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RECOLECTURAS – La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos

Ahora que empiezan las vacaciones, vamos a viajar, y lo vamos a hacer de la mano de Nelly Bly en La vuelta al mundo en 72 días y otros escritos.

Lo primero que sorprende es cómo esta adolescente pobre y con escasa formación llamada Elizabeth Cochran encontró la valentía necesaria para convertirse en una periodista llamada Nelly Bly que ayudó a cambiar el mundo escribiendo sobre él.

Nelly Bly (1864-1922) logró convertirse en la reportera más famosa de Estados Unidos haciendo suya la idea de que una escritora constituía, por definición, un cierto espectáculo. En una época en la que los periodistas apenas conseguían firmar sus artículos, el nombre de Bly aparecía en el titular de casi todos los que publicaba. Con una prosa vivaz, creó su propia marca de noticias sensacionalistas. En sus artículos se mezclaban a partes iguales, con gran éxito, autoexhibición y autoescarnio, un sentido común y un atrevimiento extraordinario.

En aquel entonces, los directores de periódicos contrataban a mujeres, sobre todo, para que escribieran sobre alta sociedad, moda, recetas y trucos para el hogar, Bly fue a México para hacer de corresponsal en el extranjero. Se hizo internar en el frenopático más famoso de Nueva York para desvelar lo que allí ocurría (su trabajo de investigación sirvió para cambiar, en cierta medida, las condiciones de maltrato e inanición que sufrían las internas). Se especializó en lo que luego se denominó «periodismo gonzo». Trabajó en una fábrica, pasó una noche para mujeres indigentes, visitó un fumadero de opio y se hizo pasar por una mujer desesperada por encontrar trabajo en un agencia de empleo corrupta. Cubrió los eventos de la convención de 1913 a favor del sufragio femenino También probó suerte con el ballet, el adiestramiento de elefantes y el boxeo (parece la precursora de nuestra Samanta Villar). En su actuación más famosa, se lanzó a dar la vuelta al mundo con dos días de preaviso, emulando a Phileas Fogg, el personaje de ficción de Julio Verne.

Aunque para infiltrarse tuvo que recurrir muchas veces a la mentira, los artículos que ofrecía a sus lectores se apoyaban siempre en el mismo pilar: su percepción particular de la gente, los lugares y las cosas. 

Este volumen incluye solo una parte de su obra publicada. Además de sus dos historias más famosas, la que destapa la realidad del sanatorio y la de su vuelta al mundo (que da título al libro) aparecidas ambas en el New York World de Joseph Pulitzer; los lectores encontrarán el primer artículo publicado por Bly, una defensa de las mujeres trabajadoras que apareció en el Pittsburg Dispatch; un artículo perteneciente a su época de corresponsal en México; dos investigaciones como infiltrada para el World («¿Las mujeres deberían tener derecho a pedir la mano?» y dos entrevistas con pioneras de la defensa de los derechos de la mujer); cuatro despachos desde el frente oriental de la Primera Guerra Mundial para el New York Evening Journal (se convirtió en una de las primeras mujeres corresponsales de guerra) y, finalmente, dos columnas de consejos, también publicadas en el Journal, escritas en la última época de la carrera de Bly.

Una mujer pionera del periodismo de investigación, aventurera y un referente feminista que logró vivir de su pasión y llevarla a cabo.

En una época en el que el papel de la mujer se limitaba al de esposa y madre; consiguió labrarse una carrera profesional siendo ella misma, lo que supuso poner del revés los supuestos más denigrantes sobre las mujeres.

Gracias a la magnífica labor de la editorial Capitán Swing, tenemos la suerte de conocer a esta valiente y transgresora mujer, a través de sus escritos.

(Fuente: Datos sacados del prólogo y de la introducción del libro)

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RECOLECTURAS – Una granja en las Green Mountains

Hoy en nuestra sección un libro de esos que te reconcilian con la naturaleza y con las cosas sencillas, Una granja en las Green Mountains, de Alicia Herdan-Zuckmayer.

«En mayo de 1939 recibimos la noticia de que nuestro visado para América estaba listo. Algunos días después recibimos la noticia de que nos habían expatriado de Alemania y Austria junto con toda nuestra familia. Empezaron las despedidas. Sentíamos la guerra inminente en los huesos, nos habíamos convertidos en exiliados, celebramos la despedida como algo definitivo. Decíamos «hasta la próxima» pero sólo teníamos un atisbo de esperanza de que hubiera una próxima vez».

