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RECOLECTURAS – Madres arrepentidas

madres

Hoy os traigo una de nuestras novedades literarias,  #madresarrepentidas de Orna Donath.

“Existe esa verdad común, esa creencia de que todos queremos tener hijos y de que no seremos felices si no los tenemos. Yo me crié con dichas ideas. Y no es sencillo. Nada sencillo. Y tengo tres hijos. No es sencillo. Existe una dicotomía muy fuerte entre los mensajes que recibes de la sociedad y lo que sientes”

Testimonio de Doreen (madre de tres hijos de entre 5 y 10 años).

Si pudiera volver atrás , con los conocimientos y la experiencia que tiene ahora, ¿volvería a ser madre?

¿Tiene ventajas la maternidad?

¿Las ventajas compensan los inconvenientes?

A estos interrogantes pretende dar respuesta la autora en su libro. En este polémico ensayo, polémico por abordar un tema tabú, la socióloga pone sobre la mesa algo de lo que apenas se habla: las muchas mujeres que después de ser madre no ha encontrado la “profetizada” plenitud. Aman a sus hijos, pero a la vez no quieren ser madres de nadie. A través de entrevistas con numerosas mujeres, que hablan de su propia experiencia, Donath examina la dimensión del tabú, convirtiendo este libro en un nuevo e imprescindible manifiesto feminista.

La autora decide enfrentarse a este estudio después de las palabras que le dijeron en 2007, cuando concluyó una investigación sobre la falta de deseo de mujeres y hombres israelíes de ser padres:

¡Te arrepentirás!

¡Te arrepentirás de no tener niños!

La sociedad da por sentado que las mujeres se arrepienten de no ser madres. Y punto.

La maternidad puede ser para las mujeres la relación que les infunde como ninguna otra sentimientos de realización, alegría, amor, consuelo, orgullo y satisfacción; pero al mismo tiempo puede provocar impotencia, frustración, culpa, vergüenza, ira, hostilidad y desilusión. Puede ser opresiva en sí misma, pues reduce las posibilidades de movimiento y el grado de independencia de las mujeres. Las madres son seres humanos capaces de hacer daño, maltratar e incluso matar; no obstante, seguimos anhelando la imagen mítica que tenemos de la madre por excelencia, y por ello seguimos resistiéndonos a reconocer que la maternidad podría estar expuesta también al arrepentimiento.

Hay poco debate sobre este tema, y cuando lo hay es para tildar a estas mujeres de egoístas, dementes y trastornadas, y de seres humanos inmorales. El hecho de esta reacción por parte de la sociedad, hace que  estos sentimientos se mantengan de puertas para adentro.

Las madres son tratadas como objetos cuyo propósito es servir en todo momento a los demás, vinculando estrechamente su bienestar  al bienestar de sus hijos, en lugar de reconocer su condición como sujetos individuales, que son dueñas de su cuerpo, sus pensamientos, sus emociones, su imaginación y sus recuerdos. El arrepentimiento  indica que en efecto, hay caminos que la sociedad prohíbe a las mujeres eliminando a priori vías alternativas como la no maternidad. La sociedad debería ponérselo más fácil a las madres.

El estudio se llevó a cabo durante 5 años, de 2008 a 2013, y se entrevistaron a mujeres de distintos colectivos sociales. A través de los distintos capítulos se abordan temas, tales como, las expectativas sociales en las sociedades occidentales con respecto a la maternidad: las mujeres no tienen más remedio que ser madres porque es su destino biológico. Las exigencias y expectativas hacia las madres: qué aspecto deben tener y cómo se han de comportar. Cómo se utiliza socialmente a las mujeres para garantizar que tengan hijos con la amenaza de que en un futuro se arrepentirán. La promesa de la sociedad de que el hecho de tener hijos hace que las mujeres pasen de “carentes de algo” a “estar completas”.  El hecho según el cual el grado de la satisfacción con la maternidad, depende en gran medida, de las condiciones en que las mujeres crían a sus hijos: muchas veces el arrepentimiento va unido a tener que elegir entre desarrollarse profesionalmente y los hijos.

La maternidad no debería ser tratada como un rol, sino más bien ser entendida como una relación humana como cualquier otra; quizás de esta forma las condiciones mejorarían enormemente.

