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CINEMA PARADISO – La clase


Recientemente ha empezado un nuevo curso escolar y desde la biblioteca hemos querido rendir un homenaje a la educación y especialmente a los educadores,  y lo hemos querido hacer con una nueva mesa temática sobre “la educación en la literatura y en el cine”, ofreciendo una selección de libros y películas que tienen la educación como tema. Y por tanto, esta semana voy a reseñar una película que me parece que encaja muy bien con este asunto y que me llamó mucho la atención cuando la vi hace ya algunos años. Es de esas películas que dejan poso, que te hacen pensar cuando terminas de verla.

Se trata de “La Clase”, una magnífica película sobre el mundo de la educación escolar, galardonada con la Palma de Oro de Cannes en el año 2008. Está basada en el libro de Francois Bégadeau, un profesor que recogió en él algunas de las experiencias profesionales de su vida en las aulas. El autor del libro es al mismo tiempo coguionista de la película y también actor, ya que se interpreta a sí mismo en el papel de profesor.

El tono de la cinta es bastante realista y el marco de la acción es un instituto conflictivo de París donde, debido a la  multiculturalidad vigente, conviven chicas y chicos de procedencia muy diversa, África negra, el Magreb, China… François es profesor de lengua, pero sus clases no se limitan a enseñar el uso correcto del francés, sino que son una continua conversación con los alumnos, donde éstos van a ser dirigidos por su profesor  a pensar, a razonar sus ideas y a expresar con argumentos  por qué mantienen un determinado punto de vista. La relación no es perfecta, hay alumnos que responden mejor que otros. Algunos se niegan a responder a las preguntas del profesor, ya que esto implica darse a conocer, y muchos  pueden no estar dispuestos a hacerlo, al menos de momento. Otros hacen el tonto, mantienen una actitud pasiva, se distraen… Pero ese es el reto para François, motivarles un día tras otro, tratarles con respeto para conseguir sacar lo mejor de ellos.

Se trata de un marco muy familiar para nosotros a día de hoy, el de la multiculturalidad que tan presente está en nuestros centros educativos, en nuestra vida.

El cine francés tiene una interesante tradición en abordar el tema de la educación de modo bastante sugerente.  Basta pensar en títulos como Hoy empieza todo y Ser y tener. Además, formando parte de otra tradición muy relacionada con la anterior de enseñar cine en las aulas, tiene cabida el viaje inverso, enseñar la educación en las pantallas.

Cantet, Bégaudeau y Robin Campillo han sabido articular una trama muy realista y natural. Verdaderamente se tiene la sensación de ser una especie de cámara oculta, testigo de lo que acontece en las clases, o en las reuniones de profesores.

Hay una determinación  de que todo lo que muestra la película transcurra dentro de los muros del instituto; nada veremos de lo que pasa fuera. Y esto, lejos de ocultar el resto de la vida de los personajes, sirve para mostrar mejor lo que ocurre en las clases y la influencia bidireccional que puede tener lo que pasa dentro y lo que pasa o se intuye que pasa fuera de ellas.  Se trata de una forma muy  eficaz de enseñar cómo lo del exterior repercute en el interior, como por ejemplo, la anunciada expulsión de Francia del padre de Wei, un alumno chino, o el comportamiento en casa de Souleymaine, un chico sometido a un consejo disciplinario.

No se tiene la sensación de estar ante un film consciente y aburridamente pedagógico, sino que todo parece emocionante, muy estimulante, con lugar para las sorpresas, como esa alumna que, ante el estupor de su profesor, declara haber leído “La República” de Platón en su tiempo libre, lo que además supone un homenaje a la manera de entender la pedagogía del maestro.

