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RECOLECTURAS – A donde tú vayas iré

«Los hombres son rivales unos de otros y, todos por igual del pueblo judío.»

Hoy vamos a viajar a Siria de principios del siglo XX, de la mano de Victoria Dana con su libro A donde tú vayas iré.

Siria, 1912. Latife, una hermosa niña de ocho años, vive con sus padres en la bella ciudad de Damasco. A pesar de pertenecer a la -aún- opulenta comunidad judía, su familia se ve condenada a la miseria y al ostracismo debido a que su madre jamás pudo concebir un hijo varón. Tras la repentina muerte de su madre y el abandono de su padre, la suerte le depara ser acogida en la casa de un rico benefactor, donde encuentra la tranquilidad y, tras convertirse en mujer, también el amor.

La guerra, producto del desmoronamiento del Imperio Otomano, pone fin a la libertad y a la paz de los sirios, arrasando a su paso con la mítica ciudad de Damasco. La última oportunidad de Latife para reencontrar la felicidad depende de un gran viaje a un destino muy lejano: México será la Tierra Prometida no solo para Latife y su familia, sino para varios habitantes del Sham, quienes tendrán que reajustar su vida a nuevas y extrañas tradiciones, a pesar del dolor y la incertidumbre que esto conlleva.

Esto es lo que nos dice la sinopsis del libro. Latife desde pequeña es prácticamente una esclava para su familia: «Por ser hija única se le exigía una gran cantidad de responsabilidades, que cumplía diligentemente siempre con la intención de complacer a sus padres para que olvidaran, aunque fuera por unos segundos, que ella representaba la desgracia viviente de la familia. ¡Un primogénito mujer! ¿Qué habían hecho ellos para merecer ese castigo?» Después de ochos años de espera, Latife llegó al mundo. Tan deseada y tan odiada. Tan mujer.

Si su situación familiar es desastrosa, por ser niña en una comunidad machista y por la pobreza en la que se hayan, las cosas van a empeorar aún más cuando empiecen los conflictos bélicos (cosa que por desgracia se repite en la actualidad).

Siendo una comunidad minoritaria dentro de un país de mayoría musulmana, se aprovechan de la situación para quitarle sus posesiones y para mandar a primera línea de fuego a sus hijos. En un principio sólo están obligados a alistarse los solteros, por lo que los judíos apañan casamientos entre sus descendientes (doce años es la edad legal en la que se pueden casar) y así evitar una muerte segura; más tarde veremos que ni siquiera esta triquiñuela les va a ayudar.

Después de mucho sopesarlo, la familia adoptiva de Latife se ve obligada a emigrar; aunque este suponga un grave conflicto para el patriarca de la familia, que ve con pesar como tiene que abandonar su país y todo el patrimonio que ha creado fruto de su trabajo: «Los judíos no nos podemos dar el lujo de amar una patria que no nos pertenece. Siempre ha sido un pueblo perseguido.» México será su país de acogida.

La novela me ha parecido muy interesante, porque además de ver como los judíos siempre, o casi siempre, es una comunidad perseguida, independientemente del lugar donde habiten (por eso he destacado al principio esa frase), he podido ver la intolerancia de los judíos ortodoxos para con ellos mismos, cosa a la que quizás no estamos acostumbrados.

Dividida en capítulos cortos, encabezados por frases bíblicas, la novela se lee con facilidad y nos permite conocer con bastante fiabilidad lo ocurrido en Damasco a principios y mediados del siglo pasado. Al final del libro tenemos un glosario en palabras turcas, hebreas, francés y yiddish que aparecen en el texto y nos facilitan su comprensión.

Victoria Dana, es hija de inmigrantes sirios, nacida en la Ciudad de México.  En 2012 publicó su primera novela, Las palabras perdidasA donde tú vayas, iré es su segunda novela, con la cual trata de demostrar que sólo desentrañando los secretos del pasado podemos enfrentar el presente.

