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RECOLECTURAS – El vendedor de tabaco

Hoy en nuestra sección, una de nuestras novedades de este año que comienza, El vendedor de tabaco de Robert Seethaler.

Sinopsis: En agosto de 1937, el joven Franz Huchel abandona las idílicas montañas de Austria por las bulliciosas calles de Viena y el estanco de Otto Tresniek, un hombre benévolo pero algo mordaz. En el quiosco de Tresniek, donde se encuentran las clases populares y la burguesía judía de la Viena de los años treinta, Franz Huchel empezará su aprendizaje vital. Si bien la lectura asidua de la prensa y los rumores sobre el ascenso del nacionalsocialismo lo educan políticamente, su conocimiento de la vida sigue siendo insuficiente. Por eso, sin saber a quién pedir consejo sobre Anezka, la joven de la que está enamorado, Franz buscará el asesoramiento del «doctor de los locos», el mismísimo Sigmund Freud, cliente del estanco y gran fumador de puros, que vive a dos calles del puesto. Aunque viejo y cansado, el profesor cederá ante el tenaz interés mostrado por este jovial y curioso chico de pueblo. Pero los tiempos son inciertos y, en marzo de 1938, el Anschluss pondrá fin de forma brutal al aprendizaje de Franz y a su relación con el prestigioso doctor. Otto Tresniek, poco dispuesto a boicotear a su clientela judía, se convierte en la diana de la Gestapo. El humor vienés que desprenden Otto Tresniek y Sigmund Freud es la respuesta a la desesperación de una sociedad desorientada.

Estamos ante una novela, como tantas otras, en la que se describe la barbarie y sinrazón del nazismo. Franz es un joven que tiene que marchar de su pueblo para buscarse la vida, después de que el protector de su madre muera ahogado y se queden sin apenas recursos para subsistir. Su destino es Viena, la capital, donde  lo acoge un amigo de su madre.  La marcha a Viena supondrá un cambio trascendental en la vida de este joven aprendiz de estanquero, que tendrá que aprender a valerse por sí mismo lejos de la protección de su progenitora, a la que está muy unido. Así que podemos decir que estamos también ante una novela de iniciación: iniciación a la vida, al arte de un oficio, a la independencia, e iniciación al amor, esto último le traerá muchos quebraderos de cabeza, porque se enfrenta por primera vez a un enamoramiento apasionado y no del todo correspondido, al menos con el tipo de correspondencia que él espera. La situación personal de su amada es también muy difícil. Son tiempos convulsos y nada propicios para el amor. El contacto con Freud, al que acude para que le ayude a poner orden a su desasosiego, forjará una amistad entre ambos. El doctor le aconseja que anote los sueños como terapia. Estos sueños, transcritos a papel, terminarán colocados en la fachada del estanco para sorpresa de los viandantes, que se acercan con curiosidad a leerlos. Los tiempos que le toca vivir y el amor frustrado, terminan por forjar al hombre valiente en el que se convierte, plantándole cara a la misma Gestapo con terribles consecuencias. Una novela más que indaga en el horror de los tiempos previos a la Segunda Guerra Mundial y el auge del nazismo, argumento que da para mucho porque se sigue apostando por él, como vemos en esta novela.

Robert Seethaler (Viena, 1966), es un aclamado novelista, actor y guionista de cine, teatro y televisión. Obtuvo el Premio Buddenbrookhaus por su primera novela y con El vendedor de tabaco consiguió un enorme reconocimiento por parte de críticos y lectores. Toda una vida fue nominado al libro del año 2014 por los libreros alemanes y el semanario Der Spiegel. Recibió el Premio Grimmelshaussen 2015 y fue finalista del Man Booker Internacional 2016 y del International Dublín Literary Award 2017.

En El vendedor de tabaco, Robert Seethaler confirma su enorme talento como escritor, capaz de emocionar con la sobriedad y la belleza de su prosa.

