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RECOLECTURAS – La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Hoy en nuestra sección un libro de esos que a mí me gusta llamar «bonitos» pero con enjundia, y con un título largo y difícil de aprender: La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows.

Este libro lo adquirí hace unos diez años, y precisamente lo que me gustó de él fue el título tan rocambolesco: ¿Qué tiene que ver un pastel de patata y una Sociedad literaria? Después de leerme el libro descubrí la relación existente, pero sobre todo descubrí una historia maravillosa que me enganchó y enamoró, como sigue enamorando a multitud de lectores desde entonces.

Enero de 1946: Londres emerge de las sombras de la segunda guerra mundial. La escritora Juliet Ashton (famosa por sus crónicas humorísticas Izzy Bickerstaff va a la guerra), está buscando el argumento para su próximo libro. ¿Quién podría imaginarse que lo encontraría en la carta de un desconocido, un nativo de la isla de Guernsey, a cuyas manos ha llegado un libro de Charles Lamb que perteneció a Juliet? A medida que Juliet y el desconocido intercambian cartas, ella se queda atrapada en un mundo maravillosamente excéntrico. La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey (nacida como una coartada espontánea cuando sus miembros fueron descubiertos rompiendo el toque de queda de los alemanes) contiene una galería de personajes profundamente humanos, divertidos, encantadores, desde granjeros a frenólogos, todos amantes de la literatura, que sobrellevaron la ocupación nazi organizando reuniones de lectura sobre novelas clásicas, siempre alrededor de un pastel de patata.

Entre ellos vamos a conocer a Isola Pribby que siente debilidad por las hermanas Bronte y en especial por Cumbres borrascosas. A Eben Ramsey que le gusta sobre todo Shakespeare, aunque también Dickens y Wordsworth. A John Booker (exalcohólico), que lee las cartas de Séneca, mientras se hace pasar por su señor, lord Tobias. Pero sobre vamos a conocer a Elizabeth McKenna, fundadora de la sociedad, y que en el momento en que se narra la historia está desaparecida, pero que sigue muy presente a través de los recuerdos de las personas que la conocieron y trataron, y de los objetos que permanecen en la casa que habitó. Elizabeth se convertirá en el centro que Juliet necesitaba para su libro. Es el alma de la historia. El nexo de unión entre los personajes. Amable, valiente, divertida. La que se inventó la mentira de la Sociedad Literaria e hizo que luego funcionara. Guernsey no era su casa, pero se adaptó al lugar y a la pérdida de libertad.

Porque esta es la historia de Guernsey, de las Islas del Canal ocupadas por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial desde 1940 a 1945 (la autora pasó dos años documentándose), de una población olvidada, de sus penurias, pero sobre todo de la amistad entre sus habitantes, de la valentía y determinación por sobrevivir, y de la literatura como poder sanador.

La novela está de plena actualidad porque recientemente se ha llevado al cine con gran éxito. Yo tuve la oportunidad de verla y me encantó. Aún está en cartelera aunque, lamentablemente, no en nuestro municipio. Os dejo con el trailer que seguro os anima a leer el libro:

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ALMUDENA GRANDES – Premio Nacional de Narrativa 2018

El pasado 23 de octubre nos enterábamos de que Almudena Grandes recibía el Premio Nacional de Narrativa 2018 por su obra Los pacientes del doctor García, la cuarta de la serie Episodios de una Guerra Interminable que inició con Inés y la alegría y que narra acontecimientos de la Guerra Civil y el franquismo. Se convierte así, en la séptima mujer en recibir el galardón, tomando el testigo de Fernando Aramburu que lo ganó el año pasado por su aclamada Patria.

