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RECOLECTURAS – Una granja en las Green Mountains

Hoy en nuestra sección un libro de esos que te reconcilian con la naturaleza y con las cosas sencillas, Una granja en las Green Mountains, de Alicia Herdan-Zuckmayer.

«En mayo de 1939 recibimos la noticia de que nuestro visado para América estaba listo. Algunos días después recibimos la noticia de que nos habían expatriado de Alemania y Austria junto con toda nuestra familia. Empezaron las despedidas. Sentíamos la guerra inminente en los huesos, nos habíamos convertidos en exiliados, celebramos la despedida como algo definitivo. Decíamos «hasta la próxima» pero sólo teníamos un atisbo de esperanza de que hubiera una próxima vez».

Así comienzan estas memorias que se leen como una novela. La historia de los Zuckmayer es tanto la historia de una parte de la Europa del siglo XX como un retrato, en primera persona, de la vida (de la supervivencia) de una familia en medio de la naturaleza y el mundo agrícola. En pleno ascenso del nazismo, Carl Zuckmayer se había convertido en Alemania en un conocido dramaturgo y guionista; era amigo de Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Alma Mahler, frecuentaba a Marlene Dietrich y otras estrellas de la época… Hasta que él y su familia tuvieron que huir de su país, para instalarse, después de pasar por otras ciudades europeas, en Estados Unidos.

Después de tres años en Nueva York y pasando los veranos en Vermont, quieren probar suerte como granjeros profanos: «La vida en el medio rural en sí no era una forma de vivir insólita para nosotros. […] Aun así no sospechábamos la magnitud de la aventura en la que nos adentrábamos, no teníamos idea de cómo eran los inviernos en Vermont ni sabíamos lo que significaba tener una granja sin la ayuda suficiente». Así que finalmente se instalan en la granja donde pasan los veranos, un entorno donde la nieve los aísla durante seis meses al año.

Nada será como imaginaban, empezando por los vastos paisajes con los que se encuentran, tan diferentes a los del viejo continente: «Muchos inmigrantes experimentaron todo aquello como una segunda infancia. Había que aprender de nuevo a oír, oler, palpar, saborear. Había que acostumbrarse a los grandes espacios, a la distribución de los mismos, y sólo poco a poco uno reencontraba el equilibrio en aquellas dimensiones insólitas». También es sorprendente el silencio. La idiosincrasia de los habitantes del entorno rural. La relación con los animales, tanto los domésticos como los de granja, de los que se aprenden muchas cosas (decir que en los capítulos en los que se describe el comportamiento de los animales me lo he pasado francamente bien, me he reído mucho con Gussy, por ejemplo, el pato que llevó a cabo numerosos intentos de fuga). Acaban familiarizándose con las costumbres y festividades de su país de acogida: el Día de Acción de Gracias, el Día de la Independencia, Halloween, Columbus day, Labor day… Y conocen de primera mano cómo el tiempo rige la vida en aquellos lares.

Aprenden por pura necesidad, aprenden haciendo: «Ignorar lo viejo y lo tradicional nos dio ánimos y alas para dar el salto a lo nuevo y a lo desconocido, y nos invadió el placer de ensayar y comprobar los resultados». «La consecución de estos logros, rudimentarios y repetitivos, suponía la mayor de la defensa contra la pena, la pesadumbre y la angustia existencial, más que la aplicación de todos los recursos del intelecto, la razón y el espíritu». No hay que olvidar que ellos terminan en América huyendo de la atrocidad y barbarie de la guerra que se estaba librando en el viejo continente: «La granja es a la vez un refugio literal y un refugio metafórico, donde la locura y la brutalidad de un mundo trastornado no pueden tocarnos, porque estamos lejos de todo, dependemos de nosotros mismos y estamos profundamente comprometidos con nuestras responsabilidades».

No quiero terminar la reseña sin mencionar, por la parte que a mí me toca, los tres últimos capítulos del libro donde habla sobre la biblioteca a la que ella asiste para documentarse sobre la primera Edad Media: la Darmouth College Library, ubicada en Hanover, Nuevo Hampshire. En ella, Alice encuentra su refugio. Lo que le llama poderosamente la atención es la diferencia existente entre las bibliotecas americanas y la europeas: «Hay en América, bibliotecas por todas partes; cada pequeña localidad, cada pueblo, tiene su biblioteca alojada en una pequeña casa. En la mayoría de los casos, las bibliotecas fueron creadas por donantes y su mantenimiento corre a cargo de fundaciones». Hace hincapié en el trato recibido por el personal bibliotecario: «En mi biblioteca, uno era huésped, los empleados vestían como para una reunión del té, y los anfitriones ponían todo su orgullo  en tener o facilitar los libros por los que uno se interesaba». Para ella, llegar a la Biblioteca significaba, nada menos, que aterrizar en otro planeta.