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RECOLECTURAS – La familia Karnowsky

Hoy en nuestra sección un libro espectacular, La familia Karnowsky de Israel Yehoshua Singer.

Los Karnowsky de la Gran Polonia eran conocidos como hombres obstinados y polemistas, aunque también estudiosos y cultivados, sin duda unas mentes de hierro.

En su despejada frente de estudiosos y en los ojos negros como el carbón, hundidos e inquietos, llevaban inscrito su genio. La obstinación y el espíritu polemista se reflejaban en sus apéndices nasales: unas narices poderosas, de gran tamaño, que sobresalían como un asomo de burla e insolencia de su enjuto y huesudo semblante, como queriendo advertir: «Cuidado, no tocar». A causa de esa obstinación, ninguno de los Karnowsky llegó a convertirse en rabino, aunque podían haberlo logrado con facilidad.

Así de esta manera tan fascinante comienza esta novela, imposible no querer leer más después de este comienzo, al que no desmerece el resto del libro a lo largo de sus 547 páginas.

A través de tres generaciones de una familia judía, los Karnowsky, Singer nos ofrece un fresco extraordinario de la primera mitad del siglo XX.

La novela está divida en tres partes, una por cada miembro varón (abuelo, hijo y nieto). En la primera vamos a conocer a David, el patriarca, que en los albores del siglo abandona el shtetl polaco donde nació (Melnitz) para instalarse en Berlín (ciudad hacia la que sentía inclinación por ser la de su maestro, el sabio Moses Mendelshon). En unos pocos años, David Karnowsky alcanza considerables logros en la capital: aprende a hablar un alemán correcto, prospera en el negocio de la madera y se convierte en un importante empresario del sector, y en sus ratos libres, con la única ayuda de manuales, completa los estudios de bachillerato, algo que aspiraba desde su juventud y nunca había podido realizar. Finalmente, gracias a sus conocimientos de la Torá y a su erudicción, se relaciona con los más influyentes miembros de la nueva sinagoga a la que asiste.

En Berlín nace Georg. David Karnowsky, fiel a los principios aprendidos de sus maestros, puso gran empeño en conseguir que su hijo único creciera siendo judío en casa y un hombre más en la calle. Los vecinos no judíos, por su parte, no veían al pequeño Georg como uno más, sino como un judío. Pronto empieza a darse cuenta, en el patio de vecinos donde viven, que los demás niños le tratan diferente por este motivo. Después de una adolescencia y juventud “rebelde”, Georg, que en un principio decide estudiar filosofía, termina convirtiéndose en médico, la profesión que su padre quería, pero no por consejo de su progenitor, sino por amor, el que siente por Elsa Landau, hija del doctor Landau, y estudiante de medicina. Esta carrera le dará prosperidad y un nombre, comienza a trabajar en la clínica de maternidad del profesor Halevy, clínica de que la que se hace cargo cuando el doctor se jubila, y donde conoce a Teresa Holbeck, joven gentil (término usado por los judíos para referirse a los pueblos e individuos no judíos) y aria, con la que terminará casándose.

Georg y Teresa tendrán un hijo, Joachim Georg, al que llaman Yegor. El pequeño Yegor, un niño que desde siempre tiene problemas de salud: no se desarrolla bien, es pequeño para su edad y enferma constantemente; desde siempre tira hacia la parte alemana de su familia, siente fascinación por su tío materno Hugo,  fascinación que hace que cada vez odie más a su padre, al que culpa de todos sus males y de su parte judía, y se obsesione con su madre. Las humillaciones que sufre Yegor en su instituto por parte de su profesor (al que exhibe en público para enseñar las diferencias físicas entre un judío y un «ario»), el odio creciente hacia los judíos desde que se instala en Alemania el «Nuevo Orden», y sobre todo, los estragos que están produciendo en su hijo, en cuya alma se había alojado el sentimiento de inferioridad y el odio a sí mismo, hace que el doctor Karnowsky decida ir por un visado para dejar el país que tanto le dio, y poner rumbo a Estados Unidos.

