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CINEMA PARADISO – Yo, Daniel Blake

La pasada semana se fallaron los premios de uno de los festivales de cine más mediáticos del mundo, así como el más importante en términos de proyección internacional; el Festival de Cine de Cannes. Su vocación fundacional sigue viva después de setenta y una ediciones en dar a conocer y respaldar obras de calidad para fomentar la evolución del cine, favorecer el desarrollo de la industria  en el mundo y proyectar el séptimo arte a nivel internacional.

Una de las películas que se han alzado con el galardón más importante de éste festival, la Palma de Oro, es la que quiero reseñar hoy, se trata de “Yo Daniel Blake”, que compitió en la edición de 2016. Es la quintaesencia de Ken Loach, veterano director británico que con esta película tiene el poder de arrastrarnos a un intenso choque emocional.

Por primera vez en su vida, y víctima de problemas cardiacos, Daniel Blake, carpintero inglés de 59 años, se ve obligado a acudir a las ayudas sociales. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar empleo si no desea recibir una sanción que le anularía las ayudas de las que vive. En el transcurso de sus citas al Job Center, Daniel se cruza con Katie, una madre soltera con dos niños que tuvo que aceptar un alojamiento a 450 km. de su ciudad para evitar que la enviaran a un hogar de acogida. Prisioneros de la maraña de aberraciones administrativas actuales en Gran Bretaña, Daniel y Rachel intentarán ayudarse mutuamente.

La película pone de manifiesto el fenómeno burocrático, todo el monstruoso entramado de las conocidas como sociedades del bienestar, espantoso tinglado formado por asistencia social, oficinas de empleo, cursos, subsidios, paro, pleitos, apelaciones y demás papeleo limosnero. Mil formas de persuasión, trabas y obstáculos constantes, de apariencia inofensiva y de crueldad inusitada. Está impregnada del espíritu de denuncia social que caracteriza el trabajo de Loach.

El éxito de la cinta es también debido al impecable guion de Paul Laverty. En esta ocasión, su argumento nos sitúa frente a los derechos sociales de una ciudadanía de la que el Estado, autodenominado liberal, se defiende como gato panza arriba. Daniel Blake es un empleado modélico, de los de antes. De aquellos que nunca enfermaron, ni llegaron tarde a su trabajo ni un solo día. Que después de un accidente laboral, quisiera reincorporarse, pero razones médicas lo impiden.

Y allí se acaba la lógica. No la de la obra, sino la del mundo en que vivimos, fielmente retratado en la película. Comienzan los talleres para parados que si no se cursan, le supondrán el desahucio. Cursillos que preparan para puestos inexistentes, pero cubren la necesidad del organismo público que así acredita exigir algo al parado a cambio de su prestación.

La coprotagonista ilustra las dificultades especialmente intensas para las familias de un solo cónyuge, el vaciado del centro de las ciudades por la especulación inmobiliaria, que aboca a vivir lejos del lugar donde se disponen los servicios comunes, … Es decir, “Yo Daniel Blake” ahonda en las contradicciones de nuestro sistema, en las víctimas que crea y en la terquedad con que se ceba en estas.

Todas estas miserias nos la cuenta Ken Loach de forma cruda, con un realismo apabullante, a través de las vidas de dos personas anónimas que comparten las desgracias de un sistema económico deshumanizado. Como todas sus películas ésta es lenta y minuciosa, reflejando detalles que podrían parecernos inútiles pero que nos sumergen cada vez más en los personajes, haciéndonos empatizar con ellos.

Habitualmente se dice que las películas de Loach dejan mensaje. Esta en particular, no sólo nos lo deja, sino que además nos llama a la acción a  preocuparnos por ese submundo para muchos de nosotros inexistente, a hacernos reflexionar sobre lo mal que lo pueden estar pasando muchas personas, incluso de nuestro entorno. En definitiva, a hacernos más humanos.

Denuncia social, canto a la bondad humana, y 100 minutos de sentimientos a flor de piel para  conmovernos y darnos ese empujón de salir del cine queriendo hacer mejor las cosas y con otra perspectiva. Altamente recomendable y necesaria de vez en cuando.

Y como ya sabes, para disfrutar de ella, nada tan fácil como pasar por la biblioteca y llevártela a casa: DVD PE 4605

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CINEMA PARADISO- Samba

Esta semana, una vez más, elijo una película francesa para mi reseña y es que he de reconocer que tengo cierta debilidad por el cine francés. En esta ocasión se trata de una película que en el año 2014 pasó por las salas sin pena ni gloria, un poco a rebufo de la exitosa Intocable, pero que yo pienso que merece ser mencionada.