Así comienzan estas memorias que se leen como una novela. La historia de los Zuckmayer es tanto la historia de una parte de la Europa del siglo XX como un retrato, en primera persona, de la vida (de la supervivencia) de una familia en medio de la naturaleza y el mundo agrícola. En pleno ascenso del nazismo, Carl Zuckmayer se había convertido en Alemania en un conocido dramaturgo y guionista; era amigo de Bertolt Brecht, Stefan Zweig, Alma Mahler, frecuentaba a Marlene Dietrich y otras estrellas de la época… Hasta que él y su familia tuvieron que huir de su país, para instalarse, después de pasar por otras ciudades europeas, en Estados Unidos.

Después de tres años en Nueva York y pasando los veranos en Vermont, quieren probar suerte como granjeros profanos: «La vida en el medio rural en sí no era una forma de vivir insólita para nosotros. […] Aun así no sospechábamos la magnitud de la aventura en la que nos adentrábamos, no teníamos idea de cómo eran los inviernos en Vermont ni sabíamos lo que significaba tener una granja sin la ayuda suficiente». Así que finalmente se instalan en la granja donde pasan los veranos, un entorno donde la nieve los aísla durante seis meses al año.

Nada será como imaginaban, empezando por los vastos paisajes con los que se encuentran, tan diferentes a los del viejo continente: «Muchos inmigrantes experimentaron todo aquello como una segunda infancia. Había que aprender de nuevo a oír, oler, palpar, saborear. Había que acostumbrarse a los grandes espacios, a la distribución de los mismos, y sólo poco a poco uno reencontraba el equilibrio en aquellas dimensiones insólitas». También es sorprendente el silencio. La idiosincrasia de los habitantes del entorno rural. La relación con los animales, tanto los domésticos como los de granja, de los que se aprenden muchas cosas (decir que en los capítulos en los que se describe el comportamiento de los animales me lo he pasado francamente bien, me he reído mucho con Gussy, por ejemplo, el pato que llevó a cabo numerosos intentos de fuga). Acaban familiarizándose con las costumbres y festividades de su país de acogida: el Día de Acción de Gracias, el Día de la Independencia, Halloween, Columbus day, Labor day… Y conocen de primera mano cómo el tiempo rige la vida en aquellos lares.

Aprenden por pura necesidad, aprenden haciendo: «Ignorar lo viejo y lo tradicional nos dio ánimos y alas para dar el salto a lo nuevo y a lo desconocido, y nos invadió el placer de ensayar y comprobar los resultados». «La consecución de estos logros, rudimentarios y repetitivos, suponía la mayor de la defensa contra la pena, la pesadumbre y la angustia existencial, más que la aplicación de todos los recursos del intelecto, la razón y el espíritu». No hay que olvidar que ellos terminan en América huyendo de la atrocidad y barbarie de la guerra que se estaba librando en el viejo continente: «La granja es a la vez un refugio literal y un refugio metafórico, donde la locura y la brutalidad de un mundo trastornado no pueden tocarnos, porque estamos lejos de todo, dependemos de nosotros mismos y estamos profundamente comprometidos con nuestras responsabilidades».

No quiero terminar la reseña sin mencionar, por la parte que a mí me toca, los tres últimos capítulos del libro donde habla sobre la biblioteca a la que ella asiste para documentarse sobre la primera Edad Media: la Darmouth College Library, ubicada en Hanover, Nuevo Hampshire. En ella, Alice encuentra su refugio. Lo que le llama poderosamente la atención es la diferencia existente entre las bibliotecas americanas y la europeas: «Hay en América, bibliotecas por todas partes; cada pequeña localidad, cada pueblo, tiene su biblioteca alojada en una pequeña casa. En la mayoría de los casos, las bibliotecas fueron creadas por donantes y su mantenimiento corre a cargo de fundaciones». Hace hincapié en el trato recibido por el personal bibliotecario: «En mi biblioteca, uno era huésped, los empleados vestían como para una reunión del té, y los anfitriones ponían todo su orgullo  en tener o facilitar los libros por los que uno se interesaba». Para ella, llegar a la Biblioteca significaba, nada menos, que aterrizar en otro planeta.