Veamos lo que dice la sinopsis: Tras la victoria de Franco, el doctor Guillermo García Medina sigue viviendo en Madrid bajo una identidad falsa. La documentación que lo libró del paredón fue un regalo de su mejor amigo, Manuel Arroyo Benítez, un diplomático republicano al que salvó la vida en 1937. Cree que nunca volverá a verlo, pero en septiembre de 1946, Manuel vuelve del exilio con una misión secreta y peligrosa. Pretende infiltrarse en una organización clandestina, la red de evasión de criminales de guerra y prófugos del Tercer Reich que dirige desde el barrio de Argüelles una mujer alemana y española, nazi y falangista, llamada Clara Stauffer. Mientras el doctor García se deja reclutar por él, el nombre de otro español se cruza en el destino de los dos amigos. Adrián Gallardo Ortega, que tuvo su momento de gloria como boxeador profesional antes de alistarse en la División Azul, para seguir luchando como voluntario de las SS y participar en la última defensa de Berlín, malvive en Alemania, ignorando que alguien pretende suplantar su identidad para huir a la Argentina de Perón.

Estamos ante un thriller y novela de espías, la historia más internacional y trepidante de Almudena Grandes, su narración más ambiciosa, en la que conecta acontecimientos reales y desconocidos de la segunda guerra mundial y el franquismo, para construir las vidas de unos personajes que no sólo comparten la suerte de España, sino también la de Argentina.

Almudena Grandes (Madrid, 1960),  tiene una amplia trayectoria como novelista. Su primera novela, Las edades de Lulú (1989), ganó el XI Premio La Sonrisa Vertical y fue adaptada al cine por el director catalán Bigas Luna. Siguieron Te llamaré Viernes (1991) y Malena es un nombre de tango (1994) que también fue llevada al cine.

Atlas de geografía humana (1998), Los aires difíciles (2002), Castillos de cartón (2004), El corazón helado (2007) y Los besos en el pan (2015) continúan su obra novelística. En 2010 comenzó la serie que ahora nos ocupa con Inés y la alegría (2010), título que ha merecido varios premios, como el de la Crítica de Madrid, el Sor Juana Inés de la Cruz de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara o el Premio Iberoamericano de novela Elena Poniatowska. El segundo título de la serie fue El lector de Julio Verne (2012); el tercero, Las tres bodas de Manolita (2014), y el cuarto, Los pacientes del doctor García (2017).

Este premio lo celebra, entre otras cosas, como un desagravio personal: «Cuando empecé con este proyecto, mucha gente me trató de loca. Pensaron que me cansaría por el camino o que no sabría hacer estas novelas. Ya llevo 80 páginas escritas de la quinta y ahora llega este premio. Supongo que la serie se ha consolidado».

Con motivo de este galardón, en la biblioteca Miguel de Cervantes hemos reunido todas las obras que tenemos de la autora en un expositor. Así que ya sabes, no dejes de pasar la oportunidad de llevarte uno de sus libros a casa.

A continuación podéis ver los libros que tenemos de Almudena Grandes y que están en nuestro expositor:

Fuentes:

http://cadenaser.com/ser/2018/10/23/cultura/1540293808_633305.html

https://www.elmundo.es/cultura/literatura/2018/10/23/5bcf05af22601d32518b460b.html

 

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RECOLECTURAS – Día de las bibliotecas

Mañana se celebra el Día internacional de las bibliotecas, y para celebrarlo hoy os traigo, no uno, sino tres libros en las que protagonistas son o desempeñan un trabajo como bibliotecaria, profesión poco valorada, lo digo por experiencia, pero maravillosa.

Desde 1997 la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil promueve esta celebración en recuerdo del incendio de la Biblioteca de Sarajevo durante el conflicto de los Balcanes en 1992. Tras este brutal ataque, el médico e historiador croata Mirko D. Grmek acuñó el término memoricidio para definir la destrucción de la memoria y el tesoro cultural del «otro», del adversario, del enemigo.

Después de este apunte, paso a hablaros de las tres novelas que he escogido para hoy.