Este libro da voz a  una postura emocional censurada. Da visibilidad a un tema que está estigmatizado por la sociedad. Muchas madres se sentirán identificadas con los testimonios que se recogen, yo reconozco que me he sentido identificada con algunos. Hablemos sin miedo, quizás ésta sea la forma de que la sociedad de el lugar adecuado a las madres como sujeto individual, lejos del rol Mujer-Madre.

No sé por qué se me viene a la cabeza ese movimiento que se ha puesto de moda, el de las “malas madres“. Parece que el tema de la maternidad está de actualidad, aquí tenemos libros como el de Diario de una madre imperfecta que lo aborda desde el  humor.

Un libro interesante no sólo para las madres, sino también para las que no quieren serlo; como la autora, que expresa abiertamente su postura: “Ni soy madre, ni lo deseo”, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

(Datos sacados del libro)

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RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro

tambienPor alguna extraña razón, nunca pensé que llegaría a los cuarenta años. A los veinte, me imaginaba con treinta, viviendo con el amor de mi vida y con unos cuantos hijos. Y con sesenta, haciendo tartas de manzana para mis nietos, yo, que no sé hacer ni un huevo frito, pero aprendería. Y con ochenta, como una vieja ruinosa, bebiendo whisky con mis amigas. Pero nunca me imaginé con cuarenta años, ni siquiera con cincuenta. Y sin embargo aquí estoy. En el funeral de mi madre y, encima, con cuarenta años.

Así empieza la novela que hoy nos ocupa, con el funeral de la madre de Blanca, en el pueblecito pesquero de Cadaqués. Al igual que el libro reseñado la semana pasada, “la madre” es la “gran protagonista” de esta novela, aunque en este caso esté ausente. Por algo mayo es el mes de las madres, ¿no?

El título del libro está sacado de un cuento chino, que ella le contaba a Blanca cuando era niña para superar la muerte de su padre: Un poderoso emperador convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: “También esto pasara“, a la que la madre de Blanca añade: “El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad“. Sinónimo del más usado “El tiempo lo cura todo“.

La novela, que arranca y termina en un cementerio, habla del dolor de la pérdida, del desgarro de la ausencia. Frente al dolor queda el recuerdo de lo vivido y lo mucho aprendido, y cobra fuerza la reafirmación de la vida a través del sexo, las amigas, los hijos y los hombres que han sido y son importantes para Blanca (entre ellos sus dos ex-maridos y padres de sus dos hijos, y su amante casado).

La trama principal transcurre en un verano en Cadaqués, donde Blanca va a pasar las vacaciones a la casa familiar, acompañada de sus amigas, de sus hijos, y de sus ex-maridos, que también aparecen por allí. A lo largo de sus 172 páginas vamos conociendo un poco mejor a Blanca, su relación con sus ex-maridos, sus incondicionales amigas, su relación con el sexo y con los hombres, que ella utiliza como vía de escape. Pero la novela es sobre todo una declaración de amor a su madre, a la que ella considera “el amor de su vida”, y a la que evoca constantemente, desde su infancia, hasta el periodo último de la enfermedad y muerte, con sus reproches incluidos, como buena historia de amor que se precie. Es como una larga conversación entre la madre y la hija, o más bien, un monólogo en el que Blanca  dirige a su muda interlocutora comentarios que buscan recapitular el fondo de unas peculiares relaciones y solventar para siempre lagunas y distanciamientos del pasado. La “embestida de la ausencia” materna provoca una aguda revisión biográfica y existencial donde pugnan las dos pulsiones elementales de la condición humana, eros y tánatos. (elcutural.es).

El tono de la novela es melancólico, la comparan mucho con Bonjuour tristesse (Buenos días tristeza) de Francoise Sagan, que encandiló a muchos y escandalizó a no pocos. Yo no la he leído, así que no puedo comparar. A estas alturas del siglo XXI no creo que nadie se escandalice por el libro, pero Blanca es una mujer “políticamente incorrecta”, por así decirlo . Con cuarenta años mantiene una relación atípica con los padres de sus hijos, con uno de ellos se sigue acostando, tiene un amante casado, fuma porros, y tiene siempre alerta el radar de “sexo a la vista“. Como ella misma dice: “Soy un fraude de adulto, todos mis esfuerzos por salir del patio de recreo son estrepitosos fracasos“.

