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CINEMA PARADISO – Sufragistas

El 19 de noviembre de 1933 las mujeres españolas pudieron votar por primera vez tras serle reconocido el sufragio como derecho constitucional en 1931. Acaba de cumplirse por tanto el 75 aniversario de aquel logro y quiero celebrarlo recomendando la película Sufragistas.

Sufragistas es una película que nos proporciona una necesaria lección de historia (vuelve a salirme la vena histórica y es que no lo puedo remediar).  Nos cuenta cómo un grupo de mujeres luchó para obtener uno de los derechos básicos de los que disfrutamos hoy. El derecho al voto femenino. Y esto hace menos de cien años, en una sociedad en la que nacer mujer limitaba tus derechos.

El camino recorrido hacia la igualdad de géneros no ha sido sencillo, y desgraciadamente aún no ha terminado pero lo que sí es seguro es que avanzó enormemente gracias a mujeres como  Emmeline Pankhurst.

La película refleja que la conquista de los derechos no cae del cielo sino que comenzó gracias al empuje de decenas de mujeres pioneras que abanderaron el cambio pero que tuvieron que pagar con el ostracismo social e incluso penas de prisión. Sufrieron el menosprecio de las autoridades; el propio Churchill describió su discurso como fuente de mentiras y Conan Doyle las calificó de Hoolligans femeninas.

La película transcurre en la Inglaterra de 1912, poco antes de la Primera Guerra Mundial y retrata como las activistas, viendo como sus protestas pacíficas para conseguir el sufragio eran ignoradas, se van radicalizando en una escalada cada vez más violenta. Rompen escaparates, se manifestan a las puertas del Parlamento e incluso una de ellas acuchilló la Venus del Espejo de Velázquez en la National Gallery de Londres, para centrar la atención en sus reivindicaciones.

En este contexto social, observamos la progresiva toma de conciencia de Maud, una lavandera interpretada de forma sobresaliente por Carey Mulligan (nominada al Oscar por An Education), que se erigirá en una revolucionaria con un alto coste para su vida.

El retrato que dibuja este drama histórico señala un doble rechazo al avance de las mujeres, por un lado, por parte de un anquilosado sistema político y económico, y por otro, por un orden patriarcal y machista imperante. Subyace de forma implícita en las escenas de la lavandería, un mayor desarrollo del vínculo del sufragismo con la lucha obrera por unas condiciones de trabajo dignas para mujeres sometidas a un trato infrahumano.

Sufragistas  es un proyecto con un equipo mayoritariamente femenino. Dirigida por Sarah Gavron (Brick Lane) y escrita por Abi Morgan (guionista de Shame y La dama de hierro), la película cuenta con una factura estética impecable si bien su estructura es académica y algo previsible, sin embargo está amparada en un relato sencillo.

Destaca su cuidada ambientación artística.  La fotografía en tonos grises, del catalán Eduard Grau (Buried), consigue «ensuciar» un ambiente proletario previo al estallido de la guerra.

Sirva esta película de necesario homenaje a la dignidad y valor de aquellas mujeres, en su mayoría de clase proletaria, indefensas, marginadas, cuando no expulsadas de sus trabajos, repudiadas por su propia familia y maridos, despojadas de sus hijos y ridiculizadas no solo por los hombres sino también por la mayoría de su propio género. Y para que las nuevas generaciones no olviden sobre qué base de dolor y sacrificio se cimentaron los derechos que hoy, en ocasiones, vemos como irrelevantes.

Altamente recomendable. Y si te apetece verla, sólo tienes que pasar por la biblioteca

DVD PE 4642.

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RECOLECTURAS – Trilogía Las chicas de campo

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«Todos nos abandonamos en algún momento. Morimos, cambiamos (sobre todo esto último), dejamos de sentir afinidad con nuestros mejores amigos; pero, aunque te abandone algún día, te habré transmitido una parte de mí; serás una persona distinta por el hecho de haberme conocido, es inexorable…»

Hoy en nuestra sección, la trilogía Las chicas de campo (Las chicas de campo, La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas) de la escritora irlandesa Edna O’Brien.

La primera de ellas ya fue reseñada en este blog por mi compañera Olivia hace un par de años. Yo les tenía muchas ganas a estas chicas, y estas vacaciones por fin les he hincado el diente; y el bocado me ha parecido tan exquisito, que no quería dejar de pasar la ocasión de hablar de esta gran trilogía.