Estas memorias me han gustado mucho porque describe la vida en el campo y el trabajo ganadero y agrícola, alejado de toda mitificación. Las condiciones son muy duras; a esto se le une además, el hecho de que el matrimonio es neófito en la materia y tiene que empezar prácticamente de cero. Para ello cuenta con la inestimable ayuda del USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos). Se aprende tanto sobre ganadería y agricultura que casi puede servir de manual.

Alice Herdan-Zuckmayer nació en 1901 en Viena (Austria) y murió a los noventa años en Visp (Suiza). Su padre provenía de una rica familia judía de Bucarest y su primer marido fue el conocido psicólogo y militante comunista Karl Frank, famoso líder antinazi. Alice trabajó como actriz y secretaria en Múnich y Berlín, y en esta última ciudad conoció al dramaturgo Carl Zuckmayer, que la contrató para copiar sus obras. Se casaron en 1925.

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CINEMA PARADISO – Hasta el último hombre

Esta semana quiero reseñar una película ganadora de dos premios Oscar en la edición de 2016, que si bien no son de los más importantes, sí hablan de la calidad de la película. Se trata de “Hasta el último hombre” dirigida por Mel Gibson que regresa detrás de la cámara para contarnos la odisea de un soldado diferente, Desmond Doss,  un joven contrario a la violencia que vive en un núcleo familiar cargado de ella. Su padre, excombatiente del ejército estadounidense, vuelve a casa roto, y su única válvula de escape es el alcohol y la violencia. Tras el ataque de Japón a Pearl Harbor, todo hombre en edad de combatir debe alistarse voluntariamente al ejército para defender a su país, pero Doss está convencido de no usar la violencia y jamás cargará con un fusil. Esto le traerá múltiples dificultades en su entrenamiento militar, sus compañeros y altos mandos no comprenden su negativa e intentarán hacerle desistir de su objetivo, pero su convicción le ayudará a lograrlo y es enviado al frente junto a su batallón para ejercer como médico.

El protagonista, Andrew Garfield, que  a priori no nos da excesiva confianza, no porque sea mal actor sino por el estigma que le perseguía por su trayectoria anterior en MARVEL como Spiderman, hace dudar. Sin embargo, y muy bien dirigido por Mel Gibson, Garfield demuestra sobradamente su capacidad. Y ésta será la primera de dos actuaciones magníficas ya que a continuación trabajará a las órdenes de Scorsese en la también oscarizada y magnífica película “Silencio”, limpiándose así definitivamente la imagen de superhéroe que le venía persiguiendo.

Con “Hasta el último hombre” llegó su primera nominación en los Oscar como  Mejor Actor y fue ganador de un Satellite Awards en dicha categoría, venciendo al gran favorito, Ryan Gosling, por ‘La La Land’.

En la película nos encontramos valores asociados a los tiempos de guerra como el heroísmo, el patriotismo o la redención, pero desde un punto de vista antibélico. Estos matices vienen introducidos por el joven Desmond y su doctrina adventista, cuyas creencias no conjugan con la necesidad de matar bajo ninguna circunstancia y que le llevarán a la guerra para salvar a sus compañeros de los destrozos de la misma.

Gibson crea una película claramente dividida en tres partes. Antes de la guerra; el entrenamiento  del ejército antes de ir a ésta y la tercera ya en la propia guerra. Las tres partes suman el destino de nuestro héroe, Desmond Doss. Nos desvelan su recorrido, sus creencias y su fe, cómo llego a estas, cómo luchó contra prejuicios y mentalidades opuestas y cómo demostró que tenía razón y la utilidad de su propia fe.

De las tres partes en las que se divide la película, quizás la más floja sea la primera, demasiado tópica, demasiado cliché, muy bien realizada y funcional pero muy vista. La segunda, pese a que recuerde a “La chaqueta metálica”, consigue emocionar y quizás enervar debido a la testarudez de su personaje principal. Pero es en la tercera en la que lo da  todo; se inicia con una larga secuencia bélica… o quizás podríamos decir  la secuencia bélica, convirtiéndose en una de las mejores que he visto jamás;  magnífica en todos sus aspectos. El espectador es trasladado a la guerra, al campo de batalla, al infierno. La película te obliga a abandonar la butaca y arrastrarte  por el fango mientras miles de disparos y docenas de bombas golpean a nuestro alrededor. Es el horror como pocas veces se ha visto. Solamente por esta secuencia ya vale la pena ver la película. Sublime. Posteriormente el relato no llega a alcanzar la cumbre, pero se mantiene correctamente.

