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CINEMA PARADISO – Calvary

Mi recomendación de la semana es una película irlandesa de un director también irlandés; John Michael McDonagh. Esta es su segunda película como director, después de “El Irlandés”, película caustica y graciosa pero que no consigue llegar mucho. Todo lo contrario que la que hoy recomiendo. “Calvary” muestra su poderío ya desde la primera escena. Un plano fijo del rostro del padre James (Brendan Gleeson), párroco de un pueblo costero de Irlanda que se encuentra en el confesionario. En off se escucha una voz confesando un terrible abuso cometido contra él cuando era niño y que amenaza la vida del sacerdote por el simple hecho de serlo. La fuerza de esta secuencia atrapa al espectador ya desde el principio.

Más tarde, cuando el sacerdote da la comunión a sus feligreses, se produce un desfile de la mayoría de  los personajes que se acercan a recibirla y con una pincelada ya podemos ver los rasgos que caracterizan a cada uno de ellos.

La película está narrada en siete capítulos, uno por cada día de la semana. El eje, ya planteado desde la primera escena, nos va descubriendo poco a poco a los distintos personajes del pueblo candidatos a convertirse en asesinos. Todos, en mayor o menor medida son pecadores, infelices y atormentados por su pasado. Es difícil descubrir qué es lo que se esconde tras sus silencios, tras sus comportamientos un tanto estridentes, aunque la verdad es que tampoco preocupa demasiado, porque lo que de verdad importa es el padre Lavelle, al que vemos constantemente dudar y debatirse internamente.

A él se acerca la cámara frecuentemente con magníficos planos cortos que nos permiten apreciar la magistral actuación de Gleeson, casi siempre contenido, dubitativo, a veces incluso inescrutable pero capaz de inundar la pantalla con su presencia, transmitiendo comprensión y calma.

Sobre esa calma se puede reflexionar acerca de los temas que plantea la película, el pecado en cualquiera de sus formas que son parte del proceso de expiación que impone la iglesia a sus fieles, pero que no se aplica a si misma al no estar dispuesta a reconocer sus errores y pagar por ellos.

Esos “errores” o mejor dicho, crímenes, es lo que Calvary denuncia, aunque el espectador solo puede pensar en ellos en convivencia con la amenaza de muerte y el discurrir de los personajes que centran la película. Junto a todo ello el humor negro tan irlandés que es capaz de aligerar temas tan dramáticos y complejos. En ese contraste reside también parte de la esencia de esta película. El humor choca con el drama al igual que los primeros planos del magnífico Gleeson lo hacen con las panorámicas del bello paisaje irlandés, igual que el perdón se confunde con el pecado y la vida con la muerte.

A pesar de todo, quizás se echa de menos que la denuncia no sea más intensa por la gravedad de los hechos que la inspiran.

Aunque el protagonista sea un cura, esta historia no versa sobre religión, casi ninguno de los personajes es realmente religioso y, por tanto, la película no trata de sermonear. No es una obra sobre el pecado y la virtud, sino sobre la humanidad y las decisiones que tomamos.

Técnicamente es una película impecable con actuaciones magistrales, especialmente la de su protagonista; magníficos actores todos que la dotan de gran nivel. Los paisajes son maravillosos, plasmados en increíbles planos, gracias al gran trabajo de fotografía. Hay que destacar también la música, electrizante y arraigada en las tierras del norte.

Así mismo, hay algunas escenas que destacan especialmente sobre el resto, como la última de la película; uno de esos momentos que resultan difíciles de olvidar durante días después de haberla visto.

En definitiva se trata de una película muy recomendable en la que  los detalles están sumamente cuidados. A mi modo de ver es una película que por todo esto la podemos incluir en el apartado de gran cine. Celebremos que aún queden ideas entre los guionistas y voluntad de hacer algo más que cintas meramente comerciales entre los directores.

Si te apetece verla, pasa por la biblioteca, donde podrás encontrarla junto a una gran selección del mejor cine DVD PE 4425

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CINEMA PARADISO – Pequeñas mentiras sin importancia

Este viernes me voy de vacaciones por dos semanas, porque ya es tiempo de vacaciones y también de amigos; de hacer lo que nos gusta y de hacerlo juntos, como ocurre en la película que quiero reseñar hoy y que es un homenaje a todos aquellos que están a puntito de iniciar el tan ansiado descanso estival.