A lo largo de esta serie vamos a conocer en profundidad a las dos protagonistas (Caitleen, también conocida como Kate, y Baba) y las vamos a acompañar en su periplo desde que son unas niñas en la Irlanda rural de los años 50; pasando por Dublín, ciudad a la que emigran con la esperanza de encontrar una vida mejor, lejos del asfixiante ambiente rural; para terminar en Londres, como «chicas felizmente casadas».

Lo primero que llama la atención de esta relación de amistad es la enorme diferencia que existe entre ambas. Si Kate (narradora en primera persona de las dos primeras partes y al alimón con Baba de la tercera) es, en palabras de su propia amiga: buenaza, tranquilona, ñoña, reservada; Baba es todo lo contrario: extravertida, egoísta, caprichosa, y con un punto de maldad. Quizás por eso se complementen tan bien, aunque a veces su relación pueda parecer más una relación de dependencia, en el caso de Kate, y de conveniencia, en el caso de Baba.

Este es el punto que me ha parecido más interesante de la trilogía, la disección psicológica y social de los personajes. El hecho de cómo los condicionantes externos determinan en muchos casos la personalidad.

Kate se cría en una familia con graves problemas económicos, a causa del alcoholismo del padre, y cuyo asidero es su madre que le inculca fuertes valores cimentados en el catolicismo irlandés (la autora nació en una pequeña localidad rural del oeste de Irlanda y creció en la oprimente atmósfera del nacionalcatolicismo irlandés de los años cuarenta, por lo que podríamos decir que esta trilogía tiene tintes autobiográficos, dada la similitud de O’Brien con los personajes principales, siendo Kate su yo más racional y Baba su yo más alocado y espontáneo: «Baba es como mi alter ego. Yo era obediente, amable, me desvivía por hacer lo que me ordenaban. Me castigaba por decir palabras como eyaculación, pero había otro lado en mí, un lado más rebelde, perverso. Baba es mi yo secreto»). Baba, en contraposición, no tiene los problemas económicos de Kate, pero el ambiente familiar en el que se cría, con una madre frívola, un padre prácticamente ausente, volcado en su trabajo como forma de huir de un matrimonio fallido, hace que se críe como una niña mimada y consentida. Esta forma de ser tan diferentes también las determina en sus relaciones amorosas. Si Kate siempre se enamora de hombres mayores, con un amplio bagaje intelectual y cultural, pudientes (quizás busca sentirse protegida y suplir  la figura paterna que nunca tuvo), Baba se acerca a los hombres por conveniencia, como casi todo en su vida. Lo que busca es seguridad económica para llevar la vida cómoda que anhela (de hecho termina casada con un ostentoso constructor, un nuevo rico, que le da la vida de lujos que desea, aunque sumamente insulsa y aburrida): «Hace poco nos lamentábamos Kate Brady yo de que nada nunca iría a mejor en nuestras vidas, de que moriríamos en el mismo estado en el que nos encontrábamos: bien alimentadas, casadas, insatisfechas».

Por otro lado es muy interesante la descripción de los paisajes y del ambiente rural de la Irlanda de mediados del siglo XX. En determinados aspectos narrada de manera preciosista y bucólica, que nos evoca esa maravillosa película de John Ford, «El hombre tranquilo». En contraposición, el ambiente asfixiante e hipócrita del catolicismo irlandés (para la autora mucho más represivo que en Italia, España o Portugal), que acompañará a Kate a lo largo de toda su existencia, y determinará en muchos casos sus decisiones: siempre acompañadas de fuertes sentimientos de culpa, sobre todo en relación a los hombres y a las relaciones sexuales. En palabras de la propia autora: «Es la historia de dos chicas, pero en realidad, narra la historia de la Irlanda de esa época. Un país atrasado y represivo, especialmente en las zonas rurales»

A mí me ha encantado. Me he sentido en muchos aspectos identificada con Kate, y con aquellos sueños incumplidos cuando llegamos a la edad madura. Ninguna de las dos tiene una vida fácil, una quizás porque es demasiado analítica y autoexigente, en el caso de Kate, y otra, en el caso de Baba, porque no se toma la vida demasiado en serio y sus decisiones también acarrean graves consecuencias. Me ha hecho reflexionar el poso tan fuerte que deja en las personas el ambiente tan castrante de un catolicismo llevado al extremo; pero ante todo me ha gustado la relación tan estrecha de dos amigas tan diferentes a lo largo de los años; y como, en cierta medida, se necesitan la una a la otra y se complementan. Y todo ello narrado con una gran belleza, aunque lo que se cuente no deje de ser un drama (mientras lo leía pensaba que no es un texto apto si no estás atravesando por un buen momento en tu vida, porque te pone ante el espejo, de una manera cruda, sin florituras, con gran lucidez).