Estas memorias me han gustado mucho porque describe la vida en el campo y el trabajo ganadero y agrícola, alejado de toda mitificación. Las condiciones son muy duras; a esto se le une además, el hecho de que el matrimonio es neófito en la materia y tiene que empezar prácticamente de cero. Para ello cuenta con la inestimable ayuda del USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos). Se aprende tanto sobre ganadería y agricultura que casi puede servir de manual.

Alice Herdan-Zuckmayer nació en 1901 en Viena (Austria) y murió a los noventa años en Visp (Suiza). Su padre provenía de una rica familia judía de Bucarest y su primer marido fue el conocido psicólogo y militante comunista Karl Frank, famoso líder antinazi. Alice trabajó como actriz y secretaria en Múnich y Berlín, y en esta última ciudad conoció al dramaturgo Carl Zuckmayer, que la contrató para copiar sus obras. Se casaron en 1925.

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CINEMA PARADISO – Hasta el último hombre

Esta semana quiero reseñar una película ganadora de dos premios Oscar en la edición de 2016, que si bien no son de los más importantes, sí hablan de la calidad de la película. Se trata de “Hasta el último hombre” dirigida por Mel Gibson que regresa detrás de la cámara para contarnos la odisea de un soldado diferente, Desmond Doss,  un joven contrario a la violencia que vive en un núcleo familiar cargado de ella. Su padre, excombatiente del ejército estadounidense, vuelve a casa roto, y su única válvula de escape es el alcohol y la violencia. Tras el ataque de Japón a Pearl Harbor, todo hombre en edad de combatir debe alistarse voluntariamente al ejército para defender a su país, pero Doss está convencido de no usar la violencia y jamás cargará con un fusil. Esto le traerá múltiples dificultades en su entrenamiento militar, sus compañeros y altos mandos no comprenden su negativa e intentarán hacerle desistir de su objetivo, pero su convicción le ayudará a lograrlo y es enviado al frente junto a su batallón para ejercer como médico.

El protagonista, Andrew Garfield, que  a priori no nos da excesiva confianza, no porque sea mal actor sino por el estigma que le perseguía por su trayectoria anterior en MARVEL como Spiderman, hace dudar. Sin embargo, y muy bien dirigido por Mel Gibson, Garfield demuestra sobradamente su capacidad. Y ésta será la primera de dos actuaciones magníficas ya que a continuación trabajará a las órdenes de Scorsese en la también oscarizada y magnífica película “Silencio”, limpiándose así definitivamente la imagen de superhéroe que le venía persiguiendo.

Con “Hasta el último hombre” llegó su primera nominación en los Oscar como  Mejor Actor y fue ganador de un Satellite Awards en dicha categoría, venciendo al gran favorito, Ryan Gosling, por ‘La La Land’.

En la película nos encontramos valores asociados a los tiempos de guerra como el heroísmo, el patriotismo o la redención, pero desde un punto de vista antibélico. Estos matices vienen introducidos por el joven Desmond y su doctrina adventista, cuyas creencias no conjugan con la necesidad de matar bajo ninguna circunstancia y que le llevarán a la guerra para salvar a sus compañeros de los destrozos de la misma.

Gibson crea una película claramente dividida en tres partes. Antes de la guerra; el entrenamiento  del ejército antes de ir a ésta y la tercera ya en la propia guerra. Las tres partes suman el destino de nuestro héroe, Desmond Doss. Nos desvelan su recorrido, sus creencias y su fe, cómo llego a estas, cómo luchó contra prejuicios y mentalidades opuestas y cómo demostró que tenía razón y la utilidad de su propia fe.