“Pequeñas mentiras sin importancia” es una joya del cine  francés –ya sabéis que el cine francés es una de mis debilidades–, dirigida por  Gillaume Canet y protagonizada entre otros por la gran Marion Cotillard, (actriz que va creciendo con cada película que hace), rinde tributo a la amistad de unos individuos desorientados y frágiles en su búsqueda de la felicidad, obligados a recurrir a pequeños salvavidas para su naufragio emocional.

Se trata del tercer largometraje del citado director, y sin duda, su mejor película hasta el momento y también la más personal, pues parece ser que está inspirada en sus propias experiencias y rodada “en familia” ya que todos los intérpretes son amigos del director, incluida su esposa, Marion Cotillard y habla profundamente de la moral y los límites de la amistad a orillas del Atlántico.

A pesar del drama y la tensión palpable en el ambiente, Guillaume Canet juega muy bien la baza de la familiaridad. Se nota que está dirigiendo a sus amigos en la vida real y consigue un ambiente distendido, agradable y hasta divertido en ciertas ocasiones. Los actores se notan relajados y trabajando en familia, lo que les permite jugar con sus emociones y ofrecer interpretaciones sutiles y precisas.

Guillaume Canet profundiza como nadie en los problemas emocionales de cada uno de sus personajes, dotándoles del dramatismo y la comicidad justa, evitando que caigan en lo estrambótico, aunque en alguna ocasión rozan el límite de ambos extremos: el de lo ridículo y el de la lágrima fácil.

Por suerte, un reparto carismático y tan poderoso como el que forman François Cluzet,  Marion Cotillard (que desprende un magnetismo especial en este trabajo), Gilles Lellouche, Benoît Magimel y Laurent Lafitte, consiguen que nos convirtamos en uno más de esa pandilla de amigos que, a pesar de los rencores, son una familia. Esa sensación de estar como en casa, junto a su reparto, es lo que convierte a ésta película en notable y hace que el espectador se sienta atrapado y llegue a identificarse con muchas de las  características de estos personajes imperfectos, reales y a la vez entrañables.

Aquí, el verano y los maravillosos paisajes del sur de Francia se convierten en luminoso escenario para dramas emocionales y sobre todo, para destapar la parte más miserable y despreciable del alma humana. Celos, envidias, antiguos y nuevos rencores, el sentimiento de culpa y de ser malos y egoístas amigos, etc. son las emociones que sobrevuelan las aparentemente apacibles y tradicionales vacaciones.

Y es que parece que su acomodado estatus social y el egoísmo del primer mundo pesa más que la desgracia que ha sufrido su amigo,  y no se creen dignos de merecer perderse dos semanas de relax en la playa a pesar de las circunstancias. Esta presión de saberse culpables por estar disfrutando del verano, mientras su amigo está convaleciente es lo que hará que planee cierta tensión de diversa índole en este grupo de amigos.

Mientras la película está plagada de cenas a la luz de las velas en el jardín, deportes acuáticos y paseos en barca, los personajes tratan de lidiar como pueden con la convivencia y con sus rencillas particulares: la crisis de masculinidad de uno de ellos al confesar que se siente atraído románticamente por el maduro del grupo, el miedo al compromiso de una de ellas, matrimonios frustrados o las obsesiones románticas.

En definitiva creo que es una buena propuesta para comenzar las vacaciones de verano e ir abriendo boca para lo que a buen seguro nos espera. Y como siempre, podéis encontrarla si pasáis por la biblioteca. Ésta y muchas más que os harán pasar muy buenos ratos. DVD PE 3749

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CINEMA PARADISO – La señorita Julia

Antes que cine fue teatro. Su autor, August Strindberg la escribió para ser representada sobre las tablas, en un escenario entre cuatro paredes, y eso se nota. Dirigida por Liv Ullmann, se ha dicho de ella que es la adaptación más seductora y oscura del gran clásico teatral.

La historia se centra en Julia, una mujer aristócrata que rompe todas las convenciones sociales y en la noche de San Juan vive un momento de auténtica pasión con su criado John. La auténtica protagonista es la lucha entre clases, una lucha dura, dramática y agresiva incluso lo que hace que la historia sea bella pero terrible al mismo tiempo.

