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RECOLECTURAS – Clásicos para la vida

Si lo piensas bien, si lo piensas detenidamente, resulta que no somos nada originales. No hemos hecho casi nada nuevo desde hace mucho tiempo. Hemos mejorado cosas, sin duda. Hemos encontrado otros usos y sentidos, por supuesto.

Pero si tiramos del hilo, las ideas, las grandes y buenas ideas, son casi siempre las mismas y tienen ya bastante edad. Será porque nos dejamos llevar hasta en la forma de pensar. Pero para todo hay remedio:

Nuccio Ordine, profesor, filósofo y escritor, se encarga de recordarnos que hay autores, llamados clásicos, que hace tiempo que nos dieron las pistas sobre las que podríamos avanzar. Pero en este maratoniano mundo donde la novedad en seguida se convierte en reliquia y donde el tiempo se pierde en lo superfluo y llega justo (si es que llega) a lo importante, hemos olvidado lo trascendente de algunas lecturas.

Ordine nos invita en «Clásicos para la vida: una pequeña biblioteca ideal» a descubrir o recordar a algunos de los clásicos de todos los tiempos, maestros de innumerables generaciones: Platón, Rabelais, Shakespeare, Cervantes, Goethe, Rilke… Pues para el autor la enseñanza, la educación, constituyen una forma de resistencia a las omnipresentes leyes del mercado, a la mercantilización de nuestras vidas, al temible pensamiento único.

Un libro al alcance de cualquiera, aunque por su profesión narra dirigiéndose especialmente a los profesores y los jóvenes y es imposible desvincularlo de su idea de «escuela» y «educación», este libro es apto y necesario para cualquiera. Puedes leer la introducción como si se tratara de un tratado en defensa de los clásicos (que no son sólo los antiguos sino también algunos contemporáneos), o de unas directrices para estudiantes, o de unos consejos para cualquier lector. O puedes ir directamente a los libros recomendados y leer lo que Ordine propone en el mismo orden o eligiendo lecturas al azar. Puedes aparcarlo y retomarlo como si fuera una guía de lecturas a la que acudir cada vez que quieras.

Una invitación a pensar por nosotros mismos, a conocer las ideas que pueden ayudarnos a entender el mundo en que vivimos y a formarnos un criterio propio.

Sé rebelde: lee a los clásicos.

Y si te atreves a más, además de esta obra, que puedes encontrar en la Biblioteca Miguel de Cervantes con la signatura 008 ORD cla, en la Biblioteca Lope de Vega dispones de «La utilidad de lo inútil: manifiesto», con la signatura 316 ORD uti, un libro también muy recomendable.

 

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PIRULETRAS – La llamada de lo salvaje

2016 viene cargado de Centenarios que iremos celebrando por aquí.

Entre ellos, se conmemora el Primer Centenario de la muerte de Jack London, autor estadounidense mundialmente conocido, entre otras, por sus obras La llamada de lo salvaje o Colmillo blanco (ésta la habremos visto en casa tropecientas veces).

La llamada de lo salvaje, publicada inicialmente en 1903, es un clásico, normalmente calificada de novela juvenil, pero como sabéis, queridos adultos que nos leéis, ni caso, también es para vosotros.

salvaje

Si os gustan los animales, esta historia es vuestra, pero ojo, porque vais a sufrir con las escenas de maltrato animal. Y digo escenas como si hablara de una película porque las descripciones son tan buenas que lo ves. Ves y sientes el sufrimiento de Buck, el protagonista de esta historia.

Buck es el perro de un juez en California, lleva una vida tranquila y hogareña, pero por no leer los periódicos (el perro, no el juez), no sabía las desgracias que lo amenazaban (al perro, no al juez). Por eso no sospecha nada del hombre que lo secuestra y lo envía a la gélida Alaska para tirar de un trineo de buscadores de oro. Aquí impera la ley del más fuerte, nada que ver con su apacible vida anterior. Imaginaros el cambio de vida tan bestial.

Por el camino, o por la vida, que lo mismo es, Buck va topándose con personas que le hacen daño y también con otros perros, unos mejores que otros, lo mismo que les pasa a los humanos.