Mientras duró el bloque 31 (en el campo de exterminio de Auschwitz) albergó a quinientos niños juntos con varios prisioneros que habían sido nombrados «consejeros» y, a pesar de la estrecha vigilancia a que estaba sometido, contó, contra todo pronóstico, con una biblioteca infantil clandestina. Era minúscula: consistía en ocho libros, entre ellos la Breve historia del mundo de H. G. Wells. Al final de cada día, los libros, junto con otros tesoros, tales como medicinas o algunos medicamentos, se encomendaban a una de las niñas de más edad cuya tarea consistía en ocultarlos cada noche en un lugar diferente.

En La bibliotecaria de Auschwitz, vamos a conocer a la pequeña Dita, que, en un lugar donde los libros están prohibidos (a lo largo de la historia, todos los dictadores, tiranos y represores, sea cual sea su ideología o su color de piel, todos ellos han tenido algo en común: siempre han perseguido con saña los libros. Son muy peligrosos, hacen pensar), esconde bajo su vestido los frágiles volúmenes de la biblioteca pública más pequeña, recóndita y clandestina que haya existido nunca.  En medio del horror, Dita nos da una maravillosa lección de coraje: no se rinde y nunca pierde las ganas de vivir ni de leer porque, incluso en ese terrible campo de exterminio, «abrir un libro es como subirte a un tren que te lleva de vacaciones». Una emocionante novela basada en hechos reales que rescata del olvido una de las más conmovedoras historias de heroísmo cultural.

En Oso, La joven e introvertida Lou abandona su trabajo como bibliotecaria cuando se le encarga hacer inventario de los libros de una mansión victoriana situada en una remota isla canadiense, propiedad de un enigmático coronel, ya fallecido. Ansiosa por reconstruir la curiosa historia de la casa, pronto descubre que la isla tiene otro habitante: un oso. Cuando se da cuenta de que este es el único que puede proporcionarle algo de compañía, surgirá entre ellos una extraña relación. Una relación íntima, inquietante y nada ambigua. Gradualmente, Lou se va convenciendo de que el oso es el compañero perfecto, que colma todas sus expectativas. En todos los sentidos. Será entonces cuando emprenda un camino de autodescubrimiento. A pesar del impacto que causó y de lo controvertida que es la trama, esta novela se alzó con el Governor General’s Literary Award en 1976 y está considerada una de las mejores novelas de la literatura canadiense.

En Una chica en invierno, el autor, Philip Larkin, nos sumerge magistralmente en la opresiva atmósfera del crudo invierno inglés en plena Segunda Guerra Mundial. Katherine es una joven refugiada que trabaja como bibliotecaria en una gris ciudad inglesa. Hastiada de su trabajo y de la vida en general, lo único que le hace mantener la esperanza es la perspectiva de un reencuentro con el que fue su primer amor. Así, en las horas previas a su cita, Katherine revivirá las idílicas vacaciones que supusieron para ella la pérdida de la inocencia y el paso a la edad adulta. Ahora Robin, el protagonista de aquel crucial verano, tan glorioso como mortificante, tan radiante como precozmente crepuscular, podría poner fin a su monótona vida y arrancarla para siempre de las garras de la frustración. Un pequeño clásico que no ha dejado nunca de seducir por su delicado uso del lenguaje y su descarnada belleza.

La verdad que no son novelas «alegres», por decirlo de algún modo, parece que la profesión va unida, en el caso de las dos últimas novelas, a personas grises, con vidas frustrantes o, al menos en el momento que se escribieron, era el concepto que se tenía de las biblotecarias. Por fortuna, esto no es la realidad, aunque hay de todo, por supuesto, y aunque a Harrison Ford en El secreto de Adaline, le parezca sospechoso que una chica guapa pueda ser bibliotecaria; sí hay chicas guapas en esta profesión, y chicas alegres y divertidas y entusiastas, y que aman la cultura en general y los libros en particular. Por eso, aunque en esta elección que hoy os traigo no sean el prototipo que a mí me gustan, exceptuando a Dita, por supuesto, he creído oportuno traerlas aquí porque son tres propuestas diferentes, arriesgadas y con estas «bibliotecarias» como protagonistas.