En su tierra de adopción se ven abocados a empezar de cero: nuevo idioma, intentar buscarse la vida (allí no le reconocen el título de médico), pasan del estatus elevado que tenían en su país natal, a la humillación de tener que pedir trabajo como buhonero a Salomon Burak (judío comerciante al que despreciaron cuando vivían en Alemania). No obstante, desde que los judíos son judíos, la chusma ha quemado sus libros, les ha obligado a llevar un parche de tela en la ropa, les ha expulsado de sus comunidades y ha torturado a sus estudiosos de la Torá (pues odiaba sus enseñanzas y su sabiduría); por lo tanto es un pueblo que está acostumbrado a sobrevivir y a reinventarse. Yegor, sin embargo, no se adapta al nuevo país, sólo siente desprecio hacia la ciudad de Nueva York y, como siempre que algo lo amarga, él refuerza esa amargura y la cultiva en su interior, a fin de que crezca cada vez más, para irritación propia y del resto. Esa amargura le llevará a un desenlace fatídico, que no por esperado, es menos doloroso.

Esto es a grandes rasgos el argumento del libro, en el que el autor, con gran maestría, se sirve de esta saga familiar para hablarnos del mundo judío (su mundo), y las diferencias existentes entre judíos alemanes y judíos procedentes de otras partes de Europa, con el consiguiente desprecio que sienten unos por otros. También nos habla de la barbarie nazi y de cómo se gestó, siempre de una manera sutil, sabes que está ahí,  pero no la hace protagonista, jamás la menciona, sino que alude a ella con palabras como Nuevo Orden, soldados de botas altas,  y hombre colérico con botas, bramando con la boca abierta bajo el oscuro bigote (sabéis de quién habla, ¿no?).

Una gran novela para comprender un poco mejor a este pueblo y los odios provocados por el nazismo. Para ver cómo la locura de esos histéricos ofendidos, en parte por complejo de superioridad, y en parte por manía persecutoria, hace que se transformen en alimañas; y de como las promesas de felicidad, victoria y tiempos de abundancia que prometen los hombres de las botas alta, en cuanto se libren de los estafadores y traidores que robaron al país, vaciaron los bancos y quitaron las casas a sus propietarios (véase judíos), cala no sólo en la pequeña burguesía de las aldeas y los campesinos, sino también en multitud de obreros y una amplia ciudadanía, que participan de esta locura colectiva que, como desgraciadamente sabemos, desencadenó la Segunda Guerra Mundial y el genocidio judío.

Israel Joshua Singer (1893, Bilgoraj, Polonia – 1944, Nueva York)hermano del Premio Nobel de Literatura, Isaac Bashevis Singer, empezó a escribir a los 18 años. Sus primeros escritos aparecieron en 1916 en la prensa europea en yiddish. En 1921 empezó a trabajar como corresponsal para el destacado diario norteamericano Forverts, y en 1927 publicó su primera novela, Shtol yn Ayzn. En 1934 emigró a Estados Unidos, donde publicó entre otras, Los hermanos Ashkenazi (1937), y La familia Karnowsky (1943).
Para saber más:

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RECOLECTURAS – La liebre con ojos de ámbar


Hoy vamos a viajar por Europa y Japón desde finales del siglo XIX y durante el siglo XX, de la mano de unas miniaturas japonesas, los netsuke. Pero… ¿Qué son los netsuke? Los netsuke son esculturas en miniatura cuyo origen se remonta al Japón del siglo XVI. Aparecieron para satisfacer una necesidad práctica -como pasadores para sujetar el injo, la caja plana donde se llevaban implementos de la vida cotidiana, a la faja del kimono -, y al comienzo eran de bambú o de madera, pero durante el siglo XVIII su elaboración con materiales diversos, como el marfil, evolucionó hasta hacerse exquisita en manos de ciertos maestros artesanos, cada uno de los cuales les imprimía su sello particular.  La liebre con ojos de ámbar es uno de estos netsuke, de ahí el título del libro.