Me ha llamado mucho la atención cómo el autor humaniza a los animales y representa como salvajes a los humanos, vale, a algunos humanos. Thornton es sin duda el hombre que se salva de la condena general y es un personaje muy importante en la historia.

Jack London sabía de lo que hablaba al escribir este libro, él mismo estuvo buscando oro en Alaska, él en persona se codeó con delincuentes y trabajó luego para la justicia, fue un hombre aventurero y muy imaginativo, acusado de plagio en numerosas ocasiones. Tampoco él leía los periódicos cuando vivía en California, de hecho fue autodidacta, se autoeducó en la Biblioteca Pública de San Francisco. De hecho, su persona y la de Buck guardan mucha relación.

Sea como fuere, aquí tenéis este libro, esta fantástica historia sobre lealtad, supervivencia, coraje y valentía. Sobre cómo somos en realidad, lo que nos enseñan y lo que podemos llegar a aprender de nosotros mismos.

Buck cambia radicalmente en esta historia y lo que llega a ser, bien merece una lectura.

Lo puedes encontrar en cualquiera de nuestras bibliotecas, no llega a 200 páginas pero te da más de 200 buenos minutos.

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RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro

corazon

Hoy en nuestra sección todo un clásico de la literatura italiana, y parte de mi ideario sentimental literario, Corazón de Edmundo de Amicis.

Cuando yo era pequeña, entre los muchos libros que había en la casa familiar, había uno que especialmente llamaba mi atención. Era el libro preferido de mi hermano Damián, y a mí me gustaba cogerlo y releerlo fijándome en las ilustraciones. El libro además tenía un título sencillo pero contundente, Corazón.

Al cabo de los años nos mudamos, y el libro probablemente desapareció entre las muchas cajas de cartón donde metes objetos acumulados durante casi  30 años de vida o, quizás aún, descanse en una de esas muchas cajas que siguen esperando a ser abiertas en uno de los trasteros familiares. El caso es que no lo he vuelto a ver y, por ende, pocas veces había vuelto a pensar en él pero, como la vida da muchas vueltas, el libro lo mandó el Ministerio de Cultura en una de las donaciones que hace a las bibliotecas públicas.

No sabéis qué alegría más grande volver a verlo, aunque fuera en otra edición distinta a la que yo conocía. Por fin tenía entre mis manos ese libro tan querido y ahora, después de más de 30 años, podría leerlo “por primera vez”, ya que sólo recordaba cosas vagamente. Más que el contenido, recordaba la sensación que me producía, una profunda pena, pero ese tipo de pena que da gusto, no sé si me entendéis. Hablando con mi hermana Vito sobre el libro, ella también lo recordaba, incluso más cosas que yo, como el nombre del autor y uno de los cuentos, “El pequeño escribano”. Se ve que este libro también dejó huella en ella.

Ahora que lo he vuelto a leer o a leer “por primera vez” como adulta, debo decir que está a la altura de lo recordado. A modo de diario, el narrador Enrico nos cuenta su año escolar, desde octubre a julio, en la escuela Baretti de Turín. Durante ese año, además de a él, iremos conociendo a sus compañeros de clase: el bueno de Garrone, el siempre alegre Coretti, el jorobadito Nelli, el albañilito con su hocico de liebre, “el comerciante” Garoffi, el señorito Nobis, el gruñón Stardi, el malo de Franti, Precossi, el hijo del herrero y, por supuesto, el número uno de la clase, Derossi, así como, a sus maestros. Al mismo tiempo que los vamos conociendo, conoceremos también sus realidades familiares. En ellos están representadas todas las clases sociales, desde las más bajas hasta las más altas, desde la clase obrera hasta los señoritos, pero sin distinciones. En la escuela todos son iguales para el maestro; la educación los unifica y los hace libres.

Todo el libro es como un manual de valores, esos que a muchas personas les suena desfasado y, que muchos mayores, entre los que incluyo a mi madre, lamentan que se hayan perdido. Es significativo como muchos de los apartados del libro vienen encabezados con palabras tales como vanidad, voluntad, gratitud, envidia, esperanza, soberbia, sacrificio y gracias. Y, que entre medias del diario, aparezcan apostillas del padre al hijo sobre los pobres, el amor a la patria, representada en las figuras del conde Cavour y de Garibaldi entre otros, la veneración a la familia, especialmente a la madre, el amor a la escuela y a la figura del maestro (el libro promulga un amor y veneración por el maestro, equiparándolo a los padres, que deberíamos recuperar en estos tiempos), el respeto a los amigos, aunque sean de otra condición social a la tuya y, a la calle, como espacio en el que todos convivimos.