¡FELIZ DÍA DE LA BIBLIOTECA Y A CELEBRARLO CON UN LIBRO!

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RECOLECTURAS – Regreso a Berlín

-Eric, ¿lo has sentido esta vez? Digo, el Berliner Luft -pregunté.

-Sí -respondió. Es como una historia de amor que creías terminada para siempre y, de repente, años después sigue allí, algo que te duele, te conmueve y te agita de nuevo.

Estamos en julio de 1956 a bordo de un barco camino de Europa. Entre los pasajeros se encuentran un matrimonio británico, los Devon, y una periodista norteamericana, narradora de la novela, que decide ir al viejo continente a pasar sus vacaciones de verano. Así comienza esta fascinante historia en la que nada es lo que parece y, en la que poco a poco, iremos conociendo el amargo pasado de Eric Devon, una naturalizado inglés, que huye de la Alemania nazi y deja atrás su identidad alemana. La buena sintonía que surge entre los tres, hace que el matrimonio decida acompañar a la joven periodista en su visita a Berlín. Para Eric no será fácil, es el reencuentro con los viejos fantasmas.

Lo que Eric encuentra a su regreso a Berlín,  es una ciudad en la que aún son evidentes los desastres de la guerra, pero que intenta resurgir de sus cenizas, muchos le llaman a este periodo, 11 años después del final de la guerra “el milagro alemán”. También se encuentra con una ciudad dividida: “Todo el mundo lamenta el hecho de que Alemania esté dividida en oriental y en occidental. Hay otra división más profunda que no ve ningún forastero. Me refiero al abismo que divide a los alemanes que se quedaron aquí mientras todo ocurría y los que se marcharon. La distancia entre ellos es tan grande que a veces dudo que pueda salvarse“. Esto es quizás el hecho que más le afecta, el ver lo equivocado que estaba. Se reencuentra con familiares, como la tía Rosie, a la que consideraba una traidora por no haber salvado a su padre,  y su “hermana” Käthe, para descubrir que no se puede juzgar desde la distancia, que las cosas no son como él creía, que es muy difícil ser anti-nazi en la Alemania de Hitler. También descubre con horror como aún hay alemanes que siguen defendiendo lo ocurrido, y lo único que lamentan es no haber ganado la guerra: “El nombre está muerto y enterrado, lo que viene a ser la etiqueta. Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto a partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Sólo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado“, para esta gente los campos de concentración son propaganda de los aliados.

La novela es sumamente interesante porque intuimos cómo se llegó a ese estado de locura: “Hitler consiguió que los alemanes odiasen y una vez que odiaron ya todo fue posible. La guerra. El asesinato de los judíos. Todo“. “Hay algo en el alma alemana, una pulsión profundamente masoquista y nihilista hacia la autodestrucción. Por eso hubo millones de personas que se lanzaron tras Hitler a la guerra y a la muerte“. Porque nos da la visión de lo ocurrido desde distintos puntos de vista: los exiliados, los anti-nazis, los nazis, las nuevas generaciones: para las nuevas generaciones Hitler estaba loco, cuando van al cine y les ponen una película antigua en la que sale Hitler, se ríen de él, y porque acompañamos al protagonista en la trayectoria de exiliado, naturalizado, un mischling, paria bajo el régimen de Hitler, a su regreso a una ciudad, su ciudad, que llevaba años sepultada bajo la apariencia de hombre inglés, incluso había dejado de hablar en su lengua materna. Vemos la transformación de Eric Devon en Erich Dalburg, el regreso de un exiliado para quedarse, de un alemán judío (según las leyes de Nuremberg), aunque tengas pasaporte extranjero sigues siendo alemán vayas a donde vayas, no por tener pasaporte chino eres oriental.

