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RECOLECTURAS – Tú no eres como otras madres

madre

Tú no eres como otras madres, 

no tienes las manos frías,

ni canoso el cabello,

y no me envuelves en 

grávidos cuidados“.

(Primera estrofa de un poema de Peter Schwiefert a su madre).

Si hace un par de semanas hablamos de los horrores del stalinismo, hoy nos toca hablar de los horrores del nazismo.

En Tú no eres como otras madres, Angelika Schrobsdorff hace un repaso a la vida de su madre: “Cuando trato de describirla para mí o para otros, vuelvo una y otra vez sobre la palabra “autenticidad”. Else era tan auténtica y elemental como sólo puede serlo una criatura de la naturaleza. Y al mismo tiempo tenía un intelecto agudo, un pensamiento mucho más ágil, rápido e independiente que las mujeres de su época. Era distinta, no sólo por ser judía y ejercer por ello cierto encanto exótico sobre sus conciudadanos alemanes, sino por ser autónoma y estar muy adelantada a su generación“.

Desde muy joven, esta joven berlinesa intenta alejarse de su origen y arrimarse al mundo cristiano que le fascina. De hecho, en lo referente a sus parejas lo consigue: alemanes “arios”. Con los tres tiene un hijo, fiel a la promesa que se hizo de joven: vivir la vida con intensidad y tener un hijo con cada hombre que ame. La autora del libro es la tercera hija de Else, fruto de su matrimonio  con Elrich.

Else destaca por su gran vitalidad, así la describe su último marido: “Su vitalidad desbordante lo fascinaba y aterraba en la misma medida. Su pasión y su ternura, sus razonamientos y sus observaciones, su manera de reír, de moverse, de alegrarse…todo era tan auténtico, tan original, tan vivaz. Era un volcán, siempre a punto de estallar. Sus pensamientos y sentimientos parecían encontrarse en continua ebullición y despedir un calor que a la larga resultaría insoportable“.

Se había dedicado más a vivir que a pensar. ¿Qué había qué hacer? ¿Blindarse contra la vida en vez de disfrutarla? Definitivamente, no. Tenía claro que ella iba a vivir intensamente y así lo hace durante los felices años 20, junto a la culta bohemia berlinesa, llegando incluso a compartir casa con los amantes del matrimonio, un cuarteto muy bien avenido: “Else se lanzó a los dorados años veinte, ya atacados por la herrumbre. Y se lo llevó todo: la cultura y el vicio. La corta y eruptiva época de esplendor, transformaba a la ciudad tanto en una metrópoli del arte y del intelecto, como en una Sodoma y Gomorra“.

Pero de repente, toco cambia. Ante la incredulidad de sus amigos y de ella misma, ven como Hitler, “ese hortera criminal del flequillo”, va adquiriendo poder y como se empiezan a promulgar ridículas leyes  contra los judíos. “¿Acaso creéis de verdad que el pueblo entero, la Alemania intelectual que amamos con razón, de repente ha cerrado filas en torno a un criminal demente?“. Lamentablemente sí y, aunque Else trate de resistir, más tarde que pronto se ve obligada a emigrar a Bulgaria, donde tendrá que reinventarse y conocerá las penurias: “Ahora Else había perdido pie por completo y tenía la sensación de estar en alta mar. El asco y el vértigo se alternaban con la resignación y la indiferencia. Berlín comenzaba a repugnarla. Agonizaba bajo el brazo estrangulador de los nazis, y nacía un nuevo Berlín, teutónico, lleno de banderas y desfiles, de uniformes e indumentaria ranciamente germánica, de dramas de Schiller y alaridos wagnerianos, de brazos en alto y tacones chocados. No, ese Berlín ya no era el suyo. Quería marcharse de esa ciudad en la que había nacido, se había criado, en la que había conocido la vida, el amor y la felicidad, y que ahora se transformaba en una tierra extraña y hostil“.

Bulgaria es como una segunda etapa en su vida. Alejada de la lengua, cultura y educación alemana que tanto ama. Se vuelve más reflexiva, introspectiva y calmada, apenas una sombra de lo que fue.

Tendrá que reinventarse, aprender a sobrevivir, lejos de las comodidades que conocía. Sin embargo, Sofía no le garantiza la seguridad, no hay que olvidar que el ejército nazi invade Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, comenzando de nuevo la pesadilla para Else y su familia, que se ven obligadas de nuevo a esconder su origen judío. Sin embargo la barbarie la reconcilia con sus orígenes.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Else regresa a Alemania, a una Berlín destruida por las bombas, apenas reconocible, en la que la mayoría de sus parientes y amigos ya no se encuentran, bien porque abandonaron Alemania antes del horror, bien porque fueron enviados a campos de concentración, como su madre, que muere en el campo de concentración de Theresienstadt, cerca de Praga.

Tras el diagnóstico de una grave enfermedad, su único refugio son sus dos hijas, tras la muerte de su hijo mayor, Peter, en el frente francés.

NUNCA ABURRIDA. NUNCA BANAL. NUNCA CONVENCIONAL

Una vida intensísima, digna de una gran novela y, como siempre aquí, en tu biblioteca.

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