De las tres partes en las que se divide la película, quizás la más floja sea la primera, demasiado tópica, demasiado cliché, muy bien realizada y funcional pero muy vista. La segunda, pese a que recuerde a “La chaqueta metálica”, consigue emocionar y quizás enervar debido a la testarudez de su personaje principal. Pero es en la tercera en la que lo da  todo; se inicia con una larga secuencia bélica… o quizás podríamos decir  la secuencia bélica, convirtiéndose en una de las mejores que he visto jamás;  magnífica en todos sus aspectos. El espectador es trasladado a la guerra, al campo de batalla, al infierno. La película te obliga a abandonar la butaca y arrastrarte  por el fango mientras miles de disparos y docenas de bombas golpean a nuestro alrededor. Es el horror como pocas veces se ha visto. Solamente por esta secuencia ya vale la pena ver la película. Sublime. Posteriormente el relato no llega a alcanzar la cumbre, pero se mantiene correctamente.

Al basarse en una historia real, más increíble aún que la propia ficción, se corre el riesgo de caer  en la mitificación del héroe y olvidar que es una persona real  para convertirlo en casi un santo. Durante toda el relato vemos la parte buena y de héroe de Doss pero no sus sombras. Aun así,  resulta creíble y bien expuesto durante casi toda la  película, pero es al final cuando cae en ese error y se crece en si misma; opta por dejar atrás el realismo y volverse épica, convirtiendo  al héroe en alguien digno de devoción y mandando un poco  al traste el relato moral.

Nos encontramos ante una buena película, a la que quizás los mayores reparos que se le pueden poner son morales. No obstante, sin ninguna duda vale la pena verla. Y sólo tienes que pasar por la biblioteca y llevártela a casa. DVD PE 4550

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RECOLECTURAS – La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Hoy en nuestra sección un libro de esos que a mí me gusta llamar «bonitos» pero con enjundia, y con un título largo y difícil de aprender: La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows.

Este libro lo adquirí hace unos diez años, y precisamente lo que me gustó de él fue el título tan rocambolesco: ¿Qué tiene que ver un pastel de patata y una Sociedad literaria? Después de leerme el libro descubrí la relación existente, pero sobre todo descubrí una historia maravillosa que me enganchó y enamoró, como sigue enamorando a multitud de lectores desde entonces.

Enero de 1946: Londres emerge de las sombras de la segunda guerra mundial. La escritora Juliet Ashton (famosa por sus crónicas humorísticas Izzy Bickerstaff va a la guerra), está buscando el argumento para su próximo libro. ¿Quién podría imaginarse que lo encontraría en la carta de un desconocido, un nativo de la isla de Guernsey, a cuyas manos ha llegado un libro de Charles Lamb que perteneció a Juliet? A medida que Juliet y el desconocido intercambian cartas, ella se queda atrapada en un mundo maravillosamente excéntrico. La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey (nacida como una coartada espontánea cuando sus miembros fueron descubiertos rompiendo el toque de queda de los alemanes) contiene una galería de personajes profundamente humanos, divertidos, encantadores, desde granjeros a frenólogos, todos amantes de la literatura, que sobrellevaron la ocupación nazi organizando reuniones de lectura sobre novelas clásicas, siempre alrededor de un pastel de patata.

Entre ellos vamos a conocer a Isola Pribby que siente debilidad por las hermanas Bronte y en especial por Cumbres borrascosas. A Eben Ramsey que le gusta sobre todo Shakespeare, aunque también Dickens y Wordsworth. A John Booker (exalcohólico), que lee las cartas de Séneca, mientras se hace pasar por su señor, lord Tobias. Pero sobre vamos a conocer a Elizabeth McKenna, fundadora de la sociedad, y que en el momento en que se narra la historia está desaparecida, pero que sigue muy presente a través de los recuerdos de las personas que la conocieron y trataron, y de los objetos que permanecen en la casa que habitó. Elizabeth se convertirá en el centro que Juliet necesitaba para su libro. Es el alma de la historia. El nexo de unión entre los personajes. Amable, valiente, divertida. La que se inventó la mentira de la Sociedad Literaria e hizo que luego funcionara. Guernsey no era su casa, pero se adaptó al lugar y a la pérdida de libertad.

Porque esta es la historia de Guernsey, de las Islas del Canal ocupadas por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial desde 1940 a 1945 (la autora pasó dos años documentándose), de una población olvidada, de sus penurias, pero sobre todo de la amistad entre sus habitantes, de la valentía y determinación por sobrevivir, y de la literatura como poder sanador.