Comparada con otras novelas que nos aproximan a Oriente Medio como El callejón de los milagros, de Naguib Mahfuz, El niño de arena, de Tahar Ben Jelloun, El librero de Kabul, de Åsne Seierstad, o Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini, A donde tú vayas iré, ha obtenido una buena acogida por parte de crítica y público.

Para saber más:

“A donde tú vayas, iré” de Victoria Dana, recrea la vida en Damasco y la llegada a México

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CINEMA PARADISO – Sufragistas

El 19 de noviembre de 1933 las mujeres españolas pudieron votar por primera vez tras serle reconocido el sufragio como derecho constitucional en 1931. Acaba de cumplirse por tanto el 75 aniversario de aquel logro y quiero celebrarlo recomendando la película Sufragistas.

Sufragistas es una película que nos proporciona una necesaria lección de historia (vuelve a salirme la vena histórica y es que no lo puedo remediar).  Nos cuenta cómo un grupo de mujeres luchó para obtener uno de los derechos básicos de los que disfrutamos hoy. El derecho al voto femenino. Y esto hace menos de cien años, en una sociedad en la que nacer mujer limitaba tus derechos.

El camino recorrido hacia la igualdad de géneros no ha sido sencillo, y desgraciadamente aún no ha terminado pero lo que sí es seguro es que avanzó enormemente gracias a mujeres como  Emmeline Pankhurst.

La película refleja que la conquista de los derechos no cae del cielo sino que comenzó gracias al empuje de decenas de mujeres pioneras que abanderaron el cambio pero que tuvieron que pagar con el ostracismo social e incluso penas de prisión. Sufrieron el menosprecio de las autoridades; el propio Churchill describió su discurso como fuente de mentiras y Conan Doyle las calificó de Hoolligans femeninas.

La película transcurre en la Inglaterra de 1912, poco antes de la Primera Guerra Mundial y retrata como las activistas, viendo como sus protestas pacíficas para conseguir el sufragio eran ignoradas, se van radicalizando en una escalada cada vez más violenta. Rompen escaparates, se manifestan a las puertas del Parlamento e incluso una de ellas acuchilló la Venus del Espejo de Velázquez en la National Gallery de Londres, para centrar la atención en sus reivindicaciones.

En este contexto social, observamos la progresiva toma de conciencia de Maud, una lavandera interpretada de forma sobresaliente por Carey Mulligan (nominada al Oscar por An Education), que se erigirá en una revolucionaria con un alto coste para su vida.

El retrato que dibuja este drama histórico señala un doble rechazo al avance de las mujeres, por un lado, por parte de un anquilosado sistema político y económico, y por otro, por un orden patriarcal y machista imperante. Subyace de forma implícita en las escenas de la lavandería, un mayor desarrollo del vínculo del sufragismo con la lucha obrera por unas condiciones de trabajo dignas para mujeres sometidas a un trato infrahumano.

Sufragistas  es un proyecto con un equipo mayoritariamente femenino. Dirigida por Sarah Gavron (Brick Lane) y escrita por Abi Morgan (guionista de Shame y La dama de hierro), la película cuenta con una factura estética impecable si bien su estructura es académica y algo previsible, sin embargo está amparada en un relato sencillo.

Destaca su cuidada ambientación artística.  La fotografía en tonos grises, del catalán Eduard Grau (Buried), consigue «ensuciar» un ambiente proletario previo al estallido de la guerra.

Sirva esta película de necesario homenaje a la dignidad y valor de aquellas mujeres, en su mayoría de clase proletaria, indefensas, marginadas, cuando no expulsadas de sus trabajos, repudiadas por su propia familia y maridos, despojadas de sus hijos y ridiculizadas no solo por los hombres sino también por la mayoría de su propio género. Y para que las nuevas generaciones no olviden sobre qué base de dolor y sacrificio se cimentaron los derechos que hoy, en ocasiones, vemos como irrelevantes.

Altamente recomendable. Y si te apetece verla, sólo tienes que pasar por la biblioteca

DVD PE 4642.

