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CINEMA PARADISO – Una pastelería en Tokio

Esta semana le toca el turno al cine japonés, concretamente a una de las últimas películas de la reputada cineasta Naomi Kawase. Desde su comienzo, la película ya va desvelando las señas de identidad que presentará a lo largo de sus 113 minutos de duración: un ritmo pausado, una profunda caracterización de los personajes, un estilo narrativo casi sacado de un cuento y, sobre todo, una atmósfera muy íntima en la que es muy difícil no verse atrapado.

Mediante lo que no deja de ser una historia pequeña y simple sobre las tribulaciones de un pastelero malencarado, una sabia anciana especialista en la elaboración de pasta de alubias de la que van rellenos los Dorayaki, y una estudiante taciturna, la cineasta ha hecho con uno de los dulces más populares de la gastronomía japonesa lo que mejor se le da: señalar la profunda importancia de los aspectos más sencillos y cotidianos de la existencia; algo que conecta perfectamente con su faceta como narradora de extraordinaria sensibilidad y delicadeza  para las historias humanas.

Los Dorayaki funcionan como el elemento común que une a estos personajes de tres generaciones en una tragicomedia de cocción lenta y sabor dulzón con su puntito de amargura (esto último, una vez llegado el momento de revelar la misteriosa procedencia de la anciana,  que desde su primera aparición ya se intuye “impactante”). No obstante, pese a distraerse con imágenes recurrentes de cerezos en flor y cigarrillos en la azotea, Kawase sabe modular las dosis para no empalagar; al contrario, deja con ganas de un bocado más.

 

Esta facilidad que tiene “Una pastelería de Tokio” para hacernos entrar en su dinámica argumental tiene su razón en el respeto con el que Kawase se dirige al relato que está  basado en la novela original de Durian Sukegawa. No es demasiado lacrimógena aunque tampoco leve ni superficial. La historia está estructurada de una manera clara, sin demasiados alardes formales, algo clásica en su desarrollo pero muy lejos de resultar previsible, ya que cada escena siempre aporta algo diferente al conjunto.

Cada personaje está muy bien definido;  nada sobra y poco se echa en falta. Kawase huye de los tópicos para realzar el  oscuro pasado de los personajes y la triste realidad que les acecha; no quiere dar nada por sabido pero tampoco pretende abrumarnos con flash-backs o explicaciones innecesarias. La cineasta pretende sensibilizar a través de lo que no se ve en lugar de explicitar demasiado las reacciones de sus protagonistas, lo cual redunda en un completo éxito a la hora de que la  película sepa transmitir un torrente de emociones.

Quizás el aspecto menos satisfactorio gira en torno a Wakana, cuyo papel promete ser muy relevante conforme avanza la primera mitad de la película pero que finalmente no termina de despegar. Aunque su personalidad está trazada de un modo más que correcto, ciertos detalles que Kawase nos enseña acerca de la relación con su ¿madre? y compañeras de clase, terminan por alejarse del terreno del suave misterio para caer en un pozo, ya que da la sensación de que el carácter de la chica en las escenas finales es demasiado similar al que contemplamos en un principio. En cualquier caso, no deja de ser una cuestión menor dentro de una acertada obra.

Más deliciosa incluso que los Dorayaki, sobre los que gira la película, “ Una pastelería en Tokio” permite ser saboreada al estilo de un dulce que debe comerse muy despacio; algo necesario para saber degustar cada detalle que Kawase nos ofrece  con esta obra. Quizá aquellos que tengan un particular interés por la cultura japonesa y, en general por la vida en Japón, puedan apreciar las virtudes de la película por encima  de lo que realmente se merecería, pero como el cine muchas veces no entiende tanto de cuestiones racionales sino de la transmisión de puros sentimientos, no hay motivos de peso para rechazarlos, sobre todo cuando estamos hablando de una cineasta que sabe transmitir tantas cosas a través de su obra. Es, por tanto, una de esas películas que te hacen levantarte del asiento con una sonrisa de oreja a oreja.

Y ya sabéis, como siempre, dónde podéis encontrarla. No tenéis más que pasar por la biblioteca. DVD PE 4415

 (Fuentes: www.cinemaldito.comcinemania.elmundo.es)

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CINEMA PARADISO – Carol

Película basada en la novela homónima de la gran Patricia Highsmith,  con 6 nominaciones a los Oscar, actriz principal, actriz secundaria, guion adaptado, fotografía, banda sonora y vestuario, todas ellas muy merecidas. Muy aclamada en Cannes, sin embargo no le fue igual de bien en los Bafta.