La película cuenta con unas interpretaciones tremendamente naturales. El director organizó un taller con los alumnos de un instituto, y logró que de los 50 asistentes iniciales, 25 siguieran comprometidos con su proyecto cuando arrancó el rodaje. Lo cierto es que el desarrollo de cada clase es atractivo, y que los chicos resultan creíbles.   Afirma Cantet que el planteamiento de muchas escenas, rodadas con tres cámaras digitales para captar al profesor, al alumno principal, y al resto de la clase, era como un partido de tenis, un intercambio de raquetazos donde cualquiera podía resultar más o menos vencedor, y tal enfoque, la verdad es que funciona muy bien. También es un acierto mostrar la fragilidad del profesor quien, a pesar de sus buenas intenciones, también puede equivocarse o encontrarse sin respuesta ante un alumno. El reto es no tirar la toalla, seguir adelante con la loable meta de formar bien a los chicos que están a su cargo, que en definitiva representan el futuro, y dependiendo de la formación que se les proporcione a esos chicos, tendremos un futuro mejor o peor.

Es una película que no podemos dejar de ver, imprescindible porque trata temas fundamentales en nuestra sociedad a día de hoy al tiempo que aborda el problema que ha surgido recientemente con el sistema educativo  y además nos hace partícipes de la comunicación de unos muchachos en su escuela, logrando que empaticemos con ellos y, advirtiéndonos que si alguien no pone fin a este descalabro, esos muchachos que ahora sólo son mentes impulsivas y descontroladas, quien sabe hasta qué punto pueden llegar.

La podéis encontrar como siempre en la biblioteca DVD PE 3204

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RECOLECTURAS – Marcella Olschki

Hoy os traigo las dos únicas novelas de Marcella Olschki que son novedad en nuestra biblioteca.

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En Una postal de 1939,  Marcella relata su época de estudiante en el Liceo Dante de Florencia, las aventuras con sus compañeros, los estudios y su primer amor, todo en el contexto del fascismo italiano de 1939 en el que la sociedad se regía por la total sumisión a Mussolini y donde reinaba el totalitarismo. El incidente de una postal enviada a un profesor conlleva difíciles consecuencias para Marcella, a la vez que se pone en evidencia el abuso de autoridad y la injusticia. Un incidente que de haber ocurrido en otro tiempo o en otro lugar, no hubiera tenido tales consecuencias, pero el destinatario de la postal es un profesor de camisa negra y mano alzada en saludo romano y Marcella es hija de padre judío.

Con su magnífica prosa, Marcella nos describe numerosos episodios vividos en el Liceo, como la celebración del 28 de octubre, cuando se conmemora la marcha sobre Roma en 1922 de Benito Mussolini dos días antes de ser nombrado Primer Ministro de Italia. Los discursos del director,  la Giovinezza en la radio del Liceo, la descripción de algunos de sus compañeros de aulas y de sus profesores (en este aspecto me ha recordado un poco al clásico italiano Corazón de Edmundo De Amicis, reseñado aquí), todo ello con una gran delicadeza y sensibilidad, atenta a los detalles psicológicos y ambientales de la época que le tocó vivir, no sin cierto toque de humor, como cuando describe a los viejos que pasan por la calle y ciertos retazos costumbristas. Una novela breve maravillosa, en la que se entreve los sentimientos e ideales de juventud de la autora.

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En Oh, América, Marcella nos narra sus peripecias en los dos años que pasó en Estados Unidos, de 1946 a 1948. Casada con un oficial norteamericano a finales de la Segunda Guerra Mundial, viaja en barco para reunirse con él junto con otras esposas de soldados yanquis; pero la realidad es muy diferente a la que esperaba, su marido no es el joven con el que se casó y prácticamente la repudia dejándola sola en un país desconocido.

Después de sufrir una depresión a raíz de este hecho, no le queda otra opción que empezar desde cero y buscarse la vida, para lo que tendrá que reinventarse. Con ayuda de algunos familiares y de italianos instalados en Nueva York, poco a poco se irá haciendo un sitio. Una de sus caseras en Park Avenue le pondrá en contacto con la alta sociedad neoyorquina, en una de sus fiestas conocerá a Greta Garbo y, al por entonces desconocido, Marlon Brandon, que estaba actuando en Broadway. Es curioso como lo describe: había un actor joven, muy tímido y guapo …, aún quedaba lejos su conversión en gran estrella de Hollywood.