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RECOLECTURAS – La liebre con ojos de ámbar


Hoy vamos a viajar por Europa y Japón desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, de la mano de unas miniaturas japonesas, los netsuke. Pero… ¿Qué son los netsuke? Los netsuke son esculturas en miniatura cuyo origen se remonta al Japón del siglo XVI. Aparecieron para satisfacer una necesidad práctica -como pasadores para sujetar el injo, la caja plana donde se llevaban implementos de la vida cotidiana, a la faja del kimono -, y al comienzo eran de bambú o de madera, pero durante el siglo XVIII su elaboración con materiales diversos, como el marfil, evolucionó hasta hacerse exquisita en manos de ciertos maestros artesanos, cada uno de los cuales les imprimía su sello particular.  La liebre con ojos de ámbar es uno de estos netsuke, de ahí el título del libro.

Con la excusa de seguir los pasos a estas pequeñas piezas de coleccionista, el autor, Edmund de Waal, hace un recorrido por la historia de su familia, los Ephrussi, desde su lugar de origen, en Odessa, hasta Tokio.

La historia comienza en la ciudad nipona, donde Edmund viaja con una beca de una fundación japonesa para perfeccionar su profesión (en este caso, ceramista) y contribuir a los contactos con Inglaterra. En Tokio vive su tío abuelo Iggie, al que visita con frecuencia, y que es el último portador de los netsuke (264 en total). A la muerte de Iggie, Edmund será el nuevo propietario de la colección y con él viajarán de nuevo a Londres. Este es el origen del libro que hoy reseñamos: «Poseer estos netsuke, significa que me han hecho responsable de ellos y de aquellos a quiénes pertenecieron […]. Sé que en la década de 1870 un primo de mi bisabuelo, Charles Ephrussi, compró los netsuke en París. Sé que se los regaló a mi bisabuelo Viktor von Ephrussi para su boda en Viena, hacia finales de siglo. Conozco muy bien la historia de Anna, la criada de mi bisabuela. Y sé que los netsuke llegaron a Tokio con Iggie y fueron parte de su vida con Jiro». «No quiero hacer un relato nostálgico de mi familia, judía y pasmosamente rica. No quiero un puñado de anécdotas bien cosidas. Una más sobre el Orient Express o la Belle Époque […]. Quiero saber qué relación hay entre el objeto de madera que ahora hago rodar entre los dedos y los sitios donde ha estado. Quiero entrar en todas las habitaciones donde este objeto haya vivido, sentir el volumen del espacio, saber qué cuadros había en las paredes, cómo caía la luz en las ventanas. Y quiero saber en manos de quiénes estuvo, y qué pensaron de él si es que pensaron algo. Quiero saber qué ha presenciado».

París – Viena – Tokio – Londres,

estos son los destinos de los netsuke, por donde vamos a viajar de la mano de Edmund de Wall. ¿Me acompañas?

Aunque Edmund no quiera escribir una historia de la familia y se quiera centrar en los netsuke, el hecho es que estamos ante una biografía sobre la famila Ephrussi. Naturales de Odessa (actualmente ciudad ucraniana), los Ephrussi gestaron su fortuna con el grano, del que se convirtieron en el primer productor a nivel mundial, de ahí pasaron a las finanzas, la banca, y sus vástagos se fueron extendiendo por las principales ciudades europeas del siglo XIX: París, Viena.

Primera parada:  París. Charles, amante del arte, en París lo conocen como el esteta, empieza a coleccionar junto a su amante Louise estas pequeñas figuritas tan de moda en aquellos tiempos: «Todo el mundo tenía que hacerse con algo de aquellas japonaiseries».  El japonisme se ha convertido en una especie de religión y ellos son japonistes: coleccionistas pioneros. Además de su gusto por lo japonés, Charles crea una de las más grandes colecciones de los impresionistas, es mecenas y amigo de Renoir y Degas. También es muy amigo de Marcel Proust, y su personaje principal en su magna obra: En busca del tiempo perdido, Swann, está inspirado en su mayor parte en él. Su relación con el mundo del arte hace que lo nombren director de La Gazette. Poco a poco, Charles va dejando su pasión por lo japonés en pos del estilo imperio, más francés, por lo que decide regalarle a su primo hermano Viktor su colección de netsuke como regalo de boda.