La novela está de plena actualidad porque recientemente se ha llevado al cine con gran éxito. Yo tuve la oportunidad de verla y me encantó. Aún está en cartelera aunque, lamentablemente, no en nuestro municipio. Os dejo con el trailer que seguro os anima a leer el libro:

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ALMUDENA GRANDES – Premio Nacional de Narrativa 2018

El pasado 23 de octubre nos enterábamos de que Almudena Grandes recibía el Premio Nacional de Narrativa 2018 por su obra Los pacientes del doctor García, la cuarta de la serie Episodios de una Guerra Interminable que inició con Inés y la alegría y que narra acontecimientos de la Guerra Civil y el franquismo. Se convierte así, en la séptima mujer en recibir el galardón, tomando el testigo de Fernando Aramburu que lo ganó el año pasado por su aclamada Patria.

Veamos lo que dice la sinopsis: Tras la victoria de Franco, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. La documentación que lo libró del paredón fue un regalo de su mejor amigo, Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que salvó la vida en 1937. Cree que nunca volverá a verlo, pero en septiembre de 1946, Manuel vuelve del exilio con una misión secreta y peligrosa. Pretende infiltrarse en una organización clandestina, la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich que dirige desde el barrio de Argüelles una mujer alemana y española, nazi y falangista, llamada Clara Stauffer. Mientras el doctor García se deja reclutar por él, el nombre de otro español se cruza en el destino de los dos amigos. Adrián Gallardo Ortega, que tuvo su momento de gloria como boxeador profesional antes de alistarse en la División Azul, para seguir luchando como voluntario de las SS y participar en la última defensa de Berlín, malvive en Alemania, ignorando que alguien pretende suplantar su identidad para huir a la Argentina de Perón.

Estamos ante un thriller y novela de espías, la historia más internacional y trepidante de Almudena Grandes, su narración más ambiciosa, en la que conecta acontecimientos reales y desconocidos de la segunda guerra mundial y el franquismo, para construir las vidas de unos personajes que no sólo comparten la suerte de España, sino también la de Argentina.

Almudena Grandes (Madrid, 1960),  tiene una amplia trayectoria como novelista. Su primera novela, Las edades de Lulú (1989), ganó el XI Premio La Sonrisa Vertical y fue adaptada al cine por el director catalán Bigas Luna. Siguieron Te llamaré Viernes (1991) y Malena es un nombre de tango (1994) que también fue llevada al cine.

Atlas de geografía humana (1998), Los aires difíciles (2002), Castillos de cartón (2004), El corazón helado (2007) y Los besos en el pan (2015) continúan su obra novelística. En 2010 comenzó la serie que ahora nos ocupa con Inés y la alegría (2010), título que ha merecido varios premios, como el de la Crítica de Madrid, el Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o el Premio Iberoamericano de novela Elena Poniatowska. El segundo título de la serie fue El lector de Julio Verne (2012); el tercero, Las tres bodas de Manolita (2014), y el cuarto, Los pacientes del doctor García (2017).

Este premio lo celebra, entre otras cosas, como un desagravio personal: «Cuando empecé con este proyecto, mucha gente me trató de loca. Pensaron que me cansaría por el camino o que no sabría hacer estas novelas. Ya llevo 80 páginas escritas de la quinta y ahora llega este premio. Supongo que la serie se ha consolidado».

Con motivo de este galardón, en la biblioteca Miguel de Cervantes hemos reunido todas las obras que tenemos de la autora en un expositor. Así que ya sabes, no dejes de pasar la oportunidad de llevarte uno de sus libros a casa.

A continuación podéis ver los libros que tenemos de Almudena Grandes y que están en nuestro expositor:

Fuentes:

http://cadenaser.com/ser/2018/10/23/cultura/1540293808_633305.html

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2018/10/23/5bcf05af22601d32518b460b.html

 

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RECOLECTURAS – Día de las bibliotecas

Mañana se celebra el Día internacional de las bibliotecas, y para celebrarlo hoy os traigo, no uno, sino tres libros en las que protagonistas son o desempeñan un trabajo como bibliotecaria, profesión poco valorada, lo digo por experiencia, pero maravillosa.

Desde 1997 la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil promueve esta celebración en recuerdo del incendio de la Biblioteca de Sarajevo durante el conflicto de los Balcanes en 1992. Tras este brutal ataque, el médico e historiador croata Mirko D. Grmek acuñó el término memoricidio para definir la destrucción de la memoria y el tesoro cultural del «otro», del adversario, del enemigo.

Después de este apunte, paso a hablaros de las tres novelas que he escogido para hoy.

