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CINEMA PARADISO – Figuras ocultas

Mi reseña de esta semana también va de mujeres, de mujeres brillantes en este caso. Se trata de “Figuras ocultas”. Está basada en  el trabajo realizado en la vida real por tres mujeres afroamericanas de inteligencia prodigiosa: Katherine G. Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, en el proyecto Mercury-Atlas 6 de La Nasa, que puso a John Glenn en órbita.

Siempre he sentido una gran admiración por aquellas mentes prodigiosas que son capaces de dar sentido a nuestra existencia. Mentes que crean, construyen, sanan, inventan, sienten y que, en definitiva, hacen que el género humano no sea tan predecible y lo elevan a una categoría superior. Si no fuera por éstas mentes prodigiosas, no hubiéramos podido evolucionar hasta el punto que lo hemos hecho, y el saber es lo que nos hace grandes.

Quiero recomendar esta película porque, entre otras cosas, trata precisamente de eso, de tres mentes prodigiosas pero que además tienen género y tienen color,  porque son mentes de mujer y porque son afroamericanas. Ellas, a pesar de ser grandes,  permanecieron en el anonimato al que muchas veces la sociedad y la propia ciencia relega a las mujeres y mucho más en aquella época, máxime siendo de color en Estados Unidos.

A lo largo de la Historia, han existido mujeres dedicadas al conocimiento, a la investigación, al pensamiento… Pero, ¿por qué no somos capaces, la inmensa mayoría de nosotros, de enumerar con fluidez el nombre de al menos diez de esas pensadoras, científicas, investigadoras? Nos viene a la mente el nombre de Marie Curie y poco más.

Quizá sea por lo de siempre. La ciencia ha sido desgraciadamente una parcela reservada al hombre y donde la mujer siempre ha estado intentando hacerse un hueco.

Las Figuras ocultas a las que hace referencia la película, jugaron un papel crucial en la carrera espacial de Estados Unidos, gracias a sus brillantes capacidades en el campo de la Geometría Analítica y la Aeronáutica. Para ello tuvieron que luchar y reivindicarse en una sociedad machista y racista, en una época,  los principios de los 60,  en la que la segregación racial en América era algo natural y asumido.

La película se deja ver con amabilidad por parte del espectador y aunque no  deja sitio para la sorpresa, sin embargo, sí que nos invita a reflexionar.

El reparto es brillante. Las tres actrices protagonistas logran dar a sus personajes mucha fortaleza y seguridad, pero al mismo tiempo les dotan también de sensibilidad y cercanía. No tenemos ninguna duda de que son  mujeres de carne y hueso.

Por su parte, Kevin Costner, el protagonista principal masculino, hace un papel relevante. Profesional inflexible y exigente, demuestra ser una persona justa y ecuánime que deja a un lado los prejuicios sexistas y racistas para convertirse en el auténtico valedor de sus empleadas.

Su contrapunto (como  en toda historia debe haber un villano), en éste caso es Jim Parsons, conocido por su particular papel como  Sheldon Cooper en la serie Big Bang Theory, es el prototipo de hombre al que le cuesta reconocer que una mujer pueda llegar a ser tan inteligente o más que él, y personifica la envidia profesional y la preponderancia masculina en el mundo científico.

En definitiva, película reivindicativa que cumple con creces la labor de dar visibilidad a estas tres heroínas, y muy apta también para ver en familia, porque puede enseñar a las nuevas generaciones que todo en la vida es posible con talento, trabajo y tesón.

Y verla es tan fácil como pasar por la biblioteca y cogerla en préstamo: DVD PE 4639

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CINEMA PARADISO – Selma

Hoy se cumplen 50 años del magnicidio de quien luchó por las libertades y los derechos civiles de los negros en EEUU; el asesinato de Martin Luther King en Menfis, Estados Unidos. Mientras saludaba a sus seguidores desde un balcón de un hotel, recibió un disparo de rifle en el cuello por parte del segregacionista blanco James Earl Ray.

Carismático luchador por la igualdad racial, fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1964. Autor del célebre discurso “Yo tengo un sueño” (I have a dream) y cuyo rostro se ha convertido en uno de los iconos de los movimientos antisegregacionistas de todo el mundo.

Por ese motivo y coincidiendo con el 50 aniversario de su muerte, hoy quiero reseñar una película del año 2014 inspirada en él. Se trata de “Selma”.

Sin necesidad de abarcar toda su vida, su directora  Ava DuVernay consigue hacer un retrato bastante acertado de su figura a través de un único pasaje de su vida, representándolo como un gran estratega político y reforzado además por la intachable interpretación de David Oyelowo.

