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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

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La película que quiero recomendar esta semana  es una de mis favoritas, no solo por su calidad cinematográfica sino también por la gran cantidad de detalles que encierra. Es admirable, por ejemplo, el modo en que se narra la historia de amor callada entre los dos protagonistas. Pocas historias de amor contadas en el cine suelen llegar a un clímax más alto que la escena en la que el ama de llaves trata de arrebatarle al mayordomo la novelita que está leyendo.

Lo que queda del día (el título literal sería ‘Los restos del día’) es una adaptación extraordinaria de la no menos extraordinaria novela de Kazuo Ishiguro, un novelista nacido en Nagasaki, pero cuya familia se trasladó a Inglaterra en los años sesenta, y que desde 1982 posee nacionalidad británica. Esta fue su tercera novela, en la que evidencia un conocimiento pasmoso de la historia y las costumbres de su país de adopción. El guión es de la también novelista, y frecuente autora de los guiones de Ivory, Ruth Prawer Jhabvala.

En principio podría parecer que el secreto de las interpretaciones está en los actores, Anthony Hopkins y Emma Thompson, pero si bien es verdad que es una de las fortalezas de la película, tiene otras muchas como por ejemplo el magistral guion que la sostiene, una composición excelente y una muy brillante dirección.

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Su director, Ivory, uno de los directores más lentos del cine norteamericano, aunque muchos le creen británico, quizás porque se adapta muy bien a los temas británicos, venía de triunfar con “Regreso a Howards End” , un melodrama al más puro estilo británico con la misma pareja como protagonista y que le dio un buen número de premios y reconocimientos, pero sin duda se ve ampliamente superada por la que hoy comentamos.

Lo que queda del día es una obra maestra, cuyo argumento no es, en principio más complejo que la narración de la dedicada vida del mayordomo al servicio de un aristócrata inglés que coquetea con el nazismo en un país que aún no tenía demasiado clara su posición en la Segunda Guerra Mundial. Pero ésta no es una película de espías, por mucho que su director hay querido dejar claro las ansias de buena parte de la aristocracia y la nobleza británica por alcanzar un pacto de no agresión con la Alemania nazi. Tampoco se trata, a pesar de lo que a priori pueda parecer, se trata de una película que trate de enseñarnos el funcionamiento de una casa de la época y el papel que desempeñaba el servicio. Esta película narra la historia de amor entre el Sr. Stevens, el mayordomo, tremendamente comedido y entregado a su obligación, el trabajo, la única pasión de su vida y que ve como su mundo se ve trastocado por la incorporación al servicio de la señora Kenton, una mujer que está deseando empezar a vivir y que desea que en su viaje le acompañe un Hopkins demasiado resguardado en su intimidad. Pero pese a esta descripción del argumento, no va a ser una historia convencional. Aquí el amor se destila en silencios, en gestos, en miradas. Resulta una  narración muy elegante con unas interpretaciones muy acertadas.

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Cuenta con una estructura clásica que parte de la memoria de Stevens rememorando los detalles de una época pasada, la que vivió junto a la señora Kenton, mientras acude a su encuentro, en una especie de repaso de errores cometidos y en el  director opta por unas descripciones detalladas en lo estético y contenidas en cuanto a lo interpretativo.

Magníficas  las descripciones y momentos que contiene la película, como la escenificación de la dualidad de poder entre el mundo de los sirvientes y el de los señores, pero sobre todo quiero dejar patente que la película se hace  grande gracias a las interpretaciones de sus dos protagonistas  y a la perfecta disposición de cada una de las escenas. Sin duda, la más recordada, como ya comenté antes, es el encuentro entre el mayordomo y el ama de llaves, cuando ella trataba de arrebatarle el libro que lee, mientras él recorre con su mirada el alma de su amada, y siente, a través de ese mínimo contacto, como ella rompe su barrera y le invade en su intimidad para siempre. Es sencillamente magistral la interpretación de Hopkins, como casi siempre. El papel del mayordomo  es fácilmente uno de sus tres o cuatro más perfectos y sobrecogedores. Creo que muy pocos actores en el mundo hubieran podido dar vida a un personaje tan reprimido, tan impasible, y sin embargo tan atormentado en su interior.

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A su lado, Emma Thompson está en el papel de su vida. Esta magnífica mujer y actriz no es que esté perfecta como la señora Kent. Es que es la señora Kent de los pies a la cabeza, y hay momentos fugaces que hacen estremecer, instantes inimaginables en los que acompaña a Hopkins.

Por todo esto y por mucho más, es una de esas películas que te marcan para siempre y cuya enseñanzas se resumen en  que por escaso tiempo propio de que se disponga, por muchos errores que se puedan cometer, siempre hay que hacer algo en el presente antes de que se convierta en pasado.

¡Disfrútenla!

DVD PE 3192.

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