RECOLECTURAS – Las sinsombrero

sisombrero

“En las sinsombrero no existía nostalgia, ni rencor, sino el inmenso placer de haber vivido”.

Hoy quiero acercarme a unas mujeres excepcionales, que permanecieron mucho tiempo en el olvido, o que sólo se las reconocieron como mujer de, amante de: Las sinsombrero.

Si os dijera: ¿Habladme de la Generación del 27 o cuáles son sus miembros más representativos? Estoy segura de que una amplia mayoría de vosotros me hablaría de Alberti, Lorca, Dalí, Buñuel, Alexaindre…, pero ninguno, o casi ninguno, me hablaríais de Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Marga Gil Röesset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Ángeles Santos, María Zambrano, Josefina de la Torre… ¿Por qué? ¿Por el hecho de ser mujeres? Que conste que no estoy echando nada en cara, yo misma conocía a muy pocas, por no decir que a ninguna. Estuvieron silenciadas mucho tiempo por vivir a la sombra de “los grandes”, muchos de ellos compañeros de clase de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y compañeros de correrías por el Madrid de cafés y de tertulias literarias, de bares nocturnos y exposiciones, durante las décadas de los años 20 y 30, con las mismas inquietudes artísticas, la misma pasión, el mismo entusiasmo por una España que saliera del ostracismo y, en el que la mayoría, celebraron con gran alegría la llegada de la Segunda República.

De clase media o media-alta, estas mujeres pudieron acceder a los estudios gracias a su solvencia económica y, en la mayoría de los casos, por tener unos padres liberales y con amplitud de miras. Como en aquellos años era difícil encontrar a mujeres en la enseñanza superior, pronto surgió entre ellas una gran camaradería que, en muchos casos, continuó hasta el final de sus días.

Estas mujeres que nacieron en un periodo comprendido entre 1898 y 1914, tomaron Madrid como centro neurálgico, donde empezaron a desarrollar su capacidad artística y, a mostrar públicamente su obra, en aquellos lugares que acabaron convirtiéndose en los escenarios comunes de un nuevo orden cultural: Revista de Occidente, La Gaceta Literaria, la Residencia de Estudiantes o el Lyceum Club Femenino. Abiertos a los nuevos conceptos de modernidad y las corrientes vanguardistas, sobre todo el surrealismo, provenientes especialmente de Europa, pero también ávidos de recuperar la tradición popular española y sensibles a una realidad social con la que se sentían comprometidos (algunas de ellas participaron también en las misiones pedagógicas, llevando la cultura a aquellos pueblos de interior, tan lejanos de todo, véase El exilio interior).

Pero quedémonos con el Lyceum Club Femenino como lugar de encuentro para estas mujeres, donde compartían ideas y se asociaban para llevar a cabo proyectos que les permitieran compartir sus inquietudes culturales e intelectuales, a la vez que debatir y trabajar a favor de una mejora en sus derechos como ciudadanas. Fue la primera asociación feminista del país y se inauguró en 1926, hubo otras bajo el mismo nombre en París, Londres y Nueva York. Por desgracia el Lyceum fue clausurado. Sus instalaciones fueron ocupadas por Falange, para que la Sección Femenina lo convirtiera en el Club Medina. Fue tan vehemente el deseo de silenciar esta institución, que ni siquiera hoy, en la actualidad, hay una placa en la fachada de la que fuera su sede principal, la Casa de las siete Chimeneas.

Muchos de vosotros también os preguntaréis el por qué del títuloEl sinsombrerismo es un movimiento que se inicia a partir de la década de los años 30, para intentar acabar con esa moda de llevar sombrero, como signo de jerarquía social en las clases pudientes, y las incomodidades que ello conlleva: el calor en verano, poca visibilidad en los teatros… Es significativa la anécdota mencionada por Maruja Mallo, en la que junto a Dalí, Lorca y Margarita Manso se quitan el sombrero en medio de la Puerta del Sol, siendo el primer acto público de esta tendencia y, por el cual, fueron apedreados. El sinsombrerismo es sobre todo asumido por la mujer moderna, aquella que en los años veinte se siente por fin liberada, independiente y por vez primera sujeto propio. Una mujer que estudia o trabaja, y que siente la necesidad vital de romper con un destino que la condenaba al papel de ángel del hogar. Con la llegada de la Guerra Civil y la posterior dictadura, no llevar sombrero se calificó como de izquierdas.

Como dije al principio de la reseña, muchas de estas mujeres las conocemos por la relación con los hombres de esta magnífica generación. De Margarita Manso (1908-1960), se cuenta que es la única mujer que mantuvo una relación sexual con Lorca, pero casi nada de su talento como pintora (debo decir que este libro, a la vez de descubrirme a ella, me ha descubierto también al que fuera su marido, el pintor malagueño Alfonso Ponce de León, tristemente fusilado al inicio de la contienda, a la edad de 30 años). Marga Gil Roësset (1908-1932), excelente escultora que se suicidó a la edad de 24 años, entre otras cosas, por su amor no correspondido a Juan Ramón Jiménez. La escritora y poeta Concha Méndez (1898-1986), novia de Buñuel durante siete años; la magnífica pintora Maruja Mallo que mantuvo una relación de cinco años con Alberti, silenciada por él, quizás por influencia de la escritora Maria Teresa León (1903-1988), la que sería su esposa hasta el final de sus días. Las también escritoras Rosa Chacel (1898-1994) y Ernestina de Champourcín (1905-1999). La pintora y artista gráfica Ángeles Santos (1911-2013), la polifacética Josefina de la Torre (1907-2002), y la fantástica pensadora María Zambrano (1904-1991).  (Hay muchas más que la autora cita al final del libro, imposibles hablar de todas, daría para un segundo libro, al tiempo).

Muchas de ellas tuvieron que continuar con su labor artística fuera de nuestras fronteras, tras el exilio forzado que tuvieron que vivir tras la Guerra Civil y la posterior dictadura. La mayoría de ellas olvidadas, incluso por sus propios compañeros en sus memorias, pero que hoy, gracias a la labor de Tània Balló, poco a poco vamos rescatándolas del olvido y las colocamos en el lugar que merecen, codo con codo, con sus compañeros de generación.

Debo decir que Las sinsombrero fue primero un documental y, que gracias a la repercusión que tuvo, le propusieron a Tània, una de las codirectoras, que escribiera un libro. Ni que decir tiene que el lenguaje literario es muy distinto del fílmico, por lo que Balló se enfrentó a este proyecto casi por primera vez. Desde aquí mil gracias por recuperar a estas mujeres de gran talento.

La entrada se está alargando demasiado, pero es que el tema es apasionante. No obstante, no quiero marcharme sin contar una anécdota que protagonizó Maruja Mallo en el pueblo de Arévalo, donde acepta una plaza de profesora de dibujo para alumnos de primaria. Hastiada de la vida en el pueblo que la oprime, a Maruja no se le ocurre otra cosa que irrumpir en la iglesia de San Miguel montada en bicicleta durante una misa, saludando a los presentes. Si me dijeran que podría viajar en el tiempo, me encantaría poder estar allí en ese momento y ver las caras de los feligreses, puro surrealismo. ¡Me encanta!

Si te apasiona este tema como a mi, también te gustará La conspiración de las lectoras  y El exilio interior. Ambas en la biblioteca.

Para saber más: http://www.lassinsombrero.com

Título: Las sinsombrero

Autora: Tània Balló

Editorial: Espasa

Fechas de publicación: 2016

Páginas: 301 p.

Signatura: B BAL sin

 

 

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Archivado bajo Libros, Recomendaciones, Uncategorized

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