Segunda parada: Viena. Los netsuke se instalan en el Palacio Ephrussi a finales del siglo XIX (en la actualidad la sede central de Casinos Austria). En concreto se instalan en el vestidor de Emmy, por donde los niños de la familia pasan con frecuencia y juegan con ellos. Es época de esplendor, cuando se crea el Anillo vienés y la familia crece al unísono que crece la ciudad, pero en este periodo también vamos a asistir a la caída de los Habsburgo, tras el final de la Primera Guerra Mundial y al auge del antisemitismo, que llega a su culmen con la llegada de Hitler al poder y la creación del Tercer Reich. Tras el Anschluss (anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938), vemos como los Ephrussi son despojados de todas sus posesiones y fortuna, y finalmente tienen que emigrar si no quieren terminar en un campo de concentración.

Tercera parada: Londres. En diciembre de 1945, tras la muerte de Viktor en el exilio, Anna, la sirvienta de la familia, le entrega a su hija Elizabeth las 264 figuritas que logró rescatar del expolio. Es prácticamente lo único que quedó de la familia, gracias a que Anna los iba sacando poco a poco de vestidor, escondidos en el bolsillo del delantal, para posteriormente guardarlos en el colchón. Este quizás fue el destino menos glamouroso de los netsuke, que estaban acostumbrados a vivir en espectaculares vitrinas de terciopelo verde, pero gracias a ello lograron seguir en manos de la familia. Elizabeth, que había regresado a Viena tras la Segunda Guerra Mundial para intentar recuperar los bienes familiares, vuelve a Londres con esta maravillosa colección.

Cuarta parada: Tokio. Cuando Iggie, hermano de Elizabeth, se reúne con ella en Londres, deciden que el mejor lugar para los netsuke es su lugar de origen, Japón, donde Iggie, perteneciente al ejército norteamericano, está destinado para contribuir a la reparación del país tras la Segunda Guerra Mundial: «Los netsuke están en el centro de la casa, en el centro de la vida de Iggie […]. No sólo han vuelto a su país; están de nuevo expuestos en un salón». Con Iggie permanecerán hasta su muerte: «De la casa de Charles y Louise en París, la vitrina de la radiante habitación amarilla llena de cuadros impresionistas, al vestidor de Viena donde Emmy y sus hijos entretejían ropa e historias, infancia e ilusionismo, y luego a ese extraño descanso en la cama de Anna, para terminar en su país de origen, en Tokio».

Hasta aquí hemos disfrutado de un maravilloso viaje: un viaje lleno de arte, de aventuras, de amor y traición, de odios y vilezas. Hemos asistido de nuevo al horror nazi, al desprecio y envidias que despierta el pueblo judío, así como su aniquilación, a pesar de ser judíos asimilados; pero también hemos conocido el esplendor y derrumbe de ciudades maravillosas como Viena, y nos hemos adentrado en la cultura y vida japonesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1994. Una monumental y sorprendente obra que no deja indiferente a nadie.

Ahora los netsuke descansan en Londres. ¿Seguirán mucho tiempo allí? ¿Será Londres su último destino, o solo una parada más en su vagabundeo? Porque como bien dice Edmund:

«Los netsuke son pequeños y duros. Difíciles de astillar: difíciles de romper: están hechos para andar por el mundo a golpes».

 

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RECOLECTURAS – Una mujer de recursos

mujer

Hoy en nuestra sección , Una mujer de recursos de Elizabeth Forsythe Hailey.

