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CINEMA PARADISO – El ladrón de palabras

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El próximo sábado día 23 se celebra el Día Internacional del Libro. Es un día simbólico para la literatura mundial  ya que en este día, pero del año 1616  supuestamente fallecieron dos genios de la literatura universal,  Miguel de Cervantes y William Shakespeare, aunque en realidad Cervantes fallecía el 22 y era enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario Juliano que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano.  También el mismo día fallecía el Inca Garcilaso de la Vega. Igualmente se conmemora el nacimiento o muerte de otros autores como  Vladimir Nabokov, Josep Pla o Manuel Mejía Vallejo.

La elección de este día fue una decisión espontánea tomada en la Conferencia General de la UNESCO celebrada en París en el año 1995 en el que su Director General en ese momento,  Koïchiro Matsuura,   lo describió así: “Ventana abierta a la diversidad de las culturas y puente tendido entre las civilizaciones, vector de valores, de saberes, del sentido estético y de la imaginación, el libro es ante todo obra de la inteligencia, la creatividad y la cultura humanas: por ello enriquece el patrimonio inmaterial de la humanidad”.

El año 2001 se designó a Madrid como la capital mundial del libro y desde entonces cada año se designa una ciudad del mundo que realiza durante el año actividades culturales relacionadas con el libro. Este año le toca a Breslavia en Polonia.

Y como de libros se trata, hoy quiero recomendar una película que va de eso, de libros, de literatura. Se trata de “El ladrón de palabras”.

La película trata del hecho de crear  jugando con las palabras, de las ficciones que se mezclan con la realidad, y de los asuntos reales que se adornan con elementos de ficción.

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Está estructurada en tres capas narrativas diferentes: Dennis Quaid, un brillante novelista, lee las dos primeras partes de su última novela ante un auditorio entregado / Bradley Cooper, protagonista de la ficción creada por el personaje de Quaid, vive su propia historia intentando triunfar como novelista hasta que encuentra un manuscrito original y anónimo, lo hace pasar por suyo y se convierte en escritor de moda / Jeremy Irons, el verdadero autor de este manuscrito, se encuentra con él y le cuenta las razones por las que lo escribió y cuánto de realidad y tan poco de ficción hay en ese relato.

Tres personajes, tres historias y dos novelas. Todos los relatos conllevan una relación amorosa más o menos duradera (Irons y la esposa que perdió, Cooper y la esposa que está a punto de perder, Quaid y la estudiante de Literatura que le seduce porque en realidad quiere saberlo todo sobre su novela) y se conjugan en función de esas palabras que uno roba al otro según la historia que el tercer personaje masculino ha decidido crear, aunque siempre nos quedará la duda de si el escritor encarnado por Quaid no ha usurpado también las palabras escritas por otro, su personalidad literaria, de modo que el bucle nunca llegaría a cerrarse.

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El ladrón de las palabras es interesante por sí misma (aunque a veces resulta un poco parca si tenemos en cuenta el caudal de ideal que desprende en torno a la vida y la ficción) y por aquello que deja entrever, por sus sugerencias más que por sus certezas. La película ha necesitado de dos directores, los debutantes Brian Klugman y Lee Sternthal, algo que no es  muy habitual a no ser que se trate de dos hermanos (los Taviani, los Coen, los Farrelly…). Con todo, quien parece llevar las riendas del proyecto es Bradley Cooper en su doble función de actor y productor ejecutivo, estableciendo una distancia entre su primera aparición en la pantalla (en las  teleserie Alias o Sexo en Nueva York) y la que le ha mantenido como una de las estrellas de la comedia hollywoodiense (Resacón en Las Vegas).  Con esta película  comienza su andadura como actor serio y a partir de aquí, ha hecho otras en la misma línea como “El lado bueno de las cosas” , “La gran estafa americana” o  “El francotirador” que nos lo revela  como un actor de los pies a la cabeza.

En un momento del relato, cuando todos los elementos de la historia van cuajando, el anciano personaje que interpreta Jeremy  Irons asegura que todos tomamos decisiones, pero lo difícil es vivir con ellas. El ladrón de las palabras es también una película sobre esta idea impregnada de lucidez y de dolor: los tres protagonistas masculinos han tomado decisiones, sumamente drásticas en dos de los tres casos (una ruptura no deseada y el hurto de un libro ajeno), pero no alcanzan a conocer la dimensión de sus actos hasta que deben enfrentarse a la idea de una existencia marcada por esas decisiones. Aquí la película se crece aunque esté, paradójicamente, llegando a su fin.

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La película no nos deja indiferentes.; el argumento es interesante, los interpretes son buenos y asistimos al intento de explicar desde un punto de vista cinematográfico el proceso de creación de una novela y de las experiencias vitales que influyen en ello, y por si esto fuera poco, por partida triple.

En la historia del cine encontramos muchos ejemplos que reflejan con acierto el proceso de la escritura de una novela, la crisis creativa de un autor, el uso de las palabras para expresar nuestros propios sentimientos o la influencia de la vida real en la ficción, como por ejemplo “Tierras de penumbra”, “Shakespeare in love”, “Truman Capote” o “Vida de éste chico” y muchas más. Quizás sea un buen momento para sumergirse en éste tipo de cine y por qué no, empecemos por esta recomendación que como siempre podéis encontrar en nuestra biblioteca DVD PE 3970.

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