Bajo mi punto de vista “Carol” es una buena película, de esas películas atemporales que están por encima de cualquier galardón mutado en algo decorativo, la mayoría de las veces, como la historia ha demostrado sobradamente, con valor nulo más allá del populismo. Se trata de una  película que tiene un poco de todo.

En ella se pone de manifiesto el amor de su director por el cine clásico. Carol es una declaración de amor a un cine de otra época pero desde una perspectiva actual que intenta recuperar un cine de antes pero con la visión de hoy.

Es una película minuciosa hasta el último detalle, incluso su director se permite bajar la calidad de 35 milímetros a 16 para conseguir un efecto más de los años 50. Todd Haynes prefiere priorizar lo sutil sobre lo evidente, de ahí su mimo desde el acabado de la película, la  composición de los planos, hasta el vestuario, la fotografía u otros aspectos  técnicos. Por eso cuesta mucho encontrar el más mínimo defecto a “Carol”, ya que no solamente sirve para realzar la delicadeza del relato, sino que también dota a la película de una belleza visual indiscutible.

Ya desde la primera escena muestra la enorme elegancia de Haynes, cuando partiendo de una alcantarilla hace un largo e intenso plano de travelling descriptivo, siguiendo a un personaje que entra en un local en el que se encuentran las protagonistas de la historia, haciendo así un símil con la oscuridad de la homosexualidad en la época en la que dicho comportamiento era casi peligroso.

La historia de amor las cambia a ambas; son muy diferentes desde su primer encuentro en una tienda de juguetes al último en el restaurante. Si al inicio dela película Therese cree ver a Carol y ello desencadena el flashback, en el último tramo es Carol quien ve a Therese a través de la ventanilla de un coche; más tarde en la mesa en la que las vemos por primera vez le soltará un contundente y sincero “te amo”.

El peso del paso del tiempo entre dos personas enamoradas y distanciadas también se hace evidente en ésta cinta. No sólo se dan cuenta de que las dos han mejorado como personas durante el tiempo que han estado separadas sino que también ambas salen fortalecidas.

El final es igual que el de la novela, pero con los recursos del cine, alcanza niveles mucho mayores. Haynes corta en el momento adecuado, les ha concedido el mejor instante de sus vidas, aquel en el que todas las cartas se han puesto sobre la mesa. No es necesario que veamos lo que ocurre porque todos ya lo conocemos, sea bueno o malo, hayan vivido la mejor de las vidas o no, eso sólo les corresponde a ellas. La mirada final entre las dos, con un sencillo plano y un leve movimiento de cámara, eleva emocionalmente el instante y lo dice absolutamente todo.

En definitiva, “Carol” es un perfecto ejemplo de belleza audiovisual. Altamente recomendable.

Y como siempre, no tienes más que pasar por la biblioteca y llevártela a casa. DVD PE 4461

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CINEMA PARADISO – Calvary

Mi recomendación de la semana es una película irlandesa de un director también irlandés; John Michael McDonagh. Esta es su segunda película como director, después de “El Irlandés”, película caustica y graciosa pero que no consigue llegar mucho. Todo lo contrario que la que hoy recomiendo. “Calvary” muestra su poderío ya desde la primera escena. Un plano fijo del rostro del padre James (Brendan Gleeson), párroco de un pueblo costero de Irlanda que se encuentra en el confesionario. En off se escucha una voz confesando un terrible abuso cometido contra él cuando era niño y que amenaza la vida del sacerdote por el simple hecho de serlo. La fuerza de esta secuencia atrapa al espectador ya desde el principio.

Más tarde, cuando el sacerdote da la comunión a sus feligreses, se produce un desfile de la mayoría de  los personajes que se acercan a recibirla y con una pincelada ya podemos ver los rasgos que caracterizan a cada uno de ellos.

La película está narrada en siete capítulos, uno por cada día de la semana. El eje, ya planteado desde la primera escena, nos va descubriendo poco a poco a los distintos personajes del pueblo candidatos a convertirse en asesinos. Todos, en mayor o menor medida son pecadores, infelices y atormentados por su pasado. Es difícil descubrir qué es lo que se esconde tras sus silencios, tras sus comportamientos un tanto estridentes, aunque la verdad es que tampoco preocupa demasiado, porque lo que de verdad importa es el padre Lavelle, al que vemos constantemente dudar y debatirse internamente.