Con la excusa de seguir los pasos a estas pequeñas piezas de coleccionista, el autor, Edmund de Waal, hace un recorrido por la historia de su familia, los Ephrussi, desde su lugar de origen, en Odessa, hasta Tokio.

La historia comienza en la ciudad nipona, donde Edmund viaja con una beca de una fundación japonesa para perfeccionar su profesión (en este caso, ceramista) y contribuir a los contactos con Inglaterra. En Tokio vive su tío abuelo Iggie, al que visita con frecuencia, y que es el último portador de los netsuke (264 en total). A la muerte de Iggie, Edmund será el nuevo propietario de la colección y con él viajarán de nuevo a Londres. Este es el origen del libro que hoy reseñamos: «Poseer estos netsuke, significa que me han hecho responsable de ellos y de aquellos a quiénes pertenecieron […]. Sé que en la década de 1870 un primo de mi bisabuelo, Charles Ephrussi, compró los netsuke en París. Sé que se los regaló a mi bisabuelo Viktor von Ephrussi para su boda en Viena, hacia finales de siglo. Conozco muy bien la historia de Anna, la criada de mi bisabuela. Y sé que los netsuke llegaron a Tokio con Iggie y fueron parte de su vida con Jiro». «No quiero hacer un relato nostálgico de mi familia, judía y pasmosamente rica. No quiero un puñado de anécdotas bien cosidas. Una más sobre el Orient Express o la Belle Époque […]. Quiero saber qué relación hay entre el objeto de madera que ahora hago rodar entre los dedos y los sitios donde ha estado. Quiero entrar en todas las habitaciones donde este objeto haya vivido, sentir el volumen del espacio, saber qué cuadros había en las paredes, cómo caía la luz en las ventanas. Y quiero saber en manos de quiénes estuvo, y qué pensaron de él si es que pensaron algo. Quiero saber qué ha presenciado».

París – Viena – Tokio – Londres,

estos son los destinos de los netsuke, por donde vamos a viajar de la mano de Edmund de Wall. ¿Me acompañas?

Aunque Edmund no quiera escribir una historia de la familia y se quiera centrar en los netsuke, el hecho es que estamos ante una biografía sobre la famila Ephrussi. Naturales de Odessa (actualmente ciudad ucraniana), los Ephrussi gestaron su fortuna con el grano, del que se convirtieron en el primer productor a nivel mundial, de ahí pasaron a las finanzas, la banca, y sus vástagos se fueron extendiendo por las principales ciudades europeas del siglo XIX: París, Viena.

Primera parada:  París. Charles, amante del arte, en París lo conocen como el esteta, empieza a coleccionar junto a su amante Louise estas pequeñas figuritas tan de moda en aquellos tiempos: «Todo el mundo tenía que hacerse con algo de aquellas japonaiseries».  El japonisme se ha convertido en una especie de religión y ellos son japonistes: coleccionistas pioneros. Además de su gusto por lo japonés, Charles crea una de las más grandes colecciones de los impresionistas, es mecenas y amigo de Renoir y Degas. También es muy amigo de Marcel Proust, y su personaje principal en su magna obra: En busca del tiempo perdido, Swann, está inspirado en su mayor parte en él. Su relación con el mundo del arte hace que lo nombren director de La Gazette. Poco a poco, Charles va dejando su pasión por lo japonés en pos del estilo imperio, más francés, por lo que decide regalarle a su primo hermano Viktor su colección de netsuke como regalo de boda.

Segunda parada: Viena. Los netsuke se instalan en el Palacio Ephrussi a finales del siglo XIX (en la actualidad la sede central de Casinos Austria). En concreto se instalan en el vestidor de Emmy, por donde los niños de la familia pasan con frecuencia y juegan con ellos. Es época de esplendor, cuando se crea el Anillo vienés y la familia crece al unísono que crece la ciudad, pero en este periodo también vamos a asistir a la caída de los Habsburgo, tras el final de la Primera Guerra Mundial y al auge del antisemitismo, que llega a su culmen con la llegada de Hitler al poder y la creación del Tercer Reich. Tras el Anschluss (anexión de Austria a la Alemania nazi en 1938), vemos como los Ephrussi son despojados de todas sus posesiones y fortuna, y finalmente tienen que emigrar si no quieren terminar en un campo de concentración.