Tres años después del gran éxito de taquilla de Intocable, el dúo Éric Toledano-Olivier Nakache repiten fórmula. Utilizan al mismo actor, el desde entonces célebre Omar Sy, inmigrante negro que si bien allí conquistaba el corazón del protagonista, un refinado aristócrata en silla de ruedas, aquí establece otra relación fácilmente predecible. Se trata de una mujer sumida en la depresión y que abandona su vida burguesa para ejercer de asistente social.

Con semejantes premisas, tal vez se podía esperar lo peor. Pero no es así. Toledano y Nakache ponen de manifiesto su indiscutible talento para no morir en el intento. La por supuesto interesada relación pasional entre la chica burguesa, sumida en una creciente zozobra psíquica y el senegalés sin papeles que sobrevive mediante trabajos temporales con la que se explota al más débil, da pie a todo un amplio catálogo de tópicos. No faltan clichés, aunque reconducidos con bastante pericia argumental.

A Samba Cissé, un marginal siempre acosado por la policía y bajo el riesgo de ser expulsado de Francia, su relación romántica con la inestable Alice puede garantizarle la estabilidad, tras diez años de vida itinerante y peligrosa. Por tanto, ambos se utilizan mutuamente. Como se afirma en un momento de la película: “Los sin papeles tienen muchos papeles”. Aquellos que están forzados a representar si quieren sobrevivir en una sociedad hipócrita e injusta.

En Samba todos mienten, los privilegiados y los desfavorecidos, como ocurre en la vida real. Es cierto que la película bordea en alguna ocasión el límite de lo absurdo, pero este juego narrativo evita convertirla en algo indulgente y sentimentaloide. A ello contribuye el magnífico trabajo desarrollado por Sy y Gainsbourg, siempre tan frágil en apariencia, así como la de otros personajes secundarios como Tahar Raim que interpreta otro personaje relevante de la película.

Samba podría calificarse como un drama pero con muchos puntos de luz. Desde un tono amable que decide volverse amargo en momentos determinados, la película se centra principalmente en la historia del joven senegalés, intentando abarcar con su trama, quizás con demasiada ambición, cada una de las casuísticas posibles para un inmigrante ilegal. Con clara voluntad de compromiso, Nakache y Toledano pretenden mostrar al espectador cómo es la vida cuando se acaban las opciones, cuando se tiene miedo a ser descubierto, cuando sobrevivir y vivir son acciones casi excluyentes.

No obstante y pese a la intención de denuncia, la elección de convertir a Samba, no en una tragedia inevitable estilo Biutiful de Iñarritu (que he reseñado recientemente), sino también en una reflexión sobre el extenuante e inútil ritmo de vida moderno, adornado a su vez, con pinceladas de comedia romántica, hacen que la película tienda a desequilibrarse en algunos momentos ante la falta de un objetivo más claro. De esta forma, la trama que muestra la lucha contra el sistema de Samba se ve complementada por la del personaje de Alice, una mujer que busca también seguir con su vida a pesar de sus circunstancias, como prototipo de un caos moderno, que sin embargo no deja de ser un complemento al protagonista masculino y sus escenas en solitario, una distracción de la trama principal.

No obstante y a pesar de sus cambios de tono, en mi opinión es una película que merece ser vista. En primer lugar por las interpretaciones, en las que, además de los protagonistas, destacan unos magníficos secundarios, como es el caso del ya mencionado Tahar Rahim. También por el guion que contiene pequeños detalles que consiguen mostrar lo cruel e injusto de la vida de una forma tan irónica y absurda que hacen de estas píldoras de humor negro elementos esenciales para aligerar y dotar de credibilidad a la película.

Samba es por tanto una película que, aun siendo amable, está dispuesta a hablar sin tabúes de problemas reales que están a la orden del día. Si tuviera que ponerle alguna pega, diría que quizás no logre abarcar con solvencia la amplitud temática que persigue pero que sin embargo considero que se trata de una buena opción que logrará que el espectador pase un buen rato al mismo tiempo que le hará salir de ver la película mirando la calle de una manera diferente.

Y como siempre podéis encontrarla en la Biblioteca DVD PE 4250

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