Es un relato apasionante que cuenta con dos personajes complejos y muy atractivos: Julia y John. Ambos evolucionan tanto a lo largo de la historia que a veces cuesta trabajo saber quién es el criado y quién el aristócrata. De igual forma, el guion conserva la fuerza y la inteligencia de la original obra teatral.

Sin embargo, quizás se note demasiado que no ha sido creada para la gran pantalla. En mi opinión, un texto teatral bien llevado al cine no debería aparentar en exceso haber sido lo anterior, y en este caso quizás se haga demasiado evidente. Pero sólo por poner un “pero”.

Muchas de las imágenes son de una belleza excepcional y el final está tratado con mucha delicadeza y tiene la capacidad de conmover al espectador. Al mismo tiempo han sabido intercalar escenas para variar la escenografía primitiva adaptándola así al mundo cinematográfico, ampliando  espacios con bastante acierto.

La actriz Jessica Chastain interpreta a Julia de forma extraordinaria, resultado no sólo del talento de la actriz, que lo tiene y mucho, sino también de la labor magistral de dirección por parte de Liv Ullmann, que antes de ser directora, fue actriz, y de las buenas. El resultado de estos trabajos se refleja a la perfección en los ojos de Jessica Chastain que se cargan de verdad o de pasión o de miedo, dependiendo de la escena. A esto ayudan también unos primeros planos excepcionales que colaboran a dar impresión de cercanía y empatía al espectador.

Colin Farrell por su parte interpreta a John, el criado de la casa y al principio quizás resulte poco creíble, pero a medida que avanza la película su trabajo se va haciendo magnífico y te va atrapando. Es de destacar también el papel de Samantha Morton que encarna a Kathleen, la criada de la casa y novia de John.

El reparto lleva a cabo un trabajo excelente, las imágenes son agradables, la historia es lo suficientemente turbulenta, casi cercana al thriller, como para interesar, pero, a veces (como sucede en otras muestras de teatro filmado como Closer, reseñada por mi anteriormente), a uno  le está dando la impresión de estar viendo una obra de teatro y no una verdadera película. Y sin embargo todo eso es perdonable gracias a la calidad del film.

Tormentas psicosexuales aparte, quizá el tema más estimulante de La señorita Julia es, como he mencionado antes,  el del choque de clases, que no tiene tanto que ver con riqueza versus pobreza, como con la convivencia de dos especies distintas de seres humanos. Hoy en día, la aristocracia empieza a ser algo en vías de extinción, reducida a sus propios espacios, y tendemos a pensar que el concepto de “clase” equivale a riqueza, pero hasta hace unas décadas esto no era así. Esta película puede ser un buen ejemplo para entender realmente qué significaba “clase alta” y “clase baja” en el sentido de entonces.

En definitiva la película es un ejercicio narrativo excelente, apoyado por la magnífica interpretación de sus dos actores principales. Muy recomendable. No te la puedes perder. Y como siempre, puedes encontrarla en la biblioteca. DVD PE 4295

(Fuente: http://www.thecult.es) Sigue leyendo

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CINEMA PARADISO – La entrega

Esta semana quiero recomendar una película un poco especial, se trata de “La entrega”, último trabajo y estreno póstumo, del gran James Gandolfini.

“La entrega” es un drama criminal que cuenta con un guión de Dennis Lehane, (autor así mismo de las novelas Suther Island o Mystic River y guionista de series tan prestigiosas como Boardwalk Empire o The Wire), basado en su relato corto “Animal Rescue”. Está dirigida por el belga Michael R. Roskam. Tom Hardy y Noomi Rapace forman junto a James Gandolfini  el trío principal de actores. Este último falleció antes de estrenar la película, por lo que también nos permite despedirnos del gran actor en cuya carrera ha destacado un papel recurrente,  el de mafioso que le iba como anillo al dedo.

La película nos muestra cómo el crimen organizado se vale de los bares de Brooklyn para actuar como intercambiadores para el blanqueo de dinero. No son lugares especiales sino cotidianos, a la vista de todos, en donde se reúnen los parroquianos para ver el fútbol o tomarse una copa a la salud de los que ya no están.

El punto de inflexión en la historia se produce cuando Bob Saginowski, al que interpreta Tom Hardy, un solitario barman que se gana la vida junto a su primo Marv (James Gandolfini), descubre un cachorro de pitbull maltratado en la basura y lo salva de una muerte segura, entrando así en contacto con Nadia (Noomi Rapace), que es una misteriosa mujer marcada por el pasado. Sin embargo descubre que el perro ya tiene dueño, un hombre desequilibrado y peligroso que ha estado en prisión y quien viene para reclamar lo que dice que es suyo.