Hace tiempo que os quería comentar que leer un libro de la editorial Libros del Asteroide es un acierto seguro. Es increíble el catálogo tan magnífico que tiene, yo ya me he leído unos cuantos y nunca me defrauda. Desde aquí mi enhorabuena a esta editorial que me ha acercado a libros y escritores magníficos.

Os presento a Bess Steed, una joven llena de voluntad y mucha ambición, y como bien dice el título, con recursos para todo. Mejor os dejo que se presente ella misma a través de las cartas que durante muchos años, desde 1899 hasta 1968, irá escribiendo a familiares y amigos,  y donde la iremos descubriendo y  acompañándola en su periplo; no obstante, su historia es un retrato en miniatura de los grandes cambios que se produjeron en el siglo XX en la vida estadounidense (El crack del 29, las guerras mundiales…). A veces nos perturbará, nos decepcionará, pero sobre todo, la  vamos a querer, porque Bess es una persona muy fuerte, valiente e independiente, sin pelos en la lengua, en definitiva, un magnífico personaje.

Siendo muy jovencita, Bess se casa con su compañero de escuela, Rob Steed, y con la herencia recibida por la muerte de su madre: “No tenía la menor idea de que fuera una mujer de recursos propios. Siempre creí que el origen de su sentido de la dignidad y la autoestima era de carácter espiritual“, le hace un préstamo para que se dedique al sector inmobiliario y no a la enseñanza, trabajo al que estaba destinado por tradición. El joven matrimonio se traslada a Dallas desde la pequeña población de Honey Grove, donde el sector está en auge y, donde pronto, formaran parte de la alta sociedad dalasita.

Desde la sombra Bess va moviendo los hilos, estamos a principios del siglo XX y no está bien visto que las mujeres formen parte activa en la sociedad, sin embargo ella es la que toma las grandes decisiones, como la oferta para la compra de una casa que hace en la ausencia de su marido, y haciendo inversiones con el dinero: “El capital se invierte, sólo se gasta el rédito“.

Todo marcha estupendamente en esta joven pareja cuando un giro inesperado hace que, con tan sólo 29 años y madre de dos niños pequeños, se quede viuda. A partir de ese momento tiene que reinventarse para mantener el nivel de vida adquirido y sacar adelante a sus dos hijos en un mundo lleno de convenciones y que no se lo pone nada fácil a una mujer sola. Pero como Bess es “una mujer de recursos”, sabe rodearse de la gente adecuada y logra continuar con decisión y valentía.

Sabemos desde el principio que estamos ante una mujer de armas tomar, con formas de pensar muy modernas para la época, que en muchos casos se pueden tildar de feministas, aunque yo siempre tenga opiniones encontradas con este término. Ahí es donde realmente he disfrutado con el libro, con los pensamientos tan rompedores de Bess, sobre todo en lo referente a la cuestión del matrimonio, no olvidemos que estamos en la primera mitad del siglo XX. El libro está repleto de frases ingeniosas. Aquí os dejo unas cuantas, difícil elección:

Para que un matrimonio sea un éxito, cada uno de los esposos debe sentir entusiasmo por lo que hace el otro y no creerse amenazado por los intereses que no sean comunes. No empieces el tuyo negando lo que no eres, porque si no, nunca llegarás a ser todo lo que puedes ser.” – “¿Por qué las mujeres temen poner en peligro el cariño de sus maridos cuando hacen valer su independencia?” – “A veces pienso que los hombres serían mejores padres si no estuvieran casados con las madres de sus hijos.” – “En lo que no había pensado nunca es en la cantidad de posibilidades que ofrece una relación tan pronto como se elimina la cuestión del matrimonio.” – “Es irracional creer, e incluso querer, que se puedan tener todas las experiencias de la vida con la misma persona. Somos mucho más complicados y muy capaces de ser leales de por vida a muchas personas distintas de cualquier edad y sexo. ¿Por qué se empeña la sociedad en restringir al hombre y a la mujer a una sola relación de esa clase para siempre?  Si en este momento estuviera libre y sin compromiso, nunca volvería a prometer dedicación exclusiva a nadie.” – “Soy de la opinión de que a todas las parejas que tengan intención de casarse se les debería requerir que firmasen un contrato antes de concederles la licencia. Así, el divorcio consistiría en una sencilla ruptura contractual, sin la amargura que conlleva tan a menudo la disolución del matrimonio.” – “El matrimonio ni siquiera empieza a prepararnos para las complicadas relaciones que pueden darse entre hombres y mujeres. La amistad, quizá porque es menos definida, puede ser una responsabilidad mucho más exigente.” – “¡Qué complicada llega a ser la vida cuando se entrecruzan las lealtades! A veces tengo la sensación de que somos marionetas y que cada cuerda la controla una mano diferente. Me pregunto si los hombres sienten esta fragmentación que experimentamos las mujeres ante las obligaciones contradictorias que tenemos con el marido, los hijos, los padres, los amigos y —la obligación que tantas veces sacrificamos con la esperanza de establecer una tregua momentánea entre las otras— con una misma.