Tercera parada: Londres. En diciembre de 1945, tras la muerte de Viktor en el exilio, Anna, la sirvienta de la familia, le entrega a su hija Elizabeth las 264 figuritas que logró rescatar del expolio. Es prácticamente lo único que quedó de la familia, gracias a que Anna los iba sacando poco a poco de vestidor, escondidos en el bolsillo del delantal, para posteriormente guardarlos en el colchón. Este quizás fue el destino menos glamouroso de los netsuke, que estaban acostumbrados a vivir en espectaculares vitrinas de terciopelo verde, pero gracias a ello lograron seguir en manos de la familia. Elizabeth, que había regresado a Viena tras la Segunda Guerra Mundial para intentar recuperar los bienes familiares, vuelve a Londres con esta maravillosa colección.

Cuarta parada: Tokio. Cuando Iggie, hermano de Elizabeth, se reúne con ella en Londres, deciden que el mejor lugar para los netsuke es su lugar de origen, Japón, donde Iggie, perteneciente al ejército norteamericano, está destinado para contribuir a la reparación del país tras la Segunda Guerra Mundial: «Los netsuke están en el centro de la casa, en el centro de la vida de Iggie […]. No sólo han vuelto a su país; están de nuevo expuestos en un salón». Con Iggie permanecerán hasta su muerte: «De la casa de Charles y Louise en París, la vitrina de la radiante habitación amarilla llena de cuadros impresionistas, al vestidor de Viena donde Emmy y sus hijos entretejían ropa e historias, infancia e ilusionismo, y luego a ese extraño descanso en la cama de Anna, para terminar en su país de origen, en Tokio».

Hasta aquí hemos disfrutado de un maravilloso viaje: un viaje lleno de arte, de aventuras, de amor y traición, de odios y vilezas. Hemos asistido de nuevo al horror nazi, al desprecio y envidias que despierta el pueblo judío, así como su aniquilación, a pesar de ser judíos asimilados; pero también hemos conocido el esplendor y derrumbe de ciudades maravillosas como Viena, y nos hemos adentrado en la cultura y vida japonesa desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 1994. Una monumental y sorprendente obra que no deja indiferente a nadie.

Ahora los netsuke descansan en Londres. ¿Seguirán mucho tiempo allí? ¿Será Londres su último destino, o solo una parada más en su vagabundeo? Porque como bien dice Edmund:

«Los netsuke son pequeños y duros. Difíciles de astillar: difíciles de romper: están hechos para andar por el mundo a golpes».

 

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RECOLECTURAS – Regreso a Berlín

-Eric, ¿lo has sentido esta vez? Digo, el Berliner Luft -pregunté.

-Sí -respondió. Es como una historia de amor que creías terminada para siempre y, de repente, años después sigue allí, algo que te duele, te conmueve y te agita de nuevo.

Estamos en julio de 1956 a bordo de un barco camino de Europa. Entre los pasajeros se encuentran un matrimonio británico, los Devon, y una periodista norteamericana, narradora de la novela, que decide ir al viejo continente a pasar sus vacaciones de verano. Así comienza esta fascinante historia en la que nada es lo que parece y, en la que poco a poco, iremos conociendo el amargo pasado de Eric Devon, una naturalizado inglés, que huye de la Alemania nazi y deja atrás su identidad alemana. La buena sintonía que surge entre los tres, hace que el matrimonio decida acompañar a la joven periodista en su visita a Berlín. Para Eric no será fácil, es el reencuentro con los viejos fantasmas.