Nueva York le da muchísimas experiencias excitantes, como su participación en la radio y trabajar como modista (necesita un trabajo para poder pagar a un abogado experto en leyes italianas que le consiga la anulación matrimonial). Uno de los capítulos que más me gusta es cuando conoce el jazz, múscia para ella desconocida; la descripción que hace es digna de cualquier manual.

A parte de su estancia en Nueva York, la mirada europea de esta joven italiana culta y políglota, nos  va a llevar desde los altos  rascacielos a la soleada California, de Reno a Hawái,con su mágico talento para la descripción; y coloca a  un sinfín de personajes bajo su implacable y a la vez comprensiva  lupa: locutores de radio y actores,cowboys y millonarios,  intelectuales y expatriados. Marcella siempre con la mirada puesta en su ciudad natal, decide volver a Florencia en 1948, aún cuando ya tenía hecho un sitio en su ciudad de adopción.

Estas dos novelas autobiográficas son las únicas que escribió Marcella Olschki (Florencia 1921-2001). Yo la descubrí este verano (en la biblioteca Francisco de Quevedo donde tenían Oh, América), me gustó tanto que pedí las dos para la biblioteca Cervantes. Se pueden leer de manera independiente, como hice yo, pero ya que tenemos las dos, lo suyo es seguir el orden cronológico. Me encanta el estilo de esta autora, sencillo, pero de una gran belleza; no hay que volver a leer los párrafos para entenderlos, como diría Stendhal: “Sólo un alma grande se atreve a tener un estilo simple” Abogada, diseñadora de moda y periodista, en sus dos novelas refleja con gran maestría su experiencia vital, y como siempre aquí, en tu biblioteca.

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

clase

Un año más acaba de empezar el curso escolar y con él, nuevos compañeros, nuevas emociones, nuevas amistades, nuevos contenidos, etc. Pero hay algo que no debería ser nuevo y eso es la educación. Pues bien, esta semana quiero recomendar una película que trata de eso precisamente, de la educación, de la buena educación.

Se trata de “La Clase”, una magnífica película sobre el mundo de la educación escolar, galardonada con la Palma de Oro de Cannes en el año 2008. Está basada en el libro de Francois Bégadeau, un profesor que recogió en el libro algunas de sus experiencias profesionales.

Narra con un tono bastante realista anécdotas recogidas en el libro, de hecho el propio autor del libro es al mismo tiempo coguionista y el actor que se interpreta a sí mismo, es decir, al profesor.

El marco de la acción es un instituto conflictivo de París, donde debido al multiculturalismo vigente, conviven chicas y chicos de procedencia muy diversa, África negra, el Magreb, China… François es profesor de lengua, peros sus clases no se limitan a enseñar el uso correcto del francés, sino que son una continua conversación con los alumnos, donde éstos se ven dirigidos por su profesor  a pensar, a razonar sus ideas, a expresar con argumentos  por qué mantienen un determinado punto de vista. La relación no es perfecta, hay alumnos que responden mejor que otros. Algunos se niegan a responder a las preguntas del profesor, pues esto implica darse a conocer, algo que pueden no están dispuestos a hacer, al menos de momento. Otros hacen el tonto, mantienen una actitud pasiva, se distraen… Pero ése es el reto para François, motivarles un día tras otro, tratarles con respeto para conseguir sacar lo mejor de ellos.

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Se trata de un marco muy familiar para nosotros a día de hoy, el de la multiculturalidad que tan presente está en nuestros centros educativos, en nuestra vida.

El cine francés tiene una interesante tradición en abordar el tema de la educación de modo bastante sugerente.  Basta pensar en títulos como Hoy empieza todo y Ser y tener. Además, formando parte de otra tradición muy relacionada con la anterior de enseñar cine en las aulas, tiene cabida el viaje inverso, enseñar la educación en las pantallas.