Supongo que con esta selección de frases os habéis hecho una idea de cómo es Bess. En mi opinión es la mejor forma de conocerla, a través de sus pensamientos. Bess tiene opiniones igual de reveladoras para casi todo, pero eso lo iréis descubriendo cuando leáis el libro.

Otra cosa que me gusta mucho del personaje es lo previsora que es, ella misma escribe su propia nota necrológica y se la manda al redactor de noticias locales The Dallas Morning News: “Acompaño a la presente una nota necrológica que he redactado en previsión de mi fallecimiento, para que la guarde en los archivos de obituarios.”, la nota va acompañada de una foto que, aunque no es la más reciente, se ve favorecida. Así de vanidosa es Bess. También me encanta su pasión por viajar, que que mantiene hasta casi sus últimos días : “Siempre me ha parecido más agotadora la rutina diaria que viajar.“, y que desea transmitir a sus nietos como la mejor herencia que les puede dejar.

La autora se inspiró en su abuela materna para crear a Bess, y en el prólogo nos cuenta cómo en el momento de su publicación, en 1978, recibió la mejor crítica que pudiera esperar, la de una amiga de su abuela: “¡Muy propio de Bess, hacer copia de todas sus cartas en papel carbón!”. Eligió la novela en forma epistolar porque abarca el tiempo, hace innecesaria la descripción narrativa y, lo más importante, incita al lector a que se imagine la acción omitida.

Una mujer de recursos se convirtió en un auténtico superventas y se adaptó con gran éxito al teatro y la televisión. De él se han dicho cosas como: “La protagonista de este libro es un personaje tan extraordinario que me parece haber estado escribiendo esta reseña sobre ella y no sobre el propio libro.” Anne Tyler (The New York Times). “Elizabeth Forsythe Hailey ha conseguido algo que otros autores más experimentados rara vez logran. Ha creado a Bess Steed Garner, una mujer precoz, dominante, cariñosa, un personaje en el que muchas mujeres se verán reflejadas.” (Dallas Times Herald).  “Ingeniosa. Bess Steed es un personaje que se hace respetar, y su creadora, una escritora memorable.” (San Francisco Chronicle). “En una época en la que se escribe demasiado y sobre temas muy manidos, y generalmente mal, una novela como esta viene a devolvernos la fe en el lenguaje. Irresistible, nada en este libro es corriente.” (Los Angeles Times).

El libro me ha gustado tanto que estoy deseando que publiquen en español las otras tres novelas que escribió la autora.

Para terminar os dejo con un apunte de Elizabeth: “El consejo que suele darse a los escritores es: “escribe sobre lo que conoces”, pero siempre lo enmiendo así: “escribe sobre lo que puedas imaginarte que conoces”.

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RECOLECTURAS – Recordando a la Duquesa

DUQUESAEl pasado 20 de noviembre fallecía en Sevilla a la edad de 88 años doña Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, XVIII Duquesa de Alba. Desde este rinconcito nos acercamos a la figura de la duquesa a través del libro Yo, Cayetana, en el  que por primera vez, con sinceridad, pasión y sentido del humor, repasa sus recuerdos. 