Lo que Eric encuentra a su regreso a Berlín,  es una ciudad en la que aún son evidentes los desastres de la guerra, pero que intenta resurgir de sus cenizas, muchos le llaman a este periodo, 11 años después del final de la guerra “el milagro alemán”. También se encuentra con una ciudad dividida: “Todo el mundo lamenta el hecho de que Alemania esté dividida en oriental y en occidental. Hay otra división más profunda que no ve ningún forastero. Me refiero al abismo que divide a los alemanes que se quedaron aquí mientras todo ocurría y los que se marcharon. La distancia entre ellos es tan grande que a veces dudo que pueda salvarse“. Esto es quizás el hecho que más le afecta, el ver lo equivocado que estaba. Se reencuentra con familiares, como la tía Rosie, a la que consideraba una traidora por no haber salvado a su padre,  y su “hermana” Käthe, para descubrir que no se puede juzgar desde la distancia, que las cosas no son como él creía, que es muy difícil ser anti-nazi en la Alemania de Hitler. También descubre con horror como aún hay alemanes que siguen defendiendo lo ocurrido, y lo único que lamentan es no haber ganado la guerra: “El nombre está muerto y enterrado, lo que viene a ser la etiqueta. Nadie sería lo bastante imbécil como para revivir a los nazis en cuanto a partido o fuerza política. Sin embargo, hay millones de personas en Alemania hoy en día que no pueden decirlo abiertamente, aunque en lo más profundo de su corazón recuerdan la época nazi como el periodo más fantástico. Sólo sienten haber perdido la guerra, no haberla empezado“, para esta gente los campos de concentración son propaganda de los aliados.

La novela es sumamente interesante porque intuimos cómo se llegó a ese estado de locura: “Hitler consiguió que los alemanes odiasen y una vez que odiaron ya todo fue posible. La guerra. El asesinato de los judíos. Todo“. “Hay algo en el alma alemana, una pulsión profundamente masoquista y nihilista hacia la autodestrucción. Por eso hubo millones de personas que se lanzaron tras Hitler a la guerra y a la muerte“. Porque nos da la visión de lo ocurrido desde distintos puntos de vista: los exiliados, los anti-nazis, los nazis, las nuevas generaciones: para las nuevas generaciones Hitler estaba loco, cuando van al cine y les ponen una película antigua en la que sale Hitler, se ríen de él, y porque acompañamos al protagonista en la trayectoria de exiliado, naturalizado, un mischling, paria bajo el régimen de Hitler, a su regreso a una ciudad, su ciudad, que llevaba años sepultada bajo la apariencia de hombre inglés, incluso había dejado de hablar en su lengua materna. Vemos la transformación de Eric Devon en Erich Dalburg, el regreso de un exiliado para quedarse, de un alemán judío (según las leyes de Nuremberg), aunque tengas pasaporte extranjero sigues siendo alemán vayas a donde vayas, no por tener pasaporte chino eres oriental.

Una magnífica historia entre el «año cero» (recordemos la famosa película de Rossellini Alemania, año cero) y el llamado «milagro económico». Una inédita y refrescante visión del Berlín de finales de los años cincuenta. Tan poderosa y seductora que transforma nuestra propia perspectiva de esa parte de la historia, entre los escombros y la reconstrucción, con sus alegrías y su oportunismo, con sus miserias y sus remordimientos. Y lo hace de un modo muy refrescante y más allá de cualquier cliché.

Tiene potencia narrativa, misterio, el perfecto análisis de los personajes, las disquisiciones morales, y también la sutileza y la inteligencia femeninas de Verna B. Carleton (1914-1967), uno de los grandes nombres secretos de la literatura de su época. De madre inglesa y padre de ascendencia alemana, esta estadounidense fue amiga íntima de la fotógrafa Gisele Freund, a quien acompañó a Alemania en 1957. Regreso a Berlín, se inspira en ese viaje.