Al basarse en una historia real, más increíble aún que la propia ficción, se corre el riesgo de caer  en la mitificación del héroe y olvidar que es una persona real  para convertirlo en casi un santo. Durante toda el relato vemos la parte buena y de héroe de Doss pero no sus sombras. Aun así,  resulta creíble y bien expuesto durante casi toda la  película, pero es al final cuando cae en ese error y se crece en si misma; opta por dejar atrás el realismo y volverse épica, convirtiendo  al héroe en alguien digno de devoción y mandando un poco  al traste el relato moral.

Nos encontramos ante una buena película, a la que quizás los mayores reparos que se le pueden poner son morales. No obstante, sin ninguna duda vale la pena verla. Y sólo tienes que pasar por la biblioteca y llevártela a casa. DVD PE 4550

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RECOLECTURAS – Una educación

«Creo que si hubo un momento en que la brecha entre nosotros, que llevaba veinte años abriéndose y astillándose, resultó demasiado grande para tender puentes fue aquella noche de invierno en que contemplé mi reflejo en el espejo del cuarto de baño. […] Fui incapaz de atravesar el espejo y enviar a la chica de dieciséis años en mi lugar. […] Hasta entonces la chica había estado presente en todo momento. Por muy distinta que pareciera yo seguía siendo ella. En el mejor de los casos, era dos personas, una mente fracturada. Ella estaba dentro de mí y salía cada vez que yo trasponía el umbral de la casa de mi padre. Aquella noche la llamé y no contestó. Me abandonó. Se quedó en el espejo. Las decisiones que tomé a partir de entonces no fueron las que ella habría tomado. Fueron las de una persona cambiada, las de un ser nuevo. El desarrollo de un nuevo yo. Podéis llamarlo transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición. Yo lo llamo UNA EDUCACIÓN.»

Buenos días. Hoy en nuestra sección una de nuestras novedades, Una educación de Tara Westover.

Nacida en las montañas de Idaho, Tara Westover ha crecido en armonía con una naturaleza grandiosa y doblegada a las leyes que establece su padre, un mormón fundamentalista convencido de que el final del mundo es inminente. Ni Tara ni sus hermanos van a la escuela o acuden al médico cuando enferman. Todos trabajan con el padre, y su madre es curandera y única partera de la zona.

Tara tiene un talento: el canto, y una obsesión: saber. Pone por primera vez los pies en un aula a los diecisiete años: no sabe que ha habido dos guerras mundiales, pero tampoco la fecha exacta de su nacimiento (no tiene documentos). Pronto descubre que la educación es la única vía para huir de su hogar. A pesar de empezar de cero, reúne las fuerzas necesarias para preparar el examen de ingreso a la universidad, cruzar el océano y graduarse en Cambridge, aunque para ello deba romper los lazos con su familia.

Esta es la historia de una superación; una historia desgarradora y valiente por el entorno en el que se desarrolla, rodeada de dificultades y aislamiento, de la sinrazón de los fundamentalismos religiosos, en este caso el mormonismo, y de la fuerza de la EDUCACIÓN como arma de libertad.

Cuesta creer como en pleno siglo veintiuno y en un país del «primer mundo», ocurran estas cosas. Criada por un padre «loco», obsesionado con los Illuminati, con el fin del mundo, para lo que se aprovisiona de víveres y gasolina durante muchos años; que cree que la educación pública sirve para lavar cerebros por parte del Estado y en donde la mujer sólo tiene sitio en casa y en la cocina, o en el caso particular de Tara, trabajando en el desguace del padre desde edad temprana; una madre sumisa que no es capaz de apoyarla frente a la barbarie, y un hermano maltratador: «Había llegado a respetar el dolor, a reverenciarlo como algo necesario e inatacable»; Tara tendrá que ir descubriendo poco a poco, a base de golpes, cómo el mundo que ella conoce no es el mundo real. Sabe que si quiere formar parte del otro mundo, los llamados «los otros» o «los infieles», tiene que dejar atrás a su familia y, aunque este hecho sea doloroso y le creerá un sentimiento constante de culpa: «El sentimiento de culpa es el miedo a nuestra propia vileza. No guarda relación con otras personas», es su única salvación.