Cantet, Bégaudeau y Robin Campillo han sabido articular una trama muy realista y natural. Verdaderamente se tiene la sensación de ser una especie de cámara oculta, testigo de lo que acontece en las clases, o en las reuniones de profesores.

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Hay una determinación  de que todo lo que muestra la película transcurra dentro de los muros del instituto; nada veremos de lo que pasa fuera. Y esto, lejos de ocultar el resto de la vida de los personajes, sirve para mostrar mejor lo que ocurre en las clases y la influencia bidireccional que puede tener lo que pasa dentro y lo que pasa o se intuye que pasa fuera de ellas.  Se trata de una forma muy  eficaz de enseñar cómo lo del exterior repercute en el interior, como por ejemplo la anunciada expulsión de Francia del padre de Wei, un alumno chino, o el comportamiento en casa de Souleymaine, un chico sometido a un consejo disciplinario.

No se tiene la sensación de estar ante un film consciente y aburridamente pedagógico, sino que todo parece emocionante, muy estimulante, con lugar para las sorpresas, como esa alumna que, ante el estupor de su profesor, declara haber leído “La República” de Platón en su tiempo libre, lo que además es un homenaje a la socrática pedagogía del maestro.

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La película cuenta con unas interpretaciones tremendamente naturales, aunque Cantet niega que ello se deba a que los alumnos se interpreten a sí mismos. El director organizó un taller con los alumnos de un instituto, y logró que de los 50 asistentes iniciales 25 siguieran comprometidos con su proyecto cuando arrancó el rodaje. Lo cierto es que el desarrollo de cada clase es atractivo, y que los chicos resultan creíbles;  se abandona cualquier estereotipo tan difícil de evitar. Afirma Cantet que el planteamiento de muchas escenas, rodadas con tres cámaras digitales para captar al profesor, al alumno principal, y al resto de la clase, era como un partido de tenis, un intercambio de raquetazos donde cualquiera podía resultar más o menos vencedor, y tal enfoque funciona muy bien. También es un acierto mostrar la fragilidad del profesor, quien a pesar de sus buenas intenciones también puede equivocarse, o encontrarse sin respuesta ante un alumno. El reto, por supuesto, es no tirar la toalla, seguir adelante con la loable meta de formar bien a los chicos que están a su cargo, que en definitiva representan el futuro, y dependiendo de la formación que se les proporcione a esos chicos, tendremos un mejor o peor futuro.

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La película da en el clavo en muchos aspectos como la educación, el lenguaje, la relación entre los alumnos y el profesor. Pero además es un privilegio pues asistimos a un experimento ya que solo muestra personas y no personajes.

Es una película que no podemos dejar de ver, imprescindible a día de hoy porque no sólo intenta concienciarnos sobre el problema que ha surgido con el sistema educativo, sino que además nos hace partícipes de la comunicación de unos muchachos en su escuela, logrando que empaticemos con ellos y, advirtiéndonos que si alguien no pone fin a este descalabro, esos muchachos que ahora sólo son mentes impulsivas y descontroladas, quien sabe hasta qué punto pueden llegar.

La podéis encontrar como siempre en la biblioteca DVD PE 3204

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CINEMA PARADISO – De cine con mi biblioteca

Hoy en nuestra sección os acercamos “La clase” una película que aúna el sistema público educativo, Francia y el Festival de Cine de Cannes, tres temas que son de máxima actualidad en estos días o “trending topic”, como se diría en twitter , y que se resumen en esta película que fue ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2008.

François es un joven profesor en un instituto conflictivo, situado en un barrio marginal. Sus alumnos son adolescentes, y no duda en enfrentarse a ellos en estimulantes batallas verbales; pero el aprendizaje de la democracia puede implicar auténticos riesgos. Al comenzar el curso, los profesores, deseosos de dar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero la abismal diferencia de cultura y de actitud chocan violentamente en las aulas, que no son más que un microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos que sean a veces los alumnos, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor. La franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos. (Fuente filmaffinity). Sigue leyendo

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