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CINEMA PARADISO – Hasta el último hombre

Esta semana quiero reseñar una película ganadora de dos premios Oscar en la edición de 2016, que si bien no son de los más importantes, sí hablan de la calidad de la película. Se trata de “Hasta el último hombre” dirigida por Mel Gibson que regresa detrás de la cámara para contarnos la odisea de un soldado diferente, Desmond Doss,  un joven contrario a la violencia que vive en un núcleo familiar cargado de ella. Su padre, excombatiente del ejército estadounidense, vuelve a casa roto, y su única válvula de escape es el alcohol y la violencia. Tras el ataque de Japón a Pearl Harbor, todo hombre en edad de combatir debe alistarse voluntariamente al ejército para defender a su país, pero Doss está convencido de no usar la violencia y jamás cargará con un fusil. Esto le traerá múltiples dificultades en su entrenamiento militar, sus compañeros y altos mandos no comprenden su negativa e intentarán hacerle desistir de su objetivo, pero su convicción le ayudará a lograrlo y es enviado al frente junto a su batallón para ejercer como médico.

El protagonista, Andrew Garfield, que  a priori no nos da excesiva confianza, no porque sea mal actor sino por el estigma que le perseguía por su trayectoria anterior en MARVEL como Spiderman, hace dudar. Sin embargo, y muy bien dirigido por Mel Gibson, Garfield demuestra sobradamente su capacidad. Y ésta será la primera de dos actuaciones magníficas ya que a continuación trabajará a las órdenes de Scorsese en la también oscarizada y magnífica película “Silencio”, limpiándose así definitivamente la imagen de superhéroe que le venía persiguiendo.

Con “Hasta el último hombre” llegó su primera nominación en los Oscar como  Mejor Actor y fue ganador de un Satellite Awards en dicha categoría, venciendo al gran favorito, Ryan Gosling, por ‘La La Land’.

En la película nos encontramos valores asociados a los tiempos de guerra como el heroísmo, el patriotismo o la redención, pero desde un punto de vista antibélico. Estos matices vienen introducidos por el joven Desmond y su doctrina adventista, cuyas creencias no conjugan con la necesidad de matar bajo ninguna circunstancia y que le llevarán a la guerra para salvar a sus compañeros de los destrozos de la misma.

Gibson crea una película claramente dividida en tres partes. Antes de la guerra; el entrenamiento  del ejército antes de ir a ésta y la tercera ya en la propia guerra. Las tres partes suman el destino de nuestro héroe, Desmond Doss. Nos desvelan su recorrido, sus creencias y su fe, cómo llego a estas, cómo luchó contra prejuicios y mentalidades opuestas y cómo demostró que tenía razón y la utilidad de su propia fe.

De las tres partes en las que se divide la película, quizás la más floja sea la primera, demasiado tópica, demasiado cliché, muy bien realizada y funcional pero muy vista. La segunda, pese a que recuerde a “La chaqueta metálica”, consigue emocionar y quizás enervar debido a la testarudez de su personaje principal. Pero es en la tercera en la que lo da  todo; se inicia con una larga secuencia bélica… o quizás podríamos decir  la secuencia bélica, convirtiéndose en una de las mejores que he visto jamás;  magnífica en todos sus aspectos. El espectador es trasladado a la guerra, al campo de batalla, al infierno. La película te obliga a abandonar la butaca y arrastrarte  por el fango mientras miles de disparos y docenas de bombas golpean a nuestro alrededor. Es el horror como pocas veces se ha visto. Solamente por esta secuencia ya vale la pena ver la película. Sublime. Posteriormente el relato no llega a alcanzar la cumbre, pero se mantiene correctamente.

Al basarse en una historia real, más increíble aún que la propia ficción, se corre el riesgo de caer  en la mitificación del héroe y olvidar que es una persona real  para convertirlo en casi un santo. Durante toda el relato vemos la parte buena y de héroe de Doss pero no sus sombras. Aun así,  resulta creíble y bien expuesto durante casi toda la  película, pero es al final cuando cae en ese error y se crece en si misma; opta por dejar atrás el realismo y volverse épica, convirtiendo  al héroe en alguien digno de devoción y mandando un poco  al traste el relato moral.

Nos encontramos ante una buena película, a la que quizás los mayores reparos que se le pueden poner son morales. No obstante, sin ninguna duda vale la pena verla. Y sólo tienes que pasar por la biblioteca y llevártela a casa. DVD PE 4550

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