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RECOLECTURAS – La sonrisa etrusca

sonrisa

«El recuerdo deja de ser nostalgia para convertirse en liberación»

Hoy en nuestra sección un libro entrañable, de los más hermosos que he leído en mucho tiempo, La sonrisa etrusca de José Luis Sampedro.

Salvatore Roncone es un viejo campesino calabrés que se traslada a Milán, ciudad en la que reside su hijo, para tratar la dolencia que padece: un cáncer terminal al que él llama la «rusca». La estancia en esta ciudad norteña le pondrá en contacto con su nieto de poco más de un año de vida, Brunettino, y este encuentro revolucionará y cambiará por completo la última etapa de su vida.

Salvatore, hombre hecho a sí mismo y de origen muy humilde, lleva en su alma las cicatrices de la época que le tocó vivir. Se cría en un pequeño pueblo calabrés, Rocassera, con los corderitos como amigos, y sin una figura paterna. La guerra la pasa como partisano en los montes, y su enemistad con Cantannote (el fascista y opresor del pueblo) es conocida por todos. Por eso es tan sorprendente la ternura y pasión que despierta su nieto en la postrimería de su vida, que pilla por sorpresa al viejo, curtido en mil batallas. No obstante, Brunettino le dará fuerzas para enfrentarse a la dura enfermedad que padece y nuevas ilusiones, entre ellas hacer de su nieto «un hombre», antes de que la vida de Milán lo eche a perder y  escuchar de su boca la palabra nonno (abuelo). Estas dos cosas, junto con el deseo de que su eterno enemigo, también gravemente enfermo, fallezca antes que él, le mantiene vivo.

Durante estos meses además libra su propia guerra contra los progenitores del niño (no entiende su crianza, durmiendo solo en su propia habitación y cuya educación corre a cargo de un manual de pediatría). La batalla la librará todas las noches en la habitación de Brunettino (en la que se refugia y da compaña), y hace frente a los padres como si de los propios tudescos (alemanes), se trataran. [De hecho así es como se expresa el abuelo con el nieto, como si fueran compañeros partisanos, hasta tienen el mismo nombre (el abuelo era conocido como Bruno en la lucha) ].

Su lucha la hará extensible hacia la sociedad milanesa: la gran ciudad  frente a un pequeño pueblo rural, el ambiente sofisticado frente a la sencillez, la riqueza frente a la mesura… Esta comparación la realizará a todos los niveles: la alimentación, las mujeres, la «hombría», los valores… siendo bastante intolerante con todo aquello que no provenga del sur, como su nuera, a la que tilda de estirada, de tener a su hijo como un pelele, y de poco cariñosa con su nieto. No obstante, poco a poco iremos viendo como muchos des sus prejuicios son infundados, y el tiempo, el roce con las personas de su alrededor, pero sobre todo, su nieto, irán suavizando las maneras de este viejo «cascarrabias».

La vida en Milán le pondrá en contacto además con personas que le darán una nueva vitalidad y perspectiva, y a las que él, con su sabiduría y sencillez, también transformará. Entre ellos el  joven jardinero Valerio, que le introduce en la Universidad para contar historias sobre Calabria en las clases del profesor de etnología Buocontoni. Simonetta, la sobrina de la asistenta de la casa, en quien Salvatore encontrará a una igual, recordándole a aquellos jóvenes idealistas que la acompañaron en la lucha, como Dunka, compañera Croata con la que mantuvo una apasionada historia de amor y a la que recuerda con frecuencia. Pero sobre todo conocerá a Hortensia, una mujer viuda, que le descubrirá el  amor con mayúscula en la etapa final de su vida, cuando creía que ya lo conocía todo sobre las mujeres. Hortensia, y sobre todo Brunettino, son las personas que cambiarán su vida para siempre.

