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CINEMA PARADISO – Begin again

Hoy os traigo una película muy musical, de la mano del director de Once (una de mis películas favoritas, por cierto), John Carney. La película se llama Begin again, que podíamos traducir como empezar de nuevo, y sí, se puede decir que es una película de segundas oportunidades.

Os cuento un poco de qué va la cosa: Gretta (Keira Knightley) y Dave (Adam Levine), son una pareja enamorada a la par que compañeros compositores, que llegan a Nueva York cuando él firma un acuerdo con un importante sello discográfico. Pero su recién adquirida fama pronto tienta a Dave y deja de lado a Gretta, cuyo mundo se viene abajo. Cuando Dan (Mark Ruffalo), un ejecutivo discográfico en horas bajas, descubre a Gretta durante una actuación en los escenarios del East Village, queda cautivado al instante por su talento y le propone empezar a trabajar juntos. Una colaboración que les transformará a ambos, a la vez que compondrá la banda sonora de un maravilloso verano neoyorkino.

Bueno, os suena la historia ¿verdad? Otro tipo al que se le ha subido la fama a la cabeza y deja «tirada» a su preciosa novia. Pues sí, un poco de esto tiene, pero aunque ya nos sepamos un poco de qué va, la película funciona, y funciona por dos motivos: por un lado, por su magnífica banda sonora, y por otro, por el elenco de actores. Decir que el papel de Dave está interpretado por el cantante de la banda Maroon 5, así que el chaval prácticamente sólo tuvo que interpretarse a sí mismo. Pero si hay que destacar a algunos de los personajes, estos son los que interpretan Keira Knightley y Mark Ruffalo, Gretta y Dan en la película (quiero hacer un apunte para decir que Keira pone su voz a las canciones, y por cierto, no lo hace nada mal). La química que existe entre ellos es evidente y sobre sus actuaciones recae el peso de la película, ya que realmente podríamos decir que el argumento se centra sobre todo en la amistad que surge entre ambos, en cómo esta amistad hace de amortiguador para los duros momentos que está pasando Gretta, y al mismo tiempo es un reconstituyente para Dan, personaje en el que vemos una evolución espectacular en la película, tanto en lo profesional como en lo familiar. El camino que recorren ambos a lo largo del metraje, les hace madurar. Maravillosas también las actrices secundarias Hailee Steinfeld y Caherine Keener, que interpretan a la hija y la «ex-mujer» de Dan, respectivamente.

Como dije antes, uno de sus fuertes es la banda sonora (fue nominada a mejor canción tanto en los Oscars de 2014 como en los Critics Choice Awards). Danielle Brisebois, Nick Lashley, Rick Nowels y Nick Southwood trabajaron juntos en la elaboración de la misma, además de contar con la participación de artistas como John Carney, director de la cinta, y Glen Hansard, actor/cantautor protagonista de la celebrada Once.  La película podríamos decir que es muy similar a Once: dos apasionados de la música, chica joven y hombre maduro, que arrastran heridas, y cuyo encuentro será beneficioso para ambos, con la diferencia de que aquí los actores protagonistas son estrellas mediáticas, al contrario que en Once, dos desconocidos que prácticamente se interpretaban a ellos mismos, y el escenario pasa de Dublín a Nueva York. Observen el cartel de ambas, muy similares ¿no?

 

Es cierto que se pueden parecer, pero yo me sigo quedando con Once. Supongo que no me la esperaba, quizás nadie se la esperaba, por el enorme éxito que cosechó. Tal vez, por ser actores anónimos, la sentimos más real, más nuestra, y por supuesto, por esa banda sonora brutal (si queréis saber más sobre Once podéis pinchar aquí y leer la reseña que ya le hice  en su día).  Aunque sienta cierta debilidad por Once, esta película también me gustó mucho, rezuma frescura y naturalidad, y tiene un cierto grado de optimismo muy reconfortante (a todos nos gustan las historias que acaban bien). A esto tengo que añadir que me gustan todos los actores (bueno el cantante de Maroon 5 por el papel que tiene que interpretar, un poco menos), y todos están maravillosos. Una película muy indie, de esas que te dejan un buen sabor de boca, y que te gusta volver a ver (yo de hecho creo que la voy a ver esta noche). Así que ya sabes, una magnífica elección para estos días de lluvia.