En este proceso contará con aliados dentro de su propia familia, como su hermano Tyler que le anima a abandonar la casa y se prepare para el acceso a la universidad; pero también sufrirá decepciones, como las de su madre, que a escondidas la apoya pero es incapaz de enfrentarse a su marido, o su hermana mayor Audrey, que pasó antes que ella por su mismo calvario.

Para que os hagáis una idea de la sinrazón en la que está sumida, os pongo algunos ejemplos: no pueden ir al médico, las heridas y enfermedades se curan a través de plantas medicinales, como dice su padre «la farmacia de Dios», la coca cola está prohibida, una mujer honesta nunca enseña por el encima de los tobillos,como están en contra de la educación pública se educan en casa, sin apenas medios ni control (el único libro del que dispone Tara en casa en la biblia del mormón y manuales anticuados), la Universidad son más años de escuela para tontos que no aprenden la primera vez, el padre le dice que se prostituye en pos de los conocimientos del hombre, en lugar de buscar los divinos, etc…

Después de todo esto resulta increíble que la autora haya conseguido tantas metas y labrarse un futuro. Era tal su desconocimiento que jamás había oído hablar del Holocausto, del horror de la esclavitud: en palabras de su padre los esclavos vivían muy bien porque los amos los protegían y los cuidaban; del movimiento feminista, que le ayudó a poner nombre a sensaciones que sentía y desconocía… La educación le abrió la mente de tal manera que ya ni siquiera hablaba el mismo lenguaje que sus progenitores; palabras que antes le parecían normales, ahora chirriaban en sus oídos. Por este motivo tiene que abandonar su pasado, para poder construirse un futuro.

El libro me ha parecido muy bueno, aunque muy desgarrador. Desde su óptica de niña no supo darle nombre a todo lo que vivió hasta que pudo plasmarlo por escrito. Desde fuera vemos que es una historia de un maltrato. Desde muy pequeña trabaja en condiciones lamentables y muy arriesgadas: explotación infantil; maltrato psicológico por parte del padre y de su hermano Shawn, este último también le proporciona palizas: violencia familiar, y a todo esto le sumamos el miedo en el que vive, por temor a despertar a la bestia, el sentimiento de culpa constante, piensa que esos desprecios y palizas se las ha buscado ella, se las merece.

Tara pone voz con su propia vida a las de otras personas en una situación similar. Muy, muy recomendable.

Tara Westover (Idaho, 1986). Inició sus estudios en la Brigham Young University con diecisiete años y se graduó en Arte en 2008. Gracias a varias becas pudo seguir estudiando  y obtuvo un posgrado en el Trinity College, Cambridge, en 2009. Consiguió  una maestría en Filosofía y se graduó en Historia en 2014, después de una estancia en la Universidad de Harvard. Una educación es su primer libro, que ha sido aclamado por crítica y público. Ha sido reconocido como uno de los libros más importantes del año según The New York Times, BBC, Daily Express, Library Journal y Entertainment Weekly, y ha figurado desde su publicación en la lista de los más vendidos.

 

 

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CINEMA PARADISO – Figuras ocultas

Mi reseña de esta semana también va de mujeres, de mujeres brillantes en este caso. Se trata de “Figuras ocultas”. Está basada en  el trabajo realizado en la vida real por tres mujeres afroamericanas de inteligencia prodigiosa: Katherine G. Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, en el proyecto Mercury-Atlas 6 de La Nasa, que puso a John Glenn en órbita.

Siempre he sentido una gran admiración por aquellas mentes prodigiosas que son capaces de dar sentido a nuestra existencia. Mentes que crean, construyen, sanan, inventan, sienten y que, en definitiva, hacen que el género humano no sea tan predecible y lo elevan a una categoría superior. Si no fuera por éstas mentes prodigiosas, no hubiéramos podido evolucionar hasta el punto que lo hemos hecho, y el saber es lo que nos hace grandes.