Una magnífica historia entre el «año cero» (recordemos la famosa película de Rossellini Alemania, año cero) y el llamado «milagro económico». Una inédita y refrescante visión del Berlín de finales de los años cincuenta. Tan poderosa y seductora que transforma nuestra propia perspectiva de esa parte de la historia, entre los escombros y la reconstrucción, con sus alegrías y su oportunismo, con sus miserias y sus remordimientos. Y lo hace de un modo muy refrescante y más allá de cualquier cliché.

Tiene potencia narrativa, misterio, el perfecto análisis de los personajes, las disquisiciones morales, y también la sutileza y la inteligencia femeninas de Verna B. Carleton (1914-1967), uno de los grandes nombres secretos de la literatura de su época. De madre inglesa y padre de ascendencia alemana, esta estadounidense fue amiga íntima de la fotógrafa Gisele Freund, a quien acompañó a Alemania en 1957. Regreso a Berlín, se inspira en ese viaje.

Para saber más, os invito que leáis este fantástico artículo sobre el libro:

https://elpais.com/cultura/2017/04/17/babelia/1492441514_079104.html

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RECOLECTURAS – Marcella Olschki

Hoy os traigo las dos únicas novelas de Marcella Olschki que son novedad en nuestra biblioteca.

portada

En Una postal de 1939,  Marcella relata su época de estudiante en el Liceo Dante de Florencia, las aventuras con sus compañeros, los estudios y su primer amor, todo en el contexto del fascismo italiano de 1939 en el que la sociedad se regía por la total sumisión a Mussolini y donde reinaba el totalitarismo. El incidente de una postal enviada a un profesor conlleva difíciles consecuencias para Marcella, a la vez que se pone en evidencia el abuso de autoridad y la injusticia. Un incidente que de haber ocurrido en otro tiempo o en otro lugar, no hubiera tenido tales consecuencias, pero el destinatario de la postal es un profesor de camisa negra y mano alzada en saludo romano y Marcella es hija de padre judío.

Con su magnífica prosa, Marcella nos describe numerosos episodios vividos en el Liceo, como la celebración del 28 de octubre, cuando se conmemora la marcha sobre Roma en 1922 de Benito Mussolini dos días antes de ser nombrado Primer Ministro de Italia. Los discursos del director,  la Giovinezza en la radio del Liceo, la descripción de algunos de sus compañeros de aulas y de sus profesores (en este aspecto me ha recordado un poco al clásico italiano Corazón de Edmundo De Amicis, reseñado aquí), todo ello con una gran delicadeza y sensibilidad, atenta a los detalles psicológicos y ambientales de la época que le tocó vivir, no sin cierto toque de humor, como cuando describe a los viejos que pasan por la calle y ciertos retazos costumbristas. Una novela breve maravillosa, en la que se entreve los sentimientos e ideales de juventud de la autora.

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En Oh, América, Marcella nos narra sus peripecias en los dos años que pasó en Estados Unidos, de 1946 a 1948. Casada con un oficial norteamericano a finales de la Segunda Guerra Mundial, viaja en barco para reunirse con él junto con otras esposas de soldados yanquis; pero la realidad es muy diferente a la que esperaba, su marido no es el joven con el que se casó y prácticamente la repudia dejándola sola en un país desconocido.

Después de sufrir una depresión a raíz de este hecho, no le queda otra opción que empezar desde cero y buscarse la vida, para lo que tendrá que reinventarse. Con ayuda de algunos familiares y de italianos instalados en Nueva York, poco a poco se irá haciendo un sitio. Una de sus caseras en Park Avenue le pondrá en contacto con la alta sociedad neoyorquina, en una de sus fiestas conocerá a Greta Garbo y, al por entonces desconocido, Marlon Brandon, que estaba actuando en Broadway. Es curioso como lo describe: había un actor joven, muy tímido y guapo …, aún quedaba lejos su conversión en gran estrella de Hollywood.

