RECOLECTURAS – La familia Karnowsky

Hoy en nuestra sección un libro espectacular, La familia Karnowsky de Israel Yehoshua Singer.

Los Karnowsky de la Gran Polonia eran conocidos como hombres obstinados y polemistas, aunque también estudiosos y cultivados, sin duda unas mentes de hierro.

En su despejada frente de estudiosos y en los ojos negros como el carbón, hundidos e inquietos, llevaban inscrito su genio. La obstinación y el espíritu polemista se reflejaban en sus apéndices nasales: unas narices poderosas, de gran tamaño, que sobresalían como un asomo de burla e insolencia de su enjuto y huesudo semblante, como queriendo advertir: «Cuidado, no tocar». A causa de esa obstinación, ninguno de los Karnowsky llegó a convertirse en rabino, aunque podían haberlo logrado con facilidad.

Así de esta manera tan fascinante comienza esta novela, imposible no querer leer más después de este comienzo, al que no desmerece el resto del libro a lo largo de sus 547 páginas.

A través de tres generaciones de una familia judía, los Karnowsky, Singer nos ofrece un fresco extraordinario de la primera mitad del siglo XX.

La novela está divida en tres partes, una por cada miembro varón (abuelo, hijo y nieto). En la primera vamos a conocer a David, el patriarca, que en los albores del siglo abandona el shtetl polaco donde nació (Melnitz) para instalarse en Berlín (ciudad hacia la que sentía inclinación por ser la de su maestro, el sabio Moses Mendelshon). En unos pocos años, David Karnowsky alcanza considerables logros en la capital: aprende a hablar un alemán correcto, prospera en el negocio de la madera y se convierte en un importante empresario del sector, y en sus ratos libres, con la única ayuda de manuales, completa los estudios de bachillerato, algo que aspiraba desde su juventud y nunca había podido realizar. Finalmente, gracias a sus conocimientos de la Torá y a su erudicción, se relaciona con los más influyentes miembros de la nueva sinagoga a la que asiste.

En Berlín nace Georg. David Karnowsky, fiel a los principios aprendidos de sus maestros, puso gran empeño en conseguir que su hijo único creciera siendo judío en casa y un hombre más en la calle. Los vecinos no judíos, por su parte, no veían al pequeño Georg como uno más, sino como un judío. Pronto empieza a darse cuenta, en el patio de vecinos donde viven, que los demás niños le tratan diferente por este motivo. Después de una adolescencia y juventud “rebelde”, Georg, que en un principio decide estudiar filosofía, termina convirtiéndose en médico, la profesión que su padre quería, pero no por consejo de su progenitor, sino por amor, el que siente por Elsa Landau, hija del doctor Landau, y estudiante de medicina. Esta carrera le dará prosperidad y un nombre, comienza a trabajar en la clínica de maternidad del profesor Halevy, clínica de que la que se hace cargo cuando el doctor se jubila, y donde conoce a Teresa Holbeck, joven gentil (término usado por los judíos para referirse a los pueblos e individuos no judíos) y aria, con la que terminará casándose.

Georg y Teresa tendrán un hijo, Joachim Georg, al que llaman Yegor. El pequeño Yegor, un niño que desde siempre tiene problemas de salud: no se desarrolla bien, es pequeño para su edad y enferma constantemente; desde siempre tira hacia la parte alemana de su familia, siente fascinación por su tío materno Hugo,  fascinación que hace que cada vez odie más a su padre, al que culpa de todos sus males y de su parte judía, y se obsesione con su madre. Las humillaciones que sufre Yegor en su instituto por parte de su profesor (al que exhibe en público para enseñar las diferencias físicas entre un judío y un «ario»), el odio creciente hacia los judíos desde que se instala en Alemania el «Nuevo Orden», y sobre todo, los estragos que están produciendo en su hijo, en cuya alma se había alojado el sentimiento de inferioridad y el odio a sí mismo, hace que el doctor Karnowsky decida ir por un visado para dejar el país que tanto le dio, y poner rumbo a Estados Unidos.

En su tierra de adopción se ven abocados a empezar de cero: nuevo idioma, intentar buscarse la vida (allí no le reconocen el título de médico), pasan del estatus elevado que tenían en su país natal, a la humillación de tener que pedir trabajo como buhonero a Salomon Burak (judío comerciante al que despreciaron cuando vivían en Alemania). No obstante, desde que los judíos son judíos, la chusma ha quemado sus libros, les ha obligado a llevar un parche de tela en la ropa, les ha expulsado de sus comunidades y ha torturado a sus estudiosos de la Torá (pues odiaba sus enseñanzas y su sabiduría); por lo tanto es un pueblo que está acostumbrado a sobrevivir y a reinventarse. Yegor, sin embargo, no se adapta al nuevo país, sólo siente desprecio hacia la ciudad de Nueva York y, como siempre que algo lo amarga, él refuerza esa amargura y la cultiva en su interior, a fin de que crezca cada vez más, para irritación propia y del resto. Esa amargura le llevará a un desenlace fatídico, que no por esperado, es menos doloroso.

Esto es a grandes rasgos el argumento del libro, en el que el autor, con gran maestría, se sirve de esta saga familiar para hablarnos del mundo judío (su mundo), y las diferencias existentes entre judíos alemanes y judíos procedentes de otras partes de Europa, con el consiguiente desprecio que sienten unos por otros. También nos habla de la barbarie nazi y de cómo se gestó, siempre de una manera sutil, sabes que está ahí,  pero no la hace protagonista, jamás la menciona, sino que alude a ella con palabras como Nuevo Orden, soldados de botas altas,  y hombre colérico con botas, bramando con la boca abierta bajo el oscuro bigote (sabéis de quién habla, ¿no?).

Una gran novela para comprender un poco mejor a este pueblo y los odios provocados por el nazismo. Para ver cómo la locura de esos histéricos ofendidos, en parte por complejo de superioridad, y en parte por manía persecutoria, hace que se transformen en alimañas; y de como las promesas de felicidad, victoria y tiempos de abundancia que prometen los hombres de las botas alta, en cuanto se libren de los estafadores y traidores que robaron al país, vaciaron los bancos y quitaron las casas a sus propietarios (véase judíos), cala no sólo en la pequeña burguesía de las aldeas y los campesinos, sino también en multitud de obreros y una amplia ciudadanía, que participan de esta locura colectiva que, como desgraciadamente sabemos, desencadenó la Segunda Guerra Mundial y el genocidio judío.

Israel Joshua Singer (1893, Bilgoraj, Polonia – 1944, Nueva York)hermano del Premio Nobel de Literatura, Isaac Bashevis Singer, empezó a escribir a los 18 años. Sus primeros escritos aparecieron en 1916 en la prensa europea en yiddish. En 1921 empezó a trabajar como corresponsal para el destacado diario norteamericano Forverts, y en 1927 publicó su primera novela, Shtol yn Ayzn. En 1934 emigró a Estados Unidos, donde publicó entre otras, Los hermanos Ashkenazi (1937), y La familia Karnowsky (1943).
Para saber más:

Ficha bibliográfica: 

Título: La familia Karnowsky

Autor: Israel Joshua Singer

Editorial: Acantilado

Fecha de publicación: 2016

Páginas: 553 p.

Signatura: N SIN Isr fam

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