Quiero recomendar esta película porque, entre otras cosas, trata precisamente de eso, de tres mentes prodigiosas pero que además tienen género y tienen color,  porque son mentes de mujer y porque son afroamericanas. Ellas, a pesar de ser grandes,  permanecieron en el anonimato al que muchas veces la sociedad y la propia ciencia relega a las mujeres y mucho más en aquella época, máxime siendo de color en Estados Unidos.

A lo largo de la Historia, han existido mujeres dedicadas al conocimiento, a la investigación, al pensamiento… Pero, ¿por qué no somos capaces, la inmensa mayoría de nosotros, de enumerar con fluidez el nombre de al menos diez de esas pensadoras, científicas, investigadoras? Nos viene a la mente el nombre de Marie Curie y poco más.

Quizá sea por lo de siempre. La ciencia ha sido desgraciadamente una parcela reservada al hombre y donde la mujer siempre ha estado intentando hacerse un hueco.

Las Figuras ocultas a las que hace referencia la película, jugaron un papel crucial en la carrera espacial de Estados Unidos, gracias a sus brillantes capacidades en el campo de la Geometría Analítica y la Aeronáutica. Para ello tuvieron que luchar y reivindicarse en una sociedad machista y racista, en una época,  los principios de los 60,  en la que la segregación racial en América era algo natural y asumido.

La película se deja ver con amabilidad por parte del espectador y aunque no  deja sitio para la sorpresa, sin embargo, sí que nos invita a reflexionar.

El reparto es brillante. Las tres actrices protagonistas logran dar a sus personajes mucha fortaleza y seguridad, pero al mismo tiempo les dotan también de sensibilidad y cercanía. No tenemos ninguna duda de que son  mujeres de carne y hueso.

Por su parte, Kevin Costner, el protagonista principal masculino, hace un papel relevante. Profesional inflexible y exigente, demuestra ser una persona justa y ecuánime que deja a un lado los prejuicios sexistas y racistas para convertirse en el auténtico valedor de sus empleadas.

Su contrapunto (como  en toda historia debe haber un villano), en éste caso es Jim Parsons, conocido por su particular papel como  Sheldon Cooper en la serie Big Bang Theory, es el prototipo de hombre al que le cuesta reconocer que una mujer pueda llegar a ser tan inteligente o más que él, y personifica la envidia profesional y la preponderancia masculina en el mundo científico.

En definitiva, película reivindicativa que cumple con creces la labor de dar visibilidad a estas tres heroínas, y muy apta también para ver en familia, porque puede enseñar a las nuevas generaciones que todo en la vida es posible con talento, trabajo y tesón.

Y verla es tan fácil como pasar por la biblioteca y cogerla en préstamo: DVD PE 4639

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CINEMA PARADISO – Historia de una pasión

“Historia de una pasión” pasó casi de puntillas por los festivales de Berlín y San Sebastián poco antes de estrenarse en España, y no precisamente por ser una  mala película. Todos sabemos que no es necesario que una película tenga muchos premios para que sea buena. Los premios no son fundamentales, especialmente porque en muchas ocasiones se conceden por capricho o imperativos, pero lo cierto es que tratándose de una película tan personal y tan escasa de publicidad, le hubiera venido muy bien una mención para su carrera comercial.

Es la  última película realizada hasta el momento por Terence Davies, que casualmente cumple cuarenta años como director y guionista, y que, contando con sus cortos, su filmografía se reduce a una docena de títulos. Como persona, tengo entendido que  es un señor educado, inteligente, con fino sentido del humor e interesado por muchas cosas, además de modesto. Profesionalmente, en algunas ocasiones más que otras  ha sido capaz de plasmar estas virtudes en su obra. Lo que sí es cierto es que ha demostrado ser  fiel a sí mismo,  sin nunca venderse a modas caducas o a proyectos que no le interesaban.

La traducción que se ha hecho del título original (“Una pasión silenciosa”) al español, no es demasiado acertada, ya que al traducirlo podría estar perdiendo esa faceta más intimista que el director quiere reflejar y atraer equivocadamente a un público que no busca eso precisamente.