Destacar también la transgresión de estos libros, y la valentía de la escritora al escribirlos (no hay que olvidar que se escribieron en los años 60, con duras críticas a la religión, abordando temas como el divorcio, el sexo, el aborto, y la emancipación de la mujer). De hecho, el primero de ellos fue un escándalo en su país, y el párroco de su aldea quemó tres ejemplares en la plaza pública. Desde  mi punto de vista son unos libros muy feministas, el protagonismo es para las mujeres y quizás está escrito para las mujeres. Desde luego creo que nosotras lo vamos a entender mejor, al menos desde otra sensibilidad y perspectiva.

Edna O’Brien (Tuamgraney, Irlanda , 1930 -).  Es una escritora y guionista de cine irlandesa residente en Londres. Con una carrera extensa, con más de 30 títulos publicados (donde destaca la trilogía Las chicas de campo), nunca pierde de vista sus orígenes y sus gentes (Irlanda es el material básico con el que O’Brien ha construido sus novelas y sus celebrados relatos). Es admirada por escritores de la talla de Philip Roth (fallecido recientemente), Alice Munro y John Banville, entre otros; y ha sido premiada con numerosos premios de prestigio, como el Irish Book Awards.

Es el primer acercamiento que hago a esta autora (aunque estaba en mi punto de mira desde hace mucho tiempo, como dije al principio), y me ha gustado tanto que voy a repetir, menos mal que en la biblioteca tengo algunos más donde elegir.

Otros libros de Edna O’Brien en la Biblioteca Miguel de Cervantes:

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Algunos datos se han sacado del siguiente artículo: https://elpais.com/cultura/2013/11/13/actualidad/1384360964_388331.html

 

 

 

 

 

 

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RECOLECTURAS – La importancia de no entenderlo todo

«La idea de que me iré de un mundo que está cada vez peor no me gusta, porque siempre pensé que era mi deber dejar el mundo mejor de lo que lo había encontrado. Si se tiene el hábito de ver cada día como una jornada completa, envejecer es interesante. Todos los días se conoce a una persona nueva, una puesta de sol nueva. Todos los días pasan cosas hermosas»

Hoy en nuestra sección, La importancia de no entenderlo todo de Grace Paley.

Grace Paley (1922-2007), conocida a nivel literario por sus cuentos (en la biblioteca tenéis sus Cuentos completos publicados por la editorial Anagrama), fue una destacada pacifista y activista política, además de feminista. En este libro vamos a conocerla en estas facetas a través de sus artículos, reportajes, charlas y prefacios. Aunque su historia comienza en los años veinte, mucho de los asuntos tratados en este libro comenzaron en los años cincuenta.

Casi todos los artículos fueron escritos porque Paley formaba parte de un movimiento, más bien de una marea, que surgió de las luchas por los derechos civiles de los cincuenta y que generó energías y métodos en los movimientos antibélicos de acción directa de los sesenta, debilitándose luego para volver con fuerza en los setenta y ochenta, en la segunda ola del movimiento de las mujeres, ola nutrida por las corrientes de la educación ecológica, la interconexión y la acción.

Hija de emigrantes rusos, Grace se crió en el barrio neoyorquino del Bronx en una familia puritana, socialista y judía. Quizás estos orígenes y mezcla de culturas (en casa se habla yiddish y ruso), hace que desde muy pequeña se despierte en ella la conciencia social y política. A los nueve años se inscribió en una organización llamada los Halcones: jóvenes socialistas menores de doce años, donde se cantaba «La Internacional», con el final socialista, además de ir vestidos con camisas azules y pañoletas rojas.

Siempre se mantiene muy crítica respecto a las decisiones tomadas por el gobierno de los Estados Unidos: «Aunque Estados Unidos amparaba el capitalismo, el prejuicio (que ahora se conoce como racismo: rechazar a la gente sin ningún motivo, salvo el color de la piel) y el linchamiento, mi padre decía que teníamos suerte de estar aquí». No obstante, sus críticas no son infundadas, son obtenidas de primera mano: Grace fue miembro de la delegación del movimiento pacifista que acompañó a tres prisioneros de Hanói a Estados Unidos en el programa de devolución de prisioneros durante la guerra de Vietnam, programa en el que los vietnamitas tenían puestas muchas esperanzas, y como veremos, Estados Unidos incumplió. También cuestiona la evacuación de niños vietnamitas a Estados Unidos para ser dados en adopción sin un registro adecuado, ya que muchos de ellos aún siguen teniendo familia en el país. Según Grace: «La guerra de Vietnam, que empezó con ignorancia, autocomplacencia y con el exterminio de inocentes, terminó de manera muy parecida». Sus protestas por la guerra de Vietnam, llevaron a Grace a pasar seis días en la cárcel de Greenwich Village.

