RECOLECTURAS – Empieza la semana con un buen libro

corazon

Hoy en nuestra sección todo un clásico de la literatura italiana, y parte de mi ideario sentimental literario, Corazón de Edmundo de Amicis.

Cuando yo era pequeña, entre los muchos libros que había en la casa familiar, había uno que especialmente llamaba mi atención. Era el libro preferido de mi hermano Damián, y a mí me gustaba cogerlo y releerlo fijándome en las ilustraciones. El libro además tenía un título sencillo pero contundente, Corazón.

Al cabo de los años nos mudamos, y el libro probablemente desapareció entre las muchas cajas de cartón donde metes objetos acumulados durante casi  30 años de vida o, quizás aún, descanse en una de esas muchas cajas que siguen esperando a ser abiertas en uno de los trasteros familiares. El caso es que no lo he vuelto a ver y, por ende, pocas veces había vuelto a pensar en él pero, como la vida da muchas vueltas, el libro lo mandó el Ministerio de Cultura en una de las donaciones que hace a las bibliotecas públicas.

No sabéis qué alegría más grande volver a verlo, aunque fuera en otra edición distinta a la que yo conocía. Por fin tenía entre mis manos ese libro tan querido y ahora, después de más de 30 años, podría leerlo “por primera vez”, ya que sólo recordaba cosas vagamente. Más que el contenido, recordaba la sensación que me producía, una profunda pena, pero ese tipo de pena que da gusto, no sé si me entendéis. Hablando con mi hermana Vito sobre el libro, ella también lo recordaba, incluso más cosas que yo, como el nombre del autor y uno de los cuentos, “El pequeño escribano”. Se ve que este libro también dejó huella en ella.

Ahora que lo he vuelto a leer o a leer “por primera vez” como adulta, debo decir que está a la altura de lo recordado. A modo de diario, el narrador Enrico nos cuenta su año escolar, desde octubre a julio, en la escuela Baretti de Turín. Durante ese año, además de a él, iremos conociendo a sus compañeros de clase: el bueno de Garrone, el siempre alegre Coretti, el jorobadito Nelli, el albañilito con su hocico de liebre, “el comerciante” Garoffi, el señorito Nobis, el gruñón Stardi, el malo de Franti, Precossi, el hijo del herrero y, por supuesto, el número uno de la clase, Derossi, así como, a sus maestros. Al mismo tiempo que los vamos conociendo, conoceremos también sus realidades familiares. En ellos están representadas todas las clases sociales, desde las más bajas hasta las más altas, desde la clase obrera hasta los señoritos, pero sin distinciones. En la escuela todos son iguales para el maestro; la educación los unifica y los hace libres.

Todo el libro es como un manual de valores, esos que a muchas personas les suena desfasado y, que muchos mayores, entre los que incluyo a mi madre, lamentan que se hayan perdido. Es significativo como muchos de los apartados del libro vienen encabezados con palabras tales como vanidad, voluntad, gratitud, envidia, esperanza, soberbia, sacrificio y gracias. Y, que entre medias del diario, aparezcan apostillas del padre al hijo sobre los pobres, el amor a la patria, representada en las figuras del conde Cavour y de Garibaldi entre otros, la veneración a la familia, especialmente a la madre, el amor a la escuela y a la figura del maestro (el libro promulga un amor y veneración por el maestro, equiparándolo a los padres, que deberíamos recuperar en estos tiempos), el respeto a los amigos, aunque sean de otra condición social a la tuya y, a la calle, como espacio en el que todos convivimos.

Cada mes  se lee un cuento en clase, que los alumnos han debido escribir previamente; con un común denominador, los protagonistas son niños de la edad del narrador, unos 13 años, de distintas zonas de Italia y que podríamos considerar  héroes. Entre los cuentos está el ya mencionado “El pequeño escribano florentino” que debo decir que cuando empecé a leerlo lo recordé al momento, cosa que me alegró profundamente y, el famoso “De los apeninos a los andes”, muy conocido por los niños españoles de los 80 por la adaptación en dibujos animados que se realizó para televisión, Marco.

Me ha encantado leer el magnífico prólogo de Luis Mateo Díez y descubrir que para él y para su hermano Antón, Corazón también marcó su infancia. Ellos lo descubrieron en un desván junto con otros libros que fueron requisados de las escuelas republicanas, cosa que no entiendo demasiado y, al igual que a mí, la sensación que les producía el libro era de una profunda pena, tanto, que lloraban a escondidas.

Corazón se publicó en 1886 y se convirtió en todo un best-seller en Italia. En la actualidad está un poco olvidado, quizás por el estilo, un poco cursi y anticuado (algunos de sus coetáneos como Carducci, que fue el primer Nobel italiano, tildaba a  Amicis de “lánguido” y “capitán cortés”, considerándolo el último representante de un romanticismo edulcorado y de hacer gala en sus escritos de una psicología sentimental algo anticuada); sin embargo, el tema es universal, son los valores que jamás deberíamos perder, por eso yo haría una llamada y propondría que Corazón se leyera en las escuelas, como dice el autor al comienzo del libro, está especialmente dedicado a los chicos de las escuelas primarias, entre nueve y trece años. Yo iría aún más lejos y se lo recomendaría a los padres de esos niños y a todos nosotros, para que nunca perdamos el sentido de lo realmente importante en la vida.

Y como siempre el libro lo tienes aquí, en tu biblioteca.

Ficha bibliográfica:

Título: Corazón

Autor: Edmundo de Amicis

Editorial: Gadir

Páginas: 365 p.

Signatura: N DEA Ami cor

 

 

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