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CINEMA PARADISO – Carol

Película basada en la novela homónima de la gran Patricia Highsmith,  con 6 nominaciones a los Oscar, actriz principal, actriz secundaria, guion adaptado, fotografía, banda sonora y vestuario, todas ellas muy merecidas. Muy aclamada en Cannes, sin embargo no le fue igual de bien en los Bafta.

Bajo mi punto de vista “Carol” es una buena película, de esas películas atemporales que están por encima de cualquier galardón mutado en algo decorativo, la mayoría de las veces, como la historia ha demostrado sobradamente, con valor nulo más allá del populismo. Se trata de una  película que tiene un poco de todo.

En ella se pone de manifiesto el amor de su director por el cine clásico. Carol es una declaración de amor a un cine de otra época pero desde una perspectiva actual que intenta recuperar un cine de antes pero con la visión de hoy.

Es una película minuciosa hasta el último detalle, incluso su director se permite bajar la calidad de 35 milímetros a 16 para conseguir un efecto más de los años 50. Todd Haynes prefiere priorizar lo sutil sobre lo evidente, de ahí su mimo desde el acabado de la película, la  composición de los planos, hasta el vestuario, la fotografía u otros aspectos  técnicos. Por eso cuesta mucho encontrar el más mínimo defecto a “Carol”, ya que no solamente sirve para realzar la delicadeza del relato, sino que también dota a la película de una belleza visual indiscutible.

Ya desde la primera escena muestra la enorme elegancia de Haynes, cuando partiendo de una alcantarilla hace un largo e intenso plano de travelling descriptivo, siguiendo a un personaje que entra en un local en el que se encuentran las protagonistas de la historia, haciendo así un símil con la oscuridad de la homosexualidad en la época en la que dicho comportamiento era casi peligroso.

La historia de amor las cambia a ambas; son muy diferentes desde su primer encuentro en una tienda de juguetes al último en el restaurante. Si al inicio dela película Therese cree ver a Carol y ello desencadena el flashback, en el último tramo es Carol quien ve a Therese a través de la ventanilla de un coche; más tarde en la mesa en la que las vemos por primera vez le soltará un contundente y sincero “te amo”.

El peso del paso del tiempo entre dos personas enamoradas y distanciadas también se hace evidente en ésta cinta. No sólo se dan cuenta de que las dos han mejorado como personas durante el tiempo que han estado separadas sino que también ambas salen fortalecidas.

El final es igual que el de la novela, pero con los recursos del cine, alcanza niveles mucho mayores. Haynes corta en el momento adecuado, les ha concedido el mejor instante de sus vidas, aquel en el que todas las cartas se han puesto sobre la mesa. No es necesario que veamos lo que ocurre porque todos ya lo conocemos, sea bueno o malo, hayan vivido la mejor de las vidas o no, eso sólo les corresponde a ellas. La mirada final entre las dos, con un sencillo plano y un leve movimiento de cámara, eleva emocionalmente el instante y lo dice absolutamente todo.

En definitiva, “Carol” es un perfecto ejemplo de belleza audiovisual. Altamente recomendable.

Y como siempre, no tienes más que pasar por la biblioteca y llevártela a casa. DVD PE 4461

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RECOLECTURAS – Me llamo Lucy Barton

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Hoy os traigo un libro de plena actualidad, Me llamo Lucy Barton de Elizabeth Strout.

Estamos en una habitación de hospital en pleno centro de Manhattan, la madre de Lucy ha ido a visitarla y pasa con ella cinco días con sus cinco noches. Hace muchos años que no se ven, desde que Lucy dejó a su familia en el pueblo de Amgash, Illinois, donde se crió, para trasladarse a Nueva York.

Estos cinco días le servirá a Lucy para repasar su vida. Sobre todo su infancia, una infancia de pobreza y maltrato. En el hospital hablan como nunca antes lo había hecho así con su madre ¡Se siente tan feliz!