Para saber más, os invito que leáis este fantástico artículo sobre el libro:

https://elpais.com/cultura/2017/04/17/babelia/1492441514_079104.html

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RECOLECTURAS – Tú no eres como otras madres

madre

Tú no eres como otras madres, 

no tienes las manos frías,

ni canoso el cabello,

y no me envuelves en 

grávidos cuidados“.

(Primera estrofa de un poema de Peter Schwiefert a su madre).

Si hace un par de semanas hablamos de los horrores del stalinismo, hoy nos toca hablar de los horrores del nazismo.

En Tú no eres como otras madres, Angelika Schrobsdorff hace un repaso a la vida de su madre: “Cuando trato de describirla para mí o para otros, vuelvo una y otra vez sobre la palabra “autenticidad”. Else era tan auténtica y elemental como sólo puede serlo una criatura de la naturaleza. Y al mismo tiempo tenía un intelecto agudo, un pensamiento mucho más ágil, rápido e independiente que las mujeres de su época. Era distinta, no sólo por ser judía y ejercer por ello cierto encanto exótico sobre sus conciudadanos alemanes, sino por ser autónoma y estar muy adelantada a su generación“.

Desde muy joven, esta joven berlinesa intenta alejarse de su origen y arrimarse al mundo cristiano que le fascina. De hecho, en lo referente a sus parejas lo consigue: alemanes “arios”. Con los tres tiene un hijo, fiel a la promesa que se hizo de joven: vivir la vida con intensidad y tener un hijo con cada hombre que ame. La autora del libro es la tercera hija de Else, fruto de su matrimonio  con Elrich.

Else destaca por su gran vitalidad, así la describe su último marido: “Su vitalidad desbordante lo fascinaba y aterraba en la misma medida. Su pasión y su ternura, sus razonamientos y sus observaciones, su manera de reír, de moverse, de alegrarse…todo era tan auténtico, tan original, tan vivaz. Era un volcán, siempre a punto de estallar. Sus pensamientos y sentimientos parecían encontrarse en continua ebullición y despedir un calor que a la larga resultaría insoportable“.

Se había dedicado más a vivir que a pensar. ¿Qué había qué hacer? ¿Blindarse contra la vida en vez de disfrutarla? Definitivamente, no. Tenía claro que ella iba a vivir intensamente y así lo hace durante los felices años 20, junto a la culta bohemia berlinesa, llegando incluso a compartir casa con los amantes del matrimonio, un cuarteto muy bien avenido: “Else se lanzó a los dorados años veinte, ya atacados por la herrumbre. Y se lo llevó todo: la cultura y el vicio. La corta y eruptiva época de esplendor, transformaba a la ciudad tanto en una metrópoli del arte y del intelecto, como en una Sodoma y Gomorra“.

Pero de repente, toco cambia. Ante la incredulidad de sus amigos y de ella misma, ven como Hitler, “ese hortera criminal del flequillo”, va adquiriendo poder y como se empiezan a promulgar ridículas leyes  contra los judíos. “¿Acaso creéis de verdad que el pueblo entero, la Alemania intelectual que amamos con razón, de repente ha cerrado filas en torno a un criminal demente?“. Lamentablemente sí y, aunque Else trate de resistir, más tarde que pronto se ve obligada a emigrar a Bulgaria, donde tendrá que reinventarse y conocerá las penurias: “Ahora Else había perdido pie por completo y tenía la sensación de estar en alta mar. El asco y el vértigo se alternaban con la resignación y la indiferencia. Berlín comenzaba a repugnarla. Agonizaba bajo el brazo estrangulador de los nazis, y nacía un nuevo Berlín, teutónico, lleno de banderas y desfiles, de uniformes e indumentaria ranciamente germánica, de dramas de Schiller y alaridos wagnerianos, de brazos en alto y tacones chocados. No, ese Berlín ya no era el suyo. Quería marcharse de esa ciudad en la que había nacido, se había criado, en la que había conocido la vida, el amor y la felicidad, y que ahora se transformaba en una tierra extraña y hostil“.

