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CINEMA PARADISO – La isla mínima

En la semana en la que se van a fallar los Premios Goya,  quiero reseñar una de las mejores películas que ha dado el cine español de los últimos tiempos. Se trata de “La isla mínima”; ganadora de los premios Forqué y Feroz, arrasó en la edición de los Goya 2015, metiéndose en el bolsillo tanto al público como a la crítica a unos niveles inimaginables.

Se han dicho muchas cosas sobre esta película, que es fascinante, hipnótica y con unas interpretaciones sobresalientes; todo lo que debería de ser una gran obra, desde la dirección, el montaje, la fotografía, etc. Poco o nada le falta a la cinta de Alberto Rodriguez; 10 Goyas lo corroboran.

Dar con el tono adecuado es siempre lo más difícil en una película. No basta con que la trama tenga interés o que la época y el lugar donde se desarrolla la acción sea veraz. Tampoco basta con que el casting sea perfecto y eficaz o que los diálogos se ajusten al ambiente y sus personajes. “La isla mínima” tiene todo eso y,  si bien es imperfecta, es una película que asume riesgos,  es original sin ser novedosa y, sobre todo, presenta una riqueza visual y una fuerza dramática asombrosas. Mostrar  lo conocido como si lo estuviéramos viendo por primera vez es muy gratificante. Encontrar soluciones arriesgadas para caminos trillados merece nuestra atención y reconocimiento.

Desde las primeras imágenes el director, Alberto Rodríguez, nos atrapa y nos seduce, captando nuestra atención. Con solo situar la cámara en un lugar inesperado  siembra el interés y la inquietud, consiguiendo fundir la trama narrativa con la textura visual: ¿cómo interpretar lo que vemos? ¿Cómo atar cabos en un entorno taciturno y excesivamente rural? ¿Cómo ver más allá de la superficie de las cosas y de las palabras hasta reconstruir la complejidad de unos crímenes atroces?.  Es esta superposición de capas y sugerencias  quizás lo más admirable de la cinta. Reproducir una época (año de 1980 con ecos de servidumbres recientes y esperanzas inciertas), desagraviar el olvido, apreciar los detalles que nos hacen entrever exenciones malsanas y tóxicas, reparar la inquietud de una comunidad al borde de la nada y con ganas de huir y salir adelante.

 

Quizás falte complejidad a la definición de personajes pero la poderosa trama policiaca avanza sin bajar el tono ni un momento, arrastrando al espectador a la abominable montaña rusa de las bajezas y perversiones humanas más aborrecibles. A veces, querer escapar de la desesperanza es caldo de cultivo propicio para el abuso y la extorsión sexual. No hay nada como tener dinero para comprar el silencio sepulcral. Y la impunidad permanece como una constante que dibuja un mapa negrísimo y desolador lleno de corruptelas y falsas promesas que son sólo el cebo falaz de la iniquidad.

La crónica negra nos lleva a contraponer las diferentes personalidades de los investigadores; uno con métodos dudosos, rudo, implacable, y quizás demasiado acostumbrado a éstos menesteres dado su anterior servicio en época de la dictadura, se trata del personaje interpretado por Javier Gutiérrez, que arrastra un pasado cuyos signos se reflejan en su alcoholismo y degeneración física.  El otro agente al que da vida Raúl Arévalo,  es un policía con aspiraciones de convertirse en protector de la justicia; de carácter familiar, más sensible quizás por menos baqueteado por la vida y con esperanzas en el reciente futuro en democracia. La metáfora de esas dos Españas en los dos personajes es cristalina y ambos se enfrentarán en su investigación, a un ambiente rural hostil que levantará las ampollas de una comunidad todavía anclada en los ideales pasados de unos y la excesiva libertad de otros al introducirse en el tráfico de drogas para salir de la pobreza.

La película se estrenó en el año de la reconciliación del cine español con cintas como “Ocho apellidos vascos” o “El niño”.

Es de destacar la impresionante fotografía de Alex Catalán que alcanza su máximo esplendor en las tomas aéreas digitalizadas e inspiradas en Héctor Garrido y que muestran un paisaje laberíntico en el que la verdad parece escabullirse delante de nuestras narices, como ocurre en las escenas de la persecución nocturna de un coche que desaparece en la densa lluvia llevándose consigo un trozo de esa verdad.

Lo mismo ocurre con la música de Julio de la Rosa que por momentos parece evocar al John Carpenter más inspirado.

En definitiva “La isla mínima” es una de esas películas que debería servir para convencer a aquellos que aún tienen perjuicios hacia el séptimo arte de este país. Radiografía de una época que casi sigue siendo la nuestra, donde la belleza paisajística no disimula los lodazales enfangados de la podredumbre humana. Muy potente, muy certera y arrolladoramente obstinada. Toda una experiencia cinematográfica.

Sin duda muy recomendable y como siempre la tenéis en la biblioteca. Podéis pasar a buscarla ahora mismo. DVD PE 4272.

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CINEMA PARADISO – El hombre de las mil caras

Cuando tenemos el fallo de los Premios Goya de este año a la vuelta de la esquina, quiero reseñar una película que obtuvo nada menos que 2 Goyas y 11 nominaciones en su edición de 2017. También obtuvo la Concha de Plata al mejor actor en el Festival de Cine de San Sebastián en el año 2016, así como, el Premio Feroz a mejor película y algunos otros más.