Otra guerra que le tocó vivir, e igualmente cuestionada y criticada, fue la del Golfo. Según la autora fue sobre todo un experimento para probar el nuevo arsenal armamentístico de los Estados Unidos, ya que el petróleo sólo constituía el 5 o 10%. También se posicionó en contra de la política estadounidense en Centroamérica.

Sus protestas antibelicistas, por las que fue muy conocida, las llevó a cabo desde el pacifismo: «El pacifismo no es “pasivismo”»;  desde la desobediencia civil: «La verdadera esencia de la desobediencia civil no violenta es la terquedad más absoluta». «Para mí ha tenido más importancia no pedir permiso  no pedir permiso que desobedecer»; y desde la comunidad, emprendiendo acciones locales.

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Iguales de interesantes son sus opiniones sobre el feminismo, movimiento al que se fue acercando conforme iba creciendo, la enseñanza y la escritura.

Para Grace ser feminista significaba saber que: «lo normal durante varios miles de años ha sido que los hombres se adueñen durante varios miles de años del destino de las vidas de las mujeres, y que eso no es natural. Es una forma antinatural de organizar la vida en la tierra. El feminismo no consiste en hacer una lista de prioridades y de opresiones, sino en exigir cambios en una escala mayor, situando las vidas de las mujeres en el mismo plano central que la mayor parte de los radicales ocupan la clase o la raza, y mostrando cómo se relacionan». Ella pertenece al grupo Acción Femenina contra el Pentágono de Nueva York, entre otros movimientos. Hago aquí un inciso para decir que la Declaración de Unidad de las mujeres en sus protestas contra el Pentágono (páginas 115-122), es magistral.

Su relación con las mujeres y con sí misma: «Aprendí a educarme a mí misma sin saberlo. Aprendía de mí misma, entre otras personas», afecta también a su escritura: «Cuando yo empecé a escribir como escritora fue porque había empezado a vivir entre mujeres. Lo mejor de todo es que yo no las conocía, no sabía quiénes eran. Pero no tenía ni idea, y creo que de ese hecho procede mucha literatura.  Procede de no saber mucho sino de no saber. Procede de aquello por lo que sientes curiosidad, de lo que te obsesiona, de lo que quieres conocer. […] De manera que empecé a pensar en esas vidas, y esas fueron las vidas que me interesaron».

Respecto a la escritura Grace hace una diferencia entre escritor y crítico. Según ella, un escritor para hacer bien su trabajo debe vivir en el mundo, y un crítico, para sobrevivir en el mundo, debe vivir en la literatura. Una de las razones por las que un escritor se interesa mucho más por la vida que otras personas que simplemente se dedican a vivir, es que el escritor finge ser un especialista en algo (la vida) de la que no sabe nada. Si escribe es para poder explicárselo todo a sí mismo, y seguramente escribirá más cuanto menos sepa.

Estos son algunas pinceladas que os podéis encontrar en este libro, en el que también aborda el tema del aborto y la menopausia, entre otros. Aquí hemos conocido sus reflexiones desde su militancia en distintos movimientos pacifistas y feministas, en los que se mantuvo muy activa hasta el final, una de sus últimas protestas fue contra la guerra de Irak; pero no debemos olvidar que Grace, además de mujer trabajadora, ama de casa y madre, se consideraba escritora: «El sentido de mi vida, que posponía hasta medianoche y adaptaba a los diferentes lugares y trabajos, era escribir. Tardé mucho en darme cuenta, pero ahora lo sé».

Un maravilloso libro para leer, releer y que nos va a permitir entender un poco más la historia de Estados Unidos durante el siglo XX.

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RECOLECTURAS – Buenos días, guapa

«Me interesa cómo viven su historia las mujeres, cómo se imaginan sus historias. Quizá este libro haya surgido sólo porque yo quise escuchar».

Ayer celebramos el Día de la madre, por este motivo mi recomendación para el día de hoy es un libro que habla sobre mujeres, muchas de ellas madres.

