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24 de octubre, Día de las bibliotecas

«Apta para todos los públicos»

Hoy celebramos el Día de la Biblioteca, efemérides que se celebra desde 1997, cuando la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil lo promovió en recuerdo del incendio de la Biblioteca de Sarajevo durante el conflicto de los Balcanes en 1992.

La actual edición se centra en destacar la labor de las bibliotecas en la promoción de la igualdad de género, en línea con el III Plan Estratégico del Consejo de Cooperación Bibliotecaria 2019-2023, cuyo eje trasversal es la igualdad. Su Línea de actuación nº 3: Visibilidad de las bibliotecas, incluye dentro del objetivo general 3. 1: Comunicar el valor de la biblioteca, la medida sobre la Celebración del Día de las Bibliotecas.

El objetivo es poner en valor el papel de las bibliotecas y la importancia de contar con unos servicios bibliotecarios de calidad, accesibles para todo tipo de públicos y en cualquier etapa de la vida. Unos servicios que contribuyen a mejorar la vida de las personas y al desarrollo de la sociedad en su conjunto. Así como visibilizar la variedad tipológica de las bibliotecas españolas: públicas, escolares, universitarias, especializadas y nacionales /regionales. (https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/areas/bibliotecas/mc/dia-bibliotecas-2019/presentacion.html).

Dado que en esta edición se quiere promover la igualdad, me gustaría destacar en este día la labor de una mujer excepcional, muy conocida por su diccionario, pero  que también destacó en el ámbito bibliotecario y es el aspecto que hoy quiero reseñar: María Moliner.

María Moliner (1900-1981), perteneció al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, en el que obtuvo plaza en 1922. Desde su destino en Valencia trabajó con las Misiones Pedagógicas, pertenecientes al Ministerio de Instrucción Pública y bajo el auspicio de la Institución Libre de Enseñanza, para fomentar la lectura y crear bibliotecas en los sitios más recónditos de la geografía española.

Su gran pasión durante el periodo republicano y la Guerra Civil fue poner en pie bibliotecas, repartir libros, fomentar la lectura. Su cruzada iba dirigida contra la ignorancia y la ineficacia. Sólo persigue que los libros encuentren lectores y que a éstos no le falten bibliotecas. En 1933 Misiones había creado 3.151 bibliotecas rurales y por ellas habían pasado 198.450 adultos y 296.325 niños. En 1935 María había logrado articular bajo su dirección 105 bibliotecas rurales valencianas de Misiones Pedagógicas. Pero Misiones era mucho más que libros y bibliotecas, con la excusa de crear pequeñas bibliotecas rurales acudían a los pueblos con proyecciones cinematográficas, gramófonos, obras de teatro y conferencias, en definitiva llevar la cultura a aquellos lugares que por situación geográfica estaban aislados de lo que se cocía en las ciudades. María también creó el Plan de bibliotecas, que sin duda, fue el germen de lo que hoy en día es nuestro sistema bibliotecario. Y todo durante los años convulsos de la República y de la Guerra Civil.

María se jubiló como bibliotecaria en la Escuela Oficial de Ingenieros Industriales el 30 de marzo de 1970. En la biblioteca podéis encontrar El exilio interior: la vida de María Moliner de Inmaculada de la Fuente, reseñado en este blog y de dónde he sacado los datos y, por supuesto, su famoso diccionario, por el cual, ha pasado a la historia.

Con motivo de este día, esta tarde, a las 16.30 en la Biblioteca Miguel de Cervantes, se va a realizar un Bookcrossing o suelta de libros, así que ya sabéis.

¡Feliz Día de la biblioteca! 

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RECOLECTURAS – El tesón de una mujer excepcional

Ayer celebramos “El Día Internacional de la Mujer”. Aprovecho esta efemérides para desde este rincón acercarme a la figura de una mujer excepcional, María Moliner (1900-1981). Algunos pensaréis, tiene nombre de diccionario, y sí efectivamente, tiene nombre de diccionario, el Diccionario de Uso del Español que ella misma creó con dedicación y tesón.

Pero María era mucho más que el Diccionario, perteneciente al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, en el que obtuvo plaza en 1922, desde su destino en Valencia trabajó con las Misiones Pedagógicas, pertenecientes al Ministerio de Instrucción Pública y bajo el auspicio de la Institución Libre de Enseñanza, para fomentar la lectura y crear bibliotecas en los sitios más recónditos de la geografía española.