A lo largo de las conversaciones que mantiene con su madre y de los recuerdos que Lucy va desgranando, vamos a conocer en profundidad a una persona desvalida, criada en unas circunstancias de extrema pobreza, que como veremos, condicionará su vida futura.

Lucy no sabe nada de cultura popular porque no tenía televisión de pequeña, ¡Hasta los pobres tenían televisión! La pobreza les aísla del resto: “Éramos raros. Nos faltaban amigos y nos sobraban burlas”. El frío y los libros es lo que la salva de un futuro de miseria: se queda hasta tarde en el aula porque está calentita y allí aprovecha para hacer los deberes: “El trabajo se hace sencillamente haciéndolo”. Le encanta leer libros, los libros hacen que se sienta menos sola y desde pequeña tiene claro que va a ser escritora. Y lo consigue con esta historia, SU historia. Como le dice su profesora de escritura creativa: “Sólo tendréis una historia. Escribiréis esa única historia de muchas maneras. No os preocupéis por la historia. Sólo tenéis una”.

Me llamo Lucy Barton y ésta es mi historia.

Una historia de amor. La historia de un hombre atormentado todos los días de su vida por cosas que hizo en la guerra. La historia de una esposa que se quedó a su lado, porque eso es lo que hacían la mayoría de las esposas de esa generación, y cuando va a la habitación de hospital a ver a su hija habla compulsivamente de que el matrimonio de todo el mundo va mal, y ella ni siquiera lo sabe, ni siquiera sabe lo que está haciendo. Es la historia de una madre que quiere a su hija. De una manera imperfecta, porque todos amamos de una manera imperfecta. Es la historia de un hermano que duerme con los cerdos la noche antes de que los lleven al matadero y que lee cuentos para niños, aunque ya tenga 37 años. Es la historia de una hermana insatisfecha con su vida, casada con un hombre egoísta que no le ayuda en casa ni con los niños. Pero también son historias de Nueva York. La de su vecino Jeremy, muerto por el sida cuando la epidemia estaba comenzando y de Molla, su vecina sueca  que sufre una depresión posparto, pero sobre todo es la historia de Lucy, y del amor que siente por su madre, a la que nunca jamás le ha oído decir que la quiere, a pesar de que la quiere, y de que en el fondo se siente orgullosa de ver que ha sido la única de los tres hijos que ha logrado escapar de ese mundo de pobreza al que estaban todos destinados.

Porque Lucy lo logra, aunque para ello tenga que ser implacable: ¡Ésta soy yo, y no pienso ir a donde no soporto ir, y no seguiré en un matrimonio con el que no quiero seguir, y voy a agarrarme y a lanzarme de cabeza a la vida, a ciegas, pero allá voy! No obstante, el peaje es caro y no puede dejar de pensar que, a pesar de tener una familia malsana, sus raíces se han entrelazado y retorcido con firmeza en sus corazones. Quizás por ello toda la tragedia que ha sido, y en muchos aspectos es su vida, nos lo cuenta de una manera bella, sutil, quizás incompatible con los hechos narrados o, tal vez, matizados por el tiempo.

Una historia triste y conmovedora, pero de gran belleza y hondura, que te llega dentro, y hace que te quedes con ella durante un tiempo para degustarla poquito a poco, en pequeñas dosis. Como dice José María Guelbenzu una pequeña obra maestra.

Autora de varias novelas, Elizabeth Strout obtuvo el Premio Pulitzer con Olive Kitteridge. Con esta su última novela, se ha colocado en el nº 1 en la lista de The New York Times.

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RECOLECTURAS – Los interesantes

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...tener solo un poco de talento…era algo horrible, una tortura…ser solo un poco especial se hacía esperar casi siempre demasiado.

Mary Robison, Yours.

Hoy os traigo una de nuestras novedades, Los interesantes, de Meg Wolitzer. Todo un descubrimiento.