Bulgaria es como una segunda etapa en su vida. Alejada de la lengua, cultura y educación alemana que tanto ama. Se vuelve más reflexiva, introspectiva y calmada, apenas una sombra de lo que fue.

Tendrá que reinventarse, aprender a sobrevivir, lejos de las comodidades que conocía. Sin embargo, Sofía no le garantiza la seguridad, no hay que olvidar que el ejército nazi invade Bulgaria durante la Segunda Guerra Mundial, comenzando de nuevo la pesadilla para Else y su familia, que se ven obligadas de nuevo a esconder su origen judío. Sin embargo la barbarie la reconcilia con sus orígenes.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Else regresa a Alemania, a una Berlín destruida por las bombas, apenas reconocible, en la que la mayoría de sus parientes y amigos ya no se encuentran, bien porque abandonaron Alemania antes del horror, bien porque fueron enviados a campos de concentración, como su madre, que muere en el campo de concentración de Theresienstadt, cerca de Praga.

Tras el diagnóstico de una grave enfermedad, su único refugio son sus dos hijas, tras la muerte de su hijo mayor, Peter, en el frente francés.

NUNCA ABURRIDA. NUNCA BANAL. NUNCA CONVENCIONAL

Una vida intensísima, digna de una gran novela y, como siempre aquí, en tu biblioteca.

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CINEMA PARADISO – En memoria de las víctimas del Holocausto

Claude Lanzmann ShoahEl pasado lunes, día 27, se celebraba el “Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto“. La ONU eligió esa fecha porque un 27 de enero  de 1945 tuvo lugar la liberación del campo de concentración de Auschwitz.

 A nivel institucional el Senado, y algunos ayuntamientos, recordaron con actos especiales a las víctimas judías y de otras religiones asesinadas por los nazis.

La biblioteca con sus medios no puede ser menos. Por lo que os presentamos SHOAH, el que para muchos cinéfilos es el mejor documental que se ha hecho sobre la historia contemporánea y que tenemos la suerte de contar entre nuestros fondos.

El francés Claude Lanzmann dirige un impresionante documental de 9 horas y media sobre el Holocausto sin usar imágenes de archivo ni recreaciones de ficción, tan sólo con la narración minuciosa de las experiencias de las víctimas y los testigos. Unas palabras que obligan al espectador a realizar un ejercicio de insoportable imaginación sobre el dolor, el espanto y la degradación humana ocurrida en los campos de exterminio. Unas palabras con el fin último de la reflexión y de que jamás caiga en el olvido. Es “Shoah“, un imprescindible y sobrecogedor documento histórico que traspasa el valor de mero documental.

Como curiosidad comentaros que los testimonios se recogieron en los siguientes idiomas: inglés, francés, alemán, italiano,yiddish, hebreo y polaco por lo que el montaje resultó ser bastante complejo. La versión española no se editó doblada, sino subtitulada. (Fuentes: filmaffinity y wikipedia). Sigue leyendo

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

Hoy en nuestra sección, continuamos con recomendaciones de la “Mesa temática enseñanza” con una bellísima película, Adiós Muchachos, de Louis Malle.

Francia, durante la ocupación nazi. En un internado católico estudia Julien, un niño a punto de entrar en la pubertad. Empezado el curso aparece Bonnet, un nuevo estudiante que tiene algo misterioso en su persona. A través de juegos, peleas y el descubrimiento de intereses comunes, la amistad entre ambos irá creciendo y haciéndose más cercana, sobre todo cuando Julien descubre lo que le diferencia de Bonnet: él es ario, su amigo es judío. Basada en los recuerdos personales de infancia del director, Louis Malle, esta película estuvo nominada al oscar al mejor guión original y a la mejor película de habla no inglesa.

Parte de la música de la película es de Schubert y es tocada al piano por los dos protagonistas. Puedes encontrar varios CD´s de este compositor en la biblioteca, como “ Piano Sonatas” (CD 539). Sigue leyendo

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