Desde su infancia de niña huérfana hasta la actualidad (cuando se publicó el libro), no deja nada por contar: su relación con su padre, sus grandes amores, sus tragedias personales, su trabajo por la Casa de Alba, su papel de madre, su increíble vida social. Por estas páginas desfilan los personajes más célebres del siglo XX y se retrata un mundo fabuloso de glamour y poder, al que ella aporta siempre su personalidad rompedora, creativa y única.

Este libro nos ofrece la oportunidad de acercarnos a la Duquesa de primera mano, sin esa visión distorsionada o ridícula, que algunos de los “programas del corazón” nos daban de ella, porque como ella misma afirmaba: “Se han escrito tantas cosas de mi, y sin embargo se saben  poco. Solo se han enterado de lo que me ha dado la gana”.  

Por contar una anécdota, hace unos cuantos años en Madrid, coincidí con ella a la salida de la Real Academia de la Lengua. Mi hermana, que siempre parece que va al acecho del “famoso“, la llamó, y ella, ni corta ni perezosa, la animó a que se acercara para darle dos besos. Puede parecer una tontería lo que estoy contando, pero a mi me impresionó la cercanía y humildad de una señora de la que cuentan que la Reina de Inglaterra debería postrarse ante ella si coincidieran juntas en un acto (luego ya he sabido que esto no es cierto porque ser Reina de Inglaterra, y jefa de estado de dieciséis estados soberanos, está por encima de todos los títulos, que no son pocos, que ostentaba la Duquesa).

En fin, que se nos ha muerto la Duquesa y España se queda un poco huérfana y por qué no lo voy a decir, a mi me da pena. Me hacía gracia esa señora que se ponía el mundo por montera y hacía lo que le daba la gana, porque como pone en su epitafio “Vivió como sintió“. Seguro que allí donde esté ya habrá montado un tablao flamenco y estará bailando por Seguidillas.

Otros libros relacionados con la duquesa en la biblioteca Miguel de Cervantes:

  • Sampedro Escolar, José Luis. La casa de Alba : mil años de historia y de leyendas : del obispo don Gutierre a la duquesa Cayetana.  Signatura: B ALB sam
  • Artacho y Lloréns, Fernando de. Los otros Alba. Signatura: B ALB art

Si queréis saber más sobre la Casa de Alba podéis visitar su Fundación. Sigue leyendo

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RECOLECTURAS – De vuelta de las vacaciones

Ya estamos de vuelta de las vacaciones, morenitos y descansados, y empezamos la nueva etapa con una recomendación literaria para pasar un buen rato, “El abuelo que saltó por la ventana y se largó” de Jonas Jonasson.

Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adónde ir, se encamina a la estación de autobuses, el único sitio donde es posible pasar desapercibido. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan, sin pensarlo dos veces, se sube con la maleta, ignorante de que en el interior de ésta se apilan, ¡santo cielo!, millones de coronas de dudosa procedencia.

De la mano de este singular abuelo vamos recorriendo buena parte de la historia del siglo XX, por el que desfilan personajes como Franco, Stalin o Churchill. La edición en castellano de esta novela llega precedida de un éxito arrollador en toda Europa. Casi dos millones de ejemplares vendidos —de los cuales más de un millón en Suecia, donde fue Libro del Año y Premio de los Libreros— y presente en las listas de libros más vendidos en Italia, Francia y Alemania, país donde ocupa el puesto número uno al día de hoy, demuestran que estamos ante una rara avis. Jonasson ha urdido una historia extremadamente audaz e ingeniosa, capaz de sorprender constantemente al lector, pero el verdadero regalo es su personaje protagonista, Allan Karlsson, un hombre de un maravilloso sentido común, un abuelo sin prejuicios que no está dispuesto a renunciar al placer de vivir. Sigue leyendo

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