Estamos en el verano de 1974 y es de noche. Seis adolescentes charlan en su tienda de campaña en un campamento de las afueras de Nueva York. Todos, menos Julie, son hijos de familias acomodadas de Manhattan. Todos se sienten únicos e interesantes. Todos quieren ser artistas.

Aquella primera noche Ash Wolf dijo: 

– Esto de reunirnos así lo hacemos todos los veranos. Deberíamos ponernos un nombre.

-¿Por qué? -djjo Goodman-. ¿Para que todo el mundo  se entere de lo increíblemente interesantes que somos?

-Podríamos llamarnos los Increíblemente Interesantes-dijo Ethan Figman-. ¿Qué os parece?

-Los interesantes-dijo Ash-. Suena bien.

Así que estaba decidido.

-De hoy en adelante y puesto que somos las personas más interesantes que han pasado por este puto mundo -dijo Ethan-, puesto que somos tan irresistibles y tenemos los cerebros a punto de estallar de pensamientos intelectuales, nos vamos a llamar los Interesantes. Y que la gente con la que nos crucemos se caiga muerta de lo interesantes que somos, joder.

El nombre era irónico y burdamente pretencioso, pero aún así, pensó Julie Jacobson, eran interesantes. Aquellos adolescentes que la rodeaban eran como la realeza […] Se suponía que todos en aquel campamento tenían talento artístico, pero allí, al menos eso creía ella, estaba la flor y nata.

Aquella primera noche de 1974, a Julie Jacobson le cambió la vida. Ya nunca volvería a ser la misma adolescente que llegó al campamento procedente de un barrio de la periferia de Nueva York. Spirit-in-the-Words cambiará sus perspectivas, le hará sentir que encaja, que no es un bicho raro. Encontrará su verdadera familia entre aquellos jóvenes con las mismas ilusiones y el mismo lenguaje, por fin encontrará su sitio.

Durante las más de 600 páginas de la novela, acompañaremos y conoceremos a estos seis personajes. Iremos evolucionando con ellos a lo largo de más de 40 años. Compartiremos sus triunfos y sus ilusiones, y veremos cómo la vida les irá transformando.

Ash Wolf, “la niña de papá”, se convertirá en directora teatral ingeniosa y honesta, aunque…, ¿lo habría logrado de no haber contado con el trampolín de sus padres primeros y de Ethan, que se convertirá en su marido, después?. Goodman, hermano de Ash,  encantador, privilegiado y holgazán, tiene el potencial de construir cosas, pero también el impulso de destruirlas; la vida le tiene reservado un final inesperado. Cathy, con un gran talento para la danza, pero con un cuerpo que no le corresponde pasada cierta edad, se convierte en experta en finanzas. Jonah, el “hermoso hijo” de una famosa cantante de folk, tiene un gran talento musical al que renuncia por razones desconocidas, y termina trabajando en robótica. Ethan, siempre pegado a su cuaderno de dibujo, es el que realmente logra triunfar en la vida, su serie animada, Figland, se convierte en una especie de Simpsons. Julie, Jules para sus nuevos amigos, “la intrusa” del grupo, la única que no procede de una familia acomodada de Manhattan, que accede al campamento gracias a una beca, y cuyo sentido del humor es el pasaporte para formar parte de este grupo; después de varios años asistiendo a audiciones, comprueba que su sentido del humor no es suficiente para la actuación, y termina reinventándose como terapeuta.

La novela me ha gustado muchísimo. Creo que va en la línea de “Algún día este dolor te será útil”, al menos el escenario es el mismo, la ciudad de Nueva York y, entre sus personajes principales, hay jóvenes con talento y con gran vinculación al mundo del arte.

Me gusta ver la evolución de los personajes de adolescentes a adultos, cuando la vida les va colocando en su sitio. Ellos se sentían o creían especiales pero, llegados a la madurez, muy pocos han terminado como pensaban. No obstante, así es la vida; en la adolescencia y juventud tenemos licencia para fantasear, luego llegados a la treintena o cuarentena, vamos poniendo los pies en el suelo y nos adaptamos a lo que tenemos, en muchos casos, incluso puede que se cumplan nuestras expectativas o que se mejoren con creces. C’est la vie.