A mediados de los años setenta, Maxie Wander se reúne, una a una, con diecinueve mujeres y conversa con ellas, las escucha atentamente. «Lo decisivo para mí cuando empecé este proyecto era si una mujer tenía las ganas o el valor de contar cosas de sí misma». Wander —hasta entonces escritora, secretaria, reportera y fotógrafa— se hizo famosa instantáneamente al publicar este extraordinario libro sobre la vida de las mujeres de su país. No sólo cómo eran aquellas vidas, sino cómo hubiesen querido que fuese cada una de ellas: con qué soñaban, qué deseaban y qué tenían que soportar día a día. Sus respuestas trazan un mapa fascinante.

Lo que distingue Buenos días, guapa no es tanto el interés intrínseco de sus historias como el tratamiento de sus voces. Wander no tiene empacho en manipular lo grabado para perfilar mejor a un personaje: no sólo selecciona y reordena, sino que retoca e inserta partículas orales, frases propias, sueños y recuerdos de su infancia (A Maxie Wander  no la legitimaban sino la curiosidad intelectual y el interés sincero. No venía a juzgar, sino a ver y a escuchar).

El libro de Maxie Wander, prueba sin proponérselo, un fenómeno muy significativo: sólo cuando el hombre y la mujer ya no discuten por el sueldo, por si la mujer puede «ir a trabajar» y quién se ocupa entonces de los niños; sólo cuando la mujer cobra por su trabajo lo mismo que el hombre; cuando se representa a sí misma ante el juzgado; cuando, al menos en la educación pública, ya no es adiestrada para la «feminidad», ni despreciada por la opinión pública como madre soltera; sólo entonces comienza a tener experiencias relevantes que no la conciernen sólo en general, como ser humano de género femenino, sino personalmente, como individuo.

La apelación a participar en los asuntos públicos ha transformado la vida privada y el sentir de muchas mujeres en la RDA. Ahora se enfrentan a una gran variedad de posibilidades, y también de riesgos y errores posibles. Este libro brinda ejemplos de cómo las mujeres mayores y las jóvenes reaccionan de manera muy diferente ante esta situación.

Habrá hombres a los que se les hará incómodo ver cómo las mujeres se deshacen de su tradicional  impronta «femenina», examinan al hombre, pueden prescindir de él, barajan «despedirlo», se ponen « en modo receptivo», aspiran más al« roce anímico» que al físico, y se burlan de él en determinadas circunstancias.

Este libro fue un acontecimiento y una revelación a ambos lados del Muro. Decenas de miles de lectoras, en el Este y el Oeste de Alemania, pudieron reconocerse en la frescura de sus testimonios y confirmar que, en cuanto a emancipación femenina, la República Democrática Alemana llevaba una considerable ventaja sobre la Federal. Vendió más de 60.000 ejemplares solo en su primer año, su adaptación teatral fue uno de los mayores éxitos en el país, y reportó a su autora una avalancha de cartas (hasta cincuenta diarias) de mujeres que le agradecían nada menos que haber cambiado su vida. Para toda una generación, encarnó como muy pocos libros el poder redentor del relato, del encuentro consigo mismo y con sus semejantes.

La desinhibición en el ámbito erótico ayuda a entender el éxito del libro, pero es sólo una parte del programa utópico que encarna Maxie Wander. Su mensaje político es de gran audacia, y ha trascendido la desaparición del país tan singular en que surgió.

El libro me ha gustado muchísimo, y más si pienso en el contexto en el que se escribió, mediados de los años 70 en la República Democrática Alemana, bajo ocupación soviética. Estamos ante un texto de gran modernidad, que ha envejecido muy bien, ya que los comentarios vertidos por muchas de las entrevistadas son sumamente interesantes. Estos son sólo algunos ejemplos que he extraído del texto: «A mayor agresividad de los hombres disminuye su inteligencia». «Si crees que ya no puede pasarte gran cosa, tu mayor peligro pasa a ser la indiferencia». «Espero el roce anímico: te he reconocido, te necesito justamente a ti en esta fase común de nuestra vida». «Sólo las personas fuertes son capaces de mostrar su inseguridad y llevarla tan tranquilos, como ropa vieja». «Cuestionarte a ti mismo es el punto de partido para cualquier cambio. Sólo si te vacías de todo lo antiguo tienes sitio para algo nuevo y mejor». «Como he tenido una educación religiosa, siempre he tenido algo a lo que aferrarme». «Igual la emancipación es eso, que cosas que antes terminaban en catástrofes hoy ya no supongan un problema. Que una mujer pueda decir: si tú no quieres, lo hago sola».