El primer plano de la película es el puente de Brooklyn reflejado en el agua y bien podemos decir que esa misma imagen invertida es la que vamos descubriendo a medida que avanza la trama puesto que nada es lo que parece, y Roskam nos traslada ese mismo sentimiento mostrándonos en varias ocasiones giros de cámara que nos hacen recorrer 180 grados.

No se trata de un thriller de ritmo acelerado como el cine al que estamos acostumbrados últimamente. El director nos presenta la normalidad de un mundo que aparece como cotidiano gracias a sus correctísimos planos y a su acertado ritmo, no muy rápido precisamente para que no se escape la sensación de normalidad, y no muy lento para no desesperar a los espectadores más inquietos. Mientras que Lehane aporta una historia en la que una acción simple como es el rescate de un cachorro maltratado y tirado a un cubo de basura, aparece como el mayor conflicto al que se ha enfrentado Bob, el camarero que parece algo corto de entendimiento.

“La entrega” no es una película típica. En   ella, la trama se toma su tiempo para arrancar y llevarnos a situaciones límite hacia el final  a través de un crescendo de la tensión narrativa hasta llegar al clímax de la cinta, momento en el que los personajes se quitan las caretas como si de un baile de máscaras se tratara.

En definitiva, ‘La entrega’ es un thriller que prefiere construir la tensión a partir de las relaciones entre sus personajes, tomándoselo todo con calma, pero sin por ello sabotear una adecuada evolución de la historia. Y si algo hay que destacar es la calidad y la brillantez en la interpretación de sus protagonistas. Absolutamente recomendable. Y como siempre la podéis encontrar en la biblioteca DVD PE 4256.

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CINEMA PARADISO – El sueño de Ellis

La isla de Ellis, también llamada “la puerta del paraíso” es una isla situada junto a la Estatua de la Libertad en Nueva York, por la que millones de inmigrantes pasaban antes de iniciar una nueva vida en Estados Unidos, que no siempre fue mejor que la que dejaron en Europa. Movidos, unos por la aventura, otros por no pasar hambre…, todos compartían el mismo objetivo, tener más calidad de vida y un futuro para ellos y sus familias.

Apenas una hectárea de tierra fue la puerta del sueño americano de aproximadamente doce millones de europeos entre 1892 y 1954 y que ya en 1890 se había convertido  en el Centro Federal de Inmigración, el gran filtro para el flujo migratorio transatlántico.

A principios del siglo XX, los emigrantes comenzaron a ser un negocio para las grandes compañías navieras que entraron en una competencia feroz por reducir el precio del pasaje. En 1904 el pasaje de tercera clase costaba sólo 10 dólares, por lo que viajar a América estuvo al alcance de los más pobres, aunque hubiera que sumarle dos dólares de “derechos de entrada”. Cientos de familias no dudaron en aventurarse a pesar de tener que vivir hacinados durante más de una semana de viaje en la cubierta y bodegas de los buques.

Aunque la Estatua de la Libertad era lo primero que veían los  inmigrantes, el trato a los viajeros de tercera clase dejaba mucho que desear. Colas de entre tres y cinco horas esperando la carta de admisión a una nueva vida que solo se concedía si se superaban los exámenes médicos, además de…”no ser un delincuente convicto ni retrasado mental, ni anarquista, ni epiléptico, ni promiscuo, ni mujer de mala reputación”.  En 1917 se impuso un nuevo filtro, había que saber leer y escribir. Y aun así, tanta restricción no pudo evitar la entrada masiva de inmigrantes de los que sólo uno de cada cien tomó el barco de vuelta. Estos inmigrantes contribuyeron en gran medida a la construcción de los Estados Unidos durante los siglos XIX y XX.

La película que recomiendo ésta semana, “La isla de Ellis” trata un tema de máxima actualidad en el mundo, de la mano de las medidas que la era TRUMP está imponiendo en el asunto de la inmigración en Estados Unidos. Narra la historia de algunos de estos inmigrantes de finales del siglo XIX y principios del XX y de las penalidades que hubieron de pasar precisamente en esta isla antes de entrar en la tan ansiada América. Me vuelvo a volcar en un tema histórico pues como muchos sabéis, me apasiona la historia.