Mientras duró el bloque 31 (en el campo de exterminio de Auschwitz) albergó a quinientos niños juntos con varios prisioneros que habían sido nombrados «consejeros» y, a pesar de la estrecha vigilancia a que estaba sometido, contó, contra todo pronóstico, con una biblioteca infantil clandestina. Era minúscula: consistía en ocho libros, entre ellos la Breve historia del mundo de H. G. Wells. Al final de cada día, los libros, junto con otros tesoros, tales como medicinas o algunos medicamentos, se encomendaban a una de las niñas de más edad cuya tarea consistía en ocultarlos cada noche en un lugar diferente.

En La bibliotecaria de Auschwitz, vamos a conocer a la pequeña Dita, que, en un lugar donde los libros están prohibidos (a lo largo de la historia, todos los dictadores, tiranos y represores, sea cual sea su ideología o su color de piel, todos ellos han tenido algo en común: siempre han perseguido con saña los libros. Son muy peligrosos, hacen pensar), esconde bajo su vestido los frágiles volúmenes de la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.  En medio del horror, Dita nos da una maravillosa lección de coraje: no se rinde y nunca pierde las ganas de vivir ni de leer porque, incluso en ese terrible campo de exterminio, «abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones». Una emocionante novela basada en hechos reales que rescata del olvido una de las más conmovedoras historias de heroísmo cultural.

En Oso, La joven e introvertida Lou abandona su trabajo como bibliotecaria cuando se le encarga hacer inventario de los libros de una mansión victoriana situada en una remota isla canadiense, propiedad de un enigmático coronel, ya fallecido. Ansiosa por reconstruir la curiosa historia de la casa, pronto descubre que la isla tiene otro habitante: un oso. Cuando se da cuenta de que este es el único que puede proporcionarle algo de compañía, surgirá entre ellos una extraña relación. Una relación íntima, inquietante y nada ambigua. Gradualmente, Lou se va convenciendo de que el oso es el compañero perfecto, que colma todas sus expectativas. En todos los sentidos. Será entonces cuando emprenda un camino de autodescubrimiento. A pesar del impacto que causó y de lo controvertida que es la trama, esta novela se alzó con el Governor General’s Literary Award en 1976 y está considerada una de las mejores novelas de la literatura canadiense.

En Una chica en invierno, el autor, Philip Larkin, nos sumerge magistralmente en la opresiva atmósfera del crudo invierno inglés en plena Segunda Guerra Mundial. Katherine es una joven refugiada que trabaja como bibliotecaria en una gris ciudad inglesa. Hastiada de su trabajo y de la vida en general, lo único que le hace mantener la esperanza es la perspectiva de un reencuentro con el que fue su primer amor. Así, en las horas previas a su cita, Katherine revivirá las idílicas vacaciones que supusieron para ella la pérdida de la inocencia y el paso a la edad adulta. Ahora Robin, el protagonista de aquel crucial verano, tan glorioso como mortificante, tan radiante como precozmente crepuscular, podría poner fin a su monótona vida y arrancarla para siempre de las garras de la frustración. Un pequeño clásico que no ha dejado nunca de seducir por su delicado uso del lenguaje y su descarnada belleza.

La verdad que no son novelas «alegres», por decirlo de algún modo, parece que la profesión va unida, en el caso de las dos últimas novelas, a personas grises, con vidas frustrantes o, al menos en el momento que se escribieron, era el concepto que se tenía de las biblotecarias. Por fortuna, esto no es la realidad, aunque hay de todo, por supuesto, y aunque a Harrison Ford en El secreto de Adaline, le parezca sospechoso que una chica guapa pueda ser bibliotecaria; sí hay chicas guapas en esta profesión, y chicas alegres y divertidas y entusiastas, y que aman la cultura en general y los libros en particular. Por eso, aunque en esta elección que hoy os traigo no sean el prototipo que a mí me gustan, exceptuando a Dita, por supuesto, he creído oportuno traerlas aquí porque son tres propuestas diferentes, arriesgadas y con estas «bibliotecarias» como protagonistas.

¡FELIZ DÍA DE LA BIBLIOTECA Y A CELEBRARLO CON UN LIBRO!

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RECOLECTURAS – Regreso a Berlín

-Eric, ¿lo has sentido esta vez? Digo, el Berliner Luft -pregunté.

-Sí -respondió. Es como una historia de amor que creías terminada para siempre y, de repente, años después sigue allí, algo que te duele, te conmueve y te agita de nuevo.