Es un texto ágil y fácil de leer. Los testimonios que se exponen pueden leerse como capítulos de una novela, mejor dicho, cada testimonio podemos considerarlo como un relato en sí mismo. Están representados varias clases de mujeres, desde las más humildes, como campesinas y obreras, hasta las más intelectuales, científicas y profesoras. Casadas, solteras, con hijos y sin hijos, separadas, viudas, jóvenes, ancianas …, un microcosmo de la feminidad. Una de las cosas que más me ha llamado la atención es que la mayoría de las mujeres entrevistadas no tienen amigas, sienten a las mujeres como una amenaza.

Publicado en la República Democrática Alemana en 1977, fue desde el momento mismo de su publicación un libro de culto en ambas Alemanias y vendió millones de ejemplares: nunca antes se había publicado un texto semejante. Lo que aquí se cuenta no se había contado nunca de este modo, y, sorprendentemente, sigue siendo muy actual.

(Fuente: Algunos datos han sido extraídos del prólogo de Ibon Zubiaur y del epílogo de Christa Wolf, amiga de la autora).

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RECOLECTURAS – Solterona

Una de las lecciones más importantes que he aprendido es que, para vivir bien sola, necesitas tener la voluntad de querer estarlo. Como cualquier tipo de vida plena necesita la intención de querer tenerla.

El pasado 8 de marzo celebramos el Día Internacional de la Mujer, por este motivo hoy os traigo el libro Solterona. La construcción de una vida propia, de Kate Bolick.

Detrás de este título peyorativo, que crea confusión, se esconde una gran obra de reivindicación de la mujer que podemos leer como si de una novela se tratase.

Miren a esta mujer. ¿Corresponde esta imagen a la idea que tenemos en la mente cuando pensamos en una “solterona”? Pues es ella, una soltera por elección y por convicción. La autora, con este ensayo ha querido quitar los prejuicios de una palabra cargada de gran machismo, y reivindica la soltería como modelo de vida; pero llegar hasta este punto no ha sido nada fácil, precisamente de ello trata el libro, de cómo a través de su propia experiencia personal, y a través del acercamiento y del estudio de cinco mujeres a las que ella admira, para mí la parte más interesante del libro, ha llegado a esta convicción.

Kate Bolick creció pensando que acabaría casándose. Incluso tenía una fecha límite para hacerlo: los treinta años. Se concedió hasta entonces para estudiar, experimentar y decidir qué hacer con su vida profesional. Sin embargo, cuando llegó a la treintena ese deseo de casarse se había evaporado. Una nueva década cargada de ambiciones se abría ante ella. Y el matrimonio se convertía en una molestia.”Me iba haciendo mayor y no sucedía, no encontraba a nadie. Incluso llegué a pensar que el problema era yo“. “A los 35 asumí que, a lo mejor, es que no me casaba nunca. Al final me dio igual, porque me di cuenta de que me gustaba. Me gusta la vida que tengo“.

Muchas mujeres se ven en esa misma tesitura vital, opina Bolick, y les cuesta asumir la soledad; sobre todo cuando viene impuesta por el destino y no por propia voluntad. Precisamente, esa es una de las principales motivaciones que la impulsaron a dar testimonio escrito de su experiencia, la de liberar a sus congéneres de la pesada carga psicológica que sostienen por no llegar a ser lo que la sociedad espera.

Apoyándose en datos estadísticos, señala: “En EE UU, entre las que no están casadas ni tienen pareja, y las que son viudas y divorciadas, la cifra de mujeres a las que ella llama solteras sobrepasa el 53%”.  “Es el resultado de los logros de la segunda ola del feminismo de los años 70. Es una circunstancia que nunca se ha dado antes: el número de mujeres que están trabajando y estudiando es mayor que nunca“. “Cuando las mujeres han tenido menos acceso a la educación, han tendido a casarse más. Si toman la decisión de vivir en solitario creo que es, fundamentalmente, porque ahora se les permite tener experiencia, una visión del mundo mucho más amplia que el matrimonio. No es egoísmo, como muchos argumentan”. 

Bolick también hace hincapié en que la soltería no está reñida con tener una vida sexual activa y plena, y no se lo plantea como una doctrina inalterable; de hecho, en la actualidad, la autora tiene pareja. También separa la soltería de la maternidad, no es incompatible ser soltera con el hecho de querer tener hijos, hecho que vemos en la actualidad con los nuevos roles familiares que se están creando.

