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RECOLECTURAS – Fondo perdido

«Tengo una psicología de superviviente: para mí vivir es librarse. Cada día, cuando me levanto, lo compruebo. ¿Sabes quién se ha muerto», te preguntan, y hasta ahora siempre se han muerto los demás, pero un día no será otro».

Hoy, 23 de abril, Día del Libro, me he querido acercar a la figura de Manuel Alcántara, fallecido recientemente, a través de una selección de artículos reunidos en el libro Fondo perdido, y de paso rendirle un pequeño homenaje en este día tan señalado para todos los amantes de la buena literatura.

Manuel Porras Alcántara ( 1928 –  2019), nació en Málaga un 10 de enero de 1928, en la calle del Agua, en el popular barrio de la Victoria. Por motivos laborales de su padre, que trabajaba en RENFE, tuvo que desplazarse a Madrid, donde cumpliría los 18 años. Comienza sus estudios de Derecho, carrera que dejó inacabada, “por aburrimiento”. En la capital española conoció a quien fue su esposa, Paula Sacristán, con la que contrajo matrimonio en 1953. Ésta falleció en la provincia de Málaga el 20 de noviembre de 2007.

Su estreno poético fue en 1951, a la edad de 23 años, en el entorno de los cafés literarios “Sexto recital de la III Serie de lecturas poéticas del Café Varela” y denominado “Versos a medianoche” que anunciaba un cartel pintado por Mingote. Después participa en el Café Lisboa, y en 1952 en el Café Lira con el grupo literario “Tartessos”, con lo que se integra en el mundo literario del Madrid de los años cincuenta.

En 1953 estrena “Alforjas para la poesía”, en el teatro Chapí, obteniendo también algunos premios en Juegos Florales como los de Lorca y Gijón, pero más importante será el premio de poesía “Antonio Machado” conseguido en 1955 con su primer libro “Manera de Silencio”. Un año después será muy reconocido con homenajes y lecturas poéticas, hasta figurar como autor destacado en “Antología de la poesía española 1955-1956” de Rafael Millán.

En cuanto a la prensa, su inicio fue tardío, en 1958 y con 30 años de edad en La Hora. Semanario de los Estudiantes Españoles. A partir de aquí ese momento sus colaboraciones en diversas publicaciones han sido ininterrumpidas y muy conocidas, por lo que pronto alcanzaría las cabeceras más importantes de la prensa española.

Ha colaborado en los diarios Pueblo, Ya, Arriba, Marca y La Hoja del Lunes. Además, ha participado en la revista Época y en numerosos programas de Radio Nacional de España o la COPE. También ha colaborado en Televisión Española, en espacios relacionados con el fútbol, deporte del que es un gran conocedor.

Residía en el Rincón de la Victoria (Málaga), desde donde escribió diariamente durante treinta años (entre el 1 de junio de 1989 y 2019)  una columna que se publicaba como primera firma en la contraportada de los diarios del Grupo Vocento. Siguió activo​ hasta pocos meses antes de su fallecimiento y se le consideró el «decano de los columnistas» por su labor en este campo, puesto que estuvo más de 50 años escribiendo en diversos medios de comunicación.

Fruto de esta labor articulista y columnista, son los numerosos reconocimientos recibidos a lo largo de su vida.

Premio Nacional de Literatura, está en posesión de los tres galardones más prestigiosos de la literatura periodística española: Mariano de Cavia, Luca de Tena y González-Ruano.

(Fuente: https://www.poetasandaluces.com/profile/93/ y Wikipedia)

Fondo perdido, reúne cien artículos comprendidos entre los años 1958 y 1997. Entre ellos, los premiados Federico Muelas y Tono.

Mi madre siempre dice que ella tomó la costumbre de empezar a leer el periódico por detrás, por la afición que le tenía a sus maravillosas columnas.

En la biblioteca podéis encontrar además: Travesía (Antología poética, 1955-2004) y Málaga nuestra.

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

 

 

 

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RECOLECTURAS – La importancia de no entenderlo todo

«La idea de que me iré de un mundo que está cada vez peor no me gusta, porque siempre pensé que era mi deber dejar el mundo mejor de lo que lo había encontrado. Si se tiene el hábito de ver cada día como una jornada completa, envejecer es interesante. Todos los días se conoce a una persona nueva, una puesta de sol nueva. Todos los días pasan cosas hermosas»

Hoy en nuestra sección, La importancia de no entenderlo todo de Grace Paley.

Grace Paley (1922-2007), conocida a nivel literario por sus cuentos (en la biblioteca tenéis sus Cuentos completos publicados por la editorial Anagrama), fue una destacada pacifista y activista política, además de feminista. En este libro vamos a conocerla en estas facetas a través de sus artículos, reportajes, charlas y prefacios. Aunque su historia comienza en los años veinte, mucho de los asuntos tratados en este libro comenzaron en los años cincuenta.

Casi todos los artículos fueron escritos porque Paley formaba parte de un movimiento, más bien de una marea, que surgió de las luchas por los derechos civiles de los cincuenta y que generó energías y métodos en los movimientos antibélicos de acción directa de los sesenta, debilitándose luego para volver con fuerza en los setenta y ochenta, en la segunda ola del movimiento de las mujeres, ola nutrida por las corrientes de la educación ecológica, la interconexión y la acción.