Estamos en julio de 1956 a bordo de un barco camino de Europa. Entre los pasajeros se encuentran un matrimonio británico, los Devon, y una periodista norteamericana, narradora de la novela, que decide ir al viejo continente a pasar sus vacaciones de verano. Así comienza esta fascinante historia en la que nada es lo que parece y, en la que poco a poco, iremos conociendo el amargo pasado de Eric Devon, una naturalizado inglés, que huye de la Alemania nazi y deja atrás su identidad alemana. La buena sintonía que surge entre los tres, hace que el matrimonio decida acompañar a la joven periodista en su visita a Berlín. Para Eric no será fácil, es el reencuentro con los viejos fantasmas.

Lo que Eric encuentra a su regreso a Berlín,  es una ciudad en la que aún son evidentes los desastres de la guerra, pero que intenta resurgir de sus cenizas, muchos le llaman a este periodo, 11 años después del final de la guerra “el milagro alemán”. También se encuentra con una ciudad dividida: “Todo el mundo lamenta el hecho de que Alemania esté dividida en oriental y en occidental. Hay otra división más profunda que no ve ningún forastero. Me refiero al abismo que divide a los alemanes que se quedaron aquí mientras todo ocurría y los que se marcharon. La distancia entre ellos es tan grande que a veces dudo que pueda salvarse“. Esto es quizás el hecho que más le afecta, el ver lo equivocado que estaba. Se reencuentra con familiares, como la tía Rosie, a la que consideraba una traidora por no haber salvado a su padre,  y su “hermana” Käthe, para descubrir que no se puede juzgar desde la distancia, que las cosas no son como él creía, que es muy difícil ser anti-nazi en la Alemania de Hitler. También descubre con horror como aún hay alemanes que siguen defendiendo lo ocurrido, y lo único que lamentan es no haber ganado la guerra: “El nombre está muerto y enterrado, lo que viene a ser la etiqueta. Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto a partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Sólo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado“, para esta gente los campos de concentración son propaganda de los aliados.

La novela es sumamente interesante porque intuimos cómo se llegó a ese estado de locura: “Hitler consiguió que los alemanes odiasen y una vez que odiaron ya todo fue posible. La guerra. El asesinato de los judíos. Todo“. “Hay algo en el alma alemana, una pulsión profundamente masoquista y nihilista hacia la autodestrucción. Por eso hubo millones de personas que se lanzaron tras Hitler a la guerra y a la muerte“. Porque nos da la visión de lo ocurrido desde distintos puntos de vista: los exiliados, los anti-nazis, los nazis, las nuevas generaciones: para las nuevas generaciones Hitler estaba loco, cuando van al cine y les ponen una película antigua en la que sale Hitler, se ríen de él, y porque acompañamos al protagonista en la trayectoria de exiliado, naturalizado, un mischling, paria bajo el régimen de Hitler, a su regreso a una ciudad, su ciudad, que llevaba años sepultada bajo la apariencia de hombre inglés, incluso había dejado de hablar en su lengua materna. Vemos la transformación de Eric Devon en Erich Dalburg, el regreso de un exiliado para quedarse, de un alemán judío (según las leyes de Nuremberg), aunque tengas pasaporte extranjero sigues siendo alemán vayas a donde vayas, no por tener pasaporte chino eres oriental.

Una magnífica historia entre el «año cero» (recordemos la famosa película de Rossellini Alemania, año cero) y el llamado «milagro económico». Una inédita y refrescante visión del Berlín de finales de los años cincuenta. Tan poderosa y seductora que transforma nuestra propia perspectiva de esa parte de la historia, entre los escombros y la reconstrucción, con sus alegrías y su oportunismo, con sus miserias y sus remordimientos. Y lo hace de un modo muy refrescante y más allá de cualquier cliché.

Tiene potencia narrativa, misterio, el perfecto análisis de los personajes, las disquisiciones morales, y también la sutileza y la inteligencia femeninas de Verna B. Carleton (1914-1967), uno de los grandes nombres secretos de la literatura de su época. De madre inglesa y padre de ascendencia alemana, esta estadounidense fue amiga íntima de la fotógrafa Gisele Freund, a quien acompañó a Alemania en 1957. Regreso a Berlín, se inspira en ese viaje.

