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PIRULETRAS – Para niños y mayores

 

Hola otra vez. ¿Qué tal ha ido la Semana Blanca?

Yo no he tenido, aunque la hubiera cogido con ganas, con tantas ganas como los Calzoncillos asesinos se agarraron a Jiggy McCue. Ya sabes, ese chico que es perezoso para cambiar de ropa interior. Con una madre que no le entiende, porque se preocupa mucho por la higiene, tú sabes, como todas las madres.

Los calzoncillos asesinos - Michael LawrenceEs una ley universal que tu madre se encargará de comprarte los calzoncillos de por vida. Y que por nada del mundo quiere que vayas sin calzoncillos limpios, porque puede pasarte cualquier cosa catastrófica (que te pille un tren, un autobús, un cohete…) que te lleve a terminar en un hospital, y…¿qué pensaría de ella el médico? ¿Qué clase de madre permite que su hijo salga de casa sin los calzoncillos limpios?

Pues eso Jiggy no lo ve así, a él le molan los calzoncillos después de un uso prolongado, cuando se han aflojado y se le han abierto agujeros de ventilación extra.

Creo que esta lucha histórica de madres vs hijos en torno a los calzoncillos es tan antigua como…ummmm…como las madres y los propios calzoncillos, eso seguro. A las madres, desde que se inventaron los calzoncillos, les encanta comprarlos a puñados. Si alguna vez hay una catástrofe nuclear a escala mundial, no habrá comida, no habrá vegetación, no habrá nada, excepto: calzoncillos, bragas y calcetines que saldrán de los cajones de las madres previsoras, que los tenían guardados para estas emergencias.

La madre de Jiggy, decidida a acabar con esta manía de su hijo, le compra unos nuevos calzoncillos y al pobrecito empiezan a ocurrirle toda una serie de cosas extrañas, la primera de ellas, no poder quitárselos!!!

Los calzoncillos se apoderan de él, llegando a hacerle su prisionero, se mueven, le producen picor y le amenazan con estrangularlo (como hacen los calcetines con agujeros en el dedo gordo, que te estrangulan el dedo hasta notar ahí el corazón. Aunque claro, supongo que es peor que te estrangulen los calzoncillos a que te estrangule el calcetín ¿no, chicos?).

Todo esto da lugar a un montón de circunstancias muy graciosas para el lector, no para el pobre protagonista. Suerte que su ironía burlona le mantiene a salvo de caer en la más absoluta desesperación.

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