Nueva York le da muchísimas experiencias excitantes, como su participación en la radio y trabajar como modista (necesita un trabajo para poder pagar a un abogado experto en leyes italianas que le consiga la anulación matrimonial). Uno de los capítulos que más me gusta es cuando conoce el jazz, múscia para ella desconocida; la descripción que hace es digna de cualquier manual.

A parte de su estancia en Nueva York, la mirada europea de esta joven italiana culta y políglota, nos  va a llevar desde los altos  rascacielos a la soleada California, de Reno a Hawái,con su mágico talento para la descripción; y coloca a  un sinfín de personajes bajo su implacable y a la vez comprensiva  lupa: locutores de radio y actores,cowboys y millonarios,  intelectuales y expatriados. Marcella siempre con la mirada puesta en su ciudad natal, decide volver a Florencia en 1948, aún cuando ya tenía hecho un sitio en su ciudad de adopción.

Estas dos novelas autobiográficas son las únicas que escribió Marcella Olschki (Florencia 1921-2001). Yo la descubrí este verano (en la biblioteca Francisco de Quevedo donde tenían Oh, América), me gustó tanto que pedí las dos para la biblioteca Cervantes. Se pueden leer de manera independiente, como hice yo, pero ya que tenemos las dos, lo suyo es seguir el orden cronológico. Me encanta el estilo de esta autora, sencillo, pero de una gran belleza; no hay que volver a leer los párrafos para entenderlos, como diría Stendhal: “Sólo un alma grande se atreve a tener un estilo simple” Abogada, diseñadora de moda y periodista, en sus dos novelas refleja con gran maestría su experiencia vital, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

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RECOLECTURAS – Tú no eres como otras madres

madre

Tú no eres como otras madres, 

no tienes las manos frías,

ni canoso el cabello,

y no me envuelves en 

grávidos cuidados“.

(Primera estrofa de un poema de Peter Schwiefert a su madre).

Si hace un par de semanas hablamos de los horrores del stalinismo, hoy nos toca hablar de los horrores del nazismo.

En Tú no eres como otras madres, Angelika Schrobsdorff hace un repaso a la vida de su madre: “Cuando trato de describirla para mí o para otros, vuelvo una y otra vez sobre la palabra “autenticidad”. Else era tan auténtica y elemental como sólo puede serlo una criatura de la naturaleza. Y al mismo tiempo tenía un intelecto agudo, un pensamiento mucho más ágil, rápido e independiente que las mujeres de su época. Era distinta, no sólo por ser judía y ejercer por ello cierto encanto exótico sobre sus conciudadanos alemanes, sino por ser autónoma y estar muy adelantada a su generación“.

Desde muy joven, esta joven berlinesa intenta alejarse de su origen y arrimarse al mundo cristiano que le fascina. De hecho, en lo referente a sus parejas lo consigue: alemanes “arios”. Con los tres tiene un hijo, fiel a la promesa que se hizo de joven: vivir la vida con intensidad y tener un hijo con cada hombre que ame. La autora del libro es la tercera hija de Else, fruto de su matrimonio  con Elrich.

Else destaca por su gran vitalidad, así la describe su último marido: “Su vitalidad desbordante lo fascinaba y aterraba en la misma medida. Su pasión y su ternura, sus razonamientos y sus observaciones, su manera de reír, de moverse, de alegrarse…todo era tan auténtico, tan original, tan vivaz. Era un volcán, siempre a punto de estallar. Sus pensamientos y sentimientos parecían encontrarse en continua ebullición y despedir un calor que a la larga resultaría insoportable“.