Ava DuVernay de 42 años es una ex-publicista que ha trabajado con Spielberg y Clint Eastwood, primera mujer afroamericana en obtener el Premio Sundance a la dirección. Traslada con bastante pericia el guion de Paul Webb a la pantalla, con recursos bien manejados como imágenes de archivo, slows, o una ambientación espléndida, encuadrado todo en un estimable ejercicio de valor educativo y todo ello desde un punto de vista coral, con desengrasantes dosis de humor y,  aunque en el centro está el Dr. King, el relato intenta no caer en la hagiografía. Igual que hizo Spielberg en “Lincoln”, nos presenta a un protagonista poliédrico, con sus debilidades, miedos, frustraciones, discusiones maritales, discusiones de estrategias, etc.; un tipo con sus muchas virtudes y algunos defectos.

Para decirnos como era el Dr. King en realidad, la directora no recurre a cubrir toda su vida, sino que lo hace  a través de un hecho histórico que transcurre en unos 3 meses en los que su personalidad nos llega nítida. Además el perspicaz guion da tiempo a exponer el carácter de las gentes que trabajaron con él, así como de personas comunes que con sus pequeños actos consiguieron grandes reacciones.

Es capaz de recrear unos sucesos históricos de forma impoluta, aunque otra cosa es a la hora de transmitir la fuerza o la emoción de los momentos críticos, que si bien son abordados desde el mismo enfoque que se ha utilizado para muchas otras películas sobre problemas raciales,  ahí se queda un poco corta, quizás debido a la cierta obsesión que muestra por los discursos y a la falta de matices tanto de personajes como de situaciones. Si bien es verdad que estamos ante un trozo de la historia más reciente de los Estados Unidos, una de sus páginas más turbias, tremendas e incomprensibles del sojuzgado pueblo afroamericano, que llevaba siglos padeciendo la sistemática marginación y al que se le negaba el indispensable ejercicio de la mayoría de sus derechos civiles, en parte  por la apatía, maldad, y sinrazón de unos políticos con muchos prejuicios y bastante zoquetes. Da la sensación de que todo eso ocurrió hace muchísimo tiempo y la realidad es que sólo ha pasado medio siglo desde entonces.

La conexión histórica de los hechos que narra la película con los movimientos y protestas antirraciales que se están dando en Estados Unidos últimamente es quizás el principal atractivo de la cinta,  ya que aborda un tema de máxima actualidad.

Selma es, ante todo, una película que sigue la estela del siempre necesario mensaje de reivindicación afroamericana. Producida, entre otros, por Brad Pitt al igual que la muy superior “12 años de esclavitud”, Selma apenas consigue ser más de lo que cuenta, encontrando excepcionales puntos de interés dramático en las brutales represiones policiales contra las marchas pacíficas de sus ciudadanos.

Estamos ante una película llena de buenas intenciones, con muy buenas interpretaciones de todo el elenco, con una recreación de época primorosa y envolvente que nos acerca a una época fascinante y agitada, con un encomiable chute de esperanza y fe en la capacidad de la sociedad en reformarse para mejorar, donde la solidaridad y el altruismo pueden costarnos la vida pero también crear un mundo más justo y habitable. Es un canto a la esperanza, una motivación para luchar sin flaquear, una muestra de que en nuestra mano está combatir las injusticias, y entre otras muchas cosas más, una clara lección de solidaridad, que buena falta nos hace en estos tiempos. No ofrece nada nuevo, pero nos recuerda con acierto que todos somos responsables de las injusticias que nos rodean, aunque sólo sea por omisión.

Si os interesa el tema, o el personaje, o simplemente ver una buena película, sólo tenéis que pasar por la biblioteca y sacarla en préstamo. DVD PE 4305

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RECOLECTURAS – Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado

«A bird doesn´t sing because it has an answer, it sings because it has a song»

Hoy en nuestra sección una de nuestras novedades del pasado verano: Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado de Maya Angelou. Como bien dice la autora, en alusión al título del libro: «Un pájaro no canta porque tenga una respuesta, canta porque tiene una canción». Este libro que hoy nos ocupa, es su canción; la primera de sus siete autobiografías noveladas y la más famosa de todas, y está dedicada a todos los fuertes y prometedores pájaros negros que desafían a los hados y a los dioses y cantan sus canciones.

Esta magnífica novela comienza cuando Bailey (su hermano mayor) y ella, de cuatro y tres años respectivamente, viajan desde Long Beach (California) con destino a Stamps (Arkansas) a casa de su abuela paterna (después de que los padres hayan decidido poner fin a su desastroso matrimonio).

Estamos en un pequeño pueblo sureño de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX (el libro abarca desde 1928 a 1944), así que imaginad lo que esto supone para la población negra. Segregación (la segregación racial se mantuvo en Estados Unidos hasta el año 1965), episodios violentos por parte de miembros del Ku Klux Klan, explotación laboral, especialmente en los campos de algodón, vejaciones…

Marguerite (Maya), es testigo de todos estos hechos y los relata de manera magistral. Su vida en este pequeño pueblo es en cierto sentido «privilegiada», ya que la abuela es dueña de una tienda en la que los clientes pueden encontrar de todo, desde comestibles hasta hilos de colores, petróleo, brillantina para el pelo, maíz para las gallinas, bombillas, cordones de zapatos, globos…, y goza de un estatus más elevado en relación al resto de la población negra. Su influencia incluso llega hasta la población blanca, a la que presta dinero durante  la época de la gran depresión del 29. Sin embargo, no dejan de estar aislados y de vivir las humillaciones por parte de los blancos (la población negra vive totalmente apartada de la población blanca, es como si vivieran en un gheto, cuyo muro es la calle que los delimita). Es tan increíble el total aislamiento en el que viven, que para Maya y su hermano, al igual que para el resto de los niños negros, los blancos son un misterio, e incluso les inspiran el temor que provoca lo desconocido.