Ewa, encarnada por Marion Cotillard, es una joven recién llegada a la isla de Ellis desde Polonia. La acompaña su hermana Magda, enferma de tuberculosis muy probablemente contraída en el barco, que es puesta en cuarentena antes de permitirle la entrada y Ewa hace lo que sea por salvarla, incluso depositar su confianza en Bruno (Joaquin Phoenix), un proxeneta a su manera, hasta que aparece Orlando ( Jeremy Renner), un mago primo de Bruno que le devolverá la esperanza de alcanzar algún día su sueño. Se trata de un melodrama que habla de prostitución y de engaño, de explotación y de salvación.

“El sueño de Ellis” utiliza recursos de un melodrama pero a ello le añade el gusto por los personajes imprevisibles y salvajes. De nuevo, el poco prolífico director James Gray (cinco películas en 20 años), le deja a uno con la sensación de estar ante un tipo de cine demasiado olvidado (en pro del desmesurado abuso de la acción y los efectos especiales en detrimento de un buen guión, de una buena historia); ese cine que solemos identificar con los grandes nombres de los setenta.

Tan sólo por eso, “El sueño de Ellis” vale la pena. Y como siempre, sólo tenéis que acercaros por la biblioteca para poder disfrutar de la película DVD PE 4264

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CINEMA PARADISO – El amor en los tiempos del cólera

El pasado domingo 23 de abril se celebró el Día Internacional del Libro, establecido por la UNESCO en el año 1995. Fue elegido el 23 de abril porque supuestamente fue la fecha de la muerte de dos genios de la literatura universal, Miguel de Cervantes y William Shakespeare y también del Inca Garcilaso.

Para celebrar el día del libro quiero recomendar una película que tiene mucho que ver con libros. Se trata de “El amor en los tiempos del cólera”, basada en la novela homónima del gran Gabriel  García Márquez, premio Nobel de literatura.

El amor en los tiempos del cólera fue la primera novela escrita por Gabriel García Márquez después de haber ganado el premio Nobel de Literatura en 1982. Los lectores estaban expectantes. Tal vez, el autor vivía con el temor de defraudarles, de no estar a la altura de sus anteriores obras que le habían llevado a ganar el codiciado galardón. Cuando por fin “El amor en los tiempos del cólera” se publicó en 1985, desde luego no defraudó ni un ápice ni a lector ni a escritor, de tal manera que aún sigue sin defraudar a todo aquel que lo lee, se ha convertido en lectura obligada y es un clásico de la literatura mundial.

Está inspirada en la historia de los amores contrariados de los padres de Gabriel García Márquez, y gracias a esos amores, los lectores podemos disfrutar de la auténtica poesía hecha prosa, de emocionarnos con cada palabra del señor Ariza e incluso del propio doctor Urbino. Sería un sacrilegio criticar la narración, la estructura o los personajes, que a mi modo de ver, rozan la perfección. Y por eso, simplemente me gustaría comentar la sensación indescriptible que me acompañó durante toda la lectura del libro. Una sensación que estuvo presente durante todo el tiempo,  Me sentía espectadora en el libro, vivía allí, sufría el cólera por otros y sentía los  amores de otros tantos, era capaz de ver y sentir hasta la pintura de las paredes, el movimiento de los árboles y  los sonidos del violín. Lloré con la muerte y con el desengaño y fui partícipe de todos los comentarios que allí se vertieron, hasta de miradas que insinuaban amor, odio e incluso, celos. “El amor en los tiempos del cólera” es una obra maestra y lo es tanto por la historia como por la forma de contarla, sumergiendo al lector totalmente, no sólo en su lectura, sino en lo que allí acontece. Todo esto es lo que la hace grande.

Me disculpo por hablar tanto de la novela y aún no haber empezado a comentar la película pero es mi homenaje al día del libro y creo que lo merece.

La película me fascinó, tanto en lo cinematográfico como en la actuación y en el guion, Sobre todo el guion. El genial  Ronald Harwood tomó una obra que es arte literario del más puro y escribió una versión que permitió realizar una película del más puro arte cinematográfico. El guion recoge con fidelidad y fervor el espíritu de la novela de García Márquez, y eso es todo lo que se necesita.