Me gusta la mirada de Julie Jacobson. Por sus orígenes humildes quizás es el personaje adecuado para analizar lo que transcurre a su alrededor y en su entorno, sin embargo todos ellos tienen peso en la novela. Para mí, en contra de lo que dice la sinopsis del libro, es una novela coral. Todos se van a mantener unidos a lo largo de todos estos años de alguna forma, algunos crearan vínculos más fuertes, y otros sobrevuelan como una sombra; pero está claro que Spirit-in-the-Words siempre estará muy presente en ellos; de hecho, casi al final de la novela, Julie y su marido se harán cargo del campamento durante una temporada.

Ahora mismo estoy en una etapa lectora en la que me atrae enormemente las novelas que indagan en la psicología de los personajes y en la condición humana. Personajes que luchan entre lo que desean y lo que se espera de ellas (el personaje de Ash es claramente un prototipo de esto). Con historias “normales” con las que te identificas, o que le puede pasar a tu vecino del quinto. Mirar por un agujerito y ver cómo se relacionan entre ellos, los libros que leen, sus opiniones frente a la situación política…

No conocía a esta autora, de hecho creo que es casi el primer libro de ella que se publica en español. Neoyorquina del 58, es autora de varias novelas, algunas de la cuáles han sido llevadas al cine como ¿Qué le pasa a mamá?, escrita y dirigida por Norah Ephron y Surrender, Dorothy, protagonizada por Diane Keaton. Yo la pongo en la nómina de los escritores a los que seguir, y estoy deseando que editen sus novelas en español, no obstante, esta que reseñamos aquí, ha sido comparada, nada más y nada menos, que con Libertad de Jonathan Franzen.

¿Por qué el destino de personas de similar talento es tan diferente?

Si queréis dar respuesta a este interrogante, sólo tenéis que leer la novela, y si os pasa como a mí, vais a disfrutar enormemente.

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CINEMA PARADISO – Tal como éramos

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Hoy traigo a la sección una de mis películas favoritas, Tal como éramos del director Sidney Pollack.

Cuando yo tenía 13 años venía a darnos clases particulares de inglés Axel. (Por cierto, se parecía mucho a Sting y con la edad he comprendido esas interrupciones frecuentes de mi madre para preguntar si quería un café o necesitaba algo). A lo que íbamos, Axel, a parte de darnos clases era un gran cinéfilo y de vez en cuando nos traía algunas de las películas de su filmoteca particular, entre ellas nos trajo la que hoy reseñamos aquí.

Para mí fue todo un descubrimiento esta película, que con la edad he visto varias veces y que también forma parte de mi filmoteca. No sé si fue su magnífica banda sonora, con la canción The Way We Were interpretada por la actriz protagonista Barbra Streisand, que da nombre a la película (ese es su título original), y que obtuvo el Oscar a la mejor canción en 1973, por Robert Redford en estado de gracia, cuando la vejez y la cirugía aún no habían hecho mella en su físico prodigioso, o por la historia de amor tan maravillosa; lo cierto es que cada vez que la veo no dejo de emocionarme y de soltar la lagrimita. Pero bueno os voy a hablar un poco del argumento.

La película comienza cuando en la década de 1940 los dos personajes protagonistas Katie (Barbra Streisand) y Hubbell (Robert Redford) se reencuentran en un bar. Él, oficial de la  Armada de los Estados Unidas está bastante borracho y ella, que trabaja como locutora de radio, aprovecha la coyuntura para llevarlo a casa. Hagamos una parada aquí. ¿Por qué he querido hacer esta parada? Porque en el momento en que Katie lo ve se produce un flasback en donde vemos los años de la Universidad, cuando ella era una joven judía de ideología de izquierdas, perdidamente enamorada de él; y él, el típico guaperas deportista, de enorme carisma y muy popular entre los miembros de la universidad. Este flasback, acompañado de esa canción maravillosa, es de los comienzos más memorables de la historia del cine.

