PIRULETRAS – El gran árbol

Hay gente que piensa que ser un árbol debe ser algo muy aburrido, porque no puede hacer nada, salvo estar quieto, cambiar su aspecto en cada estación y crecer.

Pero eso no es verdad, los árboles pueden tener vidas apasionantes, y muy distintas entre sí, dependerá de si naces solo en un prado, o formas parte de un bosque, o eres un árbol de jardín, o de si estás en una maceta… Hay tantos factores que pueden hacerte diferente.

En este libro, Susanna Tamaro nos explica que hay dos tipos: por un lado tenemos un abeto que ha crecido solitario en medio de un prado, y por otro un grupo de árboles que viven juntos formando un bosque. El primero se dedica a observar lo que ocurre a su alrededor, ¿qué otra cosa podría hacer? Y los segundos pues se dedican a conversar:

¿Y qué tipo de conversación se puede dar, cuando el panorama es siempre el mismo y no existe el enriquecimiento del descubrimiento y de lo imprevisto? 

Desde que el mundo es mundo, el aburrimiento de grupo genera un solo tipo de discurso: un discurso variado -y sin embargo muy monótono- que se llama chismorreo.

Y el chismorreo no suele traer alabanzas. Así que nuestro pobre abeto, que además es el protagonista, no podía defenderse de los comentarios de sus convecinos, porque nada sabía de ellos. Le adjudicaron mil etiquetas, desde lejos le juzgaron y etiquetaron sin conocerlo realmente y dieron por válidas sus injustas ideas.

Ajeno a ello, el abeto crecía humildemente, sano y bello para más inri, e interesado por todo lo que a su alrededor sucedía. Y a falta de otros árboles con los que hacer amistad, el abeto hablaba con las ardillas, los pájaros, los insectos y otros animales que en él habitaban  o que andaban cerca. Y tuvo una vida muy larga, llegando a conocer a las personas, su forma de vivir y comportarse, aprendió sobre el amor, pero también sobre el odio y vivió dos guerras terribles a las que llamaban mundiales.

Aprendió que los elementos tienen dos caras. Una que hace crecer y la otra que destruye. Una otorga vida y la otra se la lleva. ¿Y acaso no es la vida un continuo equilibrio entre estos dos extremos?

Y fueron pasando los años, cientos de años, y presintiendo su final agradeció su vida y de dónde provenía. Pensarás que te estoy contando el final de la historia, pero no es verdad. Porque aún no te he hablado de Crik, nuestro otro protagonista, una ardilla que se convertirá en la gran amiga del abeto y en su protectora.

Pero ahora ya sí que dejo de contarte cosas, porque se trata de que lo leas tú, de que descubras el amor por la naturaleza que encierra este libro. Y de paso de que excarves en otros temas como la soledad, la vida en comunidad, las mudanzas y los cambios y aprendizajes que conllevan, la amistad, el coraje, la esperanza… Como ves, esta fábula es muy completita, y aunque se recomienda para lectores de 9 a 11 años, aunque tengas más, seguro que te gusta.

Puedes encontrar este árbol en la Biblioteca Miguel de Cervantes de Fuengirola con la signatura I-3 TAM gra. 

Y un último mensaje para los adultos: ya sabemos que os habéis leído todos los libros que hablaban de emociones, de inteligencia emocional, del color de los sentimientos, etc. Y sé que tenéis muchas ganas de nuevos títulos sobre estos temas, pero este es un ejemplo de lo que os digo muchas veces: cualquier buena historia nos puede servir para hablar de sentimientos. Aquí tenéis un claro ejemplo de eso. Espero que también a vosotros os guste (más bien, estoy segura de que os gustará)

Nos vemos por la biblioteca.

 

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