Es una película que logra emocionar, no tanto porque sea una historia triste sino por su exquisitez y por su hermosura. Un guión notable plagado de preciosas frases sin caer nunca en la cursilería y también  un inusual retrato sobre la sensibilidad de una mujer, la escritora Emily Dickinson. Pero está tan bien descrito que se hace extensivo a todas las mujeres que la rodeaban, en las que vemos reflejadas sus dudas, sus limitaciones y como debían de ser sus actitudes en la rigidez de la sociedad de la alta burguesía estadounidense en los siglo XVIII y XIX. Y lo más sorprendente de todo es que, en parte, aún sigue vigente en nuestros días, ya que, aunque muchas cosas hayan cambiado, la esencia de la feminidad permanece, además de otras luchas que aún se reconocen.

Están muy bien trabajadas las intenciones, como los juegos de miradas y gestos que aparecen en muchas de las escenas y que sin decir nada lo dicen todo.

La interpretan un gran elenco de actores que no pueden ser más apropiados para el papel. Rodada en Amherst, Massachussets, en la casa de Emily Dickinson, ésta inusual producción inglesa en coproducción con Bélgica, posee una gran banda sonora. Es un estilo de música “diferente”, introspectivo y nostálgico, con ciertas notas  reflexivas  y que ha contado con la interpretación de la Filarmónica de Bruselas. Su vestuario, a pesar de lo limitado de su presupuesto, luce, y lo más importante, sus actores saben moverse con ellos, no se ven encorsetados ni  disfrazados.

En definitiva, una película hermosa y conmovedora, que a pesar de su corto  presupuesto y escasa ambición, es una película grande para una gran minoría, muy posiblemente integrada por aficionados a la literatura romántica, antropólogos, estudiosos de la época y actores de rigor, sobre todo del teatro clásico. Una joyita de las que de vez en cuando, desgraciadamente muy de vez en cuando, tenemos el inmenso placer de toparnos.

Altamente recomendable, especialmente para los amantes de éste tipo de cine y en general para todos aquellos que gustan del cine bien hecho. DVD PE 4591

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RECOLECTURAS – La importancia de no entenderlo todo

«La idea de que me iré de un mundo que está cada vez peor no me gusta, porque siempre pensé que era mi deber dejar el mundo mejor de lo que lo había encontrado. Si se tiene el hábito de ver cada día como una jornada completa, envejecer es interesante. Todos los días se conoce a una persona nueva, una puesta de sol nueva. Todos los días pasan cosas hermosas»

Hoy en nuestra sección, La importancia de no entenderlo todo de Grace Paley.

Grace Paley (1922-2007), conocida a nivel literario por sus cuentos (en la biblioteca tenéis sus Cuentos completos publicados por la editorial Anagrama), fue una destacada pacifista y activista política, además de feminista. En este libro vamos a conocerla en estas facetas a través de sus artículos, reportajes, charlas y prefacios. Aunque su historia comienza en los años veinte, mucho de los asuntos tratados en este libro comenzaron en los años cincuenta.

Casi todos los artículos fueron escritos porque Paley formaba parte de un movimiento, más bien de una marea, que surgió de las luchas por los derechos civiles de los cincuenta y que generó energías y métodos en los movimientos antibélicos de acción directa de los sesenta, debilitándose luego para volver con fuerza en los setenta y ochenta, en la segunda ola del movimiento de las mujeres, ola nutrida por las corrientes de la educación ecológica, la interconexión y la acción.

Hija de emigrantes rusos, Grace se crió en el barrio neoyorquino del Bronx en una familia puritana, socialista y judía. Quizás estos orígenes y mezcla de culturas (en casa se habla yiddish y ruso), hace que desde muy pequeña se despierte en ella la conciencia social y política. A los nueve años se inscribió en una organización llamada los Halcones: jóvenes socialistas menores de doce años, donde se cantaba «La Internacional», con el final socialista, además de ir vestidos con camisas azules y pañoletas rojas.