A él se acerca la cámara frecuentemente con magníficos planos cortos que nos permiten apreciar la magistral actuación de Gleeson, casi siempre contenido, dubitativo, a veces incluso inescrutable pero capaz de inundar la pantalla con su presencia, transmitiendo comprensión y calma.

Sobre esa calma se puede reflexionar acerca de los temas que plantea la película, el pecado en cualquiera de sus formas que son parte del proceso de expiación que impone la iglesia a sus fieles, pero que no se aplica a si misma al no estar dispuesta a reconocer sus errores y pagar por ellos.

Esos “errores” o mejor dicho, crímenes, es lo que Calvary denuncia, aunque el espectador solo puede pensar en ellos en convivencia con la amenaza de muerte y el discurrir de los personajes que centran la película. Junto a todo ello el humor negro tan irlandés que es capaz de aligerar temas tan dramáticos y complejos. En ese contraste reside también parte de la esencia de esta película. El humor choca con el drama al igual que los primeros planos del magnífico Gleeson lo hacen con las panorámicas del bello paisaje irlandés, igual que el perdón se confunde con el pecado y la vida con la muerte.

A pesar de todo, quizás se echa de menos que la denuncia no sea más intensa por la gravedad de los hechos que la inspiran.

Aunque el protagonista sea un cura, esta historia no versa sobre religión, casi ninguno de los personajes es realmente religioso y, por tanto, la película no trata de sermonear. No es una obra sobre el pecado y la virtud, sino sobre la humanidad y las decisiones que tomamos.

Técnicamente es una película impecable con actuaciones magistrales, especialmente la de su protagonista; magníficos actores todos que la dotan de gran nivel. Los paisajes son maravillosos, plasmados en increíbles planos, gracias al gran trabajo de fotografía. Hay que destacar también la música, electrizante y arraigada en las tierras del norte.

Así mismo, hay algunas escenas que destacan especialmente sobre el resto, como la última de la película; uno de esos momentos que resultan difíciles de olvidar durante días después de haberla visto.

En definitiva se trata de una película muy recomendable en la que  los detalles están sumamente cuidados. A mi modo de ver es una película que por todo esto la podemos incluir en el apartado de gran cine. Celebremos que aún queden ideas entre los guionistas y voluntad de hacer algo más que cintas meramente comerciales entre los directores.

Si te apetece verla, pasa por la biblioteca, donde podrás encontrarla junto a una gran selección del mejor cine DVD PE 4425

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CINEMA PARADISO – Pequeñas mentiras sin importancia

Este viernes me voy de vacaciones por dos semanas, porque ya es tiempo de vacaciones y también de amigos; de hacer lo que nos gusta y de hacerlo juntos, como ocurre en la película que quiero reseñar hoy y que es un homenaje a todos aquellos que están a puntito de iniciar el tan ansiado descanso estival.

“Pequeñas mentiras sin importancia” es una joya del cine  francés –ya sabéis que el cine francés es una de mis debilidades–, dirigida por  Gillaume Canet y protagonizada entre otros por la gran Marion Cotillard, (actriz que va creciendo con cada película que hace), rinde tributo a la amistad de unos individuos desorientados y frágiles en su búsqueda de la felicidad, obligados a recurrir a pequeños salvavidas para su naufragio emocional.

Se trata del tercer largometraje del citado director, y sin duda, su mejor película hasta el momento y también la más personal, pues parece ser que está inspirada en sus propias experiencias y rodada “en familia” ya que todos los intérpretes son amigos del director, incluida su esposa, Marion Cotillard y habla profundamente de la moral y los límites de la amistad a orillas del Atlántico.

A pesar del drama y la tensión palpable en el ambiente, Guillaume Canet juega muy bien la baza de la familiaridad. Se nota que está dirigiendo a sus amigos en la vida real y consigue un ambiente distendido, agradable y hasta divertido en ciertas ocasiones. Los actores se notan relajados y trabajando en familia, lo que les permite jugar con sus emociones y ofrecer interpretaciones sutiles y precisas.

