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CINEMA PARADISO – Las chicas de la lencería

Aunque no es habitual en España ver películas suizas, “Las chicas de la lencería” cuenta la historia de cuatro amigas que viven en una pequeña aldea suiza. Martha pierde a su marido y, cansada de quedarse en casa perdiendo el tiempo, decide abrir una tienda de lencería fina y un poco descocada para el pueblo, en el local donde se encontraba la tienda de ultramarinos de su esposo.

Su hijo, el cura del pueblo, que en un principio le había dicho que se buscara algo que hacer para no estar siempre en casa y poder superar así la muerte de su marido, no se lo toma demasiado bien ya que piensa que eso no es lo apropiado para una mujer de su edad y porque cree que se va a convertir en la burla del pueblo, habitado mayoritariamente por gente mayor y por qué no decirlo, bastante pueblerina y llena de prejuicios. Sin embargo  tiene que dar su brazo a torcer cuando Martha descubre que su hijo ha tenido una aventura con la hija de su amiga Lisi.

Pero Martha no es la única que se sale con la suya. Tras la muerte de su amiga Lisi, cuyo sueño era ir a América, Hanni consigue sacarse el carnet de conducir a los 80 años y que encima se lo pague su hijo, cuando él lo que tenía en mente para sus padres era mandarlos a una residencia de ancianos. Mientras, Frieda, ya en una residencia, se apunta a clases de informática, gracias a las cuales aprende a vender la ropa de Martha por internet, y empieza a salir con un compañero de la residencia.

Se trata de una comedia amable que utiliza una fórmula que ha sido empleada muchas veces en otras cintas de realismo social tales como “El jardín de la alegría” o “Las chicas del calendario”, sin embargo el guion, las situaciones y los personajes son tan ingenuos, que terminan por desarmar al espectador, haciéndole cómplice de la historia.

Como viene siendo habitual, la retrógrada presión social del pueblo, personificada en la figura de un concejal bastante radical y el propio hijo de la protagonista, el pastor evangélico del pueblo,  intenta por todos los medios mantener las cosas tal y como están. De este modo los ancianos se ven progresivamente arrinconados como trastos inservibles y eso contrasta con  la iniciativa del grupo de abuelas que llega a vender con mucho éxito sus combinaciones, sujetadores y braguitas a través de internet.

“Las chicas de la lencería” es una película bastante básica, bastante esquemática, pero la cercanía, franqueza y confianza que generan las ancianas, hacen que el espectador conecte rápidamente con la historia y que disfrute de cada triunfo de estas luchadoras, por pequeño que sea.

De una manera divertida y alegre, nos muestra la vitalidad y las ganas de vivir que tienen las personas mayores, y el cumplimiento de sueños y labores pasados o insatisfechos, que en contra de cualquier opinión o valoración no dudarán en llevar a cabo.

El guion es muy tópico, pero se hace muy llevadero gracias a una excelente fotografía, con bellos paisajes helvéticos y mostrando algunas costumbres y tradiciones como por ejemplo la indumentaria, y por supuesto a la interpretación de gente de la calle, muy real y que conecta rápidamente con el espectador.

Como punto destacable, decir que retrata bastante bien la problemática de los pueblos pequeños alejados de las grandes urbes, donde todo el mundo se conoce y se cree con derecho a juzgar al vecino y especialmente, donde la doble moral es el pan  de cada día. No obstante creo que se podía haber sacado mucho más partido haciendo un planteamiento más parecido a películas como “Chocolat”.

No aporta nada nuevo y es la aplicación de la vieja fórmula de grupo de personas de las que parece imposible que vayan a levantar cabeza en un entorno hostil y sin embargo terminan no solo consiguiendo su objetivo sino además triunfando, como ocurre en “Full Monthy”, pero las protagonistas se hacen querer y resultan de lo más entrañable.