Cada mes  se lee un cuento en clase, que los alumnos han debido escribir previamente; con un común denominador, los protagonistas son niños de la edad del narrador, unos 13 años, de distintas zonas de Italia y que podríamos considerar  héroes. Entre los cuentos está el ya mencionado “El pequeño escribano florentino” que debo decir que cuando empecé a leerlo lo recordé al momento, cosa que me alegró profundamente y, el famoso “De los apeninos a los andes”, muy conocido por los niños españoles de los 80 por la adaptación en dibujos animados que se realizó para televisión, Marco.

Me ha encantado leer el magnífico prólogo de Luis Mateo Díez y descubrir que para él y para su hermano Antón, Corazón también marcó su infancia. Ellos lo descubrieron en un desván junto con otros libros que fueron requisados de las escuelas republicanas, cosa que no entiendo demasiado y, al igual que a mí, la sensación que les producía el libro era de una profunda pena, tanto, que lloraban a escondidas.

Corazón se publicó en 1886 y se convirtió en todo un best-seller en Italia. En la actualidad está un poco olvidado, quizás por el estilo, un poco cursi y anticuado (algunos de sus coetáneos como Carducci, que fue el primer Nobel italiano, tildaba a  Amicis de “lánguido” y “capitán cortés”, considerándolo el último representante de un romanticismo edulcorado y de hacer gala en sus escritos de una psicología sentimental algo anticuada); sin embargo, el tema es universal, son los valores que jamás deberíamos perder, por eso yo haría una llamada y propondría que Corazón se leyera en las escuelas, como dice el autor al comienzo del libro, está especialmente dedicado a los chicos de las escuelas primarias, entre nueve y trece años. Yo iría aún más lejos y se lo recomendaría a los padres de esos niños y a todos nosotros, para que nunca perdamos el sentido de lo realmente importante en la vida.

Y como siempre el libro lo tienes aquí, en tu biblioteca.

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RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro

Los MaiaHoy en nuestra sección os proponemos uno de los libros de la Mesa temática familias, “Los Maia” de Eça de Queirós.

Para Eça de Queirós (1845-1900), una literatura era la mejor justificación de una nacionalidad. En un país como Portugal, que cultiva su ser patrio tan primorosamente, determinadas obras han estado llamadas a convertirse en exponente máximo del genio y la vida portugueses: Los lusiadas, Los Maia, los escritos pessoanos. Incluso cuando su carácter y sentido último han sido contrarios a esa búsqueda ansiosa de confirmación de lo que se es. Entronizada como la mejor novela portuguesa escrita nunca, Los Maia representa en Portugal y para Portugal el súmmum del arte narrativo: es su Quijote.

Los Maia (1888) cuenta la historia de la decadencia de una gran familia portuguesa a través de dos de sus miembros: el anciano Afonso da Maia y el joven Carlos da Maia, representante del refinamiento finisecular y verdadero protagonista del relato. Al hilo del desmoronamiento, del fin de un tiempo y un modo de vida, los personajes viven su tiempo y su vida, y la novela escenifica los ritos del amor (y del velado sexo burgués del XIX, o adúltero o de pago) y los de la humana estupidez, abordada en su vertiente más social. En ambos aspectos la novela nos retrata: somos excelentes y bobos de manera muy similar a como lo eran los hombres de 1875. El amor y la estupidez son intemporales. En Los Maia el amor tiene el rostro accidental del incesto, que no es para Eça de Queirós una tara, sino una de las formas de la excelencia amorosa. Un espléndido retrato de la Lisboa de finales del siglo XIX, que en lo esencial es la Lisboa que los forasteros buscan y admiran. Una urbe a la que Eça de Queirós se refirió como “la ciudad de mármol y basura“.   (Datos tomados del libro) Sigue leyendo

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