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RECOLECTURAS – Instrumental

«Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida»

Hoy en nuestra sección un libro sobrecogedor, de esos que no dejan indiferente a nadie y que deja un poso en el interior durante mucho, mucho tiempo. Instrumental, de James Rhodes.

En estas desgarradores memorias el pianista nos va a relatar el horror que vivió en la infancia cuando de manera continuada fue violado por su entrenador; y como este hecho marcó su vida. Pero también nos va a hablar de su gran pasión: la música clásica. Porque, si por algo es conocido James Rhodes, es por ser concertista de piano. Además es uno de los principales renovadores de la música clásica. Su cruzada para acercar los más célebres compositores a todo tipo de oyente dirige sus acciones: conciertos tanto en teatros de relumbrón como en salas de circuito pop, acuerdos con discográficas como la Warner pero también con su propio sello (Instrumental), artículos (tan polémicos como empáticos), para cabeceras como The telegraph y The Guardian, documentales como Notes from the inside, de Channel 4, donde conversó y tocó, para pacientes con problemas mentales…

El planteamiento de estas memorias es muy original. Está dividido en veinte temas, que corresponden a su vez a veinte compositores de música clásica. Haremos un recorrido desde la Chacona de Bach y Busoni, pieza que le cambió la vida y que lleva en su corazón desde los 7 años (momento tipo princesa Diana, junto al nacimiento de su hijo, conocer a Hattie y cuando lo violaron por primera vez), pasando por Prokófiev, Shubert, Beethoven, Ravel, Shostakóvich, Liszt, Brhams, Mozart, Chopin, Schumann y Rajmáninov, entre otros; y conoceremos más sobre estos grandes de la música clásica (hay datos biográficos de ellos al principio de cada capítulo).

Además nos adentraremos en este desconocido mundo para muchos, con duras críticas por su parte a lo que le rodea:

  • Los intérpretes. Normalmente retrasados y supertopes. Casi todos ellos situados en algún punto del espectro autista y del aspérger (su caso) y con un estilo de vestir lamentable. Muy inteligentes, pero incapaces de tener una interacción social normal. Casi nunca se mezclan con el público.
  • Los guardianes. El noventa y nueve por ciento de los cuales son hombres blancos y viejos, y que dirigen las salas de conciertos y las agencias.
  • Las discográficas. Las empresas (siempre) pequeñas, avergonzadas e ingenuas que dirigen unos tipos bienintencionados y sumisos sin el menos atisbo de perspicacia comercial y ningunas ganas de probar algo distinto.
  • Los críticos. El gilipollas solitario, amargado, músico fracasado, cabroncete disfrazado de intelectual. El paradigma de todo lo que falla en la música clásica actual.

En contraposición a todo esto, James lucha por darle una vuelta de tuerca en sus conciertos. Igual que toca en teatros, toca en lugares menos “elitistas”. Se presenta en vaqueros, camisetas y zapatillas deportivas. Habla muchísimo, y bromea continuamente. Aire fresco en este mundo tan encorsetado. (Yo tuve la fortuna de verle el año pasado en el Teatro Cervantes de Málaga. Quería descubrir a la persona que hay detrás del personaje y, si como dicen muchos de sus detractores, es sólo fachada y markéting. Deciros que quedé gratamente sorprendida, porque además de un genial pianista (aprendió prácticamente de manera autodidacta), encontré a un hombre sencillo, humilde, amable y, pese a todo, optimista. Con una gran pasión por su oficio, que logra transmitir a los que tienen la oportunidad de escucharle, porque como dice en su maravilloso preludio: La música clásica me la pone dura).

Ante las críticas y acusaciones que ha recibido de que utiliza su pasado para vender discos, para sentir lástima de sí mismo, o para llamar la atención. James no calla. Es más, alza su voz contra tantos elementos de nuestra cultura que permiten, fomentan, apoyan y celebran el abuso sexual a los niños: la pedofilia: «En muchos de los libros que he leído y en los grupos de apoyo en los que he estado se habla del perdón; sugieren que se escriban cartas a quiénes nos han hecho daño, especialmente si ya no están vivos, y que en ellas expliquemos cuál ha sido el impacto de sus acciones en nosotros y en nuestros seres queridos. Y, en muchos sentidos, eso es precisamente este libro. Es la carta que te he escrito Peter Lee, que te estás pudriendo en tu asquerosa tumba, para contarte que no has ganado. Nuestro secreto ya no es un secreto, un vínculo que compartimos, un lazo contigo, privado e íntimo, de ningún tipo. Nada de lo que me hiciste fue inofensivo, divertido o cariñoso, a pesar de lo que decías. No fue más que una aberrante y penetrante violación de la inocencia y la confianza».