Se había dedicado más a vivir que a pensar. ¿Qué había qué hacer? ¿Blindarse contra la vida en vez de disfrutarla? Definitivamente, no. Tenía claro que ella iba a vivir intensamente y así lo hace durante los felices años 20, junto a la culta bohemia berlinesa, llegando incluso a compartir casa con los amantes del matrimonio, un cuarteto muy bien avenido: “Else se lanzó a los dorados años veinte, ya atacados por la herrumbre. Y se lo llevó todo: la cultura y el vicio. La corta y eruptiva época de esplendor, transformaba a la ciudad tanto en una metrópoli del arte y del intelecto, como en una Sodoma y Gomorra“.

Pero de repente, toco cambia. Ante la incredulidad de sus amigos y de ella misma, ven como Hitler, “ese hortera criminal del flequillo”, va adquiriendo poder y como se empiezan a promulgar ridículas leyes  contra los judíos. “¿Acaso creéis de verdad que el pueblo entero, la Alemania intelectual que amamos con razón, de repente ha cerrado filas en torno a un criminal demente?“. Lamentablemente sí y, aunque Else trate de resistir, más tarde que pronto se ve obligada a emigrar a Bulgaria, donde tendrá que reinventarse y conocerá las penurias: “Ahora Else había perdido pie por completo y tenía la sensación de estar en alta mar. El asco y el vértigo se alternaban con la resignación y la indiferencia. Berlín comenzaba a repugnarla. Agonizaba bajo el brazo estrangulador de los nazis, y nacía un nuevo Berlín, teutónico, lleno de banderas y desfiles, de uniformes e indumentaria ranciamente germánica, de dramas de Schiller y alaridos wagnerianos, de brazos en alto y tacones chocados. No, ese Berlín ya no era el suyo. Quería marcharse de esa ciudad en la que había nacido, se había criado, en la que había conocido la vida, el amor y la felicidad, y que ahora se transformaba en una tierra extraña y hostil“.

Bulgaria es como una segunda etapa en su vida. Alejada de la lengua, cultura y educación alemana que tanto ama. Se vuelve más reflexiva, introspectiva y calmada, apenas una sombra de lo que fue.

Tendrá que reinventarse, aprender a sobrevivir, lejos de las comodidades que conocía. Sin embargo, Sofía no le garantiza la seguridad, no hay que olvidar que el ejército nazi invade Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, comenzando de nuevo la pesadilla para Else y su familia, que se ven obligadas de nuevo a esconder su origen judío. Sin embargo la barbarie la reconcilia con sus orígenes.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Else regresa a Alemania, a una Berlín destruida por las bombas, apenas reconocible, en la que la mayoría de sus parientes y amigos ya no se encuentran, bien porque abandonaron Alemania antes del horror, bien porque fueron enviados a campos de concentración, como su madre, que muere en el campo de concentración de Theresienstadt, cerca de Praga.

Tras el diagnóstico de una grave enfermedad, su único refugio son sus dos hijas, tras la muerte de su hijo mayor, Peter, en el frente francés.

NUNCA ABURRIDA. NUNCA BANAL. NUNCA CONVENCIONAL

Una vida intensísima, digna de una gran novela y, como siempre aquí, en tu biblioteca.

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

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La película que quiero recomendar esta semana  es una de mis favoritas, no solo por su calidad cinematográfica sino también por la gran cantidad de detalles que encierra. Es admirable, por ejemplo, el modo en que se narra la historia de amor callada entre los dos protagonistas. Pocas historias de amor contadas en el cine suelen llegar a un clímax más alto que la escena en la que el ama de llaves trata de arrebatarle al mayordomo la novelita que está leyendo.

Lo que queda del día (el título literal sería ‘Los restos del día’) es una adaptación extraordinaria de la no menos extraordinaria novela de Kazuo Ishiguro, un novelista nacido en Nagasaki, pero cuya familia se trasladó a Inglaterra en los años sesenta, y que desde 1982 posee nacionalidad británica. Esta fue su tercera novela, en la que evidencia un conocimiento pasmoso de la historia y las costumbres de su país de adopción. El guión es de la también novelista, y frecuente autora de los guiones de Ivory, Ruth Prawer Jhabvala.