Si bien cubre períodos muy largos de la vida de los personajes, gracias a la atemporalidad creada en la obra, en ningún momento se produce nostalgia por algo que ya ha terminado, más bien lo que hay es añoranza por el futuro, por un futuro que cada día se confirma que no es como se desea que fuera aunque pudiera serlo. Florentino no perdió la esperanza durante 51 años de que al fin sucediera.

Mike Newell desarrolla cinematográficamente este planteamiento literario de forma exquisita, tanto en los diálogos como en las imágenes. Es una historia que estuvo muy bien contada por G.G.M., que ha sido inevitablemente abreviada pero certeramente recontada por Newell, con un magnífico guion.

Podéis disfrutarla, como siempre, acudiendo a la biblioteca a buscarla. DVD PE 3972

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CINEMA PARADISO – Hacia rutas salvajes

Esta semana quiero reseñar una película de hace 10 años pero una película de esas que dejan huella. Está basada en el libro de Jon Krakauer, del mismo título.

La película está magníficamente realizada e impecablemente interpretada. Su director, Sean Penn agita nuestro espíritu y nos hace reflexionar sobre nuestra propia existencia. Es una película en mi opinión, muy completa. Una estética perfecta, un guion a medida de los vagamundos de mente y conciencia libres y espíritu de optimismo en una sociedad que se lo lleva todo por delante. Es algo parecido a una oda a la vida, proponiendo la búsqueda de un camino propio lejos de modas y de sinsentidos, de vaivenes o de un nihilismo encubierto.

Otra de las constantes sobre las que reflexiona la película es la máscara, la apariencia, esa necesidad de ser otro para poder vivir en sociedad; una vida teñida de mentiras y secretos de la que su protagonista decide huir.

La historia de Cristopher nos ofrece un marco de reflexión que nos permite contemplar su peripecia desde distintas perspectivas y puntos de vista. Más allá del marco psicológico que, desde luego tiene su lugar, la historia nos ofrece otro marco de reflexión que se enmarca dentro del conflicto entre Civilización y Naturaleza y el alejamiento progresivo que para el ser humano implica la una de la otra. Se ha clasificado la aventura de Cristopher como una tontería sin sentido o una locura de un joven arrogante enfrascado en una loca y peligrosa aventura, de la misma manera que ha despertado la admiración por las motivaciones que parecía tener. La exaltación del mundo de la Naturaleza por encima de la Civilización aparece en muchas ocasiones como una compensación de la locura que nuestro mundo civilizado también imprime al ser humano. Las reflexiones de filósofos como Rousseau o Thoreau, o escritores como Tolstoi o Jack London (frecuentados por el joven Cristopher)  se han desplazado por esta tensión existente con la que el hombre vive dicho conflicto.

Si en algo ha acertado Sean Penn con su película ha sido en otorgarle un aura de grandiosidad que nadie podrá negarle. La majestuosidad con la que graba a Alexander Supertramp dentro de la naturaleza, quita el hipo. No cabe más que rendirse ante su poderío visual.

Da a entender que ha nacido porque quería contar esta historia, como si todo su empeño lo hubiese depositado en Alaska, como si los kilos que pierde el personaje también los perdió él en la elaboración de esta película. Sean Penn quiso que entráramos en la naturaleza con él.

La historia trata sobre un universitario prometedor de 22 años que decide un día dejar atrás a su familia en búsqueda de aventuras, pero sobre todo de libertad. Chris viajará sin dinero, buscándose la vida para ir de un lugar a otro y conociendo por el camino a otras personas que al igual que él no terminan de encajar en la sociedad.

El personaje principal está interpretado por el entonces prácticamente  desconocido, Emile Hirsch, un actor que con esta película da  toda una lección de interpretación. Su actuación sostiene todo el rato la película y lo hace de una manera magistral y ejemplar, realmente llega en algunos momentos a emocionar. Los secundarios también están fantásticos, desde Vince Vaughn a Hal Holbrook pasando por Catherine Keener.

En definitiva, se trata de  una de las mejores películas que se estrenaron en 2007. Sean Penn nos brinda una película brillante, única y con mucha personalidad propia y que le revalida una vez más como  un cineasta de prestigio. Lo mejor es verla sin saber mucho sobre su trama y dejarse llevar porque “Hacia rutas salvajes” es mucho más que una película, es una experiencia.

  

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