Unas memorias fascinantes que, aunque muy duras, son también unas memorias de la esperanza, del renacer, y de como la música, en este caso, te puede salvar la vida. Contadas de manera franca y amena; y que nos enseña que a pesar de las adversidades (los psiquiatras que lo trataron llegaron a la conclusión de que sufría todo lo siguiente: trastorno bipolar, estrés postraumático agudo, autismo, síndrome de Tourette, depresión clínica, ideación suicida, anorexia, trastorno disociativo de la personalidad y trastorno límite de la personalidad), o quizás, gracias a ellas, puedes supervivir y llegar a convertirte en un gran músico y una persona de éxito.

Una persona increíble al que tenéis la oportunidad de ver este viernes, 29 de junio, en el Castillo Sohail de Fuengirola a las 22.00 horas. ¿Os lo vais a perder?

Si os habéis quedado con ganas de más en la biblioteca también tenemos disponible su último libro, Fugas.

Os dejo con un artículo que escribió hace poco sobre su vida en Madrid. Desde hace un año más o menos vive en nuestro país. Lo que demuestra que además de genial pianista y gran persona, es muy inteligente:

https://elpais.com/cultura/2018/05/17/actualidad/1526560729_330393.html

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CINEMA PARADISO – Calvary

Mi recomendación de la semana es una película irlandesa de un director también irlandés; John Michael McDonagh. Esta es su segunda película como director, después de “El Irlandés”, película caustica y graciosa pero que no consigue llegar mucho. Todo lo contrario que la que hoy recomiendo. “Calvary” muestra su poderío ya desde la primera escena. Un plano fijo del rostro del padre James (Brendan Gleeson), párroco de un pueblo costero de Irlanda que se encuentra en el confesionario. En off se escucha una voz confesando un terrible abuso cometido contra él cuando era niño y que amenaza la vida del sacerdote por el simple hecho de serlo. La fuerza de esta secuencia atrapa al espectador ya desde el principio.

Más tarde, cuando el sacerdote da la comunión a sus feligreses, se produce un desfile de la mayoría de  los personajes que se acercan a recibirla y con una pincelada ya podemos ver los rasgos que caracterizan a cada uno de ellos.

La película está narrada en siete capítulos, uno por cada día de la semana. El eje, ya planteado desde la primera escena, nos va descubriendo poco a poco a los distintos personajes del pueblo candidatos a convertirse en asesinos. Todos, en mayor o menor medida son pecadores, infelices y atormentados por su pasado. Es difícil descubrir qué es lo que se esconde tras sus silencios, tras sus comportamientos un tanto estridentes, aunque la verdad es que tampoco preocupa demasiado, porque lo que de verdad importa es el padre Lavelle, al que vemos constantemente dudar y debatirse internamente.

A él se acerca la cámara frecuentemente con magníficos planos cortos que nos permiten apreciar la magistral actuación de Gleeson, casi siempre contenido, dubitativo, a veces incluso inescrutable pero capaz de inundar la pantalla con su presencia, transmitiendo comprensión y calma.

Sobre esa calma se puede reflexionar acerca de los temas que plantea la película, el pecado en cualquiera de sus formas que son parte del proceso de expiación que impone la iglesia a sus fieles, pero que no se aplica a si misma al no estar dispuesta a reconocer sus errores y pagar por ellos.

Esos “errores” o mejor dicho, crímenes, es lo que Calvary denuncia, aunque el espectador solo puede pensar en ellos en convivencia con la amenaza de muerte y el discurrir de los personajes que centran la película. Junto a todo ello el humor negro tan irlandés que es capaz de aligerar temas tan dramáticos y complejos. En ese contraste reside también parte de la esencia de esta película. El humor choca con el drama al igual que los primeros planos del magnífico Gleeson lo hacen con las panorámicas del bello paisaje irlandés, igual que el perdón se confunde con el pecado y la vida con la muerte.

A pesar de todo, quizás se echa de menos que la denuncia no sea más intensa por la gravedad de los hechos que la inspiran.

Aunque el protagonista sea un cura, esta historia no versa sobre religión, casi ninguno de los personajes es realmente religioso y, por tanto, la película no trata de sermonear. No es una obra sobre el pecado y la virtud, sino sobre la humanidad y las decisiones que tomamos.

Técnicamente es una película impecable con actuaciones magistrales, especialmente la de su protagonista; magníficos actores todos que la dotan de gran nivel. Los paisajes son maravillosos, plasmados en increíbles planos, gracias al gran trabajo de fotografía. Hay que destacar también la música, electrizante y arraigada en las tierras del norte.

Así mismo, hay algunas escenas que destacan especialmente sobre el resto, como la última de la película; uno de esos momentos que resultan difíciles de olvidar durante días después de haberla visto.

En definitiva se trata de una película muy recomendable en la que  los detalles están sumamente cuidados. A mi modo de ver es una película que por todo esto la podemos incluir en el apartado de gran cine. Celebremos que aún queden ideas entre los guionistas y voluntad de hacer algo más que cintas meramente comerciales entre los directores.

Si te apetece verla, pasa por la biblioteca, donde podrás encontrarla junto a una gran selección del mejor cine DVD PE 4425

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