En definitiva, se trata de una película sencilla cuya mejor arma es precisamente esa, la sencillez. A mí me encantó. Ideal para pasar un buen rato. Y ya sabéis que sólo tenéis que pasar por la biblioteca para poder disfrutarla. DVD PE 4600

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CINEMA PARADISO – Una pastelería en Tokio

Esta semana le toca el turno al cine japonés, concretamente a una de las últimas películas de la reputada cineasta Naomi Kawase. Desde su comienzo, la película ya va desvelando las señas de identidad que presentará a lo largo de sus 113 minutos de duración: un ritmo pausado, una profunda caracterización de los personajes, un estilo narrativo casi sacado de un cuento y, sobre todo, una atmósfera muy íntima en la que es muy difícil no verse atrapado.

Mediante lo que no deja de ser una historia pequeña y simple sobre las tribulaciones de un pastelero malencarado, una sabia anciana especialista en la elaboración de pasta de alubias de la que van rellenos los Dorayaki, y una estudiante taciturna, la cineasta ha hecho con uno de los dulces más populares de la gastronomía japonesa lo que mejor se le da: señalar la profunda importancia de los aspectos más sencillos y cotidianos de la existencia; algo que conecta perfectamente con su faceta como narradora de extraordinaria sensibilidad y delicadeza  para las historias humanas.

Los Dorayaki funcionan como el elemento común que une a estos personajes de tres generaciones en una tragicomedia de cocción lenta y sabor dulzón con su puntito de amargura (esto último, una vez llegado el momento de revelar la misteriosa procedencia de la anciana,  que desde su primera aparición ya se intuye “impactante”). No obstante, pese a distraerse con imágenes recurrentes de cerezos en flor y cigarrillos en la azotea, Kawase sabe modular las dosis para no empalagar; al contrario, deja con ganas de un bocado más.

 

Esta facilidad que tiene “Una pastelería de Tokio” para hacernos entrar en su dinámica argumental tiene su razón en el respeto con el que Kawase se dirige al relato que está  basado en la novela original de Durian Sukegawa. No es demasiado lacrimógena aunque tampoco leve ni superficial. La historia está estructurada de una manera clara, sin demasiados alardes formales, algo clásica en su desarrollo pero muy lejos de resultar previsible, ya que cada escena siempre aporta algo diferente al conjunto.

Cada personaje está muy bien definido;  nada sobra y poco se echa en falta. Kawase huye de los tópicos para realzar el  oscuro pasado de los personajes y la triste realidad que les acecha; no quiere dar nada por sabido pero tampoco pretende abrumarnos con flash-backs o explicaciones innecesarias. La cineasta pretende sensibilizar a través de lo que no se ve en lugar de explicitar demasiado las reacciones de sus protagonistas, lo cual redunda en un completo éxito a la hora de que la  película sepa transmitir un torrente de emociones.

Quizás el aspecto menos satisfactorio gira en torno a Wakana, cuyo papel promete ser muy relevante conforme avanza la primera mitad de la película pero que finalmente no termina de despegar. Aunque su personalidad está trazada de un modo más que correcto, ciertos detalles que Kawase nos enseña acerca de la relación con su ¿madre? y compañeras de clase, terminan por alejarse del terreno del suave misterio para caer en un pozo, ya que da la sensación de que el carácter de la chica en las escenas finales es demasiado similar al que contemplamos en un principio. En cualquier caso, no deja de ser una cuestión menor dentro de una acertada obra.

Más deliciosa incluso que los Dorayaki, sobre los que gira la película, “ Una pastelería en Tokio” permite ser saboreada al estilo de un dulce que debe comerse muy despacio; algo necesario para saber degustar cada detalle que Kawase nos ofrece  con esta obra. Quizá aquellos que tengan un particular interés por la cultura japonesa y, en general por la vida en Japón, puedan apreciar las virtudes de la película por encima  de lo que realmente se merecería, pero como el cine muchas veces no entiende tanto de cuestiones racionales sino de la transmisión de puros sentimientos, no hay motivos de peso para rechazarlos, sobre todo cuando estamos hablando de una cineasta que sabe transmitir tantas cosas a través de su obra. Es, por tanto, una de esas películas que te hacen levantarte del asiento con una sonrisa de oreja a oreja.

Y ya sabéis, como siempre, dónde podéis encontrarla. No tenéis más que pasar por la biblioteca. DVD PE 4415

 (Fuentes: www.cinemaldito.comcinemania.elmundo.es)

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