Siempre se mantiene muy crítica respecto a las decisiones tomadas por el gobierno de los Estados Unidos: «Aunque Estados Unidos amparaba el capitalismo, el prejuicio (que ahora se conoce como racismo: rechazar a la gente sin ningún motivo, salvo el color de la piel) y el linchamiento, mi padre decía que teníamos suerte de estar aquí». No obstante, sus críticas no son infundadas, son obtenidas de primera mano: Grace fue miembro de la delegación del movimiento pacifista que acompañó a tres prisioneros de Hanói a Estados Unidos en el programa de devolución de prisioneros durante la guerra de Vietnam, programa en el que los vietnamitas tenían puestas muchas esperanzas, y como veremos, Estados Unidos incumplió. También cuestiona la evacuación de niños vietnamitas a Estados Unidos para ser dados en adopción sin un registro adecuado, ya que muchos de ellos aún siguen teniendo familia en el país. Según Grace: «La guerra de Vietnam, que empezó con ignorancia, autocomplacencia y con el exterminio de inocentes, terminó de manera muy parecida». Sus protestas por la guerra de Vietnam, llevaron a Grace a pasar seis días en la cárcel de Greenwich Village.

Otra guerra que le tocó vivir, e igualmente cuestionada y criticada, fue la del Golfo. Según la autora fue sobre todo un experimento para probar el nuevo arsenal armamentístico de los Estados Unidos, ya que el petróleo sólo constituía el 5 o 10%. También se posicionó en contra de la política estadounidense en Centroamérica.

Sus protestas antibelicistas, por las que fue muy conocida, las llevó a cabo desde el pacifismo: «El pacifismo no es “pasivismo”»;  desde la desobediencia civil: «La verdadera esencia de la desobediencia civil no violenta es la terquedad más absoluta». «Para mí ha tenido más importancia no pedir permiso  no pedir permiso que desobedecer»; y desde la comunidad, emprendiendo acciones locales.

grace

Iguales de interesantes son sus opiniones sobre el feminismo, movimiento al que se fue acercando conforme iba creciendo, la enseñanza y la escritura.

Para Grace ser feminista significaba saber que: «lo normal durante varios miles de años ha sido que los hombres se adueñen durante varios miles de años del destino de las vidas de las mujeres, y que eso no es natural. Es una forma antinatural de organizar la vida en la tierra. El feminismo no consiste en hacer una lista de prioridades y de opresiones, sino en exigir cambios en una escala mayor, situando las vidas de las mujeres en el mismo plano central que la mayor parte de los radicales ocupan la clase o la raza, y mostrando cómo se relacionan». Ella pertenece al grupo Acción Femenina contra el Pentágono de Nueva York, entre otros movimientos. Hago aquí un inciso para decir que la Declaración de Unidad de las mujeres en sus protestas contra el Pentágono (páginas 115-122), es magistral.

Su relación con las mujeres y con sí misma: «Aprendí a educarme a mí misma sin saberlo. Aprendía de mí misma, entre otras personas», afecta también a su escritura: «Cuando yo empecé a escribir como escritora fue porque había empezado a vivir entre mujeres. Lo mejor de todo es que yo no las conocía, no sabía quiénes eran. Pero no tenía ni idea, y creo que de ese hecho procede mucha literatura.  Procede de no saber mucho sino de no saber. Procede de aquello por lo que sientes curiosidad, de lo que te obsesiona, de lo que quieres conocer. […] De manera que empecé a pensar en esas vidas, y esas fueron las vidas que me interesaron».

Respecto a la escritura Grace hace una diferencia entre escritor y crítico. Según ella, un escritor para hacer bien su trabajo debe vivir en el mundo, y un crítico, para sobrevivir en el mundo, debe vivir en la literatura. Una de las razones por las que un escritor se interesa mucho más por la vida que otras personas que simplemente se dedican a vivir, es que el escritor finge ser un especialista en algo (la vida) de la que no sabe nada. Si escribe es para poder explicárselo todo a sí mismo, y seguramente escribirá más cuanto menos sepa.

Estos son algunas pinceladas que os podéis encontrar en este libro, en el que también aborda el tema del aborto y la menopausia, entre otros. Aquí hemos conocido sus reflexiones desde su militancia en distintos movimientos pacifistas y feministas, en los que se mantuvo muy activa hasta el final, una de sus últimas protestas fue contra la guerra de Irak; pero no debemos olvidar que Grace, además de mujer trabajadora, ama de casa y madre, se consideraba escritora: «El sentido de mi vida, que posponía hasta medianoche y adaptaba a los diferentes lugares y trabajos, era escribir. Tardé mucho en darme cuenta, pero ahora lo sé».

Un maravilloso libro para leer, releer y que nos va a permitir entender un poco más la historia de Estados Unidos durante el siglo XX.

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