A partir de ese encuentro comienza una relación muy intensa. Dos seres totalmente difentes, pero destinados a estar juntos (el consabido los polos opuestos se atraen). Durante los años que dura su relación (desde los años 40 a 60)  se trasladan de Nueva York a Hollywood, donde Hubbell es contratado como guionista de cine, allí Katie tendrá la oportunidad de entrar en contacto con gente con sus mismos ideales políticos y formar parte activa de los que luchan contra la censura del gobierno (estamos en la era McCarthy). Hubble está profundamente enamorado de ella pero no soporta su vehemencia política, su seriedad, que no sepa relajarse y que esté siempre viendo injusticias…, es demasiado densa y él necesita alguien un poco más frívola, no tan inteligente, que se desenvuelva en el ambiente en el que él siempre se ha movido como pez en el agua. Todo esto terminará pasando factura a la pareja que acabaran separándose, justo cuando Katie da a luz a su única hija en común, Raquel.

Y para terminar la película otra escena memorable, cuando al cabo de los años se encuentran por casualidad en Nueva York. Ambos han rehecho sus vidas y en teoría son felices, pero por cómo se miran y por los gestos que se hacen, se ve que siguen profundamente enamorados.

Y sí, así es la vida. Una historia de amor maravillosa, que te demuestra que los sentimientos no son suficientes para mantener una relación. Todo esto lo fui comprendiendo con los años, porque la primera vez que la vi, con 13, no creo que me enterara ni de la mitad. Lo que sí sé es que siempre que la veo, ¿siete veces?, sigo sintiendo la misma emoción que aquella primera vez. Gracias Axel por recomendarmela, y por descubrirme que los rubios pueden ser muy muy sexys.

Y como siempre, la podéis encontrar aquí, en vuestra biblioteca: DVD PE 1346

Ahora os dejo con la canción The Way We Were acompañada de las escenas.

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RECOLECTURAS – Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York

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Mucho después de la Lily Bart y la Undine Spragg de Edith Wharton, de la Caroline «Sister Carrie» Meeber de Theodore Dreiser, de la Marjorie «Morningstar» Morngenstern de Herman Wouk y de la Holly Golightly de Truman Capote; pero bastante antes de la Isadora Zelda White Stollerman Wing de Erica Jong, de la Emma Gennaro de Wilton Barnhardt, de la Bridget Jones de Helen Fielding, de la Carrie Bradshaw de Candace Bushnell, de la Hannah Helene Horvath de Lena Dunham, y de la Frances Ha de Noah Baumbach, estuvo y está y estará la Sheila Levine de Gail Parent.

Y, de acuerdo, las idas y los idus de Sheila no son tan trágicos como los de las chicas de Wharton y Dreiser; pero también es cierto que lo suyo (su cuerpo) tiene mayor peso dramático y cómico que lo de Bridget y Hannah. Y que su armario alberga muchos menos pares de zapatos que el de Carrie. Sin embargo, imposible desentenderse de su importancia como gran bisagra/colchón entre las puertas de aquellas y las camas de estas. Y de la influencia que tuvo en su momento y sigue teniendo su voz y su prosa y su impecable sentido narrativo.

Parent (nacida en Nueva York en 1940) comenzó, mientras estudiaba teatro en la universidad junto a su compañero de curso Kenny Solms, escribiendo y vendiendo chistes por cinco dólares cada uno a comediantes de clubs nocturnos. Y luego, casi enseguida, Parent se formó y deformó en el mundo de la televisión, contribuyendo a reinventar el concepto de sitcom tal como hoy lo conocemos, entre otros, fue guionista de la exitosa serie Las chicas de oro. Y todo eso se nota mucho y, se disfruta aún más, en Sheila Levine está muerta y vive en Nueva York, escrita a lo largo de un año y medio en los backstages y camerinos de Carol Burnett y, que pronto se conviritió en best-seller, allá por 1972. Porque la voz de Sheila y su tempo narrativo y su formato (supuesta carta de suicida cansada de todo y de todos, ella incluida) es un impecable e implacable monólogo stand-up pero acostado, a la espera de que los demasiados somníferos hagan efecto, y armado en sucesivas y brillantes set-pieces temáticas/circunstanciales. La novela funciona casi como una larga nota al pie de página.