Guillaume Canet profundiza como nadie en los problemas emocionales de cada uno de sus personajes, dotándoles del dramatismo y la comicidad justa, evitando que caigan en lo estrambótico, aunque en alguna ocasión rozan el límite de ambos extremos: el de lo ridículo y el de la lágrima fácil.

Por suerte, un reparto carismático y tan poderoso como el que forman François Cluzet,  Marion Cotillard (que desprende un magnetismo especial en este trabajo), Gilles Lellouche, Benoît Magimel y Laurent Lafitte, consiguen que nos convirtamos en uno más de esa pandilla de amigos que, a pesar de los rencores, son una familia. Esa sensación de estar como en casa, junto a su reparto, es lo que convierte a ésta película en notable y hace que el espectador se sienta atrapado y llegue a identificarse con muchas de las  características de estos personajes imperfectos, reales y a la vez entrañables.

Aquí, el verano y los maravillosos paisajes del sur de Francia se convierten en luminoso escenario para dramas emocionales y sobre todo, para destapar la parte más miserable y despreciable del alma humana. Celos, envidias, antiguos y nuevos rencores, el sentimiento de culpa y de ser malos y egoístas amigos, etc. son las emociones que sobrevuelan las aparentemente apacibles y tradicionales vacaciones.

Y es que parece que su acomodado estatus social y el egoísmo del primer mundo pesa más que la desgracia que ha sufrido su amigo,  y no se creen dignos de merecer perderse dos semanas de relax en la playa a pesar de las circunstancias. Esta presión de saberse culpables por estar disfrutando del verano, mientras su amigo está convaleciente es lo que hará que planee cierta tensión de diversa índole en este grupo de amigos.

Mientras la película está plagada de cenas a la luz de las velas en el jardín, deportes acuáticos y paseos en barca, los personajes tratan de lidiar como pueden con la convivencia y con sus rencillas particulares: la crisis de masculinidad de uno de ellos al confesar que se siente atraído románticamente por el maduro del grupo, el miedo al compromiso de una de ellas, matrimonios frustrados o las obsesiones románticas.

En definitiva creo que es una buena propuesta para comenzar las vacaciones de verano e ir abriendo boca para lo que a buen seguro nos espera. Y como siempre, podéis encontrarla si pasáis por la biblioteca. Ésta y muchas más que os harán pasar muy buenos ratos. DVD PE 3749

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CINEMA PARADISO – La señorita Julia

Antes que cine fue teatro. Su autor, August Strindberg la escribió para ser representada sobre las tablas, en un escenario entre cuatro paredes, y eso se nota. Dirigida por Liv Ullmann, se ha dicho de ella que es la adaptación más seductora y oscura del gran clásico teatral.

La historia se centra en Julia, una mujer aristócrata que rompe todas las convenciones sociales y en la noche de San Juan vive un momento de auténtica pasión con su criado John. La auténtica protagonista es la lucha entre clases, una lucha dura, dramática y agresiva incluso lo que hace que la historia sea bella pero terrible al mismo tiempo.

Es un relato apasionante que cuenta con dos personajes complejos y muy atractivos: Julia y John. Ambos evolucionan tanto a lo largo de la historia que a veces cuesta trabajo saber quién es el criado y quién el aristócrata. De igual forma, el guion conserva la fuerza y la inteligencia de la original obra teatral.

Sin embargo, quizás se note demasiado que no ha sido creada para la gran pantalla. En mi opinión, un texto teatral bien llevado al cine no debería aparentar en exceso haber sido lo anterior, y en este caso quizás se haga demasiado evidente. Pero sólo por poner un “pero”.

Muchas de las imágenes son de una belleza excepcional y el final está tratado con mucha delicadeza y tiene la capacidad de conmover al espectador. Al mismo tiempo han sabido intercalar escenas para variar la escenografía primitiva adaptándola así al mundo cinematográfico, ampliando  espacios con bastante acierto.

La actriz Jessica Chastain interpreta a Julia de forma extraordinaria, resultado no sólo del talento de la actriz, que lo tiene y mucho, sino también de la labor magistral de dirección por parte de Liv Ullmann, que antes de ser directora, fue actriz, y de las buenas. El resultado de estos trabajos se refleja a la perfección en los ojos de Jessica Chastain que se cargan de verdad o de pasión o de miedo, dependiendo de la escena. A esto ayudan también unos primeros planos excepcionales que colaboran a dar impresión de cercanía y empatía al espectador.