La novela está salpicada de multitud de frases ingeniosas, de esas que te hacen pensar. Cito algunas: “La ligereza es una forma de elegancia. Vivir con ligereza y alegría es dificilísimo“. “He intentado que la cabeza sea un templo, pero el cuerpo debería ser siempre un parque de atracciones“.  “Todos tenemos paraísos perdidos en los que nunca hemos estado“. “Nuestra arma contra la miseria y la mezquindad era casi siempre la risa“. “Las cosas, no sé si las personas, pertenecen a la gente que saben nombrarlas“. “Una de las cosas más sorprendentes del amor, es su capacidad de regeneración“. “Amamos como nos han amado en la infancia, y los amores posteriores suelen ser sólo una réplica del primer amor“. “En general, creo que es mejor saber lo menos posible de la gente. De todos modos, tarde o temprano, aparecen como son, sólo es cuestión de tiempo, poco, y de tener los ojos y las orejas abiertas“. . .

Se dice que el libro es autobiográfico, la escritora lo escribió tras la muerte de su madre (Esther Tusquets, conocida sobre todo por fundar y dirigir durante 40 años la editorial Lumen), y ha sido la “gran triunfadora”en la pasada edición de la Feria de Fráncfort (la más importante del mundo), siendo traducida con inusitada rapidez a las principales lenguas.

Este hecho llamó mi atención, y también, aunque sea una tontería, que la protagonista se llame Blanca, como mi hija. Por eso pensé que debía estar en la biblioteca. Al principio no entendía demasiado el éxito tan exagerado en la Feria de Fráncfort, pero una vez terminada de leerla, reconozco que me ha gustado, y mucho, o bastante, que no es poco.

Os dejo con una crítica muy buena de El cultural, del que he sacado un par de frases, y que a buen seguro arrojará más luz sobre la novela.

http://www.elcultural.com/revista/letras/Tambien-esto-pasara/35798

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RECOLECTURAS – Algunas luces y muchas sombras

_unamadre2Hoy en nuestra sección todo un descubrimiento, el escritor Alejandro Palomas, con su libro Una madre.

A Palomas lo conocí porque vino a presentar su último libro a la biblioteca, Un hijo, reseñado hace unas semanas en la sección Piruletras. Esto es lo bueno de las presentaciones, que nos acercan a escritores desconocidos, al menos para mí, y nos descubren todo un mundo de posibilidades. No siempre es así, evidentemente, también nos la cuelan, pero yo soy muy respetuosa y de los “fraudes no hablo.

Pues a lo que iba. En Alejandro he descubierto un gran escritor, esa persona que te toca con lo que escribe, porque sabe de lo que habla. Como él mismo dijo en la presentación, lo que escribe es él, si nos gustan sus libros nos va a gustar él, y si no nos gustan, probablemente tampoco nos guste él. Pues yo tengo que decirte Alejandro que me gustas, porque me gustan tus libros (de momento sólo he leído Un hijo y el que hoy nos ocupa), y  me encantan tus personajes, creados con una gran ternura, mucha lucidez y con humor, mucho humor.

Después de esta “declaración de amor” al escritor, voy a hablaros un poco del libro ¿no?.

Mamá es parte de mí, de lo que me gusta y no me gusta tener conmigo. Es muchas cosas, a veces demasiadas

En Una madre tenemos una familia: Silvia la mayor, lady bayeta para algunos por su obsesión por la limpieza, una olla a presión, siempre a punto de estallar, acerada. Vive volcada en el trabajo y es el sostén de la familia desde que sus padres se divorciaron, tres años atrás desde que ocurre la acción principal. Emma, la mediana, más sosegada, experta en soltar bombas con pasmosa tranquilidad cuando no toca, una mujer empeñada en querer a toda costa y que lo hace mal porque elige desde el empeño. Fer, el benjamín de la familia, narrador de esta historia, y que vive hacia dentro, “Me hice un búnker contra el exterior“, para que la vida no le duela, y a la que su hermana Emma le dice en numerosas ocasiones: “No se puede encontrar la paz evitando la vida, Leonard” (emulando a Nicole Kidman en su papel de Virginia Woolf en la película “Las horas”). También está el tío Eduardo, guapo, apuesto, impecablemente vestido. Le encanta hablar y no deja intervenir a nadie, sobre todo, porque no escucha. La abuela Ester (la madre de Amalia), ausente físicamente desde su muerte, pero muy presente en la vida de sus seres queridos y que siempre tenía una frase sabia para cada momento, frases con que el autor va salpicando la narración. El padre, el personaje más ruin de la novela, que aunque ya no forma parte de la familia, sobrevuela como una sombra por los personajes del libro. Olga, “don correcto”, la novia de Emma, Ingrid, la amiga “ayurvédica” de Amalia, que la ánima y da réplica en sus desvaríos, y con la que mantiene largas conversaciones telefónicasy por supuesto Max y Shirley, los perros de Fer y Amalia.