Hija de emigrantes rusos, Grace se crió en el barrio neoyorquino del Bronx en una familia puritana, socialista y judía. Quizás estos orígenes y mezcla de culturas (en casa se habla yiddish y ruso), hace que desde muy pequeña se despierte en ella la conciencia social y política. A los nueve años se inscribió en una organización llamada los Halcones: jóvenes socialistas menores de doce años, donde se cantaba «La Internacional», con el final socialista, además de ir vestidos con camisas azules y pañoletas rojas.

Siempre se mantiene muy crítica respecto a las decisiones tomadas por el gobierno de los Estados Unidos: «Aunque Estados Unidos amparaba el capitalismo, el prejuicio (que ahora se conoce como racismo: rechazar a la gente sin ningún motivo, salvo el color de la piel) y el linchamiento, mi padre decía que teníamos suerte de estar aquí». No obstante, sus críticas no son infundadas, son obtenidas de primera mano: Grace fue miembro de la delegación del movimiento pacifista que acompañó a tres prisioneros de Hanói a Estados Unidos en el programa de devolución de prisioneros durante la guerra de Vietnam, programa en el que los vietnamitas tenían puestas muchas esperanzas, y como veremos, Estados Unidos incumplió. También cuestiona la evacuación de niños vietnamitas a Estados Unidos para ser dados en adopción sin un registro adecuado, ya que muchos de ellos aún siguen teniendo familia en el país. Según Grace: «La guerra de Vietnam, que empezó con ignorancia, autocomplacencia y con el exterminio de inocentes, terminó de manera muy parecida». Sus protestas por la guerra de Vietnam, llevaron a Grace a pasar seis días en la cárcel de Greenwich Village.

Otra guerra que le tocó vivir, e igualmente cuestionada y criticada, fue la del Golfo. Según la autora fue sobre todo un experimento para probar el nuevo arsenal armamentístico de los Estados Unidos, ya que el petróleo sólo constituía el 5 o 10%. También se posicionó en contra de la política estadounidense en Centroamérica.

Sus protestas antibelicistas, por las que fue muy conocida, las llevó a cabo desde el pacifismo: «El pacifismo no es “pasivismo”»;  desde la desobediencia civil: «La verdadera esencia de la desobediencia civil no violenta es la terquedad más absoluta». «Para mí ha tenido más importancia no pedir permiso  no pedir permiso que desobedecer»; y desde la comunidad, emprendiendo acciones locales.

grace

Iguales de interesantes son sus opiniones sobre el feminismo, movimiento al que se fue acercando conforme iba creciendo, la enseñanza y la escritura.

Para Grace ser feminista significaba saber que: «lo normal durante varios miles de años ha sido que los hombres se adueñen durante varios miles de años del destino de las vidas de las mujeres, y que eso no es natural. Es una forma antinatural de organizar la vida en la tierra. El feminismo no consiste en hacer una lista de prioridades y de opresiones, sino en exigir cambios en una escala mayor, situando las vidas de las mujeres en el mismo plano central que la mayor parte de los radicales ocupan la clase o la raza, y mostrando cómo se relacionan». Ella pertenece al grupo Acción Femenina contra el Pentágono de Nueva York, entre otros movimientos. Hago aquí un inciso para decir que la Declaración de Unidad de las mujeres en sus protestas contra el Pentágono (páginas 115-122), es magistral.

Su relación con las mujeres y con sí misma: «Aprendí a educarme a mí misma sin saberlo. Aprendía de mí misma, entre otras personas», afecta también a su escritura: «Cuando yo empecé a escribir como escritora fue porque había empezado a vivir entre mujeres. Lo mejor de todo es que yo no las conocía, no sabía quiénes eran. Pero no tenía ni idea, y creo que de ese hecho procede mucha literatura.  Procede de no saber mucho sino de no saber. Procede de aquello por lo que sientes curiosidad, de lo que te obsesiona, de lo que quieres conocer. […] De manera que empecé a pensar en esas vidas, y esas fueron las vidas que me interesaron».

Respecto a la escritura Grace hace una diferencia entre escritor y crítico. Según ella, un escritor para hacer bien su trabajo debe vivir en el mundo, y un crítico, para sobrevivir en el mundo, debe vivir en la literatura. Una de las razones por las que un escritor se interesa mucho más por la vida que otras personas que simplemente se dedican a vivir, es que el escritor finge ser un especialista en algo (la vida) de la que no sabe nada. Si escribe es para poder explicárselo todo a sí mismo, y seguramente escribirá más cuanto menos sepa.

Estos son algunas pinceladas que os podéis encontrar en este libro, en el que también aborda el tema del aborto y la menopausia, entre otros. Aquí hemos conocido sus reflexiones desde su militancia en distintos movimientos pacifistas y feministas, en los que se mantuvo muy activa hasta el final, una de sus últimas protestas fue contra la guerra de Irak; pero no debemos olvidar que Grace, además de mujer trabajadora, ama de casa y madre, se consideraba escritora: «El sentido de mi vida, que posponía hasta medianoche y adaptaba a los diferentes lugares y trabajos, era escribir. Tardé mucho en darme cuenta, pero ahora lo sé».

Un maravilloso libro para leer, releer y que nos va a permitir entender un poco más la historia de Estados Unidos durante el siglo XX.

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