Está basada en la novela “Paesa. El espía de las mil caras” de Manuel Cerdán, basada a su vez en hechos reales acaecidos en España en los años 90.

Ésta es una historia real, pero como todas las historias reales contiene alguna mentira, porque ésta es la historia de un mentiroso”. Así comienza una historia sobre corrupción, venganza y desde luego mentiras. Francisco Paesa (Eduard Fernández), es un ex agente secreto del gobierno a quien las circunstancias obligan a huir del país en plena crisis de los GAL por su implicación en un caso de extorsión a un testigo. Años después, bastante arruinado, regresa a España, y es cuando recibe la visita del ex Director General de la Guardia Civil, Luís Roldán, y su señora, quienes le ofrecerán un millón de dólares a cambio de su ayuda para salvaguardar 1.500 millones de pesetas sustraídos de los caudales públicos. Paesa ve en la oferta una manera de mejorar notablemente su situación económica, a la vez que una forma de vengarse.

Se implicará en la desaparición de Luis Roldán (Carlos Santos), aquel director general de la Guardia Civil que fue la representación más mediática de la plaga de corrupción política que afectó al PSOE a mediados de los años 90. Malversación de fondos, fiestas sexuales, guerra sucia contra el terrorismo… Roldán protagonizó la crónica política y social de aquellos días. Pero Roldán no es el protagonista de esta película. Paco Paesa, un manipulador y un maestro de la mentira, el hombre que ayudó a escapar a Roldan y luego organizó su rocambolesca entrega, es quien protagoniza esta especie de Atrápame si puedes a la española.

Es una propuesta interesante, especialmente para aquellos que vivieron aquella época tan convulsa. Una continuación de sucesos descabellados dónde los políticos quedaron retratados y sin otra salida que la dimisión y posterior abandono de la política, y todo a cargo de un solo hombre con muchísima ambición, el hombre de las mil caras.

Está dirigida por Alberto Rodríguez (que ya en su día dirigió la premiada La isla mínima) quien junto a su coguionista Rafael Cobos, se apoyan en el personaje de Jesús Camoes “El Piloto” (José Coronado), un colaborador de Paesa, para guiar la compleja y densa historia. La voz en off de Camoes adquiere una gran presencia, convirtiendo su relato en el foco narrativo de la película.

El guión no escatima en datos, en explicaciones de la trama o en contextualizaciones. Tiene el mérito de conseguir que un hilo tan enrevesado se siga con claridad y de manera ordenada. El hombre de las mil caras no es un trabajo periodístico, es cine; no se trata de que alguien diga “esa noche sentíamos el peligro cerca”, se trata de que el espectador sienta que el peligro está cerca.

Eduard Fernández encarna a la perfección a un Franciso Paesa que da la impresión de estar por encima del resto, siempre un paso por delante y de ahí que el espectador a veces sienta cierta exclusión de lo que ocurre en la película y no acabe de entrar en ella. Pero, ¿quién es Francisco Paesa?: su vida como banquero y espía le llevó a ser director del Banco Nacional de Guinea, diplomático de Santo Tomé y Príncipe, traficante de armas con ETA, galerista de arte, fundador de bancos, empresario fantasma en Panamá y protegido de la Stasi. ¿Qué os parece? Desde luego, hay material para hacer una película sobre él. Después de lo de Roldán, Paesa apareció “muerto” solo para resucitar al sexto año, justo cuando prescribían la mayor parte de los cargos de los que se le acusaba, entre ellos de llevarse más de 1100 millones malversados por Luis Roldán.

Paesa es un personaje del que todavía hoy se sabe muy poco, solo que Jesús Camoe era inseparable de él (en la película José Coronado) y que su sobrina era aspirante a ser su sucesora y que logró con su ayuda esconder los fondos malversados y ocultarlo a él después de darlo por muerto en Luxemburgo.

Carlos Santos (Los hombres de Paco) se encarga de ponerle cara a Luis Roldán, el hombre más buscado del mundo durante cerca de un año, ex-director de la Guardia Civil que puso en jaque a todas las autoridades y al que Francisco Paesa pudo esconder.

La película funciona como thriller y como biopic a partes iguales. Tiene una trama muy compleja, aunque comparada con la realidad creo que se queda corta, y la abundancia de nombres, para los que no vivieron en esa época, junto con el malabarismo de Paesa, que siempre logra salir de los apuros y además con los bolsillos llenos, puede parecer poco creíble.

En el aspecto técnico, los primeros planos que proporciona Alberto Rodríguez, le dan mucha fuerza a la película.

En definitiva, la película supone una mirada hacia nuestra historia más reciente y al mismo tiempo más ridícula y vergonzosa del país. Una historia que sigue y que desgraciadamente seguirá repitiéndose, a veces no con tanto artificio, pero sí con la sombra del fraude y corrupción como telonera.

Muy recomendable, especialmente para aquellos a quienes interese la política y sobre todo porque nunca está de más saber qué tipo de personas han gobernado y gobiernan nuestro país.

Si te apetece verla sólo tienes que pasar por la biblioteca Miguel de Cervantes DVD PE 4567

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