En principio podría parecer que el secreto de las interpretaciones está en los actores, Anthony Hopkins y Emma Thompson, pero si bien es verdad que es una de las fortalezas de la película, tiene otras muchas como por ejemplo el magistral guion que la sostiene, una composición excelente y una muy brillante dirección.

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Su director, Ivory, uno de los directores más lentos del cine norteamericano, aunque muchos le creen británico, quizás porque se adapta muy bien a los temas británicos, venía de triunfar con “Regreso a Howards End” , un melodrama al más puro estilo británico con la misma pareja como protagonista y que le dio un buen número de premios y reconocimientos, pero sin duda se ve ampliamente superada por la que hoy comentamos.

Lo que queda del día es una obra maestra, cuyo argumento no es, en principio más complejo que la narración de la dedicada vida del mayordomo al servicio de un aristócrata inglés que coquetea con el nazismo en un país que aún no tenía demasiado clara su posición en la Segunda Guerra Mundial. Pero ésta no es una película de espías, por mucho que su director hay querido dejar claro las ansias de buena parte de la aristocracia y la nobleza británica por alcanzar un pacto de no agresión con la Alemania nazi. Tampoco se trata, a pesar de lo que a priori pueda parecer, se trata de una película que trate de enseñarnos el funcionamiento de una casa de la época y el papel que desempeñaba el servicio. Esta película narra la historia de amor entre el Sr. Stevens, el mayordomo, tremendamente comedido y entregado a su obligación, el trabajo, la única pasión de su vida y que ve como su mundo se ve trastocado por la incorporación al servicio de la señora Kenton, una mujer que está deseando empezar a vivir y que desea que en su viaje le acompañe un Hopkins demasiado resguardado en su intimidad. Pero pese a esta descripción del argumento, no va a ser una historia convencional. Aquí el amor se destila en silencios, en gestos, en miradas. Resulta una  narración muy elegante con unas interpretaciones muy acertadas.

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Cuenta con una estructura clásica que parte de la memoria de Stevens rememorando los detalles de una época pasada, la que vivió junto a la señora Kenton, mientras acude a su encuentro, en una especie de repaso de errores cometidos y en el  director opta por unas descripciones detalladas en lo estético y contenidas en cuanto a lo interpretativo.

Magníficas  las descripciones y momentos que contiene la película, como la escenificación de la dualidad de poder entre el mundo de los sirvientes y el de los señores, pero sobre todo quiero dejar patente que la película se hace  grande gracias a las interpretaciones de sus dos protagonistas  y a la perfecta disposición de cada una de las escenas. Sin duda, la más recordada, como ya comenté antes, es el encuentro entre el mayordomo y el ama de llaves, cuando ella trataba de arrebatarle el libro que lee, mientras él recorre con su mirada el alma de su amada, y siente, a través de ese mínimo contacto, como ella rompe su barrera y le invade en su intimidad para siempre. Es sencillamente magistral la interpretación de Hopkins, como casi siempre. El papel del mayordomo  es fácilmente uno de sus tres o cuatro más perfectos y sobrecogedores. Creo que muy pocos actores en el mundo hubieran podido dar vida a un personaje tan reprimido, tan impasible, y sin embargo tan atormentado en su interior.

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A su lado, Emma Thompson está en el papel de su vida. Esta magnífica mujer y actriz no es que esté perfecta como la señora Kent. Es que es la señora Kent de los pies a la cabeza, y hay momentos fugaces que hacen estremecer, instantes inimaginables en los que acompaña a Hopkins.

Por todo esto y por mucho más, es una de esas películas que te marcan para siempre y cuya enseñanzas se resumen en  que por escaso tiempo propio de que se disponga, por muchos errores que se puedan cometer, siempre hay que hacer algo en el presente antes de que se convierta en pasado.

¡Disfrútenla!

DVD PE 3192.

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