El libro me ha gustado mucho. A través del diálogo que mantiene con su nieto, más bien soliloquios ya que su interlocutor no le puede dar réplica, vamos a conocer a Salvatore en profundidad: sus recuerdos, sus anhelos, su lucha. Milán le reconciliará en cierto modo con su hijo Renato y le hará aflorar el lado más sensible: como ese lado femenino para arropar a su nieto a falta de abuela y de una madre volcada en su trabajo (hasta bromea con que le están saliendo tetas debido a la medicación). Vamos a querer a este abuelo, y vamos a asistir a esa transformación que se irá produciendo en los últimos meses de su vida. Nos vamos a emocionar con él, vamos a sufrir con él y nos vamos a divertir mucho con él y con Brunettino. Porque ante todo es la relación de un abuelo con el nieto, la afinidad que existe entre una vida que termina y otra que comienza, su mutuo entendimiento. (Siempre he pensado que los abuelos tienen una afinidad especial con los nietos, y en mi opinión esto es así porque al llegar a la vejez vuelven a ser niños, a muchos se les caen los dientes, tienen rabietas, se vuelven cabezones, y hasta muchos de ellos terminan usando pañal). Con este libro se nos va a saltar la lagrimilla en más de una ocasión, sabemos cual es el final desde el principio, pero no por ello vamos a dejar de disfrutar y saborear los pequeños placeres que nos brinda el libro: un beso, una caricia, una sonrisa, la amistad, la sabiduría de la vejez, y el AMOR en mayúsculas.

esposos

El libro se llama La sonrisa etrusca porque comienza en un museo de Roma, al que el hijo va para una entrevista. Mientras le espera, queda conmovido por el sarcófago etrusco Los esposos: «Los etruscos reían te lo digo yo. Gozaban hasta encima de su tumba, ¿no te diste cuenta?… ¡Vaya gente!» Quizás es una alegoría de como él termina su vida, con beatitud.

José Luis Sampedro (Barcelona, 1 de febrero de 1917 – Madrid, 8 de abril de 2013). Fue un escritor, humanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras (datos sacados de Wikipedia).

La sonrisa etrusca la escribió en 1985, a la edad de 68 años e inspirado en su nieto Miguel de cuatro años: “Toda novela a la que uno se entrega podrá ser mala, pero es autobiográfica” (https://elpais.com/diario/1985/05/27/cultura/485992814_850215.html).

Además de esta maravillosa novela en nuestras bibliotecas podéis disfrutar de más libros de este genial autor. No sólo como novelista, también como economista y como prologuista (entre otros escribió el prólogo de la edición española del famoso libro ¡Indignaos! de Stephan Hessel, que se convirtió en uno de los referentes del movimiento 15-M).

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CINEMA PARADISO – Los santos inocentes

El pasado martes se cumplían años del nacimiento de uno de nuestros  mejores escritores del siglo XX. Corría el año 1920 cuando venía al mundo Miguel Delibes, escritor de altura, autor de numerosísimas obras literarias entre las que destaca “Los santos inocentes”, sobre la que se hizo en su día una magnífica adaptación al cine.

La adaptación cinematográfica fue dirigida por Mario Camus y posee un reparto excepcional. Es una película mítica del cine español, ( lo fue ya desde poco tiempo después de estrenarse); de esas que denominan una etapa del cine español (los años 80), comprometida con el pasado histórico y donde las adaptaciones literarias de grandes escritores nacionales eran comunes y muy habituales (“La casa de Bernarda Alba” del propio Mario Camus, “El bosque animado” de Jose Luis Cuerda o “Jarrapellejos” de Antonio Gimenez Rico, son  sólo algunos de los muchos ejemplos).

“Los santos inocentes” tuvo su recompensa en uno de los festivales de cine de mayor renombre, el Festival de Cannes, en donde Alfredo Landa y Paco Rabal, consiguieron la Palma de oro a mejor actor, premio ex aequo, en una ceremonia donde las palabras de agradecimiento de Paco Rabal al recoger el premio fueron “Milana bonita”. Mario Camus, también vio reconocida su labor al recibir una mención especial del jurado. No obstante es uno de esos directores literarios -y ya veteranos- que han dado fama internacional al cine español, puesto que ha ganado premios en Berlín, (consiguió El Oso de Oro por “La colmena”) Buenos Aires, Montreal y por supuesto en los premios Goya.

El director junto con los actores, especialmente Alfredo Landa y Francisco Rabal que llevan el peso de la película, componen  unos personajes míseros, ingenuos y subordinados con un cruel realismo. El “Azarías” encarnado por Rabal es un icono del cine español. Y Alfredo Landa, que  se confirmó como actor dramático en la década de los 80, (tras haber sido uno de los cómicos cinematográficos más importantes del cine de la transición, fue Garci quién le dio la oportunidad con “El crack” en el año 1981). Desde entonces encadenó una serie de títulos notables como “La vaquilla”,“Tata Mía”, “El bosque animado” o la cinta que nos ocupa.