Maya va a ir creciendo a la par que sus circunstancias extraordinarias, influenciada por su estrecha relación con su hermano Bailey, su tío minusválido, y sobre todo por la figura de la abuela, Annie Henderson, fundamental en la educación de los niños. Pronto se irá dando cuenta de las injusticias sociales a las que están sometidos y empezará a cuestionarse: «Me resulta interesante que la vida más miserable, la existencia más pobre, se atribuya a la voluntad divina, pero, a medida que los seres humanos se encuentran más acomodados, a medida que su estilo y nivel de vida empieza a ascender por la escala material, Dios desciende por la responsabilidad con la misma rapidez».

Cuatro años después de su llegada a Stamps, el padre («que enloquecedor haber nacido con aspiraciones de grandeza en un campo de algodón») regresa para llevarlos a vivir con su madre a San Luis. Maya y su hermano caen deslumbrados por la belleza y magnetismo de la madre, especialmente Bailey, para quien desde entonces ejercerá un influjo magnético y a la que siempre llamará «mamá querida». Durante su estancia en San Luis, Maya sufrirá uno de los episodios más traumático de su vida, con tan sólo ocho años; este episodio será acicate para que dos años después regresen a Stamps, y también será el responsable del mutismo de Maya, mutismo del que logrará salir gracias a la señora Flowers: una gran influencia en su vida que acrecentará su amor por los libros. En propias palabras de Maya, cuando años después viaja a San Francisco para instalarse con su madre: «No iba a echar de menos a la señora Flowers, porque me había transmitido su palabra secreta con la que convocar a un genio que había de servirme toda mi vida: libros».

La vida de Maya es intensa, y sólo hemos abarcado 14 años de su existencia. Con la mirada retrospectiva que da el paso del tiempo, analiza su infancia y adolescencia de manera franca, sin olvidar de dónde viene y las circunstancias que rodean su existencia, en el que el color de la piel constituye un hándicap: «Éramos criadas, granjeros, mozos y lavanderas y cualquier aspiración a algo superior era ridícula y presuntuosa». «Era horrible ser negra y no poder controlar mi propia vida. Era cruel ser joven y estar ya adiestrada para permanecer sentada y escuchar en silencio las acusaciones contra mi color sin tener oportunidad de defenderme». Ella sí se defiende, no se doblega (con estos antecedentes es imposible no sacar fuerzas y entereza de donde no las hay). Insiste en cumplir sus sueños: es la primera mujer a la que contratan en los tranvías de San Francisco. Su vida es un ejemplo de superación y de dignidad, heredada quizás de su Yaya, cuya cautela está muy bien descrita por un dicho de los negros americanos: «Si preguntas a un negro dónde ha estado, te dirá adónde se dirige».

No quiero terminar de hablar del libro sin mencionar el paralelismo que hace con el boxeador de raza negra Joe Louis, cuyos triunfos y caídas el pueblo negro sienten como  suyo: «Mi raza gimió. Era la caída de nuestro pueblo. Era otro linchamiento, otro negro más colgado de un árbol, otra mujer víctima de una emboscada y violada, un niño negro azotado y mutilado. Eran sabuesos siguiendo la pista a un hombre que corría por ciénagas. Era una mujer blanca abofeteando a su criada por haber olvidado algo».

En definitiva, un espectacular libro que nos acerca a la cuestión racial de el sur de los Estados Unidos, que desgraciadamente no está superada; es más, con la llegada de Trump a la presidencia del país, se le está dando más visibilidad.

Maya Angelou (San Louis, 1928 – Winston Salem, 2014). Fue una autora, poeta, bailarina, actriz, y cantante estadounidense. Su magnífico libro fue publicado por primera vez en 1969, y se ha convertido en un clásico moderno con más de un millón de ejemplares vendidos. Defensora de los derechos civiles de la minoría negra, trabajó junto a Martin Luther King y a Malcom X. Quizás el momento cumbre de su carrera, fue cuando en 1993 Angelou recitó su poema “On the Pulse of Morning” en la inauguración del presidente Bill Clinton, convirtiéndola en la primera poeta en recitar su trabajo en una inauguración desde Robert Frost en la inauguración del presidente John F. Kennedy en 1961. (Wikipedia).

Para saber más, te invito a que veas el siguiente enlace.

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