Más allá de su modernidad y compulsión rupturista y transgresora, si le dan a elegir, Sheila quiere ser más Doris Day que Barbra Streisand. Sheila no quiere escribir un libro: Sheila quiere un marido que sea escritor. Y que le dedique un libro. Varios. Muchos. A ella y a sus hijos. Sheila quiere ser una madre judía no exactamente como su madre judía, pero aun así…:  «Muchos chicos judíos, como Portnoy, crecieron en una relación de amor-odio con sus madres judías, por lo que juraron casarse con chicas no judías. Así que resulto poco atractiva desde un punto de vista étnico. Las chicas rubias de pecho plano están de moda; las judías, polacas e italianas, no».

Afortunadamente en aquella época no habían teléfonos móviles, ni redes sociales, ni emoticones, ni ciento cuarenta caracteres máximo; lo que nos habría privado de la elocuencia sin limitaciones de Sheila. Y los sueldos eran más bajos, pero no era imposible mudarse a la Gran Manzana teniendo en cuenta que por entonces Manhattan no era el Parque Temático deluxe que es hoy sino una metrópoli más bien sórdida y estaba casi en quiebra. En este sentido, la ciudad que cuentan Parent & Levine viene a ser algo así como la versión diet pero igual de indigesta de la que se ve en films como Midnight Cowboy y Taxi Driver.

El debut literario de Parent es una gran novela histórica y sociológica (e histérica e ilógica) que dice mucho de una época y de la situación de la mujer por entonces, y, mal que le pese a algun@s, con temas que siguen estando muy vigentes en la actualidad, entre otros, la búsqueda de un marido: «¡No, Linda! Más de una chica ha dedicado su vida, sí, su vida, a intentar convertir a un hombre que prefería a otros hombres en un hombre que prefiere a las mujeres. Yo, sin ir más lejos, Sheila la experta, caí en la trampa. Muchas jóvenes han sentido que ellas eran la mujer adecuada, la única que podía conseguirlo. No funciona. Se le puede analizar todo lo que quieras, se le puede aplicar terapia de choque además de entregarle tu amor incondicional, pero él seguirá prefiriendo a su amiguito de East Hampton antes que a ti. Para algunas chicas, enamorarse de gays se ha convertido en una costumbre. ¿Por qué? No lo sé con seguridad. ¿Tienen miedo de los hombres pero no están listas para las mujeres? ¿Alimentan su ego? “No te lo vas a creer. Conocí a un hombre al que toda la vida le habían gustado otros hombres, pero me ha conocido a mí y yo soy la única que ha podido traerle al bando correcto.” No lo intentes, Linda. No lo intentéis, ninguna. No funcionará. Seréis amigos, quizá acabéis en la cama un par de veces, quizá os caséis con él, pero mientras otros papis vayan a llevar a sus hijos al partido de béisbol, vuestro marido se escapará a un bar gay»

La famélica y siempre a dieta Sheila, sí, solo quiere jugar a los juegos del hambre y a los juegos del hombre y a los juegos del hambre y del hombre. Sheila no es una It Girl. Sheila es una Eat Girl.

Un libro muy divertido, muy rompedor, muy moderno, muy irónico, con mucho humor negro…, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

(Datos sacados del prólogo de Rodrigo Fresán).

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RECOLECTURAS – Algún día este dolor te será útil

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Hoy en nuestra sección una de nuestras novedades de este verano, Algún día este dolor te será útil de Peter Cameron. Lo primero que me llamó la atención del libro fue el título, muy parecido al de Milena Tusquets reseñado en esta sección hace unos meses, También esto pasará.  El título hace referencia al lema del campamento de verano Zephyr: “Sé paciente y resiste: algún día este dolor te será útil”. Estos campamentos son muy populares en Estados Unidos,  supuestamente reforman a adolescentes con graves trastornos mediante los milagros del duro trabajo físico y las glorias de la naturaleza. Hace poco vi un documental sobre un campamento para gordos, a base de ejercicio físico y disciplina, como si de una instrucción militar se tratara, los adolescentes y jóvenes son mandados allí en sus vacaciones escolares para quitar los kilos de más que sufren por culpa de padres irresponsables, en su mayoría obesos como ellos, que los han estado alimentando a base de comida basura durante todo el año. En fin, esto daría para otro debate.