Su gran pasión durante el periodo republicano y la Guerra Civil fue poner en pie bibliotecas, repartir libros, fomentar la lectura. Su cruzada iba dirigida contra la ignorancia y la ineficacia. Sólo persigue que los libros encuentren lectores y que a éstos no le falten bibliotecas. En 1933 Misiones había creado 3.151 bibliotecas rurales y por ellas habían pasado 198.450 adultos y 296.325 niños. En 1935 María había logrado articular bajo su dirección 105 bibliotecas rurales valencianas de Misiones Pedagógicas. Pero Misiones era mucho más que libros y bibliotecas, con la excusa de crear pequeñas bibliotecas rurales acudían a los pueblos con proyecciones cinematográficas, gramófonos, obras de teatro y conferencias, en definitiva llevar la cultura a aquellos lugares que por situación geográfica estaban aislados de lo que se cocía en las ciudades. María también creó el Plan de bibliotecas, que sin duda, fue el germen de lo que hoy en día es nuestro sistema bibliotecario. Y todo durante los años convulsos de la República y de la Guerra Civil.

maria

Por si esto fuera poco, súmenle la creación del diccionario, tarea que comenzó en el año 1952, ya de vuelta en Madrid. Una intensa y agotadora labor intelectual que María compatibilizó con su otra vida, la de bibliotecaria en la Escuela Oficial de Ingenieros Industriales, donde se jubiló el 30 de marzo de 1970. Dos vidas muy diferenciadas, en parte paralelas, que ella hizo converger. “María estaba en otro mundo; era rehén del diccionario, de su compromiso consigo misma, de su tozudez. Su cuerpo se iba gastando de tanto inclinarse hacia la mesa, la máquina de escribir, las fichas”.

La gran obra de María Moliner no fue almacenar pilas de fichas, ni siquiera escribirlas a mano con bolígrafo o con su Montblanc o a máquina con su Olivetti. Ese fue el trabajo material y por tanto el más pesado. Su gran obra fue definir y ajustar los significados de palabras que ya existían, dotándolos de una mayor viveza, volcar su pensamiento y su mente ordenada en un universo de palabras complejo y arborescente. No se trataba de hacer un diccionario más. Uno de sus mayores empeños fue revisar las definiciones de la Real Academia, redactarlas de nuevo y relacionarlas entre sí por familias. Una obra titánica.

Su diccionario implicaba una ruptura, una refundación del diccionario oficial realizada desde la individualidad y la soledad de una sola investigadora. Era una obra de creación literaria y a la vez un compendio de filología. Aunque este segundo aspecto le fue negado por los filólogos oficiales, asombrados ante la empresa llevado a cabo por Moliner, pero poco dispuestos a valorarla por no ser de los suyos.

El primer tomo se publicó en 1966 y el segundo en 1967 por la editorial Gredos. Entre 1966 y 1973 su figura y su obra adquirió una formidable difusión: “Si yo me pongo a pensar qué es mi diccionario, me acomete algo de presunción: es un diccionario único en el mundo” “Un diccionario de uso significa que ayuda a usar el español”.

Tres académicos propusieron su entrada en la Real Academia, querían romper el maleficio secular que pesaba sobre la entrada de mujeres en la Academia, no pudo ser. La Academia la rechazó al dar la mayoría de votos al lingüista Emilio Alarcos, ella tomó la derrota con elegancia y dignidad, sin embargo el rechazo supuso su consagración. Con el paso del tiempo no entrar en la RAE no le resta nada a María Moliner y acaso sí a la Institución que no quiso darle su sitio a una mujer que consagró su vida a velar por la lengua.

Por todo esto, si tuviera que elegir a una mujer para darle el Premio a la Mujer Trabajadora, sin duda, mi premio es para María, aunque sea póstumamente, por su dedicación y entrega al mundo de las bibliotecas, del que puedo decir con orgullo que formo parte, por esa tozudez de embarcarse en un proyecto de esa envergadura, y además compaginarlo con su trabajo y el cuidado de sus cuatro hijos, y salir airosa del empeño (el Diccionario se sigue editando hoy en día, la última edición es de 2008). Por todo ello, gracias María, eres todo un referente para bibliotecarias como yo por la ilusión que pusiste en todas las tareas que desempeñaste.

Para saber más María Moliner

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