“Los santos inocentes” se ambientan en los años 60 en el cortijo de una familia aristócrata y franquista, un universo propio donde se contrastan dos mundos muy marcados, el de los amos y el de los criados, a través de unos personajes inolvidables. Es una dura crónica rural de estos años, un periodo donde el contraste entre clases sociales es abismal y unos dominan completamente a otros sin ningún tipo de piedad o compasión, como consecuencia de la gran diferencia entre unos y otros provocada por el sistema de reparto agrario, del cual salieron claramente beneficiados nobleza y burguesía.

La familia de Paco (Landa) y Régula (Terele Pávez) es el verdadero ejemplo de la sumisión a la que se ven abocados los campesinos de estos años, un crudo retrato de pobreza, miseria e infortunio así como de la ingenuidad. Son seres que asumen su condición y no intentan discutirla, sus vidas se deben únicamente a los amos, los cuales también asumen otro estatus y lo llevan al paroxismo. El que es pobre se sabe pobre y el que es rico se sabe rico, y ambos ejercen su posición.

En “Los santos inocentes” esa miseria se hace aún más patente quizás porque está  salpicada por ciertas dosis de ternura lo que hace que el retrato sea, si cabe, más eficaz. Esa hija disminuida, a la cual deben de mantener con sus escasos recursos o Azarías un personaje entrañable y un poco especial  que consigue atrapar al espectador a base del cariño y la complicidad que emana. Son seres bondadosos machacados por la vida, en contraposición con la fortuna, la tangible y la que no lo es tanto, de los personajes que encarnan la otra cara de la moneda, los ricos y poderosos.

La película se rodó en escenarios extremeños para no  perder la fuerte carga emocional que contenía la novela original de Miguel Delibes, si bien la película está narrada a modo de flashback,  con un elegante y moderado uso de la elipsis,  introduciendo así un componente evolutivo en la historia que nos permite liberar a los hechos del paréntesis en que se enmarcan y apreciar el desarrollo de ciertos personajes, registrando sus motivaciones y el resultado de las mismas.

La maravillosa fotografía de Hans Burmann y la desgarradora música de García Abril, con los que el director ya trabajó en la también fantástica adaptación de “La colmena”,  complementan el trabajo en esta obra indispensable.

Dura, cruel, tierna, inocente e ingenua, estos son algunos de los adjetivos que se le pueden dar a “Los santos inocentes”, sin duda uno de los mejores títulos de la filmografía española de los años 80.

Cuenta la leyenda que en su presentación en Cannes, el público rompió en aplausos con su desenlace final, bendiciendo incondicionalmente a Azarías y condenando a muerte, con simbólico merecimiento, a una de las páginas más negras de nuestra historia reciente. Quede esta frase para su recuerdo.

              “¡Quiá! ¡Quiá! Yo…no quiero…que la milana me se vaya.”

Podéis encontrarla como siempre en la biblioteca. DVD PE 476

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RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro

Hondonada, La_135X220 Hoy en nuestra sección dos mundos antagónicos, la India y Estados Unidos, de la mano de dos hermanos, tan distintos como estos países, y sin embargo tan unidos.

Los hermanos Subhash y Udayan viven en un humilde barrio de Calcuta donde, durante la temporada de lluvias, un lecho seco entre dos lagunas se transforma en un gran espejo de agua. Allí, en la hondonada, transcurre su infancia, jugando al fútbol o nadando, a merced de la naturaleza. Pero la hondonada es algo más que un pedazo de tierra. Es el vacío en el corazón de los hermanos cuando empiezan a crecer y sus caminos se separan de forma inexorable, uno en la India y el otro en Rhode Island. Años después, cuando la tragedia irrumpe en sus vidas, Subhash regresa a su país con la esperanza de recomponer una familia desgarrada a consecuencia de los actos de Udayan, que afectarán a los destinos de su joven esposa, de sus padres y de su hermano mayor.

En La hondonada nos adentramos en dos mundos totalmente opuestos de la mano de estos dos hermanos. Subhash, el mayor, es prudente, responsable, tranquilo. Sus momentos favoritos son cuando está solo, o se siente solo. Siempre hace lo que los demás esperan de él. Udayan en cambio es impulsivo, visceral, pro-activo, valiente, inmune a las inhibiciones. Lucha por los ideales que cree que son justos, aunque ello suponga poner en riesgo su vida. Pese a sus diferencias los confunden continuamente , sus voces son prácticamente indistinguibles. La piel idéntica, facciones angulosas, cabello ondulado…, casi la misma constitución que los hace vestir con la misma ropa. Los dos iguales de brillantes en los estudios. Udayan, aún siendo el menor de los dos, siempre ejerce  como hermano mayor, sintiéndose responsable de Subhash y ejerciendo como su mentor, animándole a que se implique en los ideales por los que lucha, aunque pronto descubre que es una batalla perdida.