Colin Farrell por su parte interpreta a John, el criado de la casa y al principio quizás resulte poco creíble, pero a medida que avanza la película su trabajo se va haciendo magnífico y te va atrapando. Es de destacar también el papel de Samantha Morton que encarna a Kathleen, la criada de la casa y novia de John.

El reparto lleva a cabo un trabajo excelente, las imágenes son agradables, la historia es lo suficientemente turbulenta, casi cercana al thriller, como para interesar, pero, a veces (como sucede en otras muestras de teatro filmado como Closer, reseñada por mi anteriormente), a uno  le está dando la impresión de estar viendo una obra de teatro y no una verdadera película. Y sin embargo todo eso es perdonable gracias a la calidad del film.

Tormentas psicosexuales aparte, quizá el tema más estimulante de La señorita Julia es, como he mencionado antes,  el del choque de clases, que no tiene tanto que ver con riqueza versus pobreza, como con la convivencia de dos especies distintas de seres humanos. Hoy en día, la aristocracia empieza a ser algo en vías de extinción, reducida a sus propios espacios, y tendemos a pensar que el concepto de “clase” equivale a riqueza, pero hasta hace unas décadas esto no era así. Esta película puede ser un buen ejemplo para entender realmente qué significaba “clase alta” y “clase baja” en el sentido de entonces.

En definitiva la película es un ejercicio narrativo excelente, apoyado por la magnífica interpretación de sus dos actores principales. Muy recomendable. No te la puedes perder. Y como siempre, puedes encontrarla en la biblioteca. DVD PE 4295

(Fuente: http://www.thecult.es) Sigue leyendo

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CINEMA PARADISO – La entrega

Esta semana quiero recomendar una película un poco especial, se trata de “La entrega”, último trabajo y estreno póstumo, del gran James Gandolfini.

“La entrega” es un drama criminal que cuenta con un guión de Dennis Lehane, (autor así mismo de las novelas Suther Island o Mystic River y guionista de series tan prestigiosas como Boardwalk Empire o The Wire), basado en su relato corto “Animal Rescue”. Está dirigida por el belga Michael R. Roskam. Tom Hardy y Noomi Rapace forman junto a James Gandolfini  el trío principal de actores. Este último falleció antes de estrenar la película, por lo que también nos permite despedirnos del gran actor en cuya carrera ha destacado un papel recurrente,  el de mafioso que le iba como anillo al dedo.

La película nos muestra cómo el crimen organizado se vale de los bares de Brooklyn para actuar como intercambiadores para el blanqueo de dinero. No son lugares especiales sino cotidianos, a la vista de todos, en donde se reúnen los parroquianos para ver el fútbol o tomarse una copa a la salud de los que ya no están.

El punto de inflexión en la historia se produce cuando Bob Saginowski, al que interpreta Tom Hardy, un solitario barman que se gana la vida junto a su primo Marv (James Gandolfini), descubre un cachorro de pitbull maltratado en la basura y lo salva de una muerte segura, entrando así en contacto con Nadia (Noomi Rapace), que es una misteriosa mujer marcada por el pasado. Sin embargo descubre que el perro ya tiene dueño, un hombre desequilibrado y peligroso que ha estado en prisión y quien viene para reclamar lo que dice que es suyo.

El primer plano de la película es el puente de Brooklyn reflejado en el agua y bien podemos decir que esa misma imagen invertida es la que vamos descubriendo a medida que avanza la trama puesto que nada es lo que parece, y Roskam nos traslada ese mismo sentimiento mostrándonos en varias ocasiones giros de cámara que nos hacen recorrer 180 grados.

No se trata de un thriller de ritmo acelerado como el cine al que estamos acostumbrados últimamente. El director nos presenta la normalidad de un mundo que aparece como cotidiano gracias a sus correctísimos planos y a su acertado ritmo, no muy rápido precisamente para que no se escape la sensación de normalidad, y no muy lento para no desesperar a los espectadores más inquietos. Mientras que Lehane aporta una historia en la que una acción simple como es el rescate de un cachorro maltratado y tirado a un cubo de basura, aparece como el mayor conflicto al que se ha enfrentado Bob, el camarero que parece algo corto de entendimiento.

“La entrega” no es una película típica. En   ella, la trama se toma su tiempo para arrancar y llevarnos a situaciones límite hacia el final  a través de un crescendo de la tensión narrativa hasta llegar al clímax de la cinta, momento en el que los personajes se quitan las caretas como si de un baile de máscaras se tratara.