Como dije antes, una de las partes más interesantes del libro es cuando Bolick se acerca a la figura de cinco mujeres a las que admira, a las que llama despertadoras. Este acercamiento, a través de capítulos que les dedica, constituyen pequeñas biografías de gran interés. Las mujeres a las que hace referencia son las siguientes:

Maeve Brennan (1971 – 1993). Fue una escritora y periodista irlandesa, radicada en los Estados Unidos, que destacó por sus relatos y por sus crónicas. Fue colaboradora en Harper’s Bazaar y en el The New Yorker. Al principio, escribió sobre moda femenina, y enseguida comenzó a publicar reseñas de libros muy notables. En el The New Yorker publicó una serie de crónicas urbanas, bajo el pseudónimo de “The Long-Winded Lady“, luego recopiladas en el libro Crónicas de Nueva York.

Neith Boyce (1872-1951). Escritora y dramaturga estadounidense. Entre sus obras destacan El precursor (1903), La locura de los demás (1904), La primavera eterna (1906), El enlace (1908), Dos hijos (1917), La señora orgullosa (1923).

Edna St. Vincent Millay (1892-1950). Fue una poeta, dramaturga y feminista estadounidense. Fue la primera mujer en recibir el Premio Pulitzer de Poesía. Usaba el pseudónimo Nancy Boyd para su trabajo en prosa. “Renascence” y “The Ballad of the Harp-Weaver” se consideran sus mejores poemas.

Edith Wharton (1862-1937). Quizás la más conocida de todas ellas. Escritora y diseñadora. Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine, entre las que destacan: La casa de la alegría, Ethan FromeLa edad de la inocencia, ganadora del Premio Pulitzer  1921, y la novela inacabada, Las bucaneras. Amiga y discípula de Henry James, fue miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras (1926) y del Instituto Nacional de las Artes y las Letras. El gobierno de Estados Unidos le concedió la medalla de oro de este último Instituto Nacional en 1924, y fue la primera mujer en alcanzar tal distinción.  En 1923, fue la primera mujer nombrada Doctor honoris causa por la Universidad de Yale.

Charlotte Perkins Gilman (1860-1935).  Fue una destacada socióloga, novelista y cuentista estadounidense, que además escribió poesía y obras de no ficción, e impartió conferencias para la Reforma social. Durante un tiempo fue una utópica feminista cuando sus logros eran excepcionales entre las mujeres, y sirvió de modelo para futuras generaciones de feministas debido a sus ideas y estilo de vida poco ortodoxos. Su obra más conocida actualmente es un cuento semiautobiográfico, El papel de pared amarillo (“The Yellow Wallpaper”), que escribió durante un brote severo de depresión postparto. Entre otras obras destacan:  Las mujeres y la economía, Acerca de los hijos, El hogar, Versos y canciones sufragistas, Despedida, Si yo fuera un hombre.

K. Bolick, una de las periodistas norteamericanas más influyentes de la actualidad, gracias a sus artículos en publicaciones como Cosmopolitan, Elle, Vogue, The New York Times o The Wall Street Journal, no ha escrito un libro de autoayuda ni una guía inspiracional. A través de su mirada y de su experiencia consigue explicar cómo la literatura de estas mujeres excepcionales la ayudaron a apasionarse, a no buscar en los demás sino en ella misma, a vivir como una mujer que no necesita de nadie para construir su identidad.

Un libro muy bueno y estimulante, que nos trae Malpaso en una preciosa edición, después del tremendo éxito obtenido en Estados Unidos, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

(Fuentes: cultura.elpais.com/cultura/2016/05/13/actualidad/1463138730_112393.html y  Wikipedia para los datos biográficos de las despertadoras).

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RECOLECTURAS – Madres arrepentidas

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Hoy os traigo una de nuestras novedades literarias,  #madresarrepentidas de Orna Donath.

“Existe esa verdad común, esa creencia de que todos queremos tener hijos y de que no seremos felices si no los tenemos. Yo me crié con dichas ideas. Y no es sencillo. Nada sencillo. Y tengo tres hijos. No es sencillo. Existe una dicotomía muy fuerte entre los mensajes que recibes de la sociedad y lo que sientes”

Testimonio de Doreen (madre de tres hijos de entre 5 y 10 años).

Si pudiera volver atrás , con los conocimientos y la experiencia que tiene ahora, ¿volvería a ser madre?

¿Tiene ventajas la maternidad?

¿Las ventajas compensan los inconvenientes?

A estos interrogantes pretende dar respuesta la autora en su libro. En este polémico ensayo, polémico por abordar un tema tabú, la socióloga pone sobre la mesa algo de lo que apenas se habla: las muchas mujeres que después de ser madre no ha encontrado la “profetizada” plenitud. Aman a sus hijos, pero a la vez no quieren ser madres de nadie. A través de entrevistas con numerosas mujeres, que hablan de su propia experiencia, Donath examina la dimensión del tabú, convirtiendo este libro en un nuevo e imprescindible manifiesto feminista.