En 1967, a raíz de unos sucesos ocurridos en Naxalbari (pueblo del distrito de Darjeeling), cuando dan una paliza  a un campesino, y la policía se niega a intervenir, se crea el Movimiento Naxalita. Varios grupos de aparceros empezaron a protestar contra los terratenientes que los explotaban, bajo un sistema feudal que apenas había cambiado. Dos comunistas bengalíes, Charu Majumdar y Kanu Sanyal, disidentes del partido comunista indio PCI(M) les ayudaron a organizar las protestas. Pronto las mismas se extendieron por toda la India, contando con el apoyo de miles de estudiantes que se trasladan a las zonas de conflicto para apoyarlos y ayudarlos. Uno de esos estudiantes es Udayan, que siente que su responsabilidad es quedarse en la India y unirse al partido que crean Charu Majumdar y Kanu Sanyal, el Partido Comunista de la India, Marxista-Lenilista PCI(ML), más cercano a las doctrinas de Mao Tse-tung. Subhash, sin embargo, decide marcharse a Rhode Island y continuar con sus estudios: “En ese nuevo y enorme país parecía que ya no hubiera sitio para lo viejo. No había nada que conectara lo nuevo y lo antiguo; él era la única conexión. Allí la vida ya no le ponía obstáculos ni lo agredía. Era un lugar donde los seres humanos no estaban siempre empujando, corriendo como si huyeran de las llamas de un incendio”. Udayan, no intenta retenerle ni convencerle, pero siempre se siente un poco traicionado y abandonado por su otra mitad.  Estos hechos y la distancia que los separa hace que se distancien, pero ellos están unidos por un  lazo mucho más fuerte que la política y los kilómetros, la sangre.

A raíz de la marcha de Subhash, la novela va dando saltos de Rhode Island a la India. Vamos viendo la evolución de los hermanos en esos dos países tan diferentes (la miseria y pobreza de la India, su idiosincrasia familiar y cultural, frente a la modernidad de los Estados Unidos). De la mano de Subhash vemos cómo se adapta un inmigrante indio a un país tan ajeno culturalmente a sus raíces, cómo se relaciona con las personas de su entorno, en el ámbito académico. De la mano de Udayan asistimos a la evolución del Movimiento Naxalita desde dentro: reuniones clandestinas, pintadas de madrugadas, asesinatos…El Movimiento Naxalita sigue vigente en la actualidad y  está catalogado como terrorista por el gobierno indio.

Tenía muchísimas ganas de volver a leer a Jhumpa Lahiri. Su anterior libro, Tierra desacostumbrada (considerado mejor libro de 2008 por The New York Times), me dejó una buenísima impresión. A mí los libros que despiertan tanto entusiasmo me llaman mucho la atención y, tengo que descubrir por mí misma, qué es lo que concilia a dos sectores que no siempre van unidos: crítica y público. Después de leer Tierra entendí el por qué de dicho entusiasmo. La prosa de Jhumpa es sutil y bella, pero al mismo tiempo triste y melancólica, quizás por los temas que trata. Suele hablar de inmigrantes indios en Estados Unidos, con el choque cultural que esto implica, abocándolos a un inevitable conflicto de identidad. No obstante,  sabe de lo que habla. De padres bengalíes, nació en Londres pero se crio en Rhode Island (Estados Unidos). Lahiri sorprendió a todos cuando en el año 2000 consiguió el Premio Pulitzer con su primer libro, Intérprete de emociones, hecho insólito que alguien irrumpa con esa fuerza en el mercado editorial. Con éste, su último libro, fue finalista de los premios Booker y National Book Award.

Después de leer el libro, tengo que decir que me ha gustado mucho y que he aprendido mucho (algo importante para mí, que además de entretener me enseñen). Sin embargo, debo decir que Tierra desacostumbrada me gustó más. Tal vez por la sorpresa, no sabía qué me iba a encontrar y resultó que me encontré con uno de los libros más delicados y bellos que he leído. Pero esto no desmerece el libro que hoy recomendamos. Como sabéis, siempre recomiendo cosas buenas (buenas según mi criterio, la lectura es algo muy subjetivo). Si os animáis ya sabéis, lo tenéis aquí en tu biblioteca, y también su anterior novela Tierra desacostumbrada. Dos buenos libros para estas fechas que se aproximan.   Sigue leyendo

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