En definitiva, ‘La entrega’ es un thriller que prefiere construir la tensión a partir de las relaciones entre sus personajes, tomándoselo todo con calma, pero sin por ello sabotear una adecuada evolución de la historia. Y si algo hay que destacar es la calidad y la brillantez en la interpretación de sus protagonistas. Absolutamente recomendable. Y como siempre la podéis encontrar en la biblioteca DVD PE 4256.

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CINEMA PARADISO – El sueño de Ellis

La isla de Ellis, también llamada “la puerta del paraíso” es una isla situada junto a la Estatua de la Libertad en Nueva York, por la que millones de inmigrantes pasaban antes de iniciar una nueva vida en Estados Unidos, que no siempre fue mejor que la que dejaron en Europa. Movidos, unos por la aventura, otros por no pasar hambre…, todos compartían el mismo objetivo, tener más calidad de vida y un futuro para ellos y sus familias.

Apenas una hectárea de tierra fue la puerta del sueño americano de aproximadamente doce millones de europeos entre 1892 y 1954 y que ya en 1890 se había convertido  en el Centro Federal de Inmigración, el gran filtro para el flujo migratorio transatlántico.

A principios del siglo XX, los emigrantes comenzaron a ser un negocio para las grandes compañías navieras que entraron en una competencia feroz por reducir el precio del pasaje. En 1904 el pasaje de tercera clase costaba sólo 10 dólares, por lo que viajar a América estuvo al alcance de los más pobres, aunque hubiera que sumarle dos dólares de “derechos de entrada”. Cientos de familias no dudaron en aventurarse a pesar de tener que vivir hacinados durante más de una semana de viaje en la cubierta y bodegas de los buques.

Aunque la Estatua de la Libertad era lo primero que veían los  inmigrantes, el trato a los viajeros de tercera clase dejaba mucho que desear. Colas de entre tres y cinco horas esperando la carta de admisión a una nueva vida que solo se concedía si se superaban los exámenes médicos, además de…”no ser un delincuente convicto ni retrasado mental, ni anarquista, ni epiléptico, ni promiscuo, ni mujer de mala reputación”.  En 1917 se impuso un nuevo filtro, había que saber leer y escribir. Y aun así, tanta restricción no pudo evitar la entrada masiva de inmigrantes de los que sólo uno de cada cien tomó el barco de vuelta. Estos inmigrantes contribuyeron en gran medida a la construcción de los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX.

La película que recomiendo ésta semana, “La isla de Ellis” trata un tema de máxima actualidad en el mundo, de la mano de las medidas que la era TRUMP está imponiendo en el asunto de la inmigración en Estados Unidos. Narra la historia de algunos de estos inmigrantes de finales del siglo XIX y principios del XX y de las penalidades que hubieron de pasar precisamente en esta isla antes de entrar en la tan ansiada América. Me vuelvo a volcar en un tema histórico pues como muchos sabéis, me apasiona la historia.

Ewa, encarnada por Marion Cotillard, es una joven recién llegada a la isla de Ellis desde Polonia. La acompaña su hermana Magda, enferma de tuberculosis muy probablemente contraída en el barco, que es puesta en cuarentena antes de permitirle la entrada y Ewa hace lo que sea por salvarla, incluso depositar su confianza en Bruno (Joaquin Phoenix), un proxeneta a su manera, hasta que aparece Orlando ( Jeremy Renner), un mago primo de Bruno que le devolverá la esperanza de alcanzar algún día su sueño. Se trata de un melodrama que habla de prostitución y de engaño, de explotación y de salvación.

“El sueño de Ellis” utiliza recursos de un melodrama pero a ello le añade el gusto por los personajes imprevisibles y salvajes. De nuevo, el poco prolífico director James Gray (cinco películas en 20 años), le deja a uno con la sensación de estar ante un tipo de cine demasiado olvidado (en pro del desmesurado abuso de la acción y los efectos especiales en detrimento de un buen guión, de una buena historia); ese cine que solemos identificar con los grandes nombres de los setenta.

Tan sólo por eso, “El sueño de Ellis” vale la pena. Y como siempre, sólo tenéis que acercaros por la biblioteca para poder disfrutar de la película DVD PE 4264

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