El protagonista y narrador de esta novela es James, un adolescente de 18 años.  De padres divorciados, James vive con su madre y su hermana mayor Gilliam en Manhattan, y mantiene una relación cordial con su padre, abogado de profesión. Estamos en el verano de 2003 y James trabaja en la galería de arte de su madre, un decir, porque  la galería está siempre vacía. Joven solitario y poco hablador, al que muchos catalogan de inadaptado y antisocial, no quiere ir a la prestigiosa universidad de Brown, en la que ha sido admitido: “El principal problema es que no me gusta la gente en general ni la gente de mi edad en particular y la gente de mi edad es la que va a la universidad. Consideraría la posibilidad de ir si se tratara de una universidad de mayores. Si bien no soy un sociópata ni un bicho raro, lo cierto es que no me gusta estar con gente. Las personas, por lo menos según mi experiencia, pocas veces se dicen cosas interesantes. Siempre hablan de sus vidas, unas vidas que no son muy interesantes, y eso me impacienta. En cierto modo, creo que solo deberías decir algo si es interesante o es absolutamente preciso decirlo”.

A raíz de un incidente ocurrido en “El aula nortemaricana” (seminario dirigido por la “Asociación nacional del rifle” y “Las hijas de la revolución norteamericana“, en el que participan los dos alumnos más brillantes de cada estado), James empieza a ir a unas charlas con la doctora Adler, psiquiatra. En esas charlas iremos conociendo un poco más al personaje, a través de los diálogos, o más bien los monólogos del narrador, muy intensos e inteligentes.

Una de las cosas que más me gusta del libro es la relación que James mantiene con su abuela materna, Nanette. Quizás sea la persona que más quiere en el mundo, desde luego es quien mejor le entiende y quien le da el contrapunto más realista y objetivo a las numerosas cuestiones que se plantea:  “Tener malas experiencias a veces es una ayuda, te aclara más lo que deberías hacer. Sé que esto parece demasiado optimista, pero es cierto. Quienes solo han tenido buenas experiencias no son muy interesantes. Pueden que estén contentos y sean felices de alguna manera, pero son superficiales. Ahora te parecerá un contratiempo, algo que te complica la vida…, pero es demasiado sencillo vivir sin complicaciones. No es que la felicidad sea necesariamente simple, pero no creo que tú vayas a tener una vida fácil y será mejor para ti. Lo difícil es no dejarte abrumar por las malas rachas. No debes permitir que te derroten“.

La novela me ha gustado muchísimo. Está plagado de frases ingeniosas, de esas que te hacen pensar. Al leerlo uno no puede evitar recordar la que quizás sea la novela más paradigmática sobre la adolescencia americana del siglo XX, “El guardián entre el centeno”. Estamos ante un Holden Caulfield del siglo XXI, un inteligente adolescente que se cuestiona continuamente, y que busca su sitio en el lugar y el tiempo que le ha tocado vivir. Y como telón de fondo la ciudad de Nueva York, siempre mágica, en constante cambio y evolución.

En algunas críticas que he leído hablan del libro como uno de los mejores que se ha escrito sobre el 11-S, sin embargo yo no veo que trate sobre el tema, pasa por él como de puntillas, la psiquiatra intenta sonsacarle cómo le afectó, ya que su colegio estaba situado frente a las torres y lo vivió en primera persona, pero James no quiere hablar sobre eso. En lo que sí estoy de acuerdo es en que es uno de los mejores libros publicados en 2012, apareciendo siempre en los lugares más altos del escalafón, y como siempre, lo tienes aquí, en tu biblioteca.

Os dejo con una entrevista que le realizaron al autor en el periódico ABC, que os acercará un poco más a esta deliciosa novela.

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