La autora decide enfrentarse a este estudio después de las palabras que le dijeron en 2007, cuando concluyó una investigación sobre la falta de deseo de mujeres y hombres israelíes de ser padres:

¡Te arrepentirás!

¡Te arrepentirás de no tener niños!

La sociedad da por sentado que las mujeres se arrepienten de no ser madres. Y punto.

La maternidad puede ser para las mujeres la relación que les infunde como ninguna otra sentimientos de realización, alegría, amor, consuelo, orgullo y satisfacción; pero al mismo tiempo puede provocar impotencia, frustración, culpa, vergüenza, ira, hostilidad y desilusión. Puede ser opresiva en sí misma, pues reduce las posibilidades de movimiento y el grado de independencia de las mujeres. Las madres son seres humanos capaces de hacer daño, maltratar e incluso matar; no obstante, seguimos anhelando la imagen mítica que tenemos de la madre por excelencia, y por ello seguimos resistiéndonos a reconocer que la maternidad podría estar expuesta también al arrepentimiento.

Hay poco debate sobre este tema, y cuando lo hay es para tildar a estas mujeres de egoístas, dementes y trastornadas, y de seres humanos inmorales. El hecho de esta reacción por parte de la sociedad, hace que  estos sentimientos se mantengan de puertas para adentro.

Las madres son tratadas como objetos cuyo propósito es servir en todo momento a los demás, vinculando estrechamente su bienestar  al bienestar de sus hijos, en lugar de reconocer su condición como sujetos individuales, que son dueñas de su cuerpo, sus pensamientos, sus emociones, su imaginación y sus recuerdos. El arrepentimiento  indica que en efecto, hay caminos que la sociedad prohíbe a las mujeres eliminando a priori vías alternativas como la no maternidad. La sociedad debería ponérselo más fácil a las madres.

El estudio se llevó a cabo durante 5 años, de 2008 a 2013, y se entrevistaron a mujeres de distintos colectivos sociales. A través de los distintos capítulos se abordan temas, tales como, las expectativas sociales en las sociedades occidentales con respecto a la maternidad: las mujeres no tienen más remedio que ser madres porque es su destino biológico. Las exigencias y expectativas hacia las madres: qué aspecto deben tener y cómo se han de comportar. Cómo se utiliza socialmente a las mujeres para garantizar que tengan hijos con la amenaza de que en un futuro se arrepentirán. La promesa de la sociedad de que el hecho de tener hijos hace que las mujeres pasen de “carentes de algo” a “estar completas”.  El hecho según el cual el grado de la satisfacción con la maternidad, depende en gran medida, de las condiciones en que las mujeres crían a sus hijos: muchas veces el arrepentimiento va unido a tener que elegir entre desarrollarse profesionalmente y los hijos.

La maternidad no debería ser tratada como un rol, sino más bien ser entendida como una relación humana como cualquier otra; quizás de esta forma las condiciones mejorarían enormemente.

Este libro da voz a  una postura emocional censurada. Da visibilidad a un tema que está estigmatizado por la sociedad. Muchas madres se sentirán identificadas con los testimonios que se recogen, yo reconozco que me he sentido identificada con algunos. Hablemos sin miedo, quizás ésta sea la forma de que la sociedad de el lugar adecuado a las madres como sujeto individual, lejos del rol Mujer-Madre.

No sé por qué se me viene a la cabeza ese movimiento que se ha puesto de moda, el de las “malas madres“. Parece que el tema de la maternidad está de actualidad, aquí tenemos libros como el de Diario de una madre imperfecta que lo aborda desde el  humor.

Un libro interesante no sólo para las madres, sino también para las que no quieren serlo; como la autora, que expresa abiertamente su postura: “Ni soy madre, ni lo deseo”, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

(Datos sacados del libro)

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RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro.

Con motivo de la celebración el próximo día 8 del “Día internacional de la mujer”, esta semana en Recolecturas os acercamos a un clásico indiscutible de la literatura feminista, “Solo para mujeres” . Publicada en 1977 este libro supuso toda una revolución para el feminismo emergente. Con más de un millón de ejemplares vendidos en el momento de su publicación, “Solo para mujeres” se convirtió en una novela escandalosa, y a la vez, un manual feminista. Antes de morir en 2009, French rehizo el prólogo para demostrar la vigencia que aún tiene este libro. Sigue leyendo

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