Para saber más, os invito que leáis este fantástico artículo sobre el libro:

https://elpais.com/cultura/2017/04/17/babelia/1492441514_079104.html

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RECOLECTURAS – Marcella Olschki

Hoy os traigo las dos únicas novelas de Marcella Olschki que son novedad en nuestra biblioteca.

portada

En Una postal de 1939,  Marcella relata su época de estudiante en el Liceo Dante de Florencia, las aventuras con sus compañeros, los estudios y su primer amor, todo en el contexto del fascismo italiano de 1939 en el que la sociedad se regía por la total sumisión a Mussolini y donde reinaba el totalitarismo. El incidente de una postal enviada a un profesor conlleva difíciles consecuencias para Marcella, a la vez que se pone en evidencia el abuso de autoridad y la injusticia. Un incidente que de haber ocurrido en otro tiempo o en otro lugar, no hubiera tenido tales consecuencias, pero el destinatario de la postal es un profesor de camisa negra y mano alzada en saludo romano y Marcella es hija de padre judío.

Con su magnífica prosa, Marcella nos describe numerosos episodios vividos en el Liceo, como la celebración del 28 de octubre, cuando se conmemora la marcha sobre Roma en 1922 de Benito Mussolini dos días antes de ser nombrado Primer Ministro de Italia. Los discursos del director,  la Giovinezza en la radio del Liceo, la descripción de algunos de sus compañeros de aulas y de sus profesores (en este aspecto me ha recordado un poco al clásico italiano Corazón de Edmundo De Amicis, reseñado aquí), todo ello con una gran delicadeza y sensibilidad, atenta a los detalles psicológicos y ambientales de la época que le tocó vivir, no sin cierto toque de humor, como cuando describe a los viejos que pasan por la calle y ciertos retazos costumbristas. Una novela breve maravillosa, en la que se entreve los sentimientos e ideales de juventud de la autora.

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En Oh, América, Marcella nos narra sus peripecias en los dos años que pasó en Estados Unidos, de 1946 a 1948. Casada con un oficial norteamericano a finales de la Segunda Guerra Mundial, viaja en barco para reunirse con él junto con otras esposas de soldados yanquis; pero la realidad es muy diferente a la que esperaba, su marido no es el joven con el que se casó y prácticamente la repudia dejándola sola en un país desconocido.

Después de sufrir una depresión a raíz de este hecho, no le queda otra opción que empezar desde cero y buscarse la vida, para lo que tendrá que reinventarse. Con ayuda de algunos familiares y de italianos instalados en Nueva York, poco a poco se irá haciendo un sitio. Una de sus caseras en Park Avenue le pondrá en contacto con la alta sociedad neoyorquina, en una de sus fiestas conocerá a Greta Garbo y, al por entonces desconocido, Marlon Brandon, que estaba actuando en Broadway. Es curioso como lo describe: había un actor joven, muy tímido y guapo …, aún quedaba lejos su conversión en gran estrella de Hollywood.

Nueva York le da muchísimas experiencias excitantes, como su participación en la radio y trabajar como modista (necesita un trabajo para poder pagar a un abogado experto en leyes italianas que le consiga la anulación matrimonial). Uno de los capítulos que más me gusta es cuando conoce el jazz, múscia para ella desconocida; la descripción que hace es digna de cualquier manual.

A parte de su estancia en Nueva York, la mirada europea de esta joven italiana culta y políglota, nos  va a llevar desde los altos  rascacielos a la soleada California, de Reno a Hawái,con su mágico talento para la descripción; y coloca a  un sinfín de personajes bajo su implacable y a la vez comprensiva  lupa: locutores de radio y actores,cowboys y millonarios,  intelectuales y expatriados. Marcella siempre con la mirada puesta en su ciudad natal, decide volver a Florencia en 1948, aún cuando ya tenía hecho un sitio en su ciudad de adopción.

Estas dos novelas autobiográficas son las únicas que escribió Marcella Olschki (Florencia 1921-2001). Yo la descubrí este verano (en la biblioteca Francisco de Quevedo donde tenían Oh, América), me gustó tanto que pedí las dos para la biblioteca Cervantes. Se pueden leer de manera independiente, como hice yo, pero ya que tenemos las dos, lo suyo es seguir el orden cronológico. Me encanta el estilo de esta autora, sencillo, pero de una gran belleza; no hay que volver a leer los párrafos para entenderlos, como diría Stendhal: “Sólo un alma grande se atreve a tener un estilo simple” Abogada, diseñadora de moda y periodista, en sus dos novelas refleja con gran maestría su experiencia vital, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

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