decirse que él es el protagonista principal pero, en realidad, la película es una historia coral con divertidas situaciones y tramas protagonizadas por curiosos personajes, cada uno más raro que el anterior.

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De acuerdo con lo que escribe Fernando Méndez-Leite en su libro sobre el cine de Cuerda, “la estructura de la película es la de un western: unos forasteros llegan a un poblado, conocen a sus habitantes, se informan de los conflictos que alteran esa comunidad y finalmente se van, en este caso sin haber arreglado nada”. Esta estructura general se vertebra en grandes cuadros, sean temáticos (la misa, la taberna, la muerte…), sociales (la asamblea de mujeres, el resultado de las votaciones), de conflicto (el impotente, el ahorcamiento) a lo largo del metraje, brindándonos grandes escenas que perduran en el imaginario colectivo.

Detrás del humor del guion se esconde una crítica feroz a la sociedad de la época que no pierde vigencia y que es perfectamente extrapolable a nuestros días a pesar de haber transcurrido 25 años.

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Las referencias culturales no son para nada simples, lo que mezclado con las situaciones surrealistas y absurdas dan como resultado una obra maestra de nuestro cine. Una película de culto a base de humor absurdo.

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