He querido dejar para el último lugar a Amalia, LA MADRE. Amalia es toda ternura, ha tenido que empezar a inventarse de nuevo con 65 años, después del divorcio, y lo ha hecho de manera admirable, “Mamá crece, y yo me aparto“. Es una mujer torpe, con una discapacidad visual del 64% que genera múltiples situaciones cómicas, ya que siempre está tirando o a punto de tirar cosas. Especialista en sortear las conversaciones que no le interesan, según Fer, sabe hablar en perpendicular, y con unas ocurrencias que deja con la boca abierta a más de uno, y que desata la carcajada, surrealismo casero como diría el susodicho. Con una sonrisa ancha, escandalosa. Maneja muy bien el ruido y lo cotidiano, pero lleva mal los silencios. Pero Amalia es mucho más que eso, es el sostén de la familia, es la gallina que cubre con sus alas a sus polluelos, es la persona que prefiere dolerse a dañar, siempre con afán conciliador. “Por qué en esta familia cuesta tanto hablar de las cosas que importan“. El autor ha elegido sabiamente el título del libro porque el libro es ELLA, aunque sea una novela coral o de personajes, la figura de la madre destaca por encima de las demás. A Amalia se la quiere por lo que es y por cómo es, es uno de los personajes más tierno, encantadores e hilarantes con los que me he encontrado, quizás, porque salvando las distancias, en muchos aspectos me recuerda a mi madre, y sé que a partir de ahora me acompañará en mi viaje.

La acción principal se desarrolla en la casa de Amalia, donde todos se reúnen para celebrar la Nochevieja. A la cita concurren con sus mochilas a cuestas, porque todos son cara A y cara B. La cara A, por decirlo de algún modo “la buena”, y la cara B, la no tan buena, la que la vida les ha ido diseñando a base de golpes. A través de flashbacks vamos descubriendo lo que cada uno lleva en su mochila y ha determinado su cara B, y vemos, como poco a poco, se va aligerando la carga o al menos aprenden a llevarla consigo. Porque como decía la abuela Ester “Todos hemos sido algo que muchas veces explica lo que somos ahora“, y a pesar de las circunstancias, si hay una cosa que sabe hacer bien esta familia es, “Reírse de las cosas cuando los tintes dramáticos rozan lo catastrófico”.

Este libro es mucho libro, e intenso muy intenso, podría estar hablando horas y horas pero no me gustan que las entradas se alarguen demasiado, así que si os habéis quedado con ganas de más y de conocer un poquito más al escritor, aquí os dejo con una entrevista que le hicieron sobre el libro. Por cierto,  ya va por la 7ª edición. ¡Enhorabuena Alejandro!

http://www.llegirencasdincendi.es/2014/10/entrevista-con-alejandro-palomas-autor-de-una-madre/

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

Aprovechando que el domingo se celebra el día de la madre vamos a recomendar una película que aborda distintas historias en el que la maternidad y la relación madre e hija juegan un papel fundamental.
Karen (Annette Bening) es una mujer madura que siendo adolescente y presionada por su madre da a su hija en adopción (Naomi Watts). Mientras tanto, Lucy, una mujer negra (Kerry Washington), quiere adoptar a un niño. Treinta y cinco años después, Karen sigue lamentando la pérdida de su hija, pero encuentra a un hombre que está dispuesto a darle una familia y a aportar un poco de alegría a su vida. Elizabeth, su hija, es ya una mujer adulta que tiene que resolver sus propios problemas. Conforme avanza la trama las historias y personajes se van entrelazando creando un final sorprendente e inesperado